No os perdáis este vídeo de LaComuna en el que detallan el coste que les supuso realizar su primer programa :
Ignoro si han pretendido ironizar con respecto a otras situaciones recientes. Estoy escribiendo sobre esto, así que pronto comentaré por aquí más extensamente sobre las implicaciones que tienen estos costes de producción.
El economista Xavier Sala i Martín escribe sobre la crisis. Y dice cosas tan sensatas como esta:
La pregunta clave es: ¿por qué ha fallado la regulación existente? La respuesta es que los políticos que escriben las reglas son incapaces de prever por dónde vienen las crisis. Es muy fácil criticar al entrenador el lunes por la mañana. Y es muy fácil ahora reescribir las normas de Basilea, obligar a que las contabilidades de los bancos y los “conduits” se hagan de manera conjunta, forzar a que la valoración de capital no se haga a valor de mercado para no obligar a vender cuando la cotización baja. El problema es que todo eso será demasiado tarde para solucionar la crisis del presente… y no resolverá las del futuro. Porque las próximas crisis ni van estar causadas por familias subprime, ni van a tener que ver con “conduits” o “credit default swaps”. ¿Por dónde van a venir? Pues no lo sé. Nadie lo sabe. ¡Ése es el problema!
Y dice también que el riesgo mayor es que, además de no evitar crisis futuras, lo que sí consigan es suprimir cosas positivas como la inversión con riesgo:
La razón principal que explica el fuerte crecimiento de los últimos años es la innovación llevada a cabo por miles de pequeños emprendedores cuyas ideas debían parecer locuras antes de hacerse realidad: desde Microsoft hasta Intel, pasando por Google, Starbucks, docenas de empresas de telefonía móvil o Youtube, las ideas de todos esos emprendedores debían parecer tan “excéntricas” que ningún banco tradicional las hubiera querido financiar. Gracias a Dios, además de bancos tradicionales el sistema había creado instrumentos que permitían financiar empresas de alto riesgo, y eso posibilitó el progreso tecnológico.
[...]
La extrema prudencia impuesta al sistema financiero contribuyó a que la tasa de innovación en España fuera preocupantemente baja al no poder asumir los riesgos necesarios para financiar nuevas y arriesgadas tecnologías. Dicho de otro modo: si Sergey Brinn y Larry Page hubieran sido españoles, Google nunca hubiera sido una realidad porque ningún banco español hubiera financiado una idea tan aventurada.
Mi amigo Sergio Montoro, que no es Catedràtic de Columbia University i Professor Visitant de la Universitat Pompeu Fabra como Sala i Martín pero no tiene un pelo de tonto, me decía hace un par de años: “mientras el ladrillo siga dando el dinero que da ahora, nadie va a invertir en empresas de tecnología”.
Es decir, que no es solo que el “sólido sistema financiero español” estimulase la financiación de empresas “solventes” como Martinsa, sino que los inversores particulares, que en Estados Unidos son la fuente alternativa de financiación para empresas innovadoras, aquí se dedicaban a invertir también en suelo y ladrillos.
Ahora todo el mundo está asustado, y con el dinero guardado en un calcetín debajo del colchón. Pero cuando empiece a escampar, y los del calcetín saquen a pasear sus euros, es probable que se haya relativizado el mito de que el ladrillo siempre da dinero sin riesgo. Y algunos de esos inversores al menos se plantearán invertir en empresas innovadoras.
Esta entrada de Raúl Hernández sobre los créditos preconcedidos me ha recordado un hecho que para mí es muy sorprendente: la segunda entidad en que más confían los pequeños empresarios es en su banco o caja de ahorros. Por detrás de su asesor fiscal, y por delante de instituciones públicas y de otras empresas.
Supongo que tiene que ver con el hecho de que al banco le confías tu dinero. Pero como bien dice Raúl, el banco tiene intereses directos en tu forma de manejar el dinero, que no tienen por qué coincidir con los tuyos. Y, por supuesto, nunca está de tu parte, aunque el director de tu oficina te sonría y te salude como a un amigo del alma cada vez que le contratas algo. Ahora, en tiempos de crisis, cuando las empresas más necesitan tener un pulmón financiero que les permita sobrevivir, es cuando muchas oficinas están cerrando líneas de crédito que tenían concedidas.
Nunca le pidas consejo al director de tu banco. Trátale como lo que es, un comercial más. Pídele ofertas, condiciones, ventajas… y compara unos productos con otros. No tengas ningún remordimiento en “engañarle” con otra entidad que te ofrezca un punto menos de interés en un crédito o un punto más en una rentabilidad. Él tampoco lo tendrá cuando te deniegue un crédito porque no das el “perfil de riesgo” adecuado.
Es más, desde el principio deberías trabajar al menos con dos entidades bancarias diferentes. Puede ser laborioso andar moviendo dinero de una a otra, pero siempre es preferible tener al menos dos alternativas para comparar productos, y en algunos casos te pueden tratar un poco mejor por ser cliente de la entidad y haber demostrado una historia de solvencia.
Apuntaba Carlos en un comentario un problema que es muy real para muchas pequeñas empresas: la obligación de pagar el IVA en el momento en el trimestre en que se emite la factura, y no en el que se cobra.
Juan Martín lo explica de forma muy divertida en este vídeo:
Aunque estoy de acuerdo en que es un abuso por parte del Gobierno obligar a los empresarios a hacer de recaudadores, y un abuso todavía mayor obligarles a asumir los retrasos en los pagos e incluso los impagos, hay alguna alternativa a la quiebra.
Pide un aplazamiento a la Agencia Tirbutaria
Lo primero es pedir un aplazamiento a Hacienda. Aquí tenéis el modelo para deudas inferiores a 6.000 euros. Si el IVA que tienes que pagar es menos que esta cantidad, basta con explicar que tienes unas facturas pendientes de cobro y proponer un plan de pagos razonable. Lo más probable es que te concedan el aplazamiento (ignoro los intereses que aplican).
Si tienes que pagar más de 6.000 euros, el modelo es este. El problema es que en estos casos Hacienda exige una prueba de que podrás pagar, habitualmente un aval. Y si no puedes pagar ni el IVA, a ver qué banco te va a conceder un aval.
Intenta financiar la factura
Si tu cliente es solvente, tu banco puede estar dispuesto a entregarte ahora el importe de tu factura. A cambio de un porcentaje, claro, que de eso viven. Cliente solvente aquí significa una gran administración pública o una empresa que cotice en el IBEX 35. Si tu cliente no es de esos, tu factura no es maś que un papelito.
No pagues
Si esperas cobrar en 90 días, puedes simplemente no pagar en su momento, y hacerlo cuando cobres. El problema es que Hacienda aplica unos recargos que creo recordar que son de un 5% por retraso inferior a 3 meses, un 10% por retraso inferior a 6 meses, y un 15% por retraso inferior a 9 meses.
Como financiación de deuda es un método ruinoso, pero si no te queda más remedio, al menos es una salida mejor que la quiebra de tu empresa por éxito.
Ten el dinero preparado
La mejor opción es tener una buena previsión de tesorería, y dinero suficiente para hacer frente a los pagos a Hacienda. Si te acercas a tu banco cuando las cosas van bien y les dices: “esto marcha viento en popa, los clientes me quitan de las manos mis productos / servicios”, les das pruebas de lo bien que te va (facturas, pedidos, contratos…), les muestras unas cuentas claras y les pides un crédito para financiar la tesorería, es muy posible que te lo concedan. Así estarás preparado para cuando llegue el pago trimestral del IVA (y del IRPF, que es primo hermano de este).
Si en lugar de hacer tus previsiones te encuentras un buen día sin un euro y una carta de Hacienda reclamándote su parte del negocio, entonces es mucho más difícil negociar con tu banco. Un banco nunca presta dinero a quien tiene problemas.
En resumen: si creías que por haber cerrado una venta, e incluso por haber emitido una factura ya tenías todo a favor piénsalo de nuevo, analiza los tiempos de cobros y pagos, calcula tus opciones y actúa antes de que sea demasiado tarde y te veas como el pobre Juan Martín.
Ahora tal vez sea distinto, pero me temo que no. Cuando yo era niño, el tema era tabú en casa. Era una cosa de mayores, y los pequeños no debíamos interesarnos ni preguntar. Tampoco había educación sobre el tema en el colegio (ahora creo que hay alguna asignatura en la que se explica algo). Así que crecimos informándonos por amigos, por lo que leíamos o veíamos por ahí, experimentando y aprendiendo a trompicones, a base de errores. Probablemente influyera en esto la moral católica, que lo veía como algo sucio, algo que solo era tolerable por la debilidad humana, pero que no existiría en el paraíso. Los curas de mi colegio siempre ponían como ejemplo de santidad a los que renunciaban a ello.
No, no me refiero al sexo, sino al dinero. Sí, eso que para muchos es la fuente de todos los males, de todas las injusticias. Incluso mucha gente de izquierdas, que proclama con orgullo que está en las antípodas de la iglesia católica, coincide en esta visión del dinero como algo impuro, contaminante, que convierte en sospechoso al rico, a menos que haya conseguido su fortuna mediante un juego de azar .
El caso es que esa visión del dinero como negativo influye en la educación que recibimos. En el colegio se enseña a leer, a escribir, a hacer derivadas o calcular sistemas de ecuaciones, pero no se nos enseña a manejar el dinero. En muchas casas, el asunto de cuánto gana el padre o la madre es secreto, no vayan a comparar con los padres de sus amigos. Como mucho, cuando el niño pide algo especialmente caro obtiene una respuesta del tipo “¿pero te crees que somos millonarios?” .
Así que, unos años después, cuando uno empieza a ganar dinero, lo primero que hace es malgastarlo. Poca gente entiende de ahorro, de inversiones, de rentabilidad. Peor aún, poca gente entiende de deuda. Pero los bancos, y los grandes comercios, están más que dispuestos a entregarnos una tarjeta para que gastemos más de lo que ganamos, o a prestarnos dinero para comprar un coche o ropa con los que impresionar al sexo contrario. A nadie le enseñan cómo funciona un préstamo hipotecario, y cómo influye eso del interés y los plazos en lo que vamos a pagar los próximos decenios.
Mucha gente afirma sin pestañear que le gustaría ser rico, pero busca un trabajo con un horario fijo y un sueldo fijo. Ese sueldo, que va subiendo con los años según va aumentando la experiencia del que va dejando de ser un jovenzuelo, siempre se acaba un poco antes del día 30 de cada mes. Aunque ahora sea el triple que cuando empezó a trabajar, misteriosamente los gastos también se le han triplicado.
Por eso, una de las cosas más importantes que puedes hacer como padre es enseñar a tus hijos a manejar el dinero. Que entiendan lo que es el ahorro, el interés compuesto, que sepan cómo funciona la bolsa. Que sepan lo que es un préstamo, cómo funciona una tarjeta de crédito. Que aprendan a hacer un presupuesto, a planificar un gasto.
¿O prefieres que tus hijos empiecen a manejar su dinero sabiendo tan poco como tú sabías?
Agradezco muchísimo los comentarios en el blog porque, si bien no son muy numerosos, si suelen ser interesantes. Como ejemplo, lean lo que escribió Bow en el post sobre los cinco pasos para ser millonario:
Es una estrategia, sí, pero un poco aburrida, ¿verdad?
Pues sí. A nadie (o a casi nadie) le interesa una estreategia para ser millonario dentro de 20 años. Aunque sea segura. Por eso la gente juega a la lotería, o se presenta a concursos de la tele. La probabilidad no ya de hacerse millonario sino de ganar dinero es infinitamente menor, pero es una estrategia más divertida (y que requiere menos esfuerzo personal).
Hay una tercera vía para hacerse millonario, que es emprender un negocio exitoso. No es tan seguro y aburrido como ahorrar e invertir con prudencia, pero tampoco tan descabellado como esperar que te toque el Gordo o que Carlos Sobera te haga las preguntas que sabes responder.
Hay muchas motivaciones para emprender un negocio: evitar jefes, no tener horarios fijos, hacer lo que te gusta, incluso aportar a la humanidad tu idea maravillosa que mejorará la vida de millones de seres humanos. Todas ellas pueden ser válidas (aunque acabes descubriendo que los clientes son los peores jefes, o que no tener horarios fijos significa en la práctica jornadas de trabajo de 14 horas).
Pero hay una motivación esencial para que tu empresa sobreviva: la codicia. Esto es, el interés por ganar mucho dinero, más del que podrías ganar trabajando para otros. ¿Por qué? De entrada, porque el objetivo de una empresa es precisamente ganar dinero. Para ayudar a la humanidad, o realizarte como persona, es preferible fundar una ONG.
Pero hay otro motivo, tal vez más determinante en momentos clave. Poner en marcha una empresa es un proceso duro y complejo, en el que hay situaciones difíciles, y en el que muchas veces tienes la tentación de tirar la toalla. Situaciones en las que piensas que todo sería mucho más fácil si tuvieras un empleo como todo el mundo, con un sueldo a fin de mes como todo el mundo. En esas situaciones, recordar que si te empeñas en seguir y las cosas salen bien en unos años estarás descansando en las Seychelles mientras “todo el mundo” sigue madrugando cada lunes, puede ser lo único que te haga apretar los dientes, remangarte y seguir dedicado a la faena.
En los consejos para emprendedores que dan los americanos, pocas veces se insiste en la importancia de cobrar. No sé si será porque allí se da por hecho que si vendes (y entregas el producto o servicio) cobras.
Desgraciadamente, en España no es así. El primer cliente de Alanta fue una empresa del sector. Estábamos encantados: era un proyecto de 11.000 euros, que podía servir como modelo para otros clientes, interesante desde el punto de vista técnico… todo ventajas.
Acordamos que emitiríamos dos facturas, a 30 y 60 días de la finalización del trabajo. Cuando el cliente dio el OK a la instalación, emitimos la primera. Pero llegó el momento de emitir la segunda, y todavía no habían pagado. Empezó ahí una serie de llamadas, respondidas al principio con amabilidad y promesas de pagos inminentes que nunca se materializaban.
Por resumir, al cabo de un par de meses, la empresa se declaró en suspensión de pagos. Nunca conseguimos cobrar aquel primer proyecto. Para una empresa pequeñita, que estaba empezando, 11.000 euros era un montón de dinero, y no cobrarlos hizo mucho daño.
Sin llegar a estos extremos, conseguir cobrar es un problema real para muchas empresas. La ley 3/2004 no ha servido para mejorar la situación, al menos en el entorno que yo conozco.
Moraleja: no saques el champán de la nevera cuando firmes la venta. Espera a tener el dinero en el banco.
Cuando firmes un contrato, define de manera muy concreta los términos de pago, y procura que se establezcan penalizaciones por retrasos en el pago. O si quieres plantearlo de forma positiva, establece descuentos que sólo serán de aplicación se se paga en menos de 30 días.
Y, por supuesto, procura sincronizar lo mejor posible tus pagos a proveedores y tus cobros a clientes. Si estás empezando y no tienes mucho pulmón financiero, puedes morir por culpa de un proyecto exitoso en el que no seas capaz de cumplir con tus compromisos de pago.
Con este post terminamos con la serie de Proverbios del Emprendedor. Como habréis visto, no todos son aplicables en todos los casos, pero al menos sí deberían hacer reflexionar.
En esta última entrega, el dinero:
Empieza con nada, y ten nada tanto tiempo como puedas. Los presupuestos pequeños proporcionan un amplitud de foco (probablemente otra frase que estoy copiando de Jason Fried: suena como algo que él haya dicho…).No salgas a levantar un montón de dinero directamente. Mejor, date a ti mismo lo justo para empezar, y usa los límites que eso impone para motivarte.
Los mejores mensajes para los inversores son directos y entretenido (no en ese orden). Piensa en lo que esto implica. Un mensaje directo es la superficie de un negocio muy sólido. Si tienes que mentir o trampear para que los inversores se interesen, ¿por qué? Si diriges un buen negocio, no es nada difícil engatusar a los inversores. Cuanto peor sea tu negocio, mayor (y más odiosa) es la tarea de buscar financiación. El entretenimiento implica una persona con la que sea divertido trabajar, y a los CRs les gusta trabajar con gente que les caiga bien tanto como al resto de nosotros. Si tu no llevas la diversión, lleva a la persona que lleve la diversión.
Nunca digas nada que quieras mantener secreto. Decirle a un inversor “no quiero hablar de eso” es terrible. Es lo contrario de ser directo. Es bueno ser consciente, sin embargo, que algunos inversores potenciales te escucharán y después compartirán tu información con tus competidores directos, y no siempre porque hayan invertido en esos competidores. Sabiendo eso, tienes que mantener algunos secretos. Pero sé tan diplomático con esto como puedas. Responde a la idea que hay detrás de la pregunta, sin revelar nada más que aquéllo con lo que te sientas cómodo discutiendo. Aprende a dirigir la conversación como tú quieres que vaya. Y después entrega más información según vayas estando más a gusto con el inversor en potencia.
No quiere decir quizá y sí quiere decir quizá. Nunca debes asumir un “no” de alguien con quien quieras trabajar. Acepta el no, pide razones, y después sigue enviando información actualizada sobre lo bien que te va en el mercado. En una compañía, tres de los cinco contratos que conseguí fueron de firmas de CR que me dijeron “no” al principio. Por el contrario, sin embargo, el único dinero en el banco es el dinero real que de verdad está en el banco. Todo lo demás es simplemente una posibilidad, y tienes que tratarla como tal. No pares la búsqueda de capital hasta que tengas un compromiso firme para los fondo que necesitas, y no aceptes promesas a medias como “te financiaremos si entra otra firma”. Sigue en ello hasta que la transferencia esté hecha.
Para los inversores, el producto no es nada. La presentación clásica de los ingenieros para los CR tiene diez transparencias sobre el producto y dos sobre los logros académicos de los fundadores. Esa es una presentación pésima. Una transperencia debería ser sobre el producto, mientras que el resto cubre el mercado, los competidores, las finanzas, la historia de financiación y la experiencia relevante del equipo. El producto importa mucho menos a la mayoría de los inversores que las reacciones de los clientes, las propiedades del mercado y la credibilidad del equipo. Obsesiónate con el producto en tu propio tiempo; presenta tu negocio con todas sus partes.
La mejor manera de conseguir financiación es no necesitarla. Si tienes un negocio en marcha con clientes auténticos y pagas todas tus facturas, es mucho más probable que consigas una ronda de financiación que si necesitas esa ronda para sobrevivir o tener éxito. El discurso que dice “podríamos acelerar nuestro crecimiento con más dinero” es mucho más motivador que “necesito tu dinero o nuestras puertas se cerrarán”.