Esto dijo Linus Torvalds, el creador de Linux, en una entrevista reciente:
A la gente le gusta idolatrar las “ideas” y la “inspiración”, pero al final casi todo el mundo puede tener una idea. Hacer las cosas de verdad es donde la gente se atasca.
Lo he tuiteado un par de veces, pero si no lo habéis visto, mirad este vídeo. Si no entendéis inglés, leed primero la explicación que pongo debajo, pero merece la pena hacer el esfuerzo de intentar entender de qué va:
Caine es un niño de nueve años al que le gustan las máquinas recreativas. Así que decidió hacer su propio salón de máquinas recreativas en la tienda de su padre. Cogió las cajas de cartón en las que vienen los repuestos que venden en la tienda para fabricar sus “máquinas”, con mucha imaginación y piezas sacadas de algunos juguetes. El tío incluso inventó un algoritmo, usando unas calculadoras viejas y calculando raíces cuadradas, para validar si sus fun pass eran auténticos. Porque no solo hizo las máquinas para sí mismo. Lo que él quería era tener un salón de máquinas recreativas, y que la gente jugara con ellas, y por supuesto que pagara. Y pensó una estrategia de precios: un dólar por dos tiradas, dos dólares por quinientas. ¿Es o no es un genio?
Lo malo es que ahora los pedidos de repuestos se hacen por Internet, y no pasa mucha gente por la tienda de su padre. A Caine no le importó. Él hizo sus máquinas lo mejor que pudo, incluso hizo una ranura y se cuela por dentro de la máquina para sacar una tira de tickets de premio si el cliente gana el juego, como en una máquina recreativa de verdad. Por hacer, se hizo hasta una camiseta en la que pone “staff”. Y se sentó a esperar. Hasta que un día llegó un cliente. Nirvan Mullick alucinó con el ingenio de Caine, jugó con las máquinas y le ofreció al padre de Caine grabar un vídeo y hacer una acción para que Caine tuviera algún cliente.
Mullick movió la historia en Facebook y otras redes sociales y convocó un flash mob para dar una sorpresa a Caine. La cara del niño cuando ve que su salón recreativo está lleno de gente esperando jugar es impagable. Si eres emprendedor y no se te salta una lagrimita al ver esto, es que no tienes corazón. A raíz del vídeo, se ha creado un fondo para pagarle los estudios universitarios, que ya ha recaudado más de 175.000$. Puedes comprar una de las camisetas de Caine, o descargarte la canción del vídeo en iTunes y contribuir a que Caine tenga la mejor educación universitaria.
Ahora, piensa. La diferencia entre Caine y otros miles de niños (y no tan niños) es que Caine fue capaz de ir más allá de su “idea” y hacer algo. Eso que dice Torvalds que tan poca gente hace. Con cajas de cartón, con calculadoras viejas, con lo que tenía a mano. Es muy cómodo y reconfortante tener una idea y pensar “lo haría si tuviera financiación, o si encontrara un socio que supiera de tecnología, o si las leyes fueran más fáciles, o si…”.
Si de verdad tienes una idea, hazla realidad. Si no tienes dinero para alquilar un local y comprar máquinas recreativas, hazlas de cartón. Busca a tu primer cliente, y conviértelo en evangelizador de tu empresa. Haz lo que tengas que hacer, con todos los medios a tu alcance. Pero no seas una de esas personas que tiene ideas e inspiración y no es capaz de dar el paso de convertirlas en algo real.




