Por definición, cuando estamos creando una nueva empresa, no sabemos si tendrá éxito. Ni siquiera cuando nuestro proyecto es una copia o una versión de algo ya probado. ¿Funcionará en nuestro entorno local algo que triunfa en el extranjero? ¿Funcionará igual con otra marca? ¿Puedo poner el mismo precio que mi competencia o debo vender más barato? ¿Y si vendo más barato, conseguiré los suficientes clientes como para compensar los menores ingresos?
Emprender es arriesgarse, sin duda, y se aprende mucho de una experiencia empresarial fallida. Pero si podemos evitar perder miles de euros en el intento, mejor. La idea de mínimo producto viable (MVP por sus siglas en inglés) es precisamente minimizar el coste de desarrollo y comprobar cuanto antes si nuestra idea tiene aceptación en el mercado.
La estrategia tradicional para lanzar un nuevo producto era hacer análisis de mercado, entrevistar a clientes potenciales, analizar profusamente la oferta de la competencia… todo lo cual suponía miles de euros de inversión y semanas o meses de retraso en el lanzamiento del producto. Pero la inversión en el desarrollo del producto era decenas o centenares de veces mayor, con lo que merecía la pena esta inversión previa.
Ahora existen alternativas que nos permiten, por muy poco dinero, comprobar nuestras hipótesis antes de lanzarnos a desarrollar una versión completa del producto. Una práctica que siguen muchas empresas de Internet es crear una página de “pre-lanzamiento” en la que se informa brevemente sobre la idea de producto y se solicita una dirección de correo electrónico al visitante para mantenerle informado acerca del lanzamiento del mismo. Esto permite evaluar si hay un interés por parte del público, con un coste muy reducido, al tiempo que se crea una lista de clientes potenciales que pueden ser muy valiosos cuando llegue el momento de lanzar el producto al mercado.
La idea fundamental en el MVP es prescindir en la primera versión de todo lo que no sea esencial para el producto. El objetivo es llegar cuanto antes al mercado y que sean los clientes los que decidan, una vez conocido el producto, qué nuevas funcionalidades o características son de valor para ellos. Los beneficios de esta estrategia son claros:
- Al llegar antes al mercado, tenemos ingresos antes.
- Evitamos invertir en funcionalidad que no es valorada por nuestros clientes.
- Reducimos el riesgo ya que limitamos el coste de desarrollar un producto que no tiene aceptación en el mercado.
- Creamos un producto mejor: con menos prestaciones, pero más cercano a lo que nuestros clientes demandan.
Por supuesto, aunque la estrategia de crear un producto mínimamente viable es fundamental para una empresa que está comenzando y que está probando algo diferente, también puede ser usada por una empresa más madura a la hora de lanzar un nuevo producto. Al fin y al cabo, incluso en empresas consolidadas se cometen errores por lanzar productos que son “capricho” o “intuición” de un directivo y no necesidades confirmadas de los clientes.




