Con este dicho popular se puede resumir la idea del “producto mínimo viable”. O con eso de “mirar si hay agua antes de tirarte a la piscina”. Cosas que parecen de sentido común, pero que muchos emprendedores, para su desgracia, no terminan de entender.
Tú puedes tener una gran visión de lo que va a ser tu empresa. Sabes que venderás en cinco continentes, tendrás tiendas en Milán, Nueva York y Tokio, todo el mundo usará tus productos, en tu sector habrá un antes y un después, y nadarás en una piscina de billetes como el Tío Gilito. A veces esa visión genera un afán por esconder la idea para que nadie nos la robe, como ya hemos explicado. Y otras veces genera un enamoramiento por parte del emprendedor que, como todos los enamorados, se vuelve incapaz de ver un solo defecto en su proyecto.
El problema del enamoramiento con la idea es que te haces refractario a las críticas. El que critica es porque no sabe, porque no es capaz de entender tu gran visión o porque tiene envidia. Así que, te digan lo que te digan, tú decides seguir adelante. ¿Que los inversores no ven clara tu idea? Eso es porque en este país nadie se casa sin padrinos, no porque tu idea tenga puntos débiles. ¿Que no consigues un socio tecnólogo? Eso es porque los informáticos no tienen ni idea de negocios. Y así todo. A veces, consigues que alguien te conceda un “puede funcionar” o un “volvemos a hablar en unos meses, cuando esté todo más avanzado” y con eso ya tienes todo el refuerzo que necesitas para seguir adelante.
Y decides invertir todos tus recursos, tiempo y dinero, en tu empresa. Cuidas cada detalle, como estás enamorado de ella quieres que todo sea perfecto, le das vueltas una y otra vez, gastas más de lo que habías previsto (pero es que va a quedar mucho mejor, va a ser mucho más completo) y cuando por fin sacas la idea al mercado… te pegas el gran batacazo.
El mercado no valora eso que tú veías tan claro. Los precios parecen demasiado caros. Los posibles clientes no entienden tu propuesta de valor. Las funcionalidades más atractivas se ven eclipsadas por una maraña de cosas que nadie entiende ni valora.
¿Qué hago entonces?
Hay una alternativa, que es la que propone Lean Startup: hacer un producto mínimo viable y llevarlo al mercado cuanto antes, gastando lo menos posible. Medir las respuestas, aprender de ellas, modificar lo que sea necesario para mejorar y volver a llevar una nueva versión al mercado. Así una y otra vez, hasta que acertemos con lo que realmente quieren nuestros clientes.
Por supuesto, el producto mínimo viable no sirve solo para empresas tecnológicas. La semana pasada explicábamos como aplicar el concepto a una ludoteca. Pero sí hay una manera de aprovechar la tecnología para crear un producto mínimo viable prácticamente sin coste y en muy poco tiempo.
La idea es usar AdWords (el servicio de publicación de anuncios de Google) para publicar un anuncio relacionado con el producto o servicio que quieres vender. Dirigiendo el tráfico a una página web en la que controlas las visitas, puedes medir con Google Analytics cuál es la respuesta a tu anuncio. ¿Cuánta gente ha visto el anuncio? ¿Cuántos se han sentido motivados a hacer click en él? ¿Cuántos han hecho algo interesante en tu página, como dejarte su correo electrónico?
Con esta técnica tienes datos fríos, no opiniones de gente bienintencionada (o malintencionada). Puedes crear variaciones en el anuncio o en la página y ver cómo cambia el comportamiento de tus clientes potenciales. Y sobre todo, puedes tener una idea de lo que te costaría vender tu producto o servicio si decidieras seguir adelante con él.
Si te interesa profundizar en esta idea, te interesa hacer el minicurso que he preparado para la semana que viene. Será un webinar online, en el que primero explicaré la idea, después haré una demostración paso a paso de todo lo que tienes que hacer para seleccionar palabras clave, crear el anuncio, hacer variaciones, crear la página de llegada, configurar y montar analytics, etc. y al final habrá un turno de preguntas. Será el martes 13/11 a las 19:00 y la duración será entre 1 y 2 horas, dependiendo de las preguntas y del nivel de los asistentes a la hora de seguir el proceso (quiero asegurarme de que nadie “se pierde”). El webinar se grabará, de forma que puedes verlo de nuevo cuando te venga mejor (por ejemplo, cuando estés creando tu “experimento”).
El precio es de solo 29€, y puedes contratarlo pulsando aquí:





