Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Por qué no merece la pena ganar 50.000€


Cuando expliqué la fórmula para ganar un sueldo de 50.000€, acabé diciendo que no merece la pena esforzarte en esto. Para verlo vamos a comparar qué tienes con un sueldo de 50.000€ y qué tienes con un sueldo de 20.000€.

1. El dinero neto

Si ganas 50.000€, después de pagar impuestos te quedan limpios alrededor de 35.000, es decir, 2.500€ al mes si cobras 14 pagas. Si ganas 20.000€ lo que recibes al mes son 1.140. Ya hemos recortado casi un 6% de diferencia por la progresividad de los impuestos.

2. Ayudas

El estado, la comunidad autónoma y los ayuntamientos ofrecen ayudas para estudios, vivienda, etc. Uno de los criterios para acceder a estas ayudas es el nivel de ingresos, y se usa a menudo el IPREM. Como ejemplo, en este enlace podéis hacer la prueba de las ayudas que obtiene para comprar una vivienda una familia de 3 miembros según los ingresos familiares sean de 20.000 o 50.000€. Si tenemos un crédito de 300.000€, ya tenemos 3.000€ más al año de recorte entre los dos sueldos, solo en esta ayuda.

Con lo cual, esos 1.350€ de diferencia al mes puede que se nos queden en poco más de 1.000.

3. Más trabajo supone más gasto

Como ya explicamos, para ganar un sueldo de 50.000€ hay que asumir responsabilidades. A menudo eso supone trabajar más horas y viajar. Lo que significa que comes fuera de casa (y normalmente pagas tú esa comida), que vas a trabajar en tu coche para mejorar tu movilidad y sobre todo que tienes menos tiempo para estar en casa, por lo que tienes que pagar a alguien para que colabore en las tareas domésticas y cuide a tus hijos.

Por otro lado, como ya explicamos en un puesto de más responsabilidad no puedes ir vestido de cualquier manera, de modo que también hay un mayor gasto en ropa: trajes, corbatas, etc.

Por tanto, otra parte de esos 1.000€ de diferencia se va en mantener la situación, no en mejoras sustanciales en tu nivel de vida.

4. La diferencia en gastos

La cuestión es ¿realmente esos 1000€ al mes suponen una diferencia en tu nivel de vida? Tienes un coche mejor, puedes comprar mejor ropa, puedes salir a cenar a sitios más caros, puedes comprar comida de más calidad o ir de vacaciones más lejos o a un hotel con una estrella más.

Pero tu vida con 50.000€ es esencialmente igual a la del que gana 20.000. Sigues mirando las ofertas del supermercado. Sigues comprando la ropa en rebajas. No puedes ir de vacaciones cuando quieres, ni a donde quieres. Sales los mismos días del fin de semana, y sigues mirando la columna derecha de la carta en el restaurante antes de elegir un plato.

Así que si pudieras comparar tu vida con un sueldo de 50.000€ con la de un hipotético hermano gemelo que gana 20.000€ probablemente te preguntarías ¿y para esto me he esforzado tanto?

La triste realidad es que siendo asalariado es muy difícil salir de la vida de clase media. Todo empuja a la uniformidad, a esforzarte cada vez más para mantener un ritmo de vida muy parecido al de tus vecinos.

Por eso, más que esforzarte en subir peldaños en la escalera corporativa, lo que debes hacer es buscar la manera de salir de ella.

Una vía es el ahorro y la inversión de lo ahorrado. El informe del Instituto Juan de Mariana sobre la Sociedad de Propietarios lo explica con detalle. Cualquier persona puede ahorrar una parte de su sueldo, basta con hacer como Hacienda y la Seguridad Social, que obligan a la empresa a quitarnos el dinero antes de que llegue a nuestras manos para así asegurarse el cobro. Si haces lo mismo y retiras una parte del dinero nada más cobrar, no te acostumbrarás a gastarlo. Y por mal que inviertas, si diversificas lo normal es tener un rendimiento neto (descontada la inflación) de un 5-7% anual, que por la magia del interés compuesto puede convertir tu inversión en una cantidad importante al cabo de unos años.

La otra alternativa, más arriesgada y no apta para todos los públicos, es ser emprendedor. La probabilidad de fracasar es alta, pero precisamente por eso si consigues crear una empresa con éxito la recompensa es también alta.

Diez pasos para ganar 50.000€ al año


¿Quieres ganar 50.000€ al año? No es tan difícil como crees. Lleva algo de tiempo y esfuerzo, pero es perfectamente posible para la mayoría de la gente.

Esto es lo que tienes que hacer:

1. Estudia una carrera con demanda

No puedes ganar mucho dinero con cualquier profesión, y por tanto no puedes ganar mucho dinero estudiando cualquier carrera. Y es más difícil ganar 50.000€ sin tener una carrera universitaria. Puedes leer mi post sobre cómo hackear la educación universitaria para hacer la elección correcta y terminar cuanto antes.

Si estás estudiando filología o historia y quieres ganar 50.000€ algún día, deja la carrera ahora mismo y ponte a estudiar algo que el mercado valore y esté dispuesto a pagar. Ganar ese dinero es mucho más difícil estudiando enfermería que medicina. Las ciencias puras se valoran menos que las ingenierías. Así que analiza el mercado, tus posibilidades y capacidades, y decide en función de todo esto.

En los sectores de finanzas, utilities y TIC los sueldos medios son más altos. Probablemente porque tienen mayor proporción de titulados superiores, pero en cualquier caso esto acaba tirando hacia arriba de toda la estructura salarial del sector, así que no está de más que les eches un ojo.

Si ya tienes una carrera que el mercado no valora, haz lo posible por cambiar de profesión. Un master puede ayudar, o como último recurso puedes hacer un curso técnico de especialización que te permita dar un salto a un entorno profesional más valorado.

2. Empieza a trabajar en cuanto acabes la carrera

Esperar para estudiar un master o hacer una especialización es perder el tiempo. Si hace falta, ya lo harás después, cuando estés trabajando en algo concreto y tengas más claro qué formación complementaria puede realmente impulsar tu carrera.

No aceptes una beca, ni una pasantía ni “prácticas sin remunerar”. Todo eso debes haberlo hecho mientras estudiabas. Ahora supone minusvalorarte. Aunque tampoco debes ser excesivamente selectivo con el primer trabajo: es más fácil cambiar a otro empleo mejor si ya tienes uno que si estás en paro.

Ya sé que la tasa de desempleo es altísima entre los jóvenes, pero altísima quiere decir un 30%. Eso significa que un 70% tiene trabajo. Y si has elegido un sector o una profesión que el mercado valora, la tasa de paro es mucho menor. De modo que si quieres trabajar, puedes. A lo mejor debes salir de tu pueblo y marchar a Madrid, País Vasco, Barcelona o esas tierras ignotas en las que se habla inglés. Pero tendrás un trabajo al poco tiempo de acabar la carrera.

3. Empieza tu carrera profesional en el puesto adecuado

En una empresa hay tres tipos de empleados: los que traen dinero (comerciales), los que producen (técnicos) y los que solo generan costes (staff, administrativos, personal, legal…). Tienes que ser del primer tipo o del segundo, porque lo racional para la empresa es reducir el coste del tercer tipo de empleado todo lo que sea posible.

Si has elegido una profesión demandada, en un sector con buenos sueldos y produces algo o generas ingresos, lo normal es que en ese primer puesto estés ganando alrededor de 20.000€.

4. Adopta una apariencia adecuada al puesto que quieres tener

La apariencia importa mucho más de lo que nos gustaría a veces. A la hora de pensar en alguien para una promoción, los directivos de la empresa deben imaginárselo en ese papel. Si eres técnico y no trabajas con el cliente tal vez no importe que uses camisetas andrajosas y vaqueros raídos, pero será difícil que piensen en ti como jefe de proyecto, porque te imaginarán yendo a las reuniones con el cliente con esa pinta.

Fíjate en como viste en general el nivel inmediatamente superior al tuyo, y adopta esa apariencia.

5. Aprende todo lo posible en los primeros años de carrera profesional

Tu objetivo en estos primeros años no debe ser buscar unos euros más de sueldo, sino hacer curriculum. Busca empresas y puestos que aumenten tu valor, que supongan más responsabilidad, más posibilidades de aprender. En este país estamos muy obsesionados con los “títulos” y nos empeñamos en hacer cursos y más cursos. Y sin embargo lo que busca una empresa es alguien que haya demostrado que hace cosas, no una wikipedia andante. Tu valor aumentará en función de las situaciones a las que te vayas teniendo que enfrentar profesionalmente.

6. Trabaja duro y asume responsabilidades

Cada vez que haya una oportunidad de hacer algo difícil, costoso o que suponga responsabilidad, ofrécete voluntario. Aporta ideas. Demuestra iniciativa. Si tu jefe es un imbécil que no valora nada de esto, lo único que pierdes es el tiempo, y a cambio ganas experiencia y curriculum. Pero si tu jefe es simplemente normal, apreciará la oportunidad de tener cerca a alguien en quien puede confiar, y procurará recompensarte.

No te dejes enganchar por el grupillo que se reúne en torno a la máquina de café para despotricar sobre todo y sobre todos. En todas las organizaciones hay personas y procesos que podrían ser mejores, pero pasarte el día cotilleando para lo único que sirve es para minar tu moral y tus ganas de hacer cosas.

Y no te dejes convencer por tus amigos que se dedican a criticar a sus jefes y sus empresas, pero siguen trabajando día tras día en lo mismo. Claro que muchas empresas no valoran al trabajador, claro que hay empresarios zafios y explotadores. Pero basta con no trabajar para ellos, porque hay otras muchas empresas que sí valoran y recompensan el talento y el esfuerzo.

7. Llévate bien con tus jefes

Ya sé que suena a peloteo y que está mal visto, pero resulta que los jefes también son seres humanos. Y si hay una promoción o un aumento, es más fácil que piensen en alguien cercano que en un tipo oscuro con el que apenas tienen trato. Aunque la productividad del segundo sea un 17% más alta que la del primero.

No tienes que reír chistes sin gracia o llevarle los trajes al tinte. Simplemente, trata a tu jefe con educación y cercanía, escucha sus problemas, échale una mano si puedes y si no al menos muéstrale tu apoyo.

8. No seas humilde

Cuando consigas un logro, una gran venta, un proyecto terminado a tiempo, resolver un problema difícil, asegúrate de que todo el mundo se entera de lo que has hecho. Eso de la humildad estará bien en un monasterio cisterciense, pero en una empresa es fundamental que te vendas a ti mismo y que todo el mundo sepa de lo que eres capaz. Con educación, con elegancia, sin ser pesado, sin quedar como un idiota fanfarrón pero no dejes pasar ni un logro sin reconocimiento.

9. Cambia de trabajo en dos años

Salvo que estés en una organización muy grande, es muy difícil promocionar con velocidad sin salir de la empresa. Si en dos años no has progresado, cambia de trabajo a otro en el que te paguen al menos un 20% más. Si has seguido los consejos anteriores, tendrás algo que ofrecer a cambio, y ese 20% no es un salto tan radical como para que la nueva empresa no esté dispuesta a pagarlo.

Por supuesto, no quemes las naves y procura dejar un buen recuerdo, que nunca se sabe si alguna vez volverás a tener tratos profesionales con los que han sido tus colegas.

10. Repite el paso anterior cinco veces

Si repites el paso anterior cinco veces, en 10 años estás ganando 50.000€. Si has terminado la carrera con 24 años, consigues ese sueldo con menos de 35. Si has tenido suerte y has dado algún salto mayor o en menos de dos años, lo estarás ganando antes de esa edad. Hay muchos empleos en los que se pagan 50.000€ o más, así que ganar ese dinero puede no ser inmediato, pero es un objetivo alcanzable para casi cualquier persona.

Otra cosa es que realmente un sueldo de 50.000€ merezca la pena. Sí, después de explicarte cómo ganar este dinero, tengo intención de escribir otra entrada explicando por qué no deberías esforzarte en esto. Stay tuned.

Mark Cuban: Consejos para hacerte rico

Hace unos días Mark Cuban republicó en su blog unos consejos para hacerte rico. Algo sabe de esto, porque él ha creado y vendido empresas y ha llegado a ser multimillonario. Los consejos están repletos de sentido común, aunque para los que van buscando conertirse en millonarios rápidamente son malas noticias:

Eso es lo que todo el mundo quiere, ¿verdad? No voy a mentir ni negar que tener un montón de dinero es mucho mejor que no tenerlo. Me lo pasaba genial y me encantaba mi vida cuando comía sándwiches de mostaza y kétchup y dormía en el suelo de un apartamento de tres dormitorios en el que vivíamos yo y 5 colegas más…

Me lo paso mucho mejor ahora; no es tan malo ser rico.

La respuesta que todo el mundo quiere saber es cómo conseguirlo. Hay varias maneras de hacerlo, sin embargo no hay un modelo que funcione siempre con todo el mundo. Esta a veces funciona: se trata de estar preparado en el momento en que se presente la oportunidad.

En mi humilde opinión, el cambio y la incertidumbre crean las oportunidades. Los tiempos como en los que vivimos, con una total incertidumbre económica, son tiempos perfectos para ponerse en marcha y avanzar económicamente.

En primer lugar, expondré lo que no hay que hacer:

No hay ningún atajo. Con esta locura en los mercados financieros y bursátiles, habrá timos por todas partes. Cuanto menos dinero tenga, más probabilidades habrá de que alguien se le acerque con algún proyecto. Proyectos que le garantizan rendimiento, que utilizan marketing multinivel, o que serán algo arriesgado, ahora “respaldado por el Gobierno de Estados Unidos”. Haga caso omiso de estos proyectos. Recuerde siempre lo siguiente: si un negocio es un gran negocio, no lo van a compartir con usted. Yo no publico mis grandes negocios; me los quedo todos para mí.

Lo segundo que hay que recordar es que si la persona que le está vendiendo el negocio fuese tan inteligente, ya sería rica en lugar de andar por la calle intentando engañarle. No hay atajos.

Así que… ¿qué debería hacer para hacerse rico?

La respuesta es ahorrar. Ahorre todo el dinero que pueda, hasta el último céntimo. En lugar de café, beba agua; en vez de ir al McDonald’s, cocine un plato de pasta. Destruya sus tarjetas de crédito: si utiliza una tarjeta de crédito, es porque no quiere ser rico. El primer paso para hacerse rico requiere tener disciplina. Si realmente quiere ser rico, tendrá que encontrar la manera de ser disciplinado.

Si la encuentra, pronto descubrirá que el mayor rendimiento que obtendrá está en sus propios gastos personales. Ser un comprador inteligente es el primer paso para hacerse rico. Sí, tiene renunciar a cosas, y no todos pueden, sobre todo si tienen familia. Esa es la cruda realidad. Pero debe ahorrar todo lo que pueda, sea lo que sea. Después póngalo en depósitos a plazo fijo a 6 meses.

El primer paso para hacerse rico es tener dinero en efectivo disponible. No está ahorrando para cuando se jubile, está ahorrando para cuando necesite dinero en efectivo. La estrategia de compra y acumulación es un engañabobos para usted. Este mercado es un ejemplo perfecto. Justo en el momento en el que el dinero en efectivo crea una oportunidad increíble, quienes siguieron la estrategia de compra y retención no tienen dinero disponible. No pueden o no quieren vender a la baja en el mercado, lo que hace que la estrategia de compra y retención pierda su sentido. Aquellos que han depositado su dinero en un depósito a plazo fijo duermen bien por las noches y es seguro que tienen más dinero hoy que ayer. Y como son unos compradores inteligentes y disciplinados, su índice personal de inflación está dentro de sus posibilidades. El dinero en efectivo es el elemento más importante para quienes desean ser ricos.

La segunda regla para hacerse rico es ponerse las pilas. Invierta su tiempo en sí mismo y aprenda sobre la industria de lo que más le guste hacer.

No importa lo que sea. Sea cual sea su hobby, interés o pasión, busque el que más le guste y consiga un trabajo en esa industria.

Puede ser dependiente, comercial, o cualquier cosa que encuentre. De alguna manera tiene que empezar a conocer el negocio. En vez de pagar para ir a clase, le pagarán por aprender. No será un trabajo perfecto, pero no existe el camino perfecto para hacerse rico.

Cada día antes o después del trabajo, y durante los fines de semana, lea todo lo que pueda sobre el negocio. Asista a ferias comerciales, lea publicaciones comerciales y pase mucho tiempo hablando con sus clientes sobre sus negocios y sobre las personas a las que les compran.

No es un proyecto a corto plazo. No estamos hablando de días, ni de meses. Estamos hablando de años, y quizá hasta de décadas. No he dicho que este plan para hacerse rico fuera rápido, pero este es el camino para conseguirlo.

Después, deberá esperar a que lleguen tiempos de cambio e incertidumbre en su negocio. El momento llegará. Puede que llegue pronto, o puede que tarde años y años, pero llegará. La naturaleza de la infraestructura empresarial de nuestro país está destinada a tener épocas de prosperidad y de decadencia. En una época de prosperidad es cuando vende la gente inteligente. En una época de decadencia es cuando la gente rica inició su camino hacia la riqueza.

Sabrá que el momento ha llegado porque conocerá su negocio a la perfección. Estará preparado porque habrá estado ahorrando para momentos como este.

Con el cambio y la incertidumbre presente en los mercados financieros, hay personas que ahora mismo están ganando más dinero del que hayan soñado. Son los que estuvieron observando el mercado inmobiliario y la economía que lo sustenta, y entendiendo lo que realmente estaba sucediendo. Ellos son los que comprendieron las complejidades de los mercados de crédito. Cuando todo el mundo seguía a la manada, ellos siguieron ahorrando y evitaron la tentación del pensamiento de grupo.

La prosperidad y la decadencia suceden en todos los sectores. La cuestión es tener la disciplina para estar listo cuando le pase a usted.

Nota: la traducción ha sido efectuada por el servicio de Babelic.

10 reglas para manejar el dinero

Tim Berry ha publicado en Entrepreneur.com un artículo con 10 reglas esenciales para manejar el flujo de caja.

Lo traduzco, porque creo que merece la pena:

Los beneficios no son dinero; son contabilidad. Y la contabilidad es mucho más creativa de lo que crees. No puedes pagar las facturas con los beneficios. Incluso los beneficios pueden hacer que te duermas. Si tú pagas tus facturas y tus clientes no, te encontrarás en el infierno de los negocios.

El flujo de caja no es intuitivo. No intentes hacerlo de cabeza. Hacer una venta no significa necesariamente que tengas el dinero. Incurrir en el gasto no significa necesariamente que hayas pagado ya por él. El inventario normalmente se compra y se paga y después se almacena hasta que se convierte en coste de ventas.

El crecimiento chupa dinero. Es paradójico. El mejor de los tiempos puede estar escondiendo el peor de los tiempos. Uno de los años más duros que tuvo mi empresa fue cuando doblamos las ventas y casi quebramos. Estábamos construyendo cosas con dos meses de adelanto y consiguiendo el dinero de las ventas seis meses tarde. Añade el crecimiento a eso y puede ser como un caballo de Troya, escondiendo un problema dentro de una solución. Sí, claro que quieres crecer; todos queremos que nuestro negocio crezca. Pero ten cuidado porque el crecimiento cuesta dinero. Es una cuestión de fondo de maniobra. Cuanto más rápido creces, más financiación necesitas.

Las ventas a empresas chupan tu dinero. La visión simple es que ventas significan dinero, pero cuando eres una empresa vendiendo a otra empresa, rara vez es tan simple. Tú entregas los bienes o servicios junto a una factura, y ellos pagan la factura más tarde. Normalmente meses más tarde. Y las empresas son buenos clientes, así que no puedes exigirles el pago porque no volverán a comprarte. Así que esperas. Cuando vendes algo a un distribuidor que lo vende a un minorista, consigues el dinero cuatro o cinco meses más tarde si tienes suerte.

El inventario chupa dinero. Tienes que comprar tu producto o fabricarlo antes de que puedas venderlo. Incluso si pones el producto en tus estanterías y esperas a venderlo, tus suministradores esperan que les pagues. Una regla simple: cada euro que tienes en el inventario es un euro que no tienes en dinero.

El capital circulante es tu mejor herramienta de supervivencia. Técnicamente, el capital circulante es un término de contabilidad que se aplica a lo que queda cuando restas las obligaciones actuales a los bienes actuales. En la práctica, es el dinero en el banco que usas para pagar tus costes de operación y gastos y comprar inventario mientras esperas que te paguen tus clientes.

“A cobrar” es una palabrota (ver la regla 4). El dinero que tus clientes te deben se llama “cuentas a cobrar”. Un atajo para la planificación financiera: cada euro en “cuentas a cobrar” es un euro menos en dinero.

Los bancos odian las sorpresas. Planifica. No tienes puntos extra por tu espontaneidad cuando tratas con bancos. Si ves que se acerca un acelerón en tu crecimiento, una nueva oportunidad o un problema con el pago de clientes, cuanto antes vayas al banco armado con tablas, gráficos y un plan realista, mejor te irá.

Vigila estas tres métricas vitales: “días de cobro” es una medida de cuánto tardarás en cobrar. “Rotación de inventario” es una medida de cuánto tiempo se sienta tu inventario sobre tu fondo de maniobra y estrangula tu flujo de caja. “Días de pago” es cuánto esperas para pagar a tus proveedores. Monitoriza siempre estos tres signos vitales del flujo de caja. Proyéctalos a doce meses y compara tu plan con lo que de verdad sucede.

Si eres la excepción más que la regla, bien por ti. Si todos tus clientes te pagan inmediatamente cuando compran, y no compras cosas antes de venderlas, relájate. Pero si vendes a empresas, ten en mente que no suelen pagar inmediatamente.

El sueldo del emprendedor

Al principio, cuando empiezas y todo son gastos, casi ni se te ocurre pensar en tu sueldo como emprendedor. Pero si aparecen socios que aportan capital, si formalizas una sociedad y te das de alta como autónomo, tienes que afrontar la cuestión de tu sueldo.

Lo primero que debes tener en cuenta es que aunque hay posibilidades de capitalizar la prestación por desempleo (o sea, cobrar el dinero pendiente para crear tu empresa), tienen condiciones muy restrictivas.

Lo más factible es cobrar hasta el 20% de lo que queda pendiente para hacer inversiones en tu empresa (que tienes que justificar), y el resto compensarlo con las cuotas de la seguridad social. Es decir, que durante un tiempo, hasta que agotes lo que te queda por recibir de paro, no pagas las cuotas de seguridad social de autónomos. No ingresas, pero al menos no te cuesta dinero estar dado de alta.

Con lo cual, si tienes alguna inversión que hacer (por ejemplo, un ordenador o incluso una aplicación de gestión, o la reforma de un local, cualquier cosa de la que puedas conseguir factura y que sea una inversión para tu empresa), puedes aprovechar esa posibilidad.

Si no, lo mejor es esperar y seguir cobrando el paro mientras vas desarrollando tu empresa. Ojo, si formalizas la sociedad y tú eres el administrador, debes darte de alta como autónomo y por tanto dejar de recibir la prestación por desempleo. Puedes distraerte un mes, porque de lo contrario será el llanto y el crujir de dientes.

Lo que puedes hacer, si ves que tu empresa va a tardar en generar ingresos y que necesitas el paro para sobrevivir es que sea otra persona quien se de de alta como administrador de tu empresa. Tiene que cumplir dos requisitos: que puedas tener absoluta confianza en ella (al fin y al cabo, podrá firmar en nombre de la empresa) y si es posible que ya esté dada de alta como autónoma, y por tanto no tenga gastos adicionales por este concepto.

Así puedes ir tirando un tiempo, hasta que por fin seas tú quien se disponga a llevar las riendas de una empresa ya legalmente constituida, con todas las de la ley. Ahora el problema es ¿qué sueldo me pongo?

Para valorarlo, debemos partir de tres hechos:

Primer hecho: no vas a tener dinero para todo. Eso implica decidir dónde ahorrar y dónde gastar. Y tu prioridad debería ser aquello que te permite conseguir cuanto antes clientes que paguen.

Segundo hecho: Hacienda quiere parte de cada euro que pasa por tus manos. Si se trata de relaciones laborales, la S. Social también quiere su parte. Cada céntimo que se llevan ellos es un céntimo que no destinas a tu objetivo.

Tercer Hecho: si no haces bien las cuentas, te engañas a ti mismo. Si no tienes en cuenta tu sueldo puedes creer que tu empresa va bien cuando en realidad es una ruina.

Teniendo en cuenta esto, ¿cuál es la mejor estrategia para un emprendedor que comienza con recursos escasos?

1. Procura minimizar lo que se lleva el Estado.

Si te pones un sueldo, la S. Social se lleva un 38% (parte empresarial y parte del trabajador). Y Hacienda un porcentaje que depende de la cantidad, pero que para un sueldo de dirección (el que deberías cobrar) supera el 12%. Es decir, más de la mitad del dinero desaparece. Si eres administrador de la empresa cotizas como autónomo, con lo que la parte de la S. Social no es un porcentaje sino un coste fijo. Pero la situación es la misma.

Conclusión: no te pongas sueldo “oficial”, o si lo haces ponte el menor sueldo posible. Si no te queda más remedio que cotizar como autónomo, hazlo y paga lo que sea menester. Pero no cometas el error de regalar además tu dinero a Hacienda. A cambio, ponte un sueldo “virtual”, que corresponda al dinero que deberías ingresar cada mes si la empresa ya estuviera funcionando a velocidad de crucero.

2. Vive de tus ahorros

En lugar de meter dinero en la empresa para sacarlo a final de mes en forma de nómina, utiliza una cuenta de ahorro y saca de ella a final de mes lo que ibas a cobrar. Así, en lugar de pagar a Hacienda y la SS, le sacas unos eurillos de intereses a tus ahorros. Es fundamental que conozcas tus gastos personales, para evitar un optimismo excesivo que haga que el dinero previsto no sea suficiente.

3. Contabiliza el dinero que dejas de cobrar

Tanto si tienes socios como si no, no dejes de registrar el dinero que deberías haber cobrado de la empresa. Puedes aflorarlo contablemente como préstamo de socio, puedes considerarlo aportación de capital que te da derecho a más participaciones, o puedes simplemente cobrarlo más adelante, cuando la empresa pueda ya pagarte el sueldo (con o sin intereses, que esa es otra cuestión).

Si tienes socios, es muy importante que estas cuentas estén claras y sean aceptadas por todos para evitar problemas posteriores. Tú puedes creer que un señor empresario se merece un sueldo de 10.000 euros al mes, y tus socios estar pensando que por dirigir una empresita como la tuya, con 1.000 al mes vas que te matas. Intenta comparar con lo que sea la práctica habitual en el sector para pequeñas empresas, con lo que ganabas antes o podrías ganar en un trabajo “estable”, y con cualquier otra referencia más o menos objetiva.

4. Ponte límites

En esta estrategia, sobre todo si tienes responsabilidades familiares, es fundamental conocer de antemano hasta cuándo puedes vivir sin cobrar o cobrando por debajo de tu sueldo objetivo. Así no hay malos entendidos ni con tus socios ni (lo que es más importante) con tu familia. Si se aproxima la fecha límite y la empresa todavía no es capaz de pagarte lo suficiente como para cubrir tus gastos, es el momento de replantear o su refinanciación o su cierre.

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Elige bien los costes de tu empresa

En su momento ya dimos la regla de oro para cualquier emprendedor: gastar lo menos posible. Pero una vez que te pones en marcha, es inevitable que vayan surgiendo necesidades: equipamiento, tarjetas de visita, móvil, gestorías, incluso empleados u oficinas. Hablaremos más adelante de empleados y oficinas, pero ahora es importante aprender a distinguir entre distintos tipos de gastos.

Básicamente hay dos tipos de gastos importantes en la empresa: los gastos fijos, que son los que se generan independientemente de lo que vendas o produzcas (se suele decir “lo que te cuesta abrir la puerta cada mes”), y los gastos variables, que están directamente relacionados con la producción y la venta.

Ejemplos de costes fijos son el alquiler de una oficina, el servicio de asesoría fiscal, los sueldos de empleados, la Seguridad Social, el acceso a Internet, etc. Costes variables son las horas de freelance subcontratadas para un proyecto, el material con el que produces un objeto, los costes de comercialización, etc.

Tu objetivo, o más bien tu obsesión, debe ser reducir al máximo los gastos fijos. Cada vez que asumes un gasto mensual, por pequeño que sea, estás asumiendo que venderás lo suficiente como para que el margen al menos cubra ese gasto. Si te metes en gastos importantes, como alquileres o sueldos, más te vale estar seguro de que vas a vender mucho cada mes.

Siempre que puedas convertir un gasto fijo en variable, hazlo. Por ejemplo, puedes pensar que pagar a un programador freelance para que colabore en un proyecto es tirar el dinero, porque pagar un sueldo mensual a una persona con el mismo nivel saldría mucho más barato. Pero el problema es que al freelance le pagas solo cuando hay proyecto (e incluso puedes pagarle solo si lo ejecuta con éxito). Al empleado le pagas haya o no haya proyecto, e incluso debes pagarle si está enfermo y tienes que cubrir su baja con otra persona.

Cuando creé Alanta tenía un dinero para ello, y tuve además financiación no solicitada por vía F&F (familia y amigos, ya sabéis). Os confesaré que tenía mis dudas sobre si una empresa de servicios en torno al software libre era viable, y mi razonamiento entonces fue: “voy a poner en marcha la empresa con todo lo necesario. Si en unos meses no tiene resultado, cerramos y se acabó”.

Así que busqué una oficina en una ubicación presentable, contraté a dos personas con experiencia (y sueldos acordes a esa experiencia) y me fijé un sueldo inferior al que ganaba antes pero suficiente como para pagar mis facturas. Contraté además una gestoría para que llevara las cuentas y las cuestiones laborales. Además había costes de comunicaciones y algunas otras cosas. Teniendo en cuenta estos costes, la empresa tenía capacidad para aguantar seis meses sin generar ingresos, lo cual en principio parecía suficiente para comprobar su viabilidad.

Y ocurrió lo normal en estos casos: el ciclo de ventas era más largo de lo que había previsto, y también se alargaban los proyectos, el momento de la facturación y el cobro. Los gastos aumentaron, porque decidimos lanzar una campaña de telemarketing para buscar clientes, que no estaba prevista en un principio. El primer cliente no nos pagó. Eso supuso no solo dejar de cobrar más de 13.000 euros, sino pagar el IVA correspondiente.

Al cabo de cuatro o cinco meses, el dinero se iba agotando. Podría haber decidido que la empresa no era viable, pero la realidad es que sí había clientes dispuestos a implantar software libre. La respuesta a la campaña de telemarketing era buena, y empezábamos a tener clientes que sí pagaban. Abandonar en esas circunstancias parecía absurdo.

Así que opté por reducir los gastos fijos radicalmente. Cambié la oficina por un servicio de oficina virtual en un centro de negocios, donde había salas de reuniones cada vez que se necesitaba trabajar en equipo. Decidí que pagar una comida era más barato que pagar un alquiler, así que las reuniones se hacían muchas veces en un restaurante, y se contrataba una sala en el centro de negocios cuando se necesita más tranquilidad y medios como pizarras y similares.

Reduje también los gastos de personal, incluyendo los míos. Prescindí del comercial, y asumí yo esa función. Eso supuso una disminución en las ventas, pero también una mucho mayor en los gastos. Al final del proceso, los gastos fijos no eran ni un 15% de los que habían sido. Y eso significó, al cabo, la supervivencia de la empresa.

Por eso, ante cada gasto, plantéate si hay alguna posibilidad de no hacerte esclavo de él cada mes y pagar en función de tu actividad y tus ventas.

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Lo que cuestan las cosas

Cuando pones en marcha una empresa con un dinerillo que tienes ahorrado y algo que te han prestado, es fundamental estirar ese dinero todo lo posible. Los ciclos de venta a veces son más largos de lo que pensabas, los clientes tardan más en pagar de lo previsto, Hacienda y la Seguridad Social quieren su parte aunque aún no hayas visto un céntimo de beneficios… y ese dinero que parecía mucho se esfuma

Además de aplicar las sabias medidas de Jaime Estévez, hay una cosa que puedes hacer fácilmente y que puede ahorrarte mucho dinero.

Se trata de, antes de comprar cualquier cosa para la empresa, analizar qué dinero necesitas facturar para conseguirla. Que es mucho más que su precio.

Por ejemplo: supongamos que quieres comprarte un MacBook Pro de 17 pulgadas. Cuesta 2.399 euros, pero realmente los vale, porque te lo mereces, va a ser tu herramienta de trabajo, no hay que ser cutre, con él vas a a ser más productivo y cualquier otra justificación que se te ocurra.

Ahora bien, antes de hacerlo, piensa en cuál es el margen bruto de tu empresa. ¿Un 30%? Entonces eso significa que debes facturar 8.000 euros para conseguir los 2.400 que necesitas para comprar el MacBook. Es decir, para tí el MacBook cuesta 8.000 euros, no 2.399. Ahora piensa cuánto vas a tardar en facturar (y cobrar) esos 8.000 euros. Si realmente sigues pensando que merece la pena, adelante.

Pero tal vez, ahora ese portátil de segunda mano que te ofrecían por 240 euros (y que a tí te supone facturar 800) resulta algo más atractivo…

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Xavier Sala i Martín, la crisis, los bancos y el ladrillo

El economista Xavier Sala i Martín escribe sobre la crisis. Y dice cosas tan sensatas como esta:

La pregunta clave es: ¿por qué ha fallado la regulación existente? La respuesta es que los políticos que escriben las reglas son incapaces de prever por dónde vienen las crisis. Es muy fácil criticar al entrenador el lunes por la mañana. Y es muy fácil ahora reescribir las normas de Basilea, obligar a que las contabilidades de los bancos y los “conduits” se hagan de manera conjunta, forzar a que la valoración de capital no se haga a valor de mercado para no obligar a vender cuando la cotización baja. El problema es que todo eso será demasiado tarde para solucionar la crisis del presente… y no resolverá las del futuro. Porque las próximas crisis ni van estar causadas por familias subprime, ni van a tener que ver con “conduits” o “credit default swaps”. ¿Por dónde van a venir? Pues no lo sé. Nadie lo sabe. ¡Ése es el problema!

Y dice también que el riesgo mayor es que, además de no evitar crisis futuras, lo que sí consigan es suprimir cosas positivas como la inversión con riesgo:

La razón principal que explica el fuerte crecimiento de los últimos años es la innovación llevada a cabo por miles de pequeños emprendedores cuyas ideas debían parecer locuras antes de hacerse realidad: desde Microsoft hasta Intel, pasando por Google, Starbucks, docenas de empresas de telefonía móvil o Youtube, las ideas de todos esos emprendedores debían parecer tan “excéntricas” que ningún banco tradicional las hubiera querido financiar. Gracias a Dios, además de bancos tradicionales el sistema había creado instrumentos que permitían financiar empresas de alto riesgo, y eso posibilitó el progreso tecnológico.

[...]

La extrema prudencia impuesta al sistema financiero contribuyó a que la tasa de innovación en España fuera preocupantemente baja al no poder asumir los riesgos necesarios para financiar nuevas y arriesgadas tecnologías. Dicho de otro modo: si Sergey Brinn y Larry Page hubieran sido españoles, Google nunca hubiera sido una realidad porque ningún banco español hubiera financiado una idea tan aventurada.

Mi amigo Sergio Montoro, que no es Catedràtic de Columbia University i Professor Visitant de la Universitat Pompeu Fabra como Sala i Martín pero no tiene un pelo de tonto, me decía hace un par de años: “mientras el ladrillo siga dando el dinero que da ahora, nadie va a invertir en empresas de tecnología”.

Es decir, que no es solo que el “sólido sistema financiero español” estimulase la financiación de empresas “solventes” como Martinsa, sino que los inversores particulares, que en Estados Unidos son la fuente alternativa de financiación para empresas innovadoras, aquí se dedicaban a invertir también en suelo y ladrillos.

Ahora todo el mundo está asustado, y con el dinero guardado en un calcetín debajo del colchón. Pero cuando empiece a escampar, y los del calcetín saquen a pasear sus euros, es probable que se haya relativizado el mito de que el ladrillo siempre da dinero sin riesgo. Y algunos de esos inversores al menos se plantearán invertir en empresas innovadoras.

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Confiar en el banco


Esta entrada de Raúl Hernández sobre los créditos preconcedidos me ha recordado un hecho que para mí es muy sorprendente: la segunda entidad en que más confían los pequeños empresarios es en su banco o caja de ahorros. Por detrás de su asesor fiscal, y por delante de instituciones públicas y de otras empresas.

Supongo que tiene que ver con el hecho de que al banco le confías tu dinero. Pero como bien dice Raúl, el banco tiene intereses directos en tu forma de manejar el dinero, que no tienen por qué coincidir con los tuyos. Y, por supuesto, nunca está de tu parte, aunque el director de tu oficina te sonría y te salude como a un amigo del alma cada vez que le contratas algo. Ahora, en tiempos de crisis, cuando las empresas más necesitan tener un pulmón financiero que les permita sobrevivir, es cuando muchas oficinas están cerrando líneas de crédito que tenían concedidas.

Nunca le pidas consejo al director de tu banco. Trátale como lo que es, un comercial más. Pídele ofertas, condiciones, ventajas… y compara unos productos con otros. No tengas ningún remordimiento en “engañarle” con otra entidad que te ofrezca un punto menos de interés en un crédito o un punto más en una rentabilidad. Él tampoco lo tendrá cuando te deniegue un crédito porque no das el “perfil de riesgo” adecuado.

Es más, desde el principio deberías trabajar al menos con dos entidades bancarias diferentes. Puede ser laborioso andar moviendo dinero de una a otra, pero siempre es preferible tener al menos dos alternativas para comparar productos, y en algunos casos te pueden tratar un poco mejor por ser cliente de la entidad y haber demostrado una historia de solvencia.