Desencadenado

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Prosperar con menos

Hace 4 años, cuando empezaba la crisis, traduje un eBook de Leo Babauta titulado “Thriving on less“. La serie de entradas comienza en esta: Un estilo de vida simple.

Ahora que ya tenemos todos claro que los brotes verdes no existían, que la crisis no era cosa de agoreros antipatriotas, y que ya nos afecta a todos (al menos, a todos los que pagamos impuestos), no está de más recordar lo que escribió Leo. Si no podemos mejorar LA economía, al menos podemos intentar mejorar NUESTRA economía. No todos los consejos son aplicables a todo el mundo (de hecho, hay cosas con las que no estoy de acuerdo), pero mejorar nuestra economía particular es el primer paso para plantearnos nuevas aventuras que nos liberen lo más posible de los efectos de la crisis.

Así que, ahora que estás más sensible hacia los buenos propósitos, puede ser un buen momento para descubrir qué cosas concretas puedes hacer hoy mismo para prosperar con menos.

¿Estás en paro? 5 cosas que puedes hacer HOY para mejorar tu situación

1. Aprende un idioma

En Internet tienes muchas facilidades para mejorar tu inglés o aprender otro idioma que complemente. Busuu tiene cursos y ejercicios gratis, y puedes practicar con otros usuarios. Hay diccionarios online, puedes leer la prensa en el idioma que quieras aprender, descargarte películas y series… Si dedicas 3 o 4 horas al día a aprender alemán (por ejemplo), en 6 meses debes ser capaz de entender un texto sencillo y mantener conversaciones sobre temas cotidianos.

2. Colabora con una ONG

Elige una ONG con la que te puedas sentir a gusto y ofrécete a colaborar con ella. No un ratillo a la semana. 8 horas al día, 5 días a la semana. ¿Tienes otra cosa mejor que hacer? Colaborando con la ONG te sientes útil, conoces gente, evitas que en tu curriculum haya huecos y hasta es posible que consigas trabajo, en la propia ONG cuando haya un hueco o a través de otros colaboradores.

3. Escribe un blog

¿Sabes en qué te gustaría trabajar? Abre un blog sobre ese tema ahora mismo. Si quieres que sea lo más simple posible usa wordpress.com. Más adelante podrás reservar tu propio dominio y alojarlo en un servidor de pago, pero de momento empezar te cuesta un minuto y cero euros. Escribe hoy 8 entradas. Y mañana otras 8. Y pasado mañana igual. Establece relaciones con otros bloggers del sector, mueve tus entradas en Twitter y Facebook. Después de unos meses en los que dediques 8 horas al blog, habrá aumentado tu percepción como experto en tu campo y por tanto tus posibilidades de encontrar trabajo en él.

4. Aprende a programar en Ruby on Rails

Ruby on Rails es uno de los entornos de programación más usados para aplicaciones web. Es el que usan, por ejemplo, Groupon o Twitter. Si sabes programar en Ruby on Rails, tienes trabajo. Y aunque no hayas programado en tu vida, a poco espabilado que seas puedes aprender a programar en Ruby decentemente en unos meses, si le dedicas 8 horas al día. El entorno es gratuito, hay infinidad de tutoriales y documentación gratuita, foros en los que te pueden ayudar, código de ejemplo, etc.

5. Vende algo en eBay

Revisa todos los trastos que tienes en casa y pon a la venta cualquier cosa que te sobre. Mejor, pon cuatro o cinco cosas a la venta. Ganarás algún dinero, pero sobre todo aprenderás cómo funciona el comercio electrónico. Sigue practicando, aprende a promocionar tus productos, y si ves que hay algún tipo de mercancía que tiene éxito puedes incluso comprar más. Aparte de ganar un dinerillo que no te vendrá mal, puede ser la base para abrir tu propia tienda de comercio electrónico.

Ahora, puedes empezar a razonar por qué ninguna de estas cosas funcionaría en tu caso. Puedes explicar que simplemente no hay trabajo y que los empresarios son unos explotadores y que nos gobiernan una panda de inútiles y que solo consigue trabajo quien tiene un enchufe y que no se puede hacer nada y que…

En lugar de eso, piensa: ¿qué hiciste ayer por mejorar tu situación? ¿qué vas a hacer hoy?

Democracia, acampadas y revoluciones


No tengo por costumbre en Desencadenado hacer referencia a noticias políticas, pero entre la invitación de Franck a comentar los eventos de Sol, y que con mi última entrada ya he perdido al menos un par de lectores, puedo terminar de arreglarlo y perder doscientos o trescientos más.

Hace algo más de 25 años, yo creía en las mismas cosas en las que creen muchos de los que están en Sol. No había cumplido los 18 cuando me manifestaba contra la base militar de Zaragoza, cantando el himno a la libertad de Labordeta. Manifestaciones defendiendo la revolución sandinista, contra la visita de Reagan a España, contra el Apartheid en Sudáfrica… fuera lo que fuera, yo estaba allí. Votaba a Izquierda Unida (se creó por aquellos años, cuando la marca PC dejó de ser atractiva) como mal menor, porque no eran suficientemente radicales. Tenía interminables discusiones defendiendo la revolución cubana, con los mismos argumentos que sigo oyendo ahora. Cantaba canciones de Silvio Rodríguez y despreciaba a los intrascendentes que no se implicaban con todas las Causas Justas.

Me salvó una cosa: nunca fui estatista. Mi ideología era más parecida al anarquismo cristiano de Tolstoi que al comunismo. Un viaje a la Yugoslavia de Tito que hice con 16 años me enseñó de primera mano lo que era vivir en un país socialista, y eso que Yugoslavia era el país socialista más abierto y moderno. Además, en los años de la movida y el posfranquismo, lo natural era desconfiar de cualquier poder.

Acabé pasando del anarquismo cristiano al anarcocapitalismo no por ideología, sino por pragmatismo. Porque lo que observo es que cuanto más libre mercado, más riqueza. Cuanto más estado, más pobreza. De modo que puestos a elegir, yo prefiero que me dejen en paz a tener una manada de bienintencionados (o no tan bienintencionados) dispuestos a regular hasta lo que puedo o no puedo hacer dentro de mi cama.

El pensamiento más común es que hace falta ser muy malvado para rechazar lo que defienden los indignados. ¿Quién no quiere un mundo más justo? ¿Quién se atreve a defender la pobreza? ¿Quién osa atacar el derecho al trabajo, a una vivienda digna, a ayudar al que menos tiene?

Todo lo que dice el manifiesto de Sol está muy bien, salvo por un pequeño detalle. Es imposible ponerlo en práctica en su totalidad sin instaurar al mismo tiempo una dictadura feroz. Los países socialistas no son dictaduras, sin excepción, por la corrupción de sus gobiernos. Lo son porque una vez que eliminas el afán de prosperidad (llámalo codicia si prefieres) de la motivación de las personas, sólo te queda el temor. Sí, deberíamos ser todos solidarios y aplicar eso de “De cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades”. Pero los seres humanos no funcionamos así.

Parafraseando a Churchill, podríamos decir que el libre mercado es el peor sistema económico, exceptuando a todos los demás. A estas alturas, deberíamos saber que las ayudas al desarrollo no solo no fomentan el desarrollo, sino que mantienen la pobreza. Del mismo modo que, a otra escala, las comunidades más subvencionadas en España siguen siendo las más pobres, y lo serán mientras sigan siendo subvencionadas.

El problema es imponer lo que uno cree que es bueno. Hace falta ser muy humilde para aceptar que tú no tienes la capacidad de decidir por otras personas lo que es mejor para ellas. Que tus ideas no tienen por qué ser mejores que las del resto, y que aunque lo sean obligar a otros a hacer lo que tú crees justo es intrínsecamente perverso, aunque tu motivación sea el bien superior para la sociedad y no el egoísmo.

Y siempre está el problema de los cerdos. Quien mejor explica lo que está pasando en Sol es George Orwell en su libro Rebelión en la Granja. Siempre, siempre, siempre las revoluciones funcionan igual. Detrás de las hermosas palabras, de los elevados ideales, acaba habiendo una piara de cerdos que se aprovechan de los animales comunes para vivir como los explotadores a los que denuncian. Claro que hay gente bienintencionada en Sol. La mayoría, sin duda. Pero si triunfa lo que proponen, nuestro futuro será el de la Yugoslavia de los años 80.

Yo ya he estado allí, y prefiero no volver.

La estrategia del Coyote


Los más viejos del lugar recordarán como en la serie de dibujos animados del Correcaminos el pobre coyote resultaba víctima de las trampas que él mismo había tendido al ave veloz. Una de las consecuencias más comunes era caer por un terrible abismo. Lo curioso es que a menudo el coyote corría por el aire, sostenido por nada, y no caía hasta que miraba para abajo y se daba cuenta de que no había suelo bajo sus pies.

¿Ridículo, verdad? ¿Motivo de mofa y risa? Pues esa estrategia es la que está siguiendo la mayoría de la gente ante la crisis. Ya no tenemos suelo debajo de los pies, pero seguimos corriendo como si con tal de no mirar abajo pudiéramos seguir suspendidos del aire.

El primero que lo hace, el gobierno que lleva viendo suelo (brotes verdes) desde que no le quedó más remedio que reconocer que la crisis no era solo cosa de antipatriotas. Sigue cobrando impuestos y gastando como si no hubiera mañana.

Con ser grave lo del gobierno, lo más que va a pasar como consecuencia de su carrera aérea es que nos cobrarán más impuestos, nos freirán a multas y reducirán las prestaciones para la gente menos movilizada y organizada. Como siempre, pero más. De momento, tiene aire para correr por él durante mucho tiempo, porque hay muchos interesados en que no se caiga.

El problema lo tenemos los demás. Los que seguimos corriendo igual porque preferimos no mirar para abajo y descubrir que no hay suelo, que no va a haber pensiones para nosotros, que lo del trabajo fijo se ha acabado, que estudiar una carrera ya no vale para nada, que tus hijos no van a vivir mejor que tú.

No es fácil reconocer que el estado del bienestar se ha terminado. Que ya no da más de sí. Que, como decía Thatcher, al Estado ya se le ha acabado todo el dinero de otras personas. Que eso del derecho a la vivienda, a la salud y a la educación están muy bien, pero tienen el problema de que alguien tiene que pagar la fiesta. Que la edad de jubilación la estableció Bismark en 65 años cuando la expectativa de vida era apenas de 50, y ahora los jubilados se empeñan en cobrar sus pensiones 20 años, y además usando una medicina carísima en lugar de morirse en su casa sin gastar, como se hacía hace un siglo. Que no tiene sentido gastar una millonada en formar universitarios para que acaben trabajando de mozos de almacén o cajeras de supermercado.

Es duro, porque nos han dicho que teníamos derecho a todo eso. Vacaciones pagadas, bajas por maternidad, más días por paternidad, liberados sindicales, subsidios de desempleo de meses, cine subvencionado, teatro subvencionado, artistas de fama mundial en las fiestas del pueblo, una universidad en cada barrio, todos licenciados. Regiones con más de un 30% de funcionarios, con más de un 30% de parados. Cada vez menos trabajadores sosteniendo a cada vez más jubilados.

Es duro aceptar que todo era un espejismo, que esto solo se sostenía porque cada vez más gente trabajaba y producía más. Pero la ley de la gravedad es inexorable y el coyote se cae cuando se da cuenta de que ya no hay más gente ni más productividad. Hasta aquí hemos llegado, y ahora solo te quedan dos opciones.

Puedes seguir corriendo y confiar en que si no miras para abajo todo seguirá igual.

O puedes reconocer el problema, y aprender a volar rápidamente. O al menos fabricarte un paracaídas, o caer en el río para que duela menos. Reconocer que tu pensión dentro de 20 años dependerá de lo que hayas sido capaz de ahorrar, no de la limosna que en el mejor de los casos podrá darte el estado. Buscar tu independencia económica al margen del trabajo fijo de 8 a 5, ese del que te van a despedir cuando menos te lo esperes. Vender en todo el mundo, y buscar proveedores en todo el mundo, porque ya no puedes vivir de la ineficacia en el transporte y las comunicaciones. Buscar la manera de minimizar el robo creciente (en impuestos y en multas) de un Estado que no va a renunciar a su poder fácilmente. Pensar en lo que gastas, y en por qué lo gastas, y no volver a invertir fiándote de unos bancos que son los primeros interesados en sostener la carrera imposible del coyote.

Cuanto antes te plantees todo esto, antes podrás cambiar, y más posibilidades tendrás de amortiguar la caída. Porque lo único seguro en toda esta historia es el enorme boquete que va a dejar en el suelo la caída del coyote.

¿Y si los empleos no vuelven?

Me hacen gracia los economistas que aseguran que “España debe crecer al 3% para crear empleo”. Solo se basan para eso en que antes, creciendo al 3% (o al 2,7% o a la cifra que cada uno estime) se creaba empleo. Como si el mundo no estuviera cambiando desde 2007. Después de tres años de crisis (y lo que nos queda) ¿alguien puede afirmar con certeza que si volvemos a crecer al 3% se volverán a crear empleos?

Yo creo que no. Creo que muchos empleos no van a volver. Y no me baso en un razonamiento inductivo como el de los economistas futurólogos, sino en la experiencia de los pequeños empresarios a los que conozco.

Los despidos necesarios para conseguir que sus empresas sobrevivan les han obligado a soportar unos costes extraordinarios en el peor momento. Alguno ha tenido que endeudarse personalmente para poder pagar las indemnizaciones. Como han podido, despidiendo a veces al 80% de la plantilla, han conseguido reducir los costes y mal que bien salir adelante. Haciendo ellos trabajos que antes encargaban a otros, reduciendo gastos, buscando nuevas fuentes de ingresos…

Ahora situémonos dentro de un par de años. Pongámonos en la piel de uno de esos pequeños empresarios que ha sobrevivido a la travesía del desierto. Seamos optimistas y pensemos que salimos de la crisis, empezamos a crecer y sus productos o servicios vuelven a ser demandados. ¿Alguien cree que volverá a contratar empleados fijos? ¿O habrá salido tan escaldado de su experiencia que preferirá cualquier otra opción?

Por lo que hablo con la gente, la idea de muchos es no volver a tener empleados fijos. Si contratan temporalmente, si subcontratan a otras empresas, si hacen contratos con autónomos u optan por cualquier otra opción dependerá de cada uno y de su negocio. Pero lo que tengo claro es que los que han visto su empresa en peligro por tener empleados fijos, se lo pensarán mucho antes de contratar alegremente.

Si a esto le sumamos la realidad del cambio constante, que te obliga a tener recursos que cambien ágilmente según la demanda. Si le sumamos que la tecnología hace posible (aunque todavía no fácil) trabajar con una secretaria argentina, un programador búlgaro y un diseñador mexicano. Si le sumamos que para que una empresa prospere va a tener que ser global en sus operaciones, lo que puede significar atender a clientes en América y buscar proveedores en Asia. Si le sumamos que la tendencia en España es que el gobierno cada vez sea más asfixiante en sus regulaciones… el resultado es que se me ocurren muy pocos motivos para hacer un contrato fijo a un lugareño, solo porque puede presentarse en la oficina cada día.

Por eso, si tú eres uno de los que ha perdido el empleo en los últimos tiempos y estás esperando a que vuelva, piensa bien si esperar es lo único que puedes hacer. Piensa si no es mejor prepararte para un mundo en el que el trabajo fijo va a ser cada vez más raro. Si no es mejor ser empleable que ser empleado.

Te han engañado en todo

Te prometieron que si estudiabas una carrera tendrías un buen trabajo, y ahora encadenas contratos temporales de mil euros.

Te aseguraron que comprar una vivienda era la opción sensata, y ahora tienes una deuda para los próximos 30 años más cara que tu casa.

Te dijeron que si trabajabas para una gran empresa, y eras fiel y cumplidor, harías carrera, y esa empresa te ha dejado en paro.

Ahora que sabes que todo lo que te dijeron que tenías que hacer para tener una vida próspera y tranquila era mentira, ¿qué vas a hacer?

Puedes lamentarte de tu mala suerte.

Puedes culpar a los empresarios, al gobierno, a los especuladores, al capitalismo, a los sindicatos, al sistema…

Puedes insistir en hacer lo mismo, pero con más ahínco: estudiar un master además de la carrera, buscar un trabajo en una empresa más grande, jugar mejor al juego de las propiedades inmobiliarias.

O puedes tomar las riendas de tu vida y decidir que si las reglas antiguas no valen para los otros tampoco valen para ti.

No suplicar que te den un trabajo, sino crear tus propias fuentes de ingresos.

No estudiar una carrera, sino aprender y practicar tu pasión hasta conseguir que otros paguen por lo que realmente vales, sin obligarte a competir con miles de licenciados indistinguibles entre sí.

Aprender a manejar tu dinero, sin fiarte a ojos ciegos de los consejos de personas que han vivido en otro siglo en el que las reglas y las oportunidades eran otras.

Nadie te avisó de que las reglas habían cambiado, pero ahora ya lo sabes.

Ahora solo tú eres responsable de tu futuro.

Salir de la crisis

Ahora ya estamos de acuerdo todos. Hay una crisis gravísima, como afirmábamos los antipatriotas, y no vamos a salir de ella en el própximo semestre, como se nos viene anunciando desde hacer varios semestres. Hasta los defensores más recalcitrantes del Gobierno reconocen que no sabe cómo afrontar la crisis.

Que Europa nos audite y nos obligue a tomar medidas que debieran haberse tomado hace años está bien, pero esas medidas servirán para evitar el descalabro absoluto, no para salir de la crisis.

El problema está en este ranking: En facilidad para hacer negocios, estamos en el puesto 62, por detrás de países como Perú o Mongolia y superando por poco a Kazajistán y Namibia. Mientras esto no cambie, los periodos con una tasa de paro por debajo del 10%, como el que vivimos con Aznar, serán pocos y breves.

2010 será un año excelente

2010 es el mejor año para lanzar tu empresa, o para hacer que crezca.

Habrá muchos que te digan que es una locura, que hay crisis, que no triunfarás. Pero eso solo significa que ellos y los que piensan como ellos no van a competir contigo.

El acceso a la financiación será difícil, y te costará conseguir clientes. Pero precisamente por eso tendrás que hacer las cosas bien desde el principio, serás eficiente y tu empresa estará fundada en bases sólidas.

Todos a tu alrededor echan la culpa a otros de su situación: al gobierno, a los especuladores, a los bancos, a la empresa que les ha despedido o a la que les mantiene con un sueldo miserable. Mientras, tú puedes dedicar tus energías a hacer y no a hablar, y conseguir que al final del año tu vida haya cambiado a mejor.

Lo habitual es mirar hacia atrás y llorar por lo que la crisis te ha quitado: el trabajo, la vida cómoda, el dinero abundante. Pero tú puedes mirar de frente y elegir entre las infinitas posibilidades de conseguir una vida mejor creando valor para tus clientes.

2010 será un año excelente para muchas personas. Solo depende de ti el ser una de ellas.

El inevitable fracaso de los planes de estímulo

Atentos a este gráfico, sacado del blog de Greg Mankiw:

stimulus-vs-unemployment-september-dots

Las dos líneas azules son las proyecciones que hizo el gobierno americano de las cifras de paro para justificar la necesidad de intervenir en la economía, el famoso plan de estímulo. Los puntos rojos representan los datos reales.

Como podéis ver, la realidad es mucho peor que la previsión para el escenario “sin plan de estímulo”. El gobierno de Obama se ha gastado 311.000 millones de dólares en el plan de estímulo (las partidas están aquí), y ha obtenido como resultado unas cifras peores que las que el mismo gobierno había predicho para el caso de que no se hiciera nada. Lo cual solo puede responder a dos causas, no necesariamente excluyentes: o la situación de partida era mucho peor que lo que el gobierno había estimado o el plan de estímulo ha hecho más daño que bien a la economía.

En cualquiera de los dos casos, bien porque el gobierno sea incapaz de hacer un diagnóstico correcto o bien porque sea incapaz de prescribir el tratamiento correcto, está claro que los planes de estímulo son un error. Ante la crisis, y cuando los votantes piden que “el Gobierno haga algo”, lo más fácil es gastarse un montón de millones en “hacer algo” y apuntarse cualquier resultado positivo, como hizo aquí el Gobierno con el Plan E y la mejoría temporal del paro.

Pero un plan de estímulo solo puede hacer que la economía vaya a peor. Consiste en quitar recursos a empresas y ciudadanos productivos, que han demostrado que tienen buen criterio para invertir y multiplicar esos recursos, y entregárselos a empresas menos eficientes, que ni siquiera son capaces de defenderse por sí mismas en el mercado. ¿De verdad alguien piensa que esto puede ser una buena idea para reactivar la economía?