Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

Cómo acabar de una vez por todas con la corrupción

La semana pasada explicaba por qué la corrupción es inherente a nuestro sistema. Esto es lo que yo haría si quisiera evitarla:

1. Transparencia y responsabilidad

Cambiar la ley electoral para cambiar las listas provinciales por circunscripciones unipersonales. Es la única manera de que el político responda ante el ciudadano y no ante la estructura del partido. Con la organización actual, el político sabe que debe su cargo no a los votantes (que votarían sin dudar al caballo de Calígula si se presentara por su partido favorito), sino al jerarqua que le ha colocado en una lista. Puede despreciar absolutamente a sus votantes y seguir siendo elegido una y otra vez.

Publicar en la web de cada organismo público toda la información sobre presupuesto y gasto. Cada partida, cada compra, aunque sea un lápiz comprado por anticipo de caja. Para cada concurso, cualquier ciudadano debería acceder al pliego, saber qué empresas licitaron y por qué cantidades y a qué empresa se adjudicó y por cuánto. Esto no eliminaría las adjudicaciones “a dedo”, pero al menos el adjudicador corrupto tendría que trabajar más o dar más explicaciones. Y ya puestos a pedir, estaría bien que se publicaran los datos en un formato tratable, no en un pdf protegido.

2. Menos regulación

Prohibir que pueda aprobarse una nueva norma si no deroga al menos cinco normas existentes. Y la extensión de la nueva norma debe ser inferior a la más breve de las normas que deroga. Es la única manera de empezar a desbrozar la intransitable selva normativa actual.

Cambiar el sistema de licencias previas por un sistema de inspección contundente. Ahora combinamos una desconfianza absoluta con quien empieza un negocio y quiere ser legal (que es la inmensa mayoría de los emprendedores) con un garantismo extremo para el que de verdad incumple la norma. Así que un sinvergüenza puede tirarse más de 10 años viviendo de un local que incumple la normativa de ruidos o humos mientras un emprendedor honrado tiene que esperar meses o años a abrir su negocio. Y por supuesto, quien tiene la llave para que abras unos meses antes tiene la capacidad para aceptar “incentivos” que aceleren el proceso. Esto se ha cambiado en parte en el último año, pero sigue habiendo mucho margen para la discrecionalidad.

Eliminar los requisitos para la creación de empresas. No voy a insistir en el tema de UK. Chile va a poner en marcha un sistema por el que puedes crear la empresa a coste cero, simplemente rellenando un formulario por Internet ¿Por qué no aquí? También en la regulación de sociedades mercantiles nos encontramos con la misma maraña de normas, trabas burocráticas e impuestos preventivos que dificultan que una persona con más ilusión que dinero pueda arriesgarse a crear una empresa. Pero que no impiden impagos, quiebras, alzamientos de bienes, evasiones de impuestos…

3. Reducir el presupuesto que manejan las administraciones

Eliminar las subvenciones a actividades culturales, ONGs, lobbies, grupos de presión, etc. Que sí, que ya sé que la protección de la avutarda es fundamental en una sociedad avanzada, y que todo apoyo es poco para la orquesta de cámara de nuestro pueblo. Pero el problema con estas cosas es que al final quien recibe la parte jugosa de la subvención no es la Agrupación Musicovocal de Amigos del Clavicordio, sino la actuación de David Bisbal en las fiestas del pueblo. Que el político ya sabe qué subvención es más rentable en términos de votos. Y ya, puestos a repartir, queda un amplio espacio para la ONG del cuñado del subvencionador, que hace unos estudios interesantísimos sobre el cultivo de la remolacha en Kuala Lumpur. Seguid a @BOEsubvenciona en Twitter si queréis saber de verdad para qué pagáis impuestos. Así que mejor sería pagar menos de impuestos, y que ya cada uno decidiera si su dinero va a las avutardas o al clavicordio.

Eliminar las subvenciones a empresas. Si ya son discutibles la mayoría de ayudas y subvenciones a particulares (que no suelen ir a quien más lo necesita sino al más espabilado), lo que es absolutamnete injustificable es que los gobiernos jueguen a planificadores soviéticos, metiendo palos en el engranaje de la libre competencia para favorecer a unas empresas a costa de otras. Mirad como ejemplo este PDF en el que se detallan las subvenciones concedidas por el Ministerio de Industria a decenas de empresas “para el fomento de la competitividad de sectores estratégicos industriales para el período 2012-2015, en el ámbito de la industria manufacturera”. La que menos se lleva 50.000€, pero hay unas cuantas que han pillado uno, dos y hasta cuatro millones de euros. Si te ha tocado esta lotería, pues nada, a fomentar tu competitividad a costa del dinero de todos, también de los que no tenemos interés en ser tus clientes. Si no has estado despierto, además de fomentar tu competitividad honradamente con el dinero que has ganado, te toca pagar impuestos para fomentar la competitividad de tu competencia.

Prohibir la publicidad institucional. Una de las formas más descaradas de corrupción se produce delante de la vista de todos: cada vez que una administración inverte dinero en una campaña publicitaria en un medio de comunicación, está comprando la posibilidad de manipular a sus directivos.

En fin, que podríamos seguir así, apuntando muchas más medidas para aumentar la transparencia, eliminar la discrecionalidad en el gasto, reducir la complejidad legislativa y los sistemas de subvenciones y licencias que son el caldo de cultivo ideal para la corrupción… Pero es inútil. Ningún partido va a hacer nada parecido. De hecho, como estamos viendo, en caso de crisis y restricciones presupuestarias prefieren bajar el sueldo a los funcionarios, congelar las pensiones y ahorrar en sanidad antes que dejar de conceder subvenciones. Prefieren seguir teniendo el poder para decir: en Eurovegas se fuma, en tu bar no, pringado.

Y probablemente actúan de forma racional. La mayor parte de los españoles está encantado con que el ayuntamiento de su pueblo traiga a artistas de primera fila a sus fiestas, y no pide menos subvenciones, sino que le toque una parte de la tarta. El español medio está convencido de que la hiperregulación le proteje, a pesar de todas las evidencias en contrario. La mayoría de las reivindicaciones de los indignados iban en el sentido de dar más poder a los políticos, no menos.

Así que con el sistema actual los gobernantes pueden seguir manejando nuestro dinero a su capricho. Pueden seguir aprobando normas para favorecer a sus amigos, o simplemente para aumentar su poder y tener más espacios en los que decir “tú sí que puedes” al que le invita a una buena comida o contrata a su hijo con un sueldo millonario. Como decíamos el otro día, no pasa nada.

Y si algún torpe se deja atrapar con las manos en la masa, pasado el fugaz momento de indignación pública y las pomposas declaraciones de “esta gente no tiene cabida en un partido como el nuestro que siempre se ha caracterizado por su honradez” el corrupto, si no ha llegado a acumular lo suficiente como para retirarse, encuentra su acomodo en el consejo de administración de una empresa privada (de esas convenientemente subvencionadas) o de un organismo semipúblico.

Así que no soy optimista. Esto no va a cambiar. Al menos no lo va a hacer en un plazo de tiempo razonable. Así que solo queda la solución individual. Ser consciente del problema, de la situación, y hacer tú lo que creas que debes hacer para que tu futuro sea mejor, pase lo que pase con el país.

¿Que cuál es mi solución? La respuesta, la próxima semana.

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Una gran responsabilidad conlleva un gran poder

En el caso de nuestros gobernantes, la frase es al revés que en Spiderman. Todo empieza cuando cedemos nuestra responsabilidad para que “la gente que sabe”, como decían Los del Río, se encargue de nosotros.

¿Ahorrar? para qué, si los que mandan nos aseguran un sueldo cuando nos quedamos en paro y una pensión cuando seamos viejos. ¿Elegir y pagar a un médico? pero si es gratis total, y tenemos la mejor sanidad del mundo, y ni siquiera tienes que buscar uno bueno, ya se encargan ellos de asignarte el que te corresponde. No hay que preocuparse de la educación de los niños, el Estado decide a qué colegio tienen que ir, qué asignaturas tienen que estudiar, incluso qué contenidos tiene cada tema de cada asignatura. Y ni siquiera hay que transmitirles valores, ya se encarga el colegio de enseñar educación para la ciudadanía, donde aprenderán todo el politicorrectismo que necesitan, con un refuerzo de educación para el pago de impuestos por si no queda claro este aspecto fundamental de la ciudadanía. Ni tienes que negociar tu contrato y tus condiciones con tu empresa, que para eso están los sindicatos, sus convenios colectivos, y la prolija regulación de las relaciones laborales.

El caso es que uno comienza con la educación, las pensiones, la sanidad, que parecen cosas razonables, pero ya puestos también cede la decisión sobre qué artistas actuarán en las fiestas del pueblo, quién hará películas, quién puede abrir un banco, quién puede construir cuántos metros cuadrados y dónde, quién puede abrir un comercio, qué debe poner en la etiqueta de una lata de sardinas y hasta qué organizaciones no gubernamentales merecen vivir del dinero gubernamental.

Así, cediendo, hemos conseguido que las distintas administraciones controlen más del 50% de la riqueza que se crea en España cada año. En total, más de 500.000 millones de €, que se dice pronto. Ojo, esto es lo que directamente se gastan las administraciones. Hay mucho más dinero que no gastan ellos, pero que sí controlan, por ejemplo, determinando quién consigue un permiso para construir una vivienda o abrir un comercio.

No en vano nuestros políticos han creado un entramado de leyes y regulaciones de tal calibre que es casi imposible mover un euro sin infringir una norma. En esa tesitura, que alguien haga la vista gorda en una irregularidad, que acelere una licencia, o incluso que cambie una norma para favorecer a una empresa o a un sector puede ser la diferencia entre un negocio viable y un empresario arruinado.

Este es el enorme poder que hemos otorgado a nuestros políticos a cambio de cederles nuestra responsabilidad.

Obviamente, de esa ingente cantidad de dinero, una parte es discrecional. O sea, que el político que la maneja decide cómo se gasta y quién se la lleva, sin más criterio que, en el mejor de los casos, una apariencia jurídica de publicidad, igualdad y transparencia.

Supongamos que el 90% de los políticos son personas honradas, que no se dejan corromper por ese poder, y que aplican de verdad esos criterios de publicidad, igualdad y transparencia a la hora de decidir quién se beneficia de nuestro dinero. Supongamos además que todos los políticos honrados son excelentes gestores, y que además manejan esos recursos con eficiencia y eficacia (que ya es mucho suponer, teniendo en cuenta el proceso de selección de directivos públicos). Aún así, esto nos deja un 10% de patanes corruptibles. Si se reparten proporcionalmente en todos los estamentos del Estado, llegamos a la conclusión de que estos gañanes sacamantecas gestionan 50.000 millones de euros al año.

Hasta aquí, todo esto es lo habitual en cualquier país. Podrá variar el porcentaje de políticos incompetentes y corruptos, podrá variar el importe de los recursos gestionados, podrá variar el mecanismo de control para verificar la eficacia y eficiencia, pero siempre habrá margen para la discrecionalidad, la corrupción y el despilfarro. En occidente hay muchos otros países en los que el estado de bienestar se ha convertido en la excusa perfeta para desarrollar una economía mixta en la que el Estado controla la mitad de los recursos y regula hasta la asfixia a lo que queda de iniciativa privada.

Lo que diferencia a España de estos países es la separación de poderes. En España, simplemente, no existe. No voy a entrar en los motivos, pero el hecho es que el Parlamento (los parlamentos, porque los autonómicos y los plenos municipales se comportan igual) no ejerce su función de control sobre el Ejecutivo. Es absolutamente imposible que un parlamento controlado por el partido en el poder le haga caer ni en medio de la corrupción más escandalosa. No fue así con Felipe González, y no será así con Rajoy.

Tampoco el judicial ejerce su misión de manera independiente, como hemos visto recientemente en el caso Pallerols. Y si por algún azar del destino algún político llega a ser condenado, sencillamente se le indulta. Por supuesto, de devolver lo robado, nada de nada.

Así que si unimos la discrecionalidad en el manejo del abundante dinero público, la posibilidad de tomar decisiones que favoreciendo a unos u otros les hacen ganar importantes cantidades, y la falta de control e impunidad con que es posible actuar, es inevitable que tengamos los niveles de corrupción que tenemos en España. No es cuestión de uno u otro partido. Es simplemente la inevitable consecuencia de un sistema de incentivos perverso, en el que quien roba y reparte tiene muchas más ventajas que quien es juicioso en el gasto público.

Ante esto, debemos plantearnos dos preguntas: ¿qué se puede hacer? y ¿qué puedo hacer? Especialmente la última, que es la que interesa más a los lectores de este blog.

Si te interesa mi respuesta, stay tuned, que la publicaré mañana.

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No creas a los profetas del apocalipsis

Si durante este verano se te ha ocurrido seguir las noticias, creerás que lo que nos espera a partir de septiembre va a ser catastrófico. Que aumentará el paro, vendrán los hombres de negro de Merkel a quitarnos la sanidad y la educación, bajarán los sueldos…

Francamente, no sé si todo esto será cierto. Lo que sé es que todo esto no importa. Lo único que importa es lo que tú hagas. Este puede ser un gran año para ti, si tú quieres. Basta con que dejes de pensar en quién te va a ayudar, porque a estas alturas ya deberías saber que ningún gobierno, ninguna empresa, ninguna organización se va a ocupar de ti.

Ni falta que te hace. Solo tú eres responsable de tu vida, y solo de ti depende que este año sea extraordinariamente bueno.

Si te han bajado el sueldo, si te has quedado en paro, si estás atrapado en un trabajo mal pagado y sin futuro, tengo buenas noticias para ti. Nunca ha sido tan fácil crear un negocio por tu cuenta y con una inversión mínima. El otro día Franck Scipion hablaba de cómo estaba creando una micro-multinacional. No es fácil, hay que trabajar duro, no vas a triunfar en dos días, pero ahora puedes crear un negocio que venda en todo el mundo aunque no tengas capital para invertir.

¿Quieres intentarlo o prefieres seguir lamentándote por lo que tenías antes de la crisis?

Empieza.

Esta es la palabra clave.

Empieza

Lo único que puede diferenciarte de los que van a pasar este año quejándose es que tú hagas algo. No importa que haya otros más listos, con más dinero o con más amigos. Sólo puedes salir adelante si te pones en marcha. Ahora, no mañana.

¿No se te ocurre ninguna idea para tu negocio? Haz esto: cada día, escribe 10 ideas. Aunque sean absurdas, aunque sean malas. Tú escribe 10 ideas. Si lo haces un día y otro día y otro, poco a poco las ideas irán siendo mejores, hasta que encuentres alguna que sientas que puedes llevar a la práctica.

¿Ni siquiera sabes cómo encontrar una idea de negocio? No busques una idea de negocio. Busca un problema que puedas resolver y que alguien esté dispuesto a pagar para que se lo resuelvan. Si tienes esto, y eres capaz de resolverlo por menos dinero que el que vas a cobrar, tienes un negocio. Los detalles ya los irás resolviendo más adelante.

¿No tienes ni idea de negocios ni de gestión empresarial? Lee mi libro De parado a empresario. Puedes comprarlo en papel o leerlo gratis, lo que te venga mejor. La edición en papel es mejor y más completa, pero si no tienes dinero bájate la versión gratuita y sácale partido.

Insisto en que son tiempos extraordinariamente buenos para emprender. ¿Sabes inglés? Entonces un profesor de Stanford y Berkeley puede darte clases gratis. Sólo tienes que apuntarte aquí: http://www.udacity.com/overview/Course/ep245/CourseRev/1

Si no sabes inglés, permanezca atento a su pantalla, porque estoy preparando algo que anunciaré la semana que viene y que te va a interesar seguro. Por cierto, si aún no te has suscrito al blog, este es un excelente momento para hacerlo, así te aseguras de que no te pierdes nada de lo que pasa por aquí.

Si necesitas cualquier cosa… ahora tienes recursos. Puedes montar una web con WordPress de altísima calidad por muy poco dinero, puedes tener una tienda electrónica para vender lo que quieras por muy poco dinero y sin tener ni idea de tecnología. La información para hacerlo, los recursos, están en Internet. No necesitas una gran inversión, solo una gran determinación.

Y la globalización es tu amiga. Puedes montar tu empresa en Inglaterra por muy poco dinero (120€ si quieres que te ayude yo), y con muchos menos costes que lo que supone crear una empresa en España. Los mismos chinos que han provocado la ruina de muchas fábricas están encantados de venderte lo que quieras para que tú lo puedas ofrecer aquí. Mira en Aliexpress. O haz lo contrario, busca algo que se fabrique en España y véndelo en otros países en los que no hay crisis y la gente está dispuesta a pagar por lo que ofrezcas. Crea tu propia multinacional unipersonal, compra en todo el mundo y vende en todo el mundo y hazlo desde tu casa.

Emprender es esto. Pensar un proyecto y llevarlo a cabo como sea. Si no tienes recursos económicos, empezando poco a poco, y supliendo tus carencias con esfuerzo. Buscar la manera de sortear los problemas, de buscar soluciones diferentes,

Si has leído hasta aquí ¿qué vas a hacer? Si has decidido que mañana vas a empezar a pensar en algo, ya te estás equivocando. Empieza ahora. No veas hoy las noticias. La noticia de hoy no es la prima de riesgo ni nada por el estilo. La noticia es que hoy tú empiezas a salir de la crisis.

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Jóvenes brillantes, estrategias evolutivas y la salida de la crisis

Peter Thiel ha convocado la segunda edición de su Beca Thiel. En esencia, consiste en dar 100.000$ a 20 jóvenes brillantes de 20 años a cambio de que dejen la universidad y creen una empresa. Por supuesto que es una idea radical, y por tanto discutible. Pero no quería centrarme hoy en esto, sino tomarlo como punto de partida para hacer un poco de política ficción.

Thiel apuesta porque la mayoría de esos 20 jóvenes brillantes tendrán mejores resultados dedicándose a su proyecto que aprendiendo teorías durante 4 años en una facultad. Y lo hace con su dinero, que para eso lo tiene, sin obligar a nadie. Está claro que 100.000 dólares no te solucionan la vida, ni son suficientes para muchos de los proyectos que quiere emprender esta gente, pero sí es un buen empujón, te permiten olvidarte de tus necesidades básicas y disponer de una cantidad que sirva al menos para pasar de una idea a un piloto, algo con lo que puedas conseguir más financiación y convertirlo en una empresa.

Insisto: un porcentaje de estos jóvenes fracasarán, y tendrán que volver a la universidad o probar con otro proyecto empresarial. Pero Thiel sigue una estrategia r: poner muchos huevos, como los peces o los insectos, invertir relativamente poco en ellos y confiar en que aunque muchos no lleguen a adultos unos cuantos tendrán éxito. La estrategia alternativa, la de los grandes mamíferos, es la estrategia K: tener uno o dos hijos e invertir muchos recursos en su cuidado hasta que se hacen adultos.

La estrategia K funciona muy bien en entornos estables, donde la especie está muy adaptada al entorno. Por el contrario, la estrategia r, al presentar mayor variabilidad en cada generación, funciona bien en entornos cambiantes, en los que uno no sabe de antemano a qué condiciones se van a tener que enfrentar los animalillos que salgan de los huevos.

Nuestro gobierno (todos los gobiernos, en realidad) están empeñados en seguir una estrategia K. Ellos se fijan en los grandes bancos, en las grandes empresas, e invierten todos sus recursos en ellos, en los que son “demasiado grandes para caer”. Para cualquier gobierno es fatalmente tentador ocuparse de los grandes, porque puedes juntarlos en una reunión, puedes pretender que les conoces y conoces el entorno en el que operan, puedes tomar medidas que parecen sensatas, un mensajero con una moto podría repartirles miles de millones de euros en un solo día…

Los pequeños empresarios son caóticos, nacen y mueren cada minuto, es imposible saber qué hacen ni siquiera reuniéndote con sus supuestos representantes, operan en cualquier sector de la manera más imprevisible… La estrategia r es mucho más difícil de manejar. Supone renunciar a tu posición de benefactor omnisciente, que sabe perfectamente qué es lo mejor para el país. Uno no puede seguir la estrategia r y a la vez decidir que las ayudas se dan a las renovables, o a las tecnologías de la información, o a las mujeres, o a las empresas rurales. Si uno apuesta por la estrategia r, todos los huevos son iguales, los pones y a partir de ahí que cada uno se apañe con las mismas condiciones. Impensable para cualquier gobierno que quiera ponerse una medalla cuando algo de lo que hace sale bien (es decir, todos los gobiernos).

Ahora, vamos con la política ficción, e incluso con la demagogia, si me lo permitís. Imaginemos que por un momento nuestros presuntuosos gobernantes se olvidan de que creen que saben qué pasa en la economía real y deciden hacer una apuesta por una estrategia r. Imaginemos que, en lugar de planes E, subvenciones dirigidas o rescates“líneas de crédito” multimillonarias para bancos y cajas deciden gastar solo 1.000 millones de euros en apoyar a 10.000 jóvenes brillantes, al estilo de Thiel.

Imaginemos que dan 100.000€ a cada uno de estos 10.000 jóvenes, a cambio de que se dediquen a poner en marcha proyectos empresariales. Y no hay condiciones: cada uno trabaja en el proyecto que le dé la gana, como le dé la gana. Ahora, pensemos, ¿qué pasaría si el 99% fracasa al cabo de 4 años? Imaginad que el 99% del dinero entregado se pierde porque los receptores son unos irresponsables y se lo gastan en fiestas, o sus proyectos son imposibles, o sus promotores son muy brillantes pero incapaces de vender una botella de agua en el desierto.

Pasaría que un 1% ha triunfado. Y eso significa 100 empresas innovadoras, de esas que necesitamos para “cambiar el tejido productivo” pero que nadie tiene ni puñetera idea de cómo se crean. Y nadie tiene ni puñetera idea, porque nadie lo puede saber, no hay fórmulas, lo más que podemos hacer es crear condiciones favorables y esperar que aparezca alguna. Supongamos que esas 100 empresas están facturando 10 millones de euros de media, que no es una cifra disparatada, al cabo de 4 años. Habríamos “recuperado” el dinero, y estaríamos generando cada año riqueza y puestos de trabajo.

Y esto pensando en que el resultado es “todo o nada”, porque lo más probable es que además de un 1% de empresas realmente innovadoras, rentables y con potencial de crecimiento apareciera un 20 o 30% de empresas “dignas”, que den de comer a 5, 10 o 25 personas y facturen entre 1 y 5 millones de euros.

¿Qué os parece? ¿soy un demagogo, un idealista o un patético ignorante al pensar estas cosas?

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Opá, Mariano va a hacé un corrá

Más de un lector me ha preguntado por la idea del gobierno de obligar a declarar las cuentas en el extranjero. No solo las que sean propiedad de un individuo, sino incluso aquéllas en las que simplemente tenga poderes. Por ejemplo, las cuentas de una empresa extranjera en las que un directivo español pueda realizar operaciones.

Como he repetido más de una vez, mi idea al crear una empresa en Inglaterra no es evadir impuestos, sino aprovechar el arbitraje geográfico para crear la empresa allí donde yo creo que puede ser más ventajoso. Mi intención siempre ha sido declarar los beneficios que me diera mi empresa británica, si es que la fortuna me sonríe y en algún momento tengo beneficios. Así que esta medida, en este aspecto concreto, no me preocupa.

Lo que sí me preocupa, y mucho, es el conjunto de medidas que anunció el gobierno el viernes. Y más teniendo en cuenta lo que ha hecho desde enero. Cuando uno va recorriendo los números con el lápiz, uniendo el 1 con el 2, el 2 con el 3… el dibujo que aparece es terrorífico. No suelo hablar de política aquí, pero creo que de vez en cuando merece la pena meterse en algún charco.

Qué está pasando

El gobierno se ha encontrado con una situación muy difícil. Entre otros muchos problemas, ninguno de nuestros gobiernos ha sido austero, y en especial desde que comenzó la crisis Zapatero intentó aplicar las recetas keynesianas de estímulo de la economía a través del incremento del gasto público con el resultado por todos conocido: más paro y mucha más deuda.

Y el problema no es tener deuda, sino que tus acreedores confíen en que puedes pagarla. Si debes un millón de euros al banco pero ganas 500.000 al año y tienes propiedades por valor de 10 millones, el banco estará encantado de que le debas ese millón, e incluso te sugerirá que puede prestarte otros dos o tres si te hace falta. Si debes 10.000€, estás en paro y cobras una ayuda de 500€, no tienes dónde caerte muerto y te has retrasado en pagar cuatro cuotas, el banco no te va a dejar ni un céntimo más.

España en diciembre no tenía credibilidad. Y ahora tiene menos todavía, porque el PP lleva gobernando un trimestre y no se ven los resultados. Entre otras cosas, porque uno de los problemas más graves es el que genera el gasto descontrolado de las autonomías. Gasto que, por otro lado, es inevitable. No porque los mandamases de las comunidades autónomas sean unos irresponsables, sino porque todos los incentivos les conducen a ello. Si recauda el Estado (y por tanto sufre la mala imagen ante el ciudadano cuando hace la declaración del IRPF) pero gasta la autonomía (y por tanto son sus políticos quienes se llevan el mérito de lo conseguido con ese gasto) y los votantes premian a quien gasta y castigan a quien ahorra, hay que ser muy tonto para ser el presidente de una comunidad autónoma y no derrochar a manos llenas.

Rajoy podría haber aprovechado su mayoría absoluta y el gobierno del PP en la inmensa mayoría de las autonomías y los ayuntamientos para reformar la estructura administrativa. O al menos el reparto de gastos e ingresos. No lo ha hecho, porque Rajoy también tiene sus incentivos, sabe muchas personas en su partido tienen trabajo gracias a nuestra elefantiásica y redundante administración, y sabe que se enfrentaría a una auténtica rebelión interna si dejara en la calle a miles de conmilitones.

El PP, que en algún momento del pasado se autodefinía como liberal, podía haber recortado el descabellado gasto de un estado omnipresente. Juan Ramón Rallo dio algunas ideas en Libertad Digital. Pero hay también muchos intereses en esas subvenciones y ayudas de todo tipo. Y el gobierno tiene más poder si tiene miles de millones de euros para repartir a sindicatos, empresarios, organizaciones no gubernamentales que morirían inmediatamente sin dinero gubernamental y presupuestívoros de toda índole.

De modo que, como no está dispuesto a recortar el gasto de manera significativa, y no puede pedir mucho más dinero para aumentar la deuda, al gobierno no le queda más remedio que aumentar los ingresos. La economía española no va a crecer en el futuro previsible, así que ese aumento solo puede venir por dos vías: subir los impuestos o hacer que paguen los que ahora no pagan.

Por este motivo lo primero que hizo el gobierno fue subir el IRPF. El IRPF es un impuesto muy conveniente para el Estado, porque es muy difícil librarse de él. Las empresas hacen (gratis) de recaudadores de impuestos y nos quitan el dinero para entregárselo a Hacienda antes de que llegue a nuestro poder. Así que un aumento del IRPF es un aumento seguro de ingresos, al menos durante un tiempo. Sube también el impuesto de sociedades, y es probable que vuelvan a subir el IVA.

Pero subir impuestos tiene una consecuencia inevitable: una transacción económica puede verse tan lastrada por ellos que ya no merezca la pena a uno de los actores. Si uno está dispuesto a pagar hasta 10€ por un producto, y por culpa de los impuestos el precio sube hasta los 12, simplemente dejará de comprar ese producto. Tal vez busque una alternativa más barata, tal vez simplemente se guarde el dinero para dedicarlo a un fin diferente. Y lo mismo pasa por el otro lado, por el de la empresa: si los costes asociados a impuestos son tan altos que el margen de beneficio se reduce tanto que no compensan el esfuerzo y la inversión, se abandonará el negocio.

Por supuesto, algunas de estas personas que ven dificultada su transacción, en lugar de abandonarla, optarán por no pagar estos impuestos. Se asume un riesgo, pero la transacción vuelve a tener sentido económicamente. Así, cuanto más altos sean los impuestos, más personas se verán tentadas a no pagarlos para poder realizar la transacción de todas maneras. Dónde esté el nivel que hace tentador el paso a la economía sumergida dependerá de la cultura, de las convenciones sociales, de las alternativas, de un montón de factores. Pero el hecho es tan inexorable como la ley de la gravedad.

El gobierno, que sabe esto, reacciona imponiendo incentivos negativos a estas transacciones “sumergidas”: si el castigo es más alto, si la probabilidad de que te pillen es más alta, de nuevo ya no compensa dejar de pagar impuestos. La esperanza del gobierno es que en ese caso la transacción se haga legalmente, al no haber otra alternativa. Pero la realidad es tozuda, y aunque sin duda para un porcentaje merecerá la pena realizar una transacción con poco beneficio, en otros casos simplemente no habrá transacción y por tanto tampoco se pagarán impuestos.

Las cifras de recaudación de IVA e IRPF no han dejado de caer a pesar de las subidas. Cosa que algunos ya anunciamos en su momento. Y es que al final, las cosas caen o por su propio peso o por la ley de la gravedad.

De modo que el gobierno ha entrado en modo pánico, es como la familia que se gasta los ingresos el día 15 y para acabar el mes se pone a buscar dinero entre los cojines del sofá, a ver si encuentra algunas monedas que se hubieran caído del bolsillo. Eso y no otra cosa es la “amnistía fiscal” del 10%.

Cuando solo queda lo inevitable

Si no podemos endeudarnos más porque no tenemos credibilidad, si no podemos reducir el gasto porque el gobierno caería “ayudado” por los suyos, si no podemos aumentar los ingresos porque la economía no crece y subir los impuestos ya solo empuja al cierre o a la economía sumergida, en una palabra, si no podemos tomar ninguna medida razonable, solo quedan las medidas desesperadas.

Apretar sobre la economía sumergida es una medida desesperada, porque como hemos dicho, si los números no salen, por mucho que te empeñes solo vas a conseguir que la transacción no se efectúe, no que se haga de forma legal. Yo lo veo todos los días en las preguntas que me hacen relativas a crear la empresa en Inglaterra: la cuota de autónomos bloquea muchas iniciativas. No es que la gente elija crear su empresa en negro (que hay algunos que sí), sino que la mayoría, simplemente, abandona su idea.

Por otro lado, hay una parte de la economía sumergida que proviene de negocios ilegales, como la prostitución o el tráfico de drogas. Una posibilidad para aumentar los ingresos del estado sería legalizar estas actividades y que pasaran a cotizar como cualquier otro negocio. Pero me temo que esto tampoco va a suceder. Y aunque desconfío de estudios de este tipo, hay quien dice que tenemos tasas más altas de prostitución y tráfico de drogas que otros países de nuestro entorno, así que parte de la razón de que nuestro porcentaje de “economía sumergida” sea mayor que en otros países tal vez se deba a que tenemos más porcentaje de actividad “indeclarable”.

En cualquier caso, como también el control de la economía sumergida está condenado al fracaso, lo que queda cuando eliminas todas las demás opciones es básicamente que nos rescaten o que nos echen. Y por eso las medidas anunciadas el viernes tienen que ver en parte con un intento desesperado de conseguir esas monedas perdidas en el dobladillo del pantalón, pero también con la posibilidad de vernos fuera del euro.

Si tenemos billetes con los que podemos viajar a Francia y comprar lo que queramos, o tenemos cuentas (perfectamente legales) en Inglaterra o Alemania en libras o en euros, el paso a la neopeseta va a ser menos eficaz. Cuando Argentina planteó el corralito, mucho dinero escapó por el procedimiento de comprar acciones en la bolsa de Nueva York desde una cuenta argentina y venderlas allí en una cuenta estadounidense. En una economía globalizada es difícil controlar todo el movimiento de dinero. Y más difícil aún si partimos de una situación en la que tenemos la misma moneda que un montón de países y podemos mover bienes y dinero libremente entre ellos.

Así que por todo esto, lo que me preocupa de medidas como la obligación de declarar las cuentas en el extranjero, o de prohibir determinados pagos con billetes de curso legal, no es la dificultad para evadir impuestos, sino el futuro que anuncian.

¿Y qué puedo hacer yo?

Está claro que el gobierno está actuando en contra de los más débiles. De los que tienen un sueldo fijo, de los autónomos, de los que tienen una pequeña empresa. Los que cazan elefantes con el Rey no tienen que preocuparse de nada. No irán a la cárcel ni aunque haya una condena en firme ratificada por el Supremo. Los ricos no es ya que no paguen impuestos, sino que mientras no den un paso en falso y caigan en desgracia (como le pasó a Mario Conde) pueden ignorar olímpicamente la ley, estafar y defraudar y podrán seguir cazando elefantes con quien hay que cazar elefantes. Las leyes son para los mindundis como tú y como yo. No es que “subir los impuestos a los ricos” sea una solución, pero vivir en un país en el que la ley fuera igual para todos ayudaría.

Sabiendo esto ¿qué hacemos entonces?

Si yo tuviera dinero, tendría la precaución de sacar una parte del país. Por ser más cauto, probablemente llevaría al menos una parte a países fuera de la zona euro. Si no tuviera dinero (que no lo tengo) haría lo que estoy haciendo: crear una fuente alternativa de ingresos. A ser posible, una fuente de ingresos que dependa lo menos posible de la situación económica de España en particular y de Europa en general.

Porque el sueldo fijo, ese dinero con el que cuentas a final de mes y que ya se está acabando por el cambio de modelo, va a quedarse tiritando si al final hay que llegar al corralito. Y si sucede la otra alternativa, que Europa nos imponga los recortes, vamos a tener que empezar a pagar por muchas cosas que ahora son “gratis total”.

Si no tuviera ni dinero ni sueldo fijo, lo que haría serían las maletas. A un país civilizado y donde tengas oportunidades para prosperar, como Singapur o Australia, por ejemplo.

Ahora que también puedes optar por ponerte los dedos en las orejas y cantar fuerte. O ir a manifestarte contra los recortes. O escribir indignadísimo en Internet contra los evasores fiscales o los mercados o los especuladores o quien creas que tiene la culpa de tu situación. Tú decides.

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¿Te han despedido? Consuélate, a tu empresa tampoco le queda mucho tiempo

Las víctimas de la crisis financiera han sido, como no podía ser de otra manera, los más débiles. Los empleados más fáciles de despedir, las empresas con menos capacidad para aguantar. Esta crisis acabará como han acabado otras cuando llegue algo de sensatez a los gobiernos y dejen de intentar apagar el fuego con gasolina (más créditos y más dinero barato).

Pero la otra crisis, la que están causando las tecnologías de la información y las comunicaciones, no solo va a acabar con los empleados y las pequeñas empresas débiles. Acabará con las multinacionales y las grandes corporaciones. Y no es que lo diga yo, que como todos los bloggers hablo por hablar sin tener ni idea. Lo dijo Ronald Coase, que es premio Nobel de economía. Y lo dijo ya en 1937.

Al bueno de Coase se le ocurrió preguntarse por qué existen las grandes corporaciones. Para la mayoría de la gente, nacida en un mundo en el que basta salir a la calle para ver logotipos de empresas con decenas o cientos de miles de trabajadores, las grandes compañías son una obviedad. Pero estas grandes compañías apenas existían hace 150 años. ¿Por qué surgieron y dominaron el mundo económico del siglo XX como los dinosaurios dominaron el Mesozoico?

La respuesta de Coase es que una gran corporación reduce los costes de transacción. Al forzar la colaboración entre sus empleados, puede utilizar esa ventaja para reducir estos costes de transacción y ser más eficiente. Si os fijáis, esto explica también la existencia de conglomerados empresariales como Ford, que llegó a ser propietaria de las ovejas de las que se obtenía la lana para hacer la tapicería de sus coches.

Lo habitual en el siglo XX eran grandes corporaciones con unos ingresos por empleado relativamente bajos. Telefónica, por ejemplo, era el año pasado la teleco más productiva, con 447.000€ por empleado. Esto después de deshacerse de Atento, que dejaba las cifras para el total del grupo en poco más de 200.000€. Empresa tecnológica, elimina la “grasa” del soporte técnico (con gran carga de personal), y no llega ni a medio millón de euros por empleado. Comparad con Dropbox, cuyos 70 empleados consiguieron acabar 2011 facturando 240 millones de dólares. 3 millones de euros por empleado. Dropbox es eficiente, pero no es la empresa de Internet más eficiente: Plenty of Fish, la empresa de Markus Frind, factura 10 milones de dólares y tiene un solo empleado: el propio Markus.

¿Que ha pasado para que la explicación de Coase para la existencia de grandes compañías deje de ser válida? Sencillamente, que los costes de transacción se reducen más eficazmente usando las ventajas de las nuevas tecnologías que las ventajas de una gran corporación. Dropbox no necesita comerciales para vender, ni gasta dinero en marketing para crear “presencia en la mente del consumidor”. Internet se encarga de hacer todo esto a coste prácticamente cero.

Todo esto tiene, como adelantaba en el titular, consecuencias para las empresas que siguen el modelo del siglo XX. O adelgazan y cambian la reducción de costes de transacción que conseguían con su tamaño por otras reducciones que aprovechen las tecnologías de la información y las comunicaciones, o desaparecerán.

Pero lo más importante son las consecuencias que tiene para ti. Cada vez va a haber menos empleos en grandes empresas. No es por una crisis financiera que pasará en unos años. Este cambio es para siempre (o para toda tu vida, que a efectos prácticos viene a ser lo mismo). Repito, por si no queda claro: cada vez habrá menos grandes empresas con decenas de miles de empleados. Tu trabajo fijo de mando intermedio en una sucursal de Megacorp, Inc. no va a volver. Puedes acurrucarte en un rincón y llorar por lo que fue y ya no es, pero eso no va a cambiar las cosas.

Esa es la mala noticia. La buena noticia es que esas mismas tecnologías que están destruyendo a las grandes corporaciones están habilitando otro modelo de transacciones económicas, y por tanto otro modelo de empresa. Un modelo de empresas pequeñas, con empleados ubicados en cualquier parte del mundo, hipersepecializadas en hacer una cosa y hacerla muy bien. Empresas que aprovechan la reducción de costes de transacción para ser extraordinariamente eficientes. Empresas que trabajan en red, construyendo una pieza de un engranaje que funciona mejor cuando se le unen otras piezas creadas por otras empresas hiperespecializadas y excelentes en lo suyo.

Y lo mejor de todo. En la mayoría de los casos, no necesitas un gran capital como el que se necesitaba hace 50 años para construir una fábrica, comprar costosos bienes de equipo y pagar centenares o miles de nóminas. Con una conexión a Internet tienes todo lo que necesitas para empezar a crear una de estas nuevas empresas.

Ahora que sabes todo esto, tú decides. ¿Sigues lamentándote porque te han echado de una casa en ruinas o coges la mochila y te lanzas a explorar territorios nuevos?

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Prosperar con menos

Hace 4 años, cuando empezaba la crisis, traduje un eBook de Leo Babauta titulado “Thriving on less“. La serie de entradas comienza en esta: Un estilo de vida simple.

Ahora que ya tenemos todos claro que los brotes verdes no existían, que la crisis no era cosa de agoreros antipatriotas, y que ya nos afecta a todos (al menos, a todos los que pagamos impuestos), no está de más recordar lo que escribió Leo. Si no podemos mejorar LA economía, al menos podemos intentar mejorar NUESTRA economía. No todos los consejos son aplicables a todo el mundo (de hecho, hay cosas con las que no estoy de acuerdo), pero mejorar nuestra economía particular es el primer paso para plantearnos nuevas aventuras que nos liberen lo más posible de los efectos de la crisis.

Así que, ahora que estás más sensible hacia los buenos propósitos, puede ser un buen momento para descubrir qué cosas concretas puedes hacer hoy mismo para prosperar con menos.

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¿Estás en paro? 5 cosas que puedes hacer HOY para mejorar tu situación

1. Aprende un idioma

En Internet tienes muchas facilidades para mejorar tu inglés o aprender otro idioma que complemente. Busuu tiene cursos y ejercicios gratis, y puedes practicar con otros usuarios. Hay diccionarios online, puedes leer la prensa en el idioma que quieras aprender, descargarte películas y series… Si dedicas 3 o 4 horas al día a aprender alemán (por ejemplo), en 6 meses debes ser capaz de entender un texto sencillo y mantener conversaciones sobre temas cotidianos.

2. Colabora con una ONG

Elige una ONG con la que te puedas sentir a gusto y ofrécete a colaborar con ella. No un ratillo a la semana. 8 horas al día, 5 días a la semana. ¿Tienes otra cosa mejor que hacer? Colaborando con la ONG te sientes útil, conoces gente, evitas que en tu curriculum haya huecos y hasta es posible que consigas trabajo, en la propia ONG cuando haya un hueco o a través de otros colaboradores.

3. Escribe un blog

¿Sabes en qué te gustaría trabajar? Abre un blog sobre ese tema ahora mismo. Si quieres que sea lo más simple posible usa wordpress.com. Más adelante podrás reservar tu propio dominio y alojarlo en un servidor de pago, pero de momento empezar te cuesta un minuto y cero euros. Escribe hoy 8 entradas. Y mañana otras 8. Y pasado mañana igual. Establece relaciones con otros bloggers del sector, mueve tus entradas en Twitter y Facebook. Después de unos meses en los que dediques 8 horas al blog, habrá aumentado tu percepción como experto en tu campo y por tanto tus posibilidades de encontrar trabajo en él.

4. Aprende a programar en Ruby on Rails

Ruby on Rails es uno de los entornos de programación más usados para aplicaciones web. Es el que usan, por ejemplo, Groupon o Twitter. Si sabes programar en Ruby on Rails, tienes trabajo. Y aunque no hayas programado en tu vida, a poco espabilado que seas puedes aprender a programar en Ruby decentemente en unos meses, si le dedicas 8 horas al día. El entorno es gratuito, hay infinidad de tutoriales y documentación gratuita, foros en los que te pueden ayudar, código de ejemplo, etc.

5. Vende algo en eBay

Revisa todos los trastos que tienes en casa y pon a la venta cualquier cosa que te sobre. Mejor, pon cuatro o cinco cosas a la venta. Ganarás algún dinero, pero sobre todo aprenderás cómo funciona el comercio electrónico. Sigue practicando, aprende a promocionar tus productos, y si ves que hay algún tipo de mercancía que tiene éxito puedes incluso comprar más. Aparte de ganar un dinerillo que no te vendrá mal, puede ser la base para abrir tu propia tienda de comercio electrónico.

Ahora, puedes empezar a razonar por qué ninguna de estas cosas funcionaría en tu caso. Puedes explicar que simplemente no hay trabajo y que los empresarios son unos explotadores y que nos gobiernan una panda de inútiles y que solo consigue trabajo quien tiene un enchufe y que no se puede hacer nada y que…

En lugar de eso, piensa: ¿qué hiciste ayer por mejorar tu situación? ¿qué vas a hacer hoy?

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Democracia, acampadas y revoluciones


No tengo por costumbre en Desencadenado hacer referencia a noticias políticas, pero entre la invitación de Franck a comentar los eventos de Sol, y que con mi última entrada ya he perdido al menos un par de lectores, puedo terminar de arreglarlo y perder doscientos o trescientos más.

Hace algo más de 25 años, yo creía en las mismas cosas en las que creen muchos de los que están en Sol. No había cumplido los 18 cuando me manifestaba contra la base militar de Zaragoza, cantando el himno a la libertad de Labordeta. Manifestaciones defendiendo la revolución sandinista, contra la visita de Reagan a España, contra el Apartheid en Sudáfrica… fuera lo que fuera, yo estaba allí. Votaba a Izquierda Unida (se creó por aquellos años, cuando la marca PC dejó de ser atractiva) como mal menor, porque no eran suficientemente radicales. Tenía interminables discusiones defendiendo la revolución cubana, con los mismos argumentos que sigo oyendo ahora. Cantaba canciones de Silvio Rodríguez y despreciaba a los intrascendentes que no se implicaban con todas las Causas Justas.

Me salvó una cosa: nunca fui estatista. Mi ideología era más parecida al anarquismo cristiano de Tolstoi que al comunismo. Un viaje a la Yugoslavia de Tito que hice con 16 años me enseñó de primera mano lo que era vivir en un país socialista, y eso que Yugoslavia era el país socialista más abierto y moderno. Además, en los años de la movida y el posfranquismo, lo natural era desconfiar de cualquier poder.

Acabé pasando del anarquismo cristiano al anarcocapitalismo no por ideología, sino por pragmatismo. Porque lo que observo es que cuanto más libre mercado, más riqueza. Cuanto más estado, más pobreza. De modo que puestos a elegir, yo prefiero que me dejen en paz a tener una manada de bienintencionados (o no tan bienintencionados) dispuestos a regular hasta lo que puedo o no puedo hacer dentro de mi cama.

El pensamiento más común es que hace falta ser muy malvado para rechazar lo que defienden los indignados. ¿Quién no quiere un mundo más justo? ¿Quién se atreve a defender la pobreza? ¿Quién osa atacar el derecho al trabajo, a una vivienda digna, a ayudar al que menos tiene?

Todo lo que dice el manifiesto de Sol está muy bien, salvo por un pequeño detalle. Es imposible ponerlo en práctica en su totalidad sin instaurar al mismo tiempo una dictadura feroz. Los países socialistas no son dictaduras, sin excepción, por la corrupción de sus gobiernos. Lo son porque una vez que eliminas el afán de prosperidad (llámalo codicia si prefieres) de la motivación de las personas, sólo te queda el temor. Sí, deberíamos ser todos solidarios y aplicar eso de “De cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades”. Pero los seres humanos no funcionamos así.

Parafraseando a Churchill, podríamos decir que el libre mercado es el peor sistema económico, exceptuando a todos los demás. A estas alturas, deberíamos saber que las ayudas al desarrollo no solo no fomentan el desarrollo, sino que mantienen la pobreza. Del mismo modo que, a otra escala, las comunidades más subvencionadas en España siguen siendo las más pobres, y lo serán mientras sigan siendo subvencionadas.

El problema es imponer lo que uno cree que es bueno. Hace falta ser muy humilde para aceptar que tú no tienes la capacidad de decidir por otras personas lo que es mejor para ellas. Que tus ideas no tienen por qué ser mejores que las del resto, y que aunque lo sean obligar a otros a hacer lo que tú crees justo es intrínsecamente perverso, aunque tu motivación sea el bien superior para la sociedad y no el egoísmo.

Y siempre está el problema de los cerdos. Quien mejor explica lo que está pasando en Sol es George Orwell en su libro Rebelión en la Granja. Siempre, siempre, siempre las revoluciones funcionan igual. Detrás de las hermosas palabras, de los elevados ideales, acaba habiendo una piara de cerdos que se aprovechan de los animales comunes para vivir como los explotadores a los que denuncian. Claro que hay gente bienintencionada en Sol. La mayoría, sin duda. Pero si triunfa lo que proponen, nuestro futuro será el de la Yugoslavia de los años 80.

Yo ya he estado allí, y prefiero no volver.

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La estrategia del Coyote


Los más viejos del lugar recordarán como en la serie de dibujos animados del Correcaminos el pobre coyote resultaba víctima de las trampas que él mismo había tendido al ave veloz. Una de las consecuencias más comunes era caer por un terrible abismo. Lo curioso es que a menudo el coyote corría por el aire, sostenido por nada, y no caía hasta que miraba para abajo y se daba cuenta de que no había suelo bajo sus pies.

¿Ridículo, verdad? ¿Motivo de mofa y risa? Pues esa estrategia es la que está siguiendo la mayoría de la gente ante la crisis. Ya no tenemos suelo debajo de los pies, pero seguimos corriendo como si con tal de no mirar abajo pudiéramos seguir suspendidos del aire.

El primero que lo hace, el gobierno que lleva viendo suelo (brotes verdes) desde que no le quedó más remedio que reconocer que la crisis no era solo cosa de antipatriotas. Sigue cobrando impuestos y gastando como si no hubiera mañana.

Con ser grave lo del gobierno, lo más que va a pasar como consecuencia de su carrera aérea es que nos cobrarán más impuestos, nos freirán a multas y reducirán las prestaciones para la gente menos movilizada y organizada. Como siempre, pero más. De momento, tiene aire para correr por él durante mucho tiempo, porque hay muchos interesados en que no se caiga.

El problema lo tenemos los demás. Los que seguimos corriendo igual porque preferimos no mirar para abajo y descubrir que no hay suelo, que no va a haber pensiones para nosotros, que lo del trabajo fijo se ha acabado, que estudiar una carrera ya no vale para nada, que tus hijos no van a vivir mejor que tú.

No es fácil reconocer que el estado del bienestar se ha terminado. Que ya no da más de sí. Que, como decía Thatcher, al Estado ya se le ha acabado todo el dinero de otras personas. Que eso del derecho a la vivienda, a la salud y a la educación están muy bien, pero tienen el problema de que alguien tiene que pagar la fiesta. Que la edad de jubilación la estableció Bismark en 65 años cuando la expectativa de vida era apenas de 50, y ahora los jubilados se empeñan en cobrar sus pensiones 20 años, y además usando una medicina carísima en lugar de morirse en su casa sin gastar, como se hacía hace un siglo. Que no tiene sentido gastar una millonada en formar universitarios para que acaben trabajando de mozos de almacén o cajeras de supermercado.

Es duro, porque nos han dicho que teníamos derecho a todo eso. Vacaciones pagadas, bajas por maternidad, más días por paternidad, liberados sindicales, subsidios de desempleo de meses, cine subvencionado, teatro subvencionado, artistas de fama mundial en las fiestas del pueblo, una universidad en cada barrio, todos licenciados. Regiones con más de un 30% de funcionarios, con más de un 30% de parados. Cada vez menos trabajadores sosteniendo a cada vez más jubilados.

Es duro aceptar que todo era un espejismo, que esto solo se sostenía porque cada vez más gente trabajaba y producía más. Pero la ley de la gravedad es inexorable y el coyote se cae cuando se da cuenta de que ya no hay más gente ni más productividad. Hasta aquí hemos llegado, y ahora solo te quedan dos opciones.

Puedes seguir corriendo y confiar en que si no miras para abajo todo seguirá igual.

O puedes reconocer el problema, y aprender a volar rápidamente. O al menos fabricarte un paracaídas, o caer en el río para que duela menos. Reconocer que tu pensión dentro de 20 años dependerá de lo que hayas sido capaz de ahorrar, no de la limosna que en el mejor de los casos podrá darte el estado. Buscar tu independencia económica al margen del trabajo fijo de 8 a 5, ese del que te van a despedir cuando menos te lo esperes. Vender en todo el mundo, y buscar proveedores en todo el mundo, porque ya no puedes vivir de la ineficacia en el transporte y las comunicaciones. Buscar la manera de minimizar el robo creciente (en impuestos y en multas) de un Estado que no va a renunciar a su poder fácilmente. Pensar en lo que gastas, y en por qué lo gastas, y no volver a invertir fiándote de unos bancos que son los primeros interesados en sostener la carrera imposible del coyote.

Cuanto antes te plantees todo esto, antes podrás cambiar, y más posibilidades tendrás de amortiguar la caída. Porque lo único seguro en toda esta historia es el enorme boquete que va a dejar en el suelo la caída del coyote.

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