Del mismo modo que hay quien critica a Eric Ries y su lean startup porque interpreta (erróneamente) que el mínimo producto viable es el equivalente cool de la chapuza tradicional, hay quien entiende que “lean” se traduce al español como “cutre”.
Y es que otra característica de lean startup que suena revolucionaria es eso de gastar lo menos posible. Suena especialmente revolucionaria en Silicon Valley, donde las calles están empedradas con adoquines de oro y los VCs van arrojando billetes de 100 dólares desde sus descapotables a cualquiera que diga que tiene una idea.
Vale, a lo mejor mi visión de Silicon Valley es un poco sesgada, pero lo que es innegable es que hasta que Eric Ries, la gente de 37signals y algún otro empezaron a hablar, la vía para el éxito de una startup era algo así como:
- Levanta pasta.
- Gástala lo más rápido que puedas y consigue unos cientos de miles de usuarios.
- Levanta más pasta.
- Sigue gastando a manos llenas y consigue unos millones de usuarios.
- Vende tu startup a Google, sal a bolsa o muere joven dejando un bonito cadáver.
Y esto no pasaba sólo en Silicon Valley. Es la historia de Mobuzz, por ejemplo. De modo que eso de gastar lo menos posible, y pedir la menor cantidad de dinero posible, es revolucionario. Y es lógico que haya quien lo entienda mal.
Porque Ries no dice que haya que ser cutre. Si tu producto mínimo viable requiere de un buen diseño, por ejemplo, necesitarás pagar a un buen diseñador. Lo que dice Ries es que procures que tu empresa no tenga “grasa”, ese tejido adiposo que va apareciendo en torno a nuestra cintura en forma de despachos para la dirección, coches de empresa, fiestas de lanzamiento… todo pagado con dinero de los inversores, nada de cobrar a los clientes.
Insisto: si tu equipo necesita esos macbooks que valen su peso en oro, lo lean es proporcionárselos, y no darles sobremesas cutres con los que van a ser menos productivos. Si tu empresa va a tener como clientes a empresas del IBEX35 es posible que lo lean sea tener oficinas en la mejor zona de Madrid o Barcelona, porque esas oficinas pueden ser un requisito para hacer negocios con esas empresas. Eso sí, no gastes dinero en oficinas o en equipos de lujo simplemente porque un pardillo business angel ha confiado en ti y ha invertido unos cientos de miles de euros en tu proyecto.




