La semana pasada explicaba por qué la corrupción es inherente a nuestro sistema. Esto es lo que yo haría si quisiera evitarla:
1. Transparencia y responsabilidad
Cambiar la ley electoral para cambiar las listas provinciales por circunscripciones unipersonales. Es la única manera de que el político responda ante el ciudadano y no ante la estructura del partido. Con la organización actual, el político sabe que debe su cargo no a los votantes (que votarían sin dudar al caballo de Calígula si se presentara por su partido favorito), sino al jerarqua que le ha colocado en una lista. Puede despreciar absolutamente a sus votantes y seguir siendo elegido una y otra vez.
Publicar en la web de cada organismo público toda la información sobre presupuesto y gasto. Cada partida, cada compra, aunque sea un lápiz comprado por anticipo de caja. Para cada concurso, cualquier ciudadano debería acceder al pliego, saber qué empresas licitaron y por qué cantidades y a qué empresa se adjudicó y por cuánto. Esto no eliminaría las adjudicaciones “a dedo”, pero al menos el adjudicador corrupto tendría que trabajar más o dar más explicaciones. Y ya puestos a pedir, estaría bien que se publicaran los datos en un formato tratable, no en un pdf protegido.
2. Menos regulación
Prohibir que pueda aprobarse una nueva norma si no deroga al menos cinco normas existentes. Y la extensión de la nueva norma debe ser inferior a la más breve de las normas que deroga. Es la única manera de empezar a desbrozar la intransitable selva normativa actual.
Cambiar el sistema de licencias previas por un sistema de inspección contundente. Ahora combinamos una desconfianza absoluta con quien empieza un negocio y quiere ser legal (que es la inmensa mayoría de los emprendedores) con un garantismo extremo para el que de verdad incumple la norma. Así que un sinvergüenza puede tirarse más de 10 años viviendo de un local que incumple la normativa de ruidos o humos mientras un emprendedor honrado tiene que esperar meses o años a abrir su negocio. Y por supuesto, quien tiene la llave para que abras unos meses antes tiene la capacidad para aceptar “incentivos” que aceleren el proceso. Esto se ha cambiado en parte en el último año, pero sigue habiendo mucho margen para la discrecionalidad.
Eliminar los requisitos para la creación de empresas. No voy a insistir en el tema de UK. Chile va a poner en marcha un sistema por el que puedes crear la empresa a coste cero, simplemente rellenando un formulario por Internet ¿Por qué no aquí? También en la regulación de sociedades mercantiles nos encontramos con la misma maraña de normas, trabas burocráticas e impuestos preventivos que dificultan que una persona con más ilusión que dinero pueda arriesgarse a crear una empresa. Pero que no impiden impagos, quiebras, alzamientos de bienes, evasiones de impuestos…
3. Reducir el presupuesto que manejan las administraciones
Eliminar las subvenciones a actividades culturales, ONGs, lobbies, grupos de presión, etc. Que sí, que ya sé que la protección de la avutarda es fundamental en una sociedad avanzada, y que todo apoyo es poco para la orquesta de cámara de nuestro pueblo. Pero el problema con estas cosas es que al final quien recibe la parte jugosa de la subvención no es la Agrupación Musicovocal de Amigos del Clavicordio, sino la actuación de David Bisbal en las fiestas del pueblo. Que el político ya sabe qué subvención es más rentable en términos de votos. Y ya, puestos a repartir, queda un amplio espacio para la ONG del cuñado del subvencionador, que hace unos estudios interesantísimos sobre el cultivo de la remolacha en Kuala Lumpur. Seguid a @BOEsubvenciona en Twitter si queréis saber de verdad para qué pagáis impuestos. Así que mejor sería pagar menos de impuestos, y que ya cada uno decidiera si su dinero va a las avutardas o al clavicordio.
Eliminar las subvenciones a empresas. Si ya son discutibles la mayoría de ayudas y subvenciones a particulares (que no suelen ir a quien más lo necesita sino al más espabilado), lo que es absolutamnete injustificable es que los gobiernos jueguen a planificadores soviéticos, metiendo palos en el engranaje de la libre competencia para favorecer a unas empresas a costa de otras. Mirad como ejemplo este PDF en el que se detallan las subvenciones concedidas por el Ministerio de Industria a decenas de empresas “para el fomento de la competitividad de sectores estratégicos industriales para el período 2012-2015, en el ámbito de la industria manufacturera”. La que menos se lleva 50.000€, pero hay unas cuantas que han pillado uno, dos y hasta cuatro millones de euros. Si te ha tocado esta lotería, pues nada, a fomentar tu competitividad a costa del dinero de todos, también de los que no tenemos interés en ser tus clientes. Si no has estado despierto, además de fomentar tu competitividad honradamente con el dinero que has ganado, te toca pagar impuestos para fomentar la competitividad de tu competencia.
Prohibir la publicidad institucional. Una de las formas más descaradas de corrupción se produce delante de la vista de todos: cada vez que una administración inverte dinero en una campaña publicitaria en un medio de comunicación, está comprando la posibilidad de manipular a sus directivos.
En fin, que podríamos seguir así, apuntando muchas más medidas para aumentar la transparencia, eliminar la discrecionalidad en el gasto, reducir la complejidad legislativa y los sistemas de subvenciones y licencias que son el caldo de cultivo ideal para la corrupción… Pero es inútil. Ningún partido va a hacer nada parecido. De hecho, como estamos viendo, en caso de crisis y restricciones presupuestarias prefieren bajar el sueldo a los funcionarios, congelar las pensiones y ahorrar en sanidad antes que dejar de conceder subvenciones. Prefieren seguir teniendo el poder para decir: en Eurovegas se fuma, en tu bar no, pringado.
Y probablemente actúan de forma racional. La mayor parte de los españoles está encantado con que el ayuntamiento de su pueblo traiga a artistas de primera fila a sus fiestas, y no pide menos subvenciones, sino que le toque una parte de la tarta. El español medio está convencido de que la hiperregulación le proteje, a pesar de todas las evidencias en contrario. La mayoría de las reivindicaciones de los indignados iban en el sentido de dar más poder a los políticos, no menos.
Así que con el sistema actual los gobernantes pueden seguir manejando nuestro dinero a su capricho. Pueden seguir aprobando normas para favorecer a sus amigos, o simplemente para aumentar su poder y tener más espacios en los que decir “tú sí que puedes” al que le invita a una buena comida o contrata a su hijo con un sueldo millonario. Como decíamos el otro día, no pasa nada.
Y si algún torpe se deja atrapar con las manos en la masa, pasado el fugaz momento de indignación pública y las pomposas declaraciones de “esta gente no tiene cabida en un partido como el nuestro que siempre se ha caracterizado por su honradez” el corrupto, si no ha llegado a acumular lo suficiente como para retirarse, encuentra su acomodo en el consejo de administración de una empresa privada (de esas convenientemente subvencionadas) o de un organismo semipúblico.
Así que no soy optimista. Esto no va a cambiar. Al menos no lo va a hacer en un plazo de tiempo razonable. Así que solo queda la solución individual. Ser consciente del problema, de la situación, y hacer tú lo que creas que debes hacer para que tu futuro sea mejor, pase lo que pase con el país.
¿Que cuál es mi solución? La respuesta, la próxima semana.




