Las víctimas de la crisis financiera han sido, como no podía ser de otra manera, los más débiles. Los empleados más fáciles de despedir, las empresas con menos capacidad para aguantar. Esta crisis acabará como han acabado otras cuando llegue algo de sensatez a los gobiernos y dejen de intentar apagar el fuego con gasolina (más créditos y más dinero barato).
Pero la otra crisis, la que están causando las tecnologías de la información y las comunicaciones, no solo va a acabar con los empleados y las pequeñas empresas débiles. Acabará con las multinacionales y las grandes corporaciones. Y no es que lo diga yo, que como todos los bloggers hablo por hablar sin tener ni idea. Lo dijo Ronald Coase, que es premio Nobel de economía. Y lo dijo ya en 1937.
Al bueno de Coase se le ocurrió preguntarse por qué existen las grandes corporaciones. Para la mayoría de la gente, nacida en un mundo en el que basta salir a la calle para ver logotipos de empresas con decenas o cientos de miles de trabajadores, las grandes compañías son una obviedad. Pero estas grandes compañías apenas existían hace 150 años. ¿Por qué surgieron y dominaron el mundo económico del siglo XX como los dinosaurios dominaron el Mesozoico?
La respuesta de Coase es que una gran corporación reduce los costes de transacción. Al forzar la colaboración entre sus empleados, puede utilizar esa ventaja para reducir estos costes de transacción y ser más eficiente. Si os fijáis, esto explica también la existencia de conglomerados empresariales como Ford, que llegó a ser propietaria de las ovejas de las que se obtenía la lana para hacer la tapicería de sus coches.
Lo habitual en el siglo XX eran grandes corporaciones con unos ingresos por empleado relativamente bajos. Telefónica, por ejemplo, era el año pasado la teleco más productiva, con 447.000€ por empleado. Esto después de deshacerse de Atento, que dejaba las cifras para el total del grupo en poco más de 200.000€. Empresa tecnológica, elimina la “grasa” del soporte técnico (con gran carga de personal), y no llega ni a medio millón de euros por empleado. Comparad con Dropbox, cuyos 70 empleados consiguieron acabar 2011 facturando 240 millones de dólares. 3 millones de euros por empleado. Dropbox es eficiente, pero no es la empresa de Internet más eficiente: Plenty of Fish, la empresa de Markus Frind, factura 10 milones de dólares y tiene un solo empleado: el propio Markus.
¿Que ha pasado para que la explicación de Coase para la existencia de grandes compañías deje de ser válida? Sencillamente, que los costes de transacción se reducen más eficazmente usando las ventajas de las nuevas tecnologías que las ventajas de una gran corporación. Dropbox no necesita comerciales para vender, ni gasta dinero en marketing para crear “presencia en la mente del consumidor”. Internet se encarga de hacer todo esto a coste prácticamente cero.
Todo esto tiene, como adelantaba en el titular, consecuencias para las empresas que siguen el modelo del siglo XX. O adelgazan y cambian la reducción de costes de transacción que conseguían con su tamaño por otras reducciones que aprovechen las tecnologías de la información y las comunicaciones, o desaparecerán.
Pero lo más importante son las consecuencias que tiene para ti. Cada vez va a haber menos empleos en grandes empresas. No es por una crisis financiera que pasará en unos años. Este cambio es para siempre (o para toda tu vida, que a efectos prácticos viene a ser lo mismo). Repito, por si no queda claro: cada vez habrá menos grandes empresas con decenas de miles de empleados. Tu trabajo fijo de mando intermedio en una sucursal de Megacorp, Inc. no va a volver. Puedes acurrucarte en un rincón y llorar por lo que fue y ya no es, pero eso no va a cambiar las cosas.
Esa es la mala noticia. La buena noticia es que esas mismas tecnologías que están destruyendo a las grandes corporaciones están habilitando otro modelo de transacciones económicas, y por tanto otro modelo de empresa. Un modelo de empresas pequeñas, con empleados ubicados en cualquier parte del mundo, hipersepecializadas en hacer una cosa y hacerla muy bien. Empresas que aprovechan la reducción de costes de transacción para ser extraordinariamente eficientes. Empresas que trabajan en red, construyendo una pieza de un engranaje que funciona mejor cuando se le unen otras piezas creadas por otras empresas hiperespecializadas y excelentes en lo suyo.
Y lo mejor de todo. En la mayoría de los casos, no necesitas un gran capital como el que se necesitaba hace 50 años para construir una fábrica, comprar costosos bienes de equipo y pagar centenares o miles de nóminas. Con una conexión a Internet tienes todo lo que necesitas para empezar a crear una de estas nuevas empresas.
Ahora que sabes todo esto, tú decides. ¿Sigues lamentándote porque te han echado de una casa en ruinas o coges la mochila y te lanzas a explorar territorios nuevos?





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