El síndrome del impostor


Uno de los problemas que nos causa nuestra educación es que siempre pensamos que no somos suficientemente buenos. Nos han enseñado que hay que ser humildes, que eso de presumir es muy feo, que no puedes ser un “creído”.

Así que cuando creamos algo sufrimos el síndrome del impostor. Pensamos que no tenemos autoridad para hacer lo que estamos haciendo, que nuestros clientes podrían contratar a otras personas mejores que nosotros, que somos unos impostores, que no nos merecemos una gran recompensa por nuestro trabajo.

¿Hace falta que te diga lo que estas creencias pueden hacer con el éxito de tu negocio? Es esta forma de pensar la que te lleva a no lanzar tu proyecto porque crees que no está suficientemente maduro, la que te lleva a poner precios bajos y además aceptar descuentos adicionales cuando el cliente te lo pide, la que te impide presentarte delante de tus clientes ideales porque crees que no estás a la altura.

Lo malo es que tú conoces perfectamente tus fallos, tus defectos y tus carencias. Y no sólo no te fijas en que los que están a tu alrededor tienen sus propios problemas y carencias, sino que te comparas con lo mejor de tu profesión. Y se te cae el alma a los pies, porque sabes que nunca les llegarás a la suela de los zapatos. Así que tienes una razón muy poderosa para ser humilde: sabes que podrías hacerlo mucho mejor, que tienes mucho por aprender, que te falta experiencia.

¿No es lógico entonces que pienses que eres un impostor?

En realidad, no deberías sentirte así. Ser consciente de todo lo que te falta por aprender y mejorar es precisamente una señal de que no eres un impostor, de que quieres hacer las cosas bien y ser excelente en lo tuyo. Y ser consciente de tus carencias es el primer paso para llegar a superarlas.

Fake it till you make it

Los anglosajones usan esta expresión, fake it till you make it, o fíngelo hasta que lo consigas, como estrategia para los perfeccionistas que sufren el síndrome del impostor. Al principio debes trabajar como si fueras bueno, y acabarás siéndolo. Al fin y al cabo, la inmensa mayoría de los “expertos” no lo son porque hayan nacido con talentos extraordinarios, sino porque han trabajado miles de horas en su campo.

Claro que puedes pensar “pero entonces estoy engañando a mis clientes, que me contratan sin tener en cuenta mis carencias”. En realidad no es así. En la práctica, ningún cliente te va a pagar más de lo que vales. Si acabas de empezar, no vas a convencer a nadie de que eres un profesional de reconocido prestigio.

Ese fake it till you make it lo que hace en realidad es darte un empujón, colocarte un poco por encima de donde te dejaría tu miedo a no dar la talla. No puedes fingir ser uno de los 10 mejores del mundo en lo tuyo si acabas de empezar, pero sí puedes fingir que estás un nivel por encima del que tienes en realidad. Eso te obliga a cumplir, a trabajar duro, a aprender, a darlo todo para demostrar que estás al nivel que has vendido, y esa es la manera de obligarte a ti mismo a mejorar y progresar.

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 Publicado el 09/12/2013