Jóvenes brillantes, estrategias evolutivas y la salida de la crisis


Peter Thiel ha convocado la segunda edición de su Beca Thiel. En esencia, consiste en dar 100.000$ a 20 jóvenes brillantes de 20 años a cambio de que dejen la universidad y creen una empresa. Por supuesto que es una idea radical, y por tanto discutible. Pero no quería centrarme hoy en esto, sino tomarlo como punto de partida para hacer un poco de política ficción.

Thiel apuesta porque la mayoría de esos 20 jóvenes brillantes tendrán mejores resultados dedicándose a su proyecto que aprendiendo teorías durante 4 años en una facultad. Y lo hace con su dinero, que para eso lo tiene, sin obligar a nadie. Está claro que 100.000 dólares no te solucionan la vida, ni son suficientes para muchos de los proyectos que quiere emprender esta gente, pero sí es un buen empujón, te permiten olvidarte de tus necesidades básicas y disponer de una cantidad que sirva al menos para pasar de una idea a un piloto, algo con lo que puedas conseguir más financiación y convertirlo en una empresa.

Insisto: un porcentaje de estos jóvenes fracasarán, y tendrán que volver a la universidad o probar con otro proyecto empresarial. Pero Thiel sigue una estrategia r: poner muchos huevos, como los peces o los insectos, invertir relativamente poco en ellos y confiar en que aunque muchos no lleguen a adultos unos cuantos tendrán éxito. La estrategia alternativa, la de los grandes mamíferos, es la estrategia K: tener uno o dos hijos e invertir muchos recursos en su cuidado hasta que se hacen adultos.

La estrategia K funciona muy bien en entornos estables, donde la especie está muy adaptada al entorno. Por el contrario, la estrategia r, al presentar mayor variabilidad en cada generación, funciona bien en entornos cambiantes, en los que uno no sabe de antemano a qué condiciones se van a tener que enfrentar los animalillos que salgan de los huevos.

Nuestro gobierno (todos los gobiernos, en realidad) están empeñados en seguir una estrategia K. Ellos se fijan en los grandes bancos, en las grandes empresas, e invierten todos sus recursos en ellos, en los que son “demasiado grandes para caer”. Para cualquier gobierno es fatalmente tentador ocuparse de los grandes, porque puedes juntarlos en una reunión, puedes pretender que les conoces y conoces el entorno en el que operan, puedes tomar medidas que parecen sensatas, un mensajero con una moto podría repartirles miles de millones de euros en un solo día…

Los pequeños empresarios son caóticos, nacen y mueren cada minuto, es imposible saber qué hacen ni siquiera reuniéndote con sus supuestos representantes, operan en cualquier sector de la manera más imprevisible… La estrategia r es mucho más difícil de manejar. Supone renunciar a tu posición de benefactor omnisciente, que sabe perfectamente qué es lo mejor para el país. Uno no puede seguir la estrategia r y a la vez decidir que las ayudas se dan a las renovables, o a las tecnologías de la información, o a las mujeres, o a las empresas rurales. Si uno apuesta por la estrategia r, todos los huevos son iguales, los pones y a partir de ahí que cada uno se apañe con las mismas condiciones. Impensable para cualquier gobierno que quiera ponerse una medalla cuando algo de lo que hace sale bien (es decir, todos los gobiernos).

Ahora, vamos con la política ficción, e incluso con la demagogia, si me lo permitís. Imaginemos que por un momento nuestros presuntuosos gobernantes se olvidan de que creen que saben qué pasa en la economía real y deciden hacer una apuesta por una estrategia r. Imaginemos que, en lugar de planes E, subvenciones dirigidas o rescates“líneas de crédito” multimillonarias para bancos y cajas deciden gastar solo 1.000 millones de euros en apoyar a 10.000 jóvenes brillantes, al estilo de Thiel.

Imaginemos que dan 100.000€ a cada uno de estos 10.000 jóvenes, a cambio de que se dediquen a poner en marcha proyectos empresariales. Y no hay condiciones: cada uno trabaja en el proyecto que le dé la gana, como le dé la gana. Ahora, pensemos, ¿qué pasaría si el 99% fracasa al cabo de 4 años? Imaginad que el 99% del dinero entregado se pierde porque los receptores son unos irresponsables y se lo gastan en fiestas, o sus proyectos son imposibles, o sus promotores son muy brillantes pero incapaces de vender una botella de agua en el desierto.

Pasaría que un 1% ha triunfado. Y eso significa 100 empresas innovadoras, de esas que necesitamos para “cambiar el tejido productivo” pero que nadie tiene ni puñetera idea de cómo se crean. Y nadie tiene ni puñetera idea, porque nadie lo puede saber, no hay fórmulas, lo más que podemos hacer es crear condiciones favorables y esperar que aparezca alguna. Supongamos que esas 100 empresas están facturando 10 millones de euros de media, que no es una cifra disparatada, al cabo de 4 años. Habríamos “recuperado” el dinero, y estaríamos generando cada año riqueza y puestos de trabajo.

Y esto pensando en que el resultado es “todo o nada”, porque lo más probable es que además de un 1% de empresas realmente innovadoras, rentables y con potencial de crecimiento apareciera un 20 o 30% de empresas “dignas”, que den de comer a 5, 10 o 25 personas y facturen entre 1 y 5 millones de euros.

¿Qué os parece? ¿soy un demagogo, un idealista o un patético ignorante al pensar estas cosas?

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 Publicado el 13/06/2012