Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

10 cosas que no necesitas para crear una empresa

Chris Guillebeau ha escrito una lista de cosas que no necesitas para emprender:

* Capital riesgo
* Otros inversores externos (no necesitas pedir dinero a tu familia)
* Empleados o personal subcontratado
* Un plan de negocio de 50 páginas (o ningún otro plan de negocios)
* Un MBA (ni otra formación académica)
* Deuda en tu tarjeta de crédito
* Tarjetas de visita o material de oficina
* Una estructura legal complicada
* Membresías costosas en asociaciones empresariales o grupos de networking
* Una oficina física

Como él mismo advierte, no es que tener algunas de estas cosas no te pueda venir bien, pero no las necesitas para emprender. Estoy de acuerdo con él. Muchas veces nos autojustificamos diciéndonos a nosotros mismos que emprenderemos ese proyecto un poco más adelante, cuando tengamos algo más de dinero ahorrado, cuando hayamos terminado la carrera o el máster, cuando hayamos elaborado un poco más el plan de negocio…

No se trata de emprender a tontas y a locas y meterte en una aventura que no puede salir bien, pero cuaquiera, en cualquier circunstancia, tiene a su alcance la posibilidad de crear una empresa. Si no tienes dinero, ni tiempo, ni formación, ni contactos… no puedes ser tan ambicioso, pero siempre hay algo a tu alcance.

Si de verdad quieres emprender, no esperes a que todo a tu alrededor sea perfecto: simplemente analiza tus circunstancias y piensa qué puedes hacer con ellas.

¿Hay alguien ahí?

Uno de los problemas a los que se enfrenta el emprendedor es el de la soledad. Desgraciadamente, en nuestro país no hay una cultura de emprendizaje, de modo que se mira con perplejidad y hasta desconfianza al que, en lugar de buscar un puesto fijo y seguro, elije aventurarse a crear una empresa.

Eso supone, además de tener que dar explicaciones a familia y amigos, no encontrar con quién compartir las alegrías y las penas. No poder contrastar ideas o experiencias. No tener referencias ni comparar con otras formas de hacer las cosas. Al final puedes acabar pensando que, efectivamente, eres un bicho raro y que quién te mandaría meterte en esto.

Por eso, es fundamental, y más cuando ya estás lanzado y los problemas aparecen como setas, hablar con otros emprendedores. Si conoces a alguno, estupendo. Si no, tienes que lanzarte a conocerlos.

Networking

Nada mejor para conocer emprendedores que un evento de networking de los que tan de moda están.
Mi favorito es Iniciador. Ahora se celebran en varias ciudades españolas, con lo que es fácil desplazarse a alguno. Iniciador es abierto (puede ir quien quiera), gratis y, al menos en Madrid, incluye una cerveza.

El desarrollo de un Iniciador sigue siempre la misma pauta:

Una ronda de presentación de los asistentes, que en menos de un minuto tienen que decir su nombre y explicar a qué se dedican. Conviene tener tu microspeech preparado de antemano, para que consigas decir todo lo que quieres en tan poco tiempo. Y conviene llevar lápiz y papel (o un caharro electrónico) para apuntar los nombres de personas con las que puede interesarte contactar.

Una ponencia a cargo de un emprendedor que tiene algo que contar. A veces es la experiencia con una empresa, a veces un tema concreto. Suelen ser amenas y el público es muy activo, de manera que siempre se aprenden cosas interesantes y aparecen temas para reflexionar.

Un rato de networking, es decir, tomar unas cervezas mientras charlas con otros asistentes. Este es un componente fundamental, por lo que hemos comentado. Es la oportunidad de conocer gente con la que puedes sintonizar y con la que comentar cualquier cosa que tenga que ver con tu empresa, o con tu idea, o cómo ves el mercado, o qué estan haciendo otros… En Iniciador hay gente brillante, con experiencia, con ideas, y si no dedicas una tarde al mes a charlar con ellos estás perdiendo una oportunidad de aportar valor a tu proyecto de empresa.

Habrá a quien le aterre la idea de presentarse en un sitio así, sin conocer a nadie, y encontrarse agarrado a una cerveza, mirando a un montón de desconocidos y sin saber qué hacer ni a quién dirigirse. Por eso, rescato unos consejillos que escribí hace algún tiempo.

1. Date cuenta de que no eres tan original

No hay mucha gente que sea absolutamente extrovertida. Y aun esos no suelen acudir a estos eventos. Piensa que la inmensa mayoría de la gente que está allí siente o ha sentido lo mismo que tú, y muchos estarán esperando que alguien se les acerque.

Ver a un montón de gente charlando en grupitos puede intimidar, pero seguro que muchos de los que están charlando amigablemente están en su fuero interno aliviados por haber sido “admitidos”.

2. Acércate a los que están solos

Los hay. Tú no serás el único. Y, como tú, desean con todo su corazón que alguien se les acerque. Se tú ese alguien: sal de tu rincón, dile hola a uno de ellos, preséntate y en un rato estarás hablado de lo divino y de lo humano tan ricamente.

3. Preséntate a tus “conocidos virtuales”

¿Hay un blogger al que lees? Acércate a él sin dudarlo y díselo. No hay blogger, por muy TOP o A-List que sea, a quien no le guste que alguien se le acerque y le diga: “yo te leo”. No importa que tú seas un mindundi, o tu blog solo lo lean cuatro gatos. Ya tienes una relación con esa persona, y tienes un tema del que le gusta hablar (su blog).

Presentarse a un blogger tiene otras ventajas: yo no conozco a ninguno que sea antipático, y suelen estar “conectados”, así que es fácil que te presenten a otros asistentes.

4. Guíate por el interés común

Una de las buenas ideas de Iniciador es la presentación inicial, en la que cada uno da su nombre y dice en un minuto a qué se dedica. Quédate con los datos de las personas con las que tienes más intereses comunes, y cuando te presentes coméntaselo directamente. Tanto si se trata solo de compartir información, como si puedes llegar a trabajar con esa persona, es muy probable que también le interese hablar contigo.

5. Muévete

No te sientes, ni te quedes en un rincón junto a la barra o a la bandeja de canapés. Ni siquiera cuando ya has dado el paso de hablar con alguien. A veces no conectas con la persona, o es un plasta del que no puedes despegarte, o simplemente tienes interés en charlar con otros. Lo mejor es, cuando la conversación decaiga un poco, decirle sinceramente a tu interlocutor que te alegras de haber hablado con él y que vas a ver si saludas a otra persona.

6. Conecta personas

Si conoces ya a alguna persona, incluso si la acabas de conocer ese mismo día, preséntasela a un tercero. Probablemente los dos te lo agradecerán, porque de esa manera ninguno ha tenido que hacer un esfuerzo para presentarse. Si además conoces a todo el mundo, tienes habilidades sociales y eres capaz de conectar a gente con intereses comunes, te convertirás en un héroe ante sus ojos.

7. Diviértete

Esto no es trabajo. Puede que acabes explicando cinco veces lo que hace tu empresa, o discutiendo de gestión de personal o posicionamiento en buscadores, pero no estás trabajando. Relájate y disfruta. Aprovecha la oportunidad de charlar con gente interesante, con opiniones propias y que hace cosas diferentes al común de los mortales.

8. Lleva tarjetas

O al menos papel y lápiz. Muchos te darán su email, o su url, o un teléfono, y no puedes pretender memorizarlos. Y al día siguiente a lo mejor recuerdas casi todos los nombres y eres capaz de ponerles caras, pero si confías solo en tu memoria tres meses más tarde, cuando necesites hablar con ese tío que sabía tanto de marketing viral, no te acordarás ni de cómo se llama.

9. Interésate por los demás

La mejor técnica de conversación es escuchar a la otra persona. En un evento de emprendedores, por supuesto que todo el mundo quiere contar su proyecto, y arde en deseos de explicar muchas cosas que solo un compañero emprendedor puede comprender. Es algo así como una reunión de alcohólicos anónimos, pero en la que unos se animan a otros a caer aún más en el vicio.

Por muy listo que seas tienes mucho que aprender de mucha gente, así que abre las orejas y empápate de su conocimiento y experiencia.

10. No intentes vender

Esto va de construir relaciones, no de encontrar clientes fácilmente. Es muy posible que conozcas a alguien que puede prestarte un servicio, con el que puedes colaborar o al que puedes ayudar, pero eso vendrá después. Tus interlocutores no son tontos, y distinguirán en seguida a un vendedor. En cuanto te identifiquen como tal, dejarán de escucharte y estarás “fuera del círculo”.

Lleva a un amigo

La pongo la última y fuera de numeración, porque es un arma de doble filo. Por un lado no llegas solo, con lo que no tienes la tentación de salir corriendo si te ves con una cerveza en la mano buscando desesperadamente alguien con quien hablar. Pero no tiene sentido ir a un networking para tomarte algo con él y salir sin haber charlado con nadie más. Por eso es mucho mejor ir solo.

Si pese a todo necesitas a alguien, convoca a dos o tres amigos y no solo a uno, no llegues con ellos y procura que el evento sea interesante para ellos y no solo para ti. De esta manera es más probable que en lugar de un grupo cerrado consigas tener algunos apoyos que te ayuden a abrirte a otras personas.

Por último, para el caso particular de Iniciador: si se da la rara circunstancia de que yo estoy por allí, me encantará hablar contigo. Si no estoy, habla con cualquiera de los tres organizadores y seguro que enseguida te presentan a un montón de gente interesante.

Coworking

Coworking es otra de esas palabras que importamos del inglés para definir cosas que ya existían, pero a las que se les da un nuevo enfoque. Viene a significar trabajar con alguien, en el sentido de trabajar “al lado de”, no “en el mismo trabajo”.

Como digo, esto no es nuevo. Los profesionales liberales lo vienen haciendo desde hace décadas en principio para compartir gastos de infraestructura (despacho, secretariado), pero también porque cuando estás empezando y estás solo, agradeces poder tomarte un café con un colega y comentar cosas.

La idea de Coworking es juntarse con otros emprendedores, al menos de vez en cuando, para trabajar en un mismo espacio, en el que puedes comentar acerca de tu proyecto, aprender de otros, ayudar, etc. Además, si trabajas desde casa, romper esa rutina y cambiar de entorno te hace ser más productivo. Evita el síndrome del emprendedor en pijama, con horarios desfasados, leyendo blogs o viendo vídeos en YouTube en lugar de trabajar. Si un par de veces a la semana te sincronizas con el resto del mundo, es más difícil que tus hábitos de trabajo degeneren.

En España, o al menos en Madrid, los principales promotores de la idea son Garage30. Pero puedes hacerlo por tu cuenta, si te pones a ello. Si tienes oficina o local, puedes subarrendar una parte de manera permanente, o puedes organizar sesiones en las que “abres las puertas” a gente que quiera trabajar en tu oficina por un día. Pones el espacio, el wifi y los enchufes para los portátiles y consigues a cambio conocer gente interesante y compartir con ellos un día de trabajo.

Otras opciones

Si el coworking no te convence, y tampoco Iniciador ni eventos similares, siempre puedes estar atento a los eventos que organizan las administraciones, cámaras de comercio o asociaciones empresariales. Son entornos mucho más formales, pero siempre hay al menos un rato alrededor de un café, y también son oportunidades para conocer a gente de tu sector (o del sector al que pertenecen tus clientes). Si están bien organizadas, tratarán además de asuntos que serán relevantes para tu negocio, así que además de relacionarte, te ayudan a estar al día.

Es un error pensar que tienes demasiadas cosas por hacer y que no puedes perder un día o una mañana en oír unas charlas. Muchas veces desconectar por un rato, ponerte en situación mental de escuchar, y charlar con otras personas puede ayudarte a ver tus problemas con perspectiva y a resolverlos con más creatividad y más eficazmente.

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El sueldo del emprendedor

Al principio, cuando empiezas y todo son gastos, casi ni se te ocurre pensar en tu sueldo como emprendedor. Pero si aparecen socios que aportan capital, si formalizas una sociedad y te das de alta como autónomo, tienes que afrontar la cuestión de tu sueldo.

Lo primero que debes tener en cuenta es que aunque hay posibilidades de capitalizar la prestación por desempleo (o sea, cobrar el dinero pendiente para crear tu empresa), tienen condiciones muy restrictivas.

Lo más factible es cobrar hasta el 20% de lo que queda pendiente para hacer inversiones en tu empresa (que tienes que justificar), y el resto compensarlo con las cuotas de la seguridad social. Es decir, que durante un tiempo, hasta que agotes lo que te queda por recibir de paro, no pagas las cuotas de seguridad social de autónomos. No ingresas, pero al menos no te cuesta dinero estar dado de alta.

Con lo cual, si tienes alguna inversión que hacer (por ejemplo, un ordenador o incluso una aplicación de gestión, o la reforma de un local, cualquier cosa de la que puedas conseguir factura y que sea una inversión para tu empresa), puedes aprovechar esa posibilidad.

Si no, lo mejor es esperar y seguir cobrando el paro mientras vas desarrollando tu empresa. Ojo, si formalizas la sociedad y tú eres el administrador, debes darte de alta como autónomo y por tanto dejar de recibir la prestación por desempleo. Puedes distraerte un mes, porque de lo contrario será el llanto y el crujir de dientes.

Lo que puedes hacer, si ves que tu empresa va a tardar en generar ingresos y que necesitas el paro para sobrevivir es que sea otra persona quien se de de alta como administrador de tu empresa. Tiene que cumplir dos requisitos: que puedas tener absoluta confianza en ella (al fin y al cabo, podrá firmar en nombre de la empresa) y si es posible que ya esté dada de alta como autónoma, y por tanto no tenga gastos adicionales por este concepto.

Así puedes ir tirando un tiempo, hasta que por fin seas tú quien se disponga a llevar las riendas de una empresa ya legalmente constituida, con todas las de la ley. Ahora el problema es ¿qué sueldo me pongo?

Para valorarlo, debemos partir de tres hechos:

Primer hecho: no vas a tener dinero para todo. Eso implica decidir dónde ahorrar y dónde gastar. Y tu prioridad debería ser aquello que te permite conseguir cuanto antes clientes que paguen.

Segundo hecho: Hacienda quiere parte de cada euro que pasa por tus manos. Si se trata de relaciones laborales, la S. Social también quiere su parte. Cada céntimo que se llevan ellos es un céntimo que no destinas a tu objetivo.

Tercer Hecho: si no haces bien las cuentas, te engañas a ti mismo. Si no tienes en cuenta tu sueldo puedes creer que tu empresa va bien cuando en realidad es una ruina.

Teniendo en cuenta esto, ¿cuál es la mejor estrategia para un emprendedor que comienza con recursos escasos?

1. Procura minimizar lo que se lleva el Estado.

Si te pones un sueldo, la S. Social se lleva un 38% (parte empresarial y parte del trabajador). Y Hacienda un porcentaje que depende de la cantidad, pero que para un sueldo de dirección (el que deberías cobrar) supera el 12%. Es decir, más de la mitad del dinero desaparece. Si eres administrador de la empresa cotizas como autónomo, con lo que la parte de la S. Social no es un porcentaje sino un coste fijo. Pero la situación es la misma.

Conclusión: no te pongas sueldo “oficial”, o si lo haces ponte el menor sueldo posible. Si no te queda más remedio que cotizar como autónomo, hazlo y paga lo que sea menester. Pero no cometas el error de regalar además tu dinero a Hacienda. A cambio, ponte un sueldo “virtual”, que corresponda al dinero que deberías ingresar cada mes si la empresa ya estuviera funcionando a velocidad de crucero.

2. Vive de tus ahorros

En lugar de meter dinero en la empresa para sacarlo a final de mes en forma de nómina, utiliza una cuenta de ahorro y saca de ella a final de mes lo que ibas a cobrar. Así, en lugar de pagar a Hacienda y la SS, le sacas unos eurillos de intereses a tus ahorros. Es fundamental que conozcas tus gastos personales, para evitar un optimismo excesivo que haga que el dinero previsto no sea suficiente.

3. Contabiliza el dinero que dejas de cobrar

Tanto si tienes socios como si no, no dejes de registrar el dinero que deberías haber cobrado de la empresa. Puedes aflorarlo contablemente como préstamo de socio, puedes considerarlo aportación de capital que te da derecho a más participaciones, o puedes simplemente cobrarlo más adelante, cuando la empresa pueda ya pagarte el sueldo (con o sin intereses, que esa es otra cuestión).

Si tienes socios, es muy importante que estas cuentas estén claras y sean aceptadas por todos para evitar problemas posteriores. Tú puedes creer que un señor empresario se merece un sueldo de 10.000 euros al mes, y tus socios estar pensando que por dirigir una empresita como la tuya, con 1.000 al mes vas que te matas. Intenta comparar con lo que sea la práctica habitual en el sector para pequeñas empresas, con lo que ganabas antes o podrías ganar en un trabajo “estable”, y con cualquier otra referencia más o menos objetiva.

4. Ponte límites

En esta estrategia, sobre todo si tienes responsabilidades familiares, es fundamental conocer de antemano hasta cuándo puedes vivir sin cobrar o cobrando por debajo de tu sueldo objetivo. Así no hay malos entendidos ni con tus socios ni (lo que es más importante) con tu familia. Si se aproxima la fecha límite y la empresa todavía no es capaz de pagarte lo suficiente como para cubrir tus gastos, es el momento de replantear o su refinanciación o su cierre.

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Salir del paro creando una empresa

Cuando era pequeño me contaron la historia de San Francisco de Borja (por algo llevo su nombre). Borja, Duque de Gandía, pertenecía a una de las principales familias valencianas, y cuando murió la emperatriz Isabel de Portugal el emperador Carlos V le encargó que trasladara sus restos a Granada para que fuera enterrada allí. Después del largo viaje, al abrir el féretro, Borja vio el horror en que se había convertido la que una vez fue joven y bella emperatriz y exclamó: “¡Nunca más serviré a señor que se me pueda morir!”

Algo así estarán pensando muchas personas que se han quedado en el paro, víctimas de la crisis: “¡Nunca más serviré a empresa que me pueda despedir!”.

Uno se pasa años trabajando para una empresa, esforzándose y procurando dar mejores resultados cada día, y de repente llega un momento en el que te entregan el finiquito porque han cerrado un departamento entero, porque tu despido es más barato que el de otros o porque no has estado suficientemente cerca del jefe en el momento en el que se decidía quién iba a la calle.

Después del momento de shock, te encuentras en casa con un horizonte de unos meses de paro, un dinero de la indemnización y una probabilidad más bien escasa de encontrar un trabajo como el que tenías hace solo unos días.

Y te planteas si no sería una buena salida montar algo por tu cuenta. Durante años has pensado en cómo podrías hacer mejor las cosas si fueras tú el que dirigieras la empresa. O has fantaseado con crear un negocio relacionado con tu verdadera afición: la escalada, la jardinería, el macramé… Tal vez llevas tiempo soñando con retirarte a un pueblecito de la costa a escribir o a componer música.

Podría haber llegado ese momento. Podrías liarte la manta a la cabeza y crear tu empresa. Al menos intentar vivir de lo que te gusta. Cuando ser ingeniero o arquitecto no garantiza un puesto de trabajo decente ¿por qué no probar a ser profesor de yoga o decorador experto en feng shui? ¿o algo más prosaico como fontanero o propietario de un restaurante de comida rápida?

El problema es que adentrarse en un territorio desconocido siempre da miedo. Uno no sabe por dónde empezar, descubre que tres de cada cuatro empresas fracasan en los primeros años, no está seguro de ser capaz de salir a vender, de pelearse con la administración, de conseguir el dinero necesario…. Está el miedo de perder el poco dinero que tienes, y encontrarse al cabo de unos meses sin dinero y sin trabajo.

Si estás en esta situación, leer este blog puede ayudarte. Durante un mes voy a ir escribiendo, paso por paso, todo lo que necesitas saber y hacer para que esa aventura de crear una empresa tenga las mayores probabilidades de éxito. Procuraré que evites cometer los errores que yo y otros hemos cometido al crear nuestras empresas. El éxito no está garantizado, nunca lo puede estar cuando empieza una aventura. Pero lo que sí está garantizado es que si te decides a caminar por el estrecho sendero que conduce a la libertad y la prosperidad, el viaje merecerá la pena. Incluso aunque no llegues a Ítaca, estarás lleno de aventura, lleno de experiencias, rico de todo lo que habrás ganado en el camino.

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El manifiesto del emprendedor

Releyendo el Bootstrapper’s Bible (aquí podéis descargarlo competo y gratis, en inglés, of course) de Seth Godin creo que todo emprendedor que se precie debería hacerle caso: pegarlo en el espejo de su baño y leerlo en alto cada noche antes de irse a la cama:

Soy un emprendedor. Tengo iniciativa y visión y valor, pero no mucho dinero. Tendré éxito porque mis esfuerzos y mi foco venderán a competidores más grandes y con mejor financiación. No tengo miedo. Mantengo mi foco en el crecimiento de la empresa, no en politiqueos, la carrera profersional ni otras distracciones ineficientes.

Mejoraré mis habilidades para convertirme en la clave de cada departamento de mi empresa, pero seré consciente de que contratar expertos puede ser el secreto de mi éxito. Seré un ferviente e inteligente usuario de tecnología, para conservar mis dos activos más preciados: tiempo y dinero.

Mi arma secreta es saber cómo eliminar la burocracia. Mi tamaño me hace más rápido y más ágil de lo que puede ser cualquier empresa.

Soy un rayo láser. Las oportunidades intentarán nublar mi foco, pero no dudaré de mi objetivo y mi plan; hasta que lo cambie. Y sé que los planes están hechos para ser cambiados.

Estoy en esto por el largo plazo. Construir un negocio que durará me diferencia del oportunista, y es una inversión en mi marca y mi futuro. El éxito es sobrevivir, y cada día que pasa hace más fácil alcanzar mis objetivos.

Me comprometo a saber más sobre mi campo que cualquier otro. Leeré y aprenderé y enseñaré. Mi mayor activo es el valor que puedo aportar a mis clientes mediante mi esfuerzo.

Soy consciente de que tratar a la gente bien cuando esté subiendo lo hará más fácil cuando baje. Seré escrupulosamente honesto y abierto en mis tratos, y no usaré mi posición como emprendedor intrépido para conseguir ventajas injustas. Mi reputación me seguirá adonde vaya, e invertiré en ella a diario y la portegeré fieramente.

Soy el desvalido. Soy consciente de que otros me apoyan para que tenga éxito, y aceptaré agradecido su ayuda cuando me la ofrezcan. También entiendo el poder de los favores, y los ofreceré y concederé cada vez que pueda.

Tengo menos que perder que la mayoría; un hecho que puedo convertir en una importante ventaja competitiva.

Soy un vendedor. Antes o después, mis ingresos dependerán de las ventas, y esas ventas solo puedo hacerlas yo, no un emisario, no un representante. Venderé ayudando a otros a conseguir lo que quieren, identificando necesidades y cubriéndolas.

Soy un guerrillero. Seré persistente, consistente, y estaré dispuesto a invertir en el marketing de mí mismo y mi negocio.

Mediré lo que hago, y no mentiré sobre ello a mí mismo o a mi pareja. Estableceré objetivos financieros estrictos y evaluaré honestamente mi rendimiento. Estableceré límites sobre el tiempo y el dinero y no excederé ninguno.

Sobre todo, recordaré que el viaje es la recompensa. Aprenderé y creceré y disfrutaré todos y cada uno de los días.

El peor error que puede cometer un emprendedor

Ayer veíamos muchos ejemplos de errores cometidos por emprendedores. Casi todos caen en una de estas tres categorías:

  • Me equivoqué al calcular…
  • Yo no sabía que…
  • No debí fiarme a ciegas de…

Alguno de estos errores te puede costar la empresa, pero en general todos pueden resolverse. Solo hay un error que es letal, un error que jamás debes cometer:

Vender menos de lo que necesitas para cubrir gastos.

Si mes a mes ganas dinero, cualquier otro problema tiene solución. Si mes a mes tienes que poner de tu bolsillo (o del de tus socios) para que la empresa siga viva, debes cambiar el rumbo lo antes posible.

Creative Commons License photo credit: Gaetan Lee

Quemar las naves


¿Qué es mejor para el éxito de la empresa? ¿Que el emprendedor se lo juegue todo en el empeño o que tenga la tranquilidad de saber que tiene una salida en caso de que el proyecto fracase?

Se cuenta que Hernán Cortés, en su conquista del Imperio Azteca, quemó sus naves para evitar a sus soldados la tentación de regresar en ellas a Cuba. Así no les quedó más alternativa que vencer a los aztecas o morir.

Yo aprobé unas oposiciones de grupo A (20 plazas para más de 700 aspirantes) porque estaba en un momento laboral en el que aprobar esas oposiciones podía cambiar mi vida. O sea, que estaba en paro, y ya casado, con un hijo y pagando una casa.

Varias personas cercanas a mi lo intentaron, y todas fracasaron. Todas tenían en ese momento un buen trabajo, y aprobar las oposiciones era para ellos simplemente la oportunidad de tener un trabajo más cómodo.

¿Influyó en mi resultado el que las oposiciones fueran en aquel momento la mejor opción laboral? Probablemente sí. Opositar es un proceso largo (en mi caso seis meses), y hay que aprobar todos los exámenes. Uno de mis preparadores lo comparaba a una carrera de fondo. Si no estás concentrado durante toda la carrera, pierdes. Por eso, encontrar la motivación para sostener el esfuerzo durante meses es fundamental para el éxito.

Según esto, un emprendedor que hipoteca su casa y pone todos sus ahorros para financiar la empresa y que no tiene otros ingresos debería tener más posibilidades de éxito. Estará más motivado para trabajar con todas sus fuerzas, porque se verá en la calle y sin trabajo si fracasa.

Pero también es importante el equilibrio y la paz interior. La urgencia por ganar dinero puede llevarte a tomar decisiones precipitadas, a aceptar clientes problemáticos, a perder el foco y dedicar la empresa a cualquier cosa que de dinero rápido, y no a lo que de verdad puede hacerla crecer.

Y vosotros, ¿qué pensáis? ¿es equiparable el caso de Cortés a la creación de una empresa? ¿en qué proyecto invertiríais: en el de un emprendedor que se lo juega todo en la empresa o en el de quien cuenta con recursos y alternativas?

David Heinemeier Hansson explica el secreto para ganar dinero online


Que quién es David Heinemeier Hansson? Pues nada menos que el creador de Ruby on Rails y uno de los fundadores de 37signals. Probablemente, una de las personas que más ha influido en lo que hoy es Internet.

David dio una charla en Startup School 08, explicando qué tipo de empresa de Internet cree él que puede hacerte ganar dinero. Las principales ideas:

  • Hacer el próximo Facebook o MySpace es como que te toque la lotería. Es mucho más sensato intentar crear una empresa que gane un millón al año.
  • El secreto para rentabilizar una aplicación online es ponerle precio. Si haces algo que resuelve un problema mejor que otros, seguro que encuentras a alguien dispuesto a pagar por ello.
  • No hay que preocuparse por ser viral, ni inventar la Siguiente Gran Cosa. Zappos simplemente vende zapatos. La gente lleva décadas vendiendo zapatos, pero Zappos tiene éxito porque lo hace mucho mejor.
  • No hay que aspirar a ser el mejor, sino a hacer las cosas bien. Hay miles de restaurantes italianos en el mundo que viven de hacer una comida decente y ser adecuados para mucha gente. ¿Por qué no hay más “restaurantes italianos” en Internet?
  • No tienes que empezar dedicando 14 horas al día, ni con un montón de dinero. 37signals lo emprezaron 3 personas, que trabajaban a tiempo parcial, y durante un año solo tuvieron un servidor. Si tienes poco tiempo y poco dinero, te ves obligado a optimizarlo.
  • Si intentas algo y fracasa, no pasa nada. A por lo siguiente.

Aquí tenéis el vídeo. Si entendéis inglés no os lo perdáis:

http://omnisio.com/startupschool08/david-heinemeier-hansson-at-startup-school-08

El mejor consejo para que tu empresa tenga éxito


No os perdáis este post de François Derbaix.

…tantos cambios a la vez quizá era una decisión un tanto arriesgada: no tenía experiencia ni en turismo, ni en turismo rural (sólo había estado una vez en una casa rural, en Bélgica), ni en Internet, ni en España… Yvan tenía razón, eran muchos cambios, y tenía muy poco para “triunfar” en algo tan desconocido. Así que… igual seguimos adelante y con 25 años cada uno lanzamos TopRural.

Además de motivador, creo que expone una verdad fundamental: muchas veces son nuestros propios miedos y nuestros prejuicios los que nos impiden triunfar. Seguro que ayuda tener 25 años y (esto lo supongo yo) probablemente pocas cargas familiares para lanzarse a la aventura sin tanto miedo al fracaso.

Pero si en los últimos meses te has visto varias veces a la semana quejándote de tu sueldo, de tus jefes, de tus condiciones de trabajo y soñando con ser tú el que se ponga sus propios límites… ¿qué puedes perder por dar el salto y lanzarte a emprender?

Algoritmos genéticos para emprendedores


Los algoritmos genéticos son técnicas de inteligencia artificial que permiten encontrar soluciones a problemas complejos en los que no tenemos todos los datos de partida. Se basan en simular el procedimiento por el que la selección natural ha producido las distintas especies de seres vivos: crear una “población” de soluciones distintas, eliminar las peores, modificar y combinar entre sí las buenas y volver a empezar el ciclo aplicando la selección a estas soluciones modificadas.

Si tienes el tiempo suficiente, un método para eliminar soluciones malas y otro método para recombinar las buenas, puedes conseguir un tigre a partir de un poquito de grasa, agua y unos cuantos azúcares, aminoácidos y ácidos nucleicos.

Ahora diréis ¿y qué tiene eso que ver conmigo y con mi empresa? Veréis. Resulta que además de para hacer tigres o diseñar antenas, el método de lanzar muchas soluciones y quedarte con las que mejor funcionan puede ser el mejor para conseguir una empresa rentable.

Un ejemplo: Autodesk, la empresa creadora de Autocad, surgió a comienzos de los 80 a partir de una observación: los ordenadores personales iban a tener éxito, iban a venderse miles de ellos, y los compradores necesitarían software. Así que decidieron crear cuatro o cinco programas que pensaban que podían funcionar: una base de datos, un procesador de textos… y, efectivamente, un programa de CAD. Empezaron a ir a ferias y a hablar con clientes potenciales cuando apenas tenían código escrito y solo podían enseñar unos folletos. Ahí vieron que el CAD podía ser un producto demandado, y se centraron en él. Unos años después cada dólar que habían invertido se había convertido en 1.000.

Lo interesante es que al principio su idea iba más por el “escritorio automatizado”, de ahí el nombre de Autodesk. Si se hubieran obcecado en desarrollar su solución de base de datos y no salir al mercado hasta que estuviera totalmente terminada, en el mejor de los casos les recordaría tanta gente como a Ashton Tate. (Que levanten la mano los que sin ir a Google sepan qué fabricaban).

El método tradicional para probar si una empresa podía funcionar era hacer estudios de mercado. Eran caros, pero más caro era montar una fábrica para hacer un producto que nadie quisiera.

Ahora Internet ha cambiado todo eso.

Crear una página web, escribir un libro electrónico o abrir un blog son casi gratis. Sólo requieren tiempo. Pero pueden ser excelentes tubos de ensayo para probar nuestras ideas de negocio. Y si tu idea tiene que ver con vender cosas y no solo ideas o servicios, tienes eBay para probar.

Lo que es más difícil en esta estrategia, en realidad, es aceptar que tu idea es mala y que debes pasar a otra, o cambiar aspectos esenciales para volver a lanzarla. Demasiadas veces el emprendedor se encariña con su idea y no acepta que deba morir para dejar paso a otras ideas con más futuro.