Interesantes los comentarios a mi último post. Entre los argumentos en contra hay dos que comparto: que es simplificador y demagógico hablar de “pobres” y “ricos” y que los ricos no pagan impuestos. Pero precisamente estos argumentos sirven también para negar la posibilidad de “aumentar los impuestos a los ricos y bajarlos a los pobres”.
Hay algún otro que implícita o explícitamente alude al “contrato social”. Es decir, tenemos que pagar impuestos porque vivimos en sociedad y el Estado simplemente organiza unos servicios cuyo gasto y beneficio repartimos entre todos. Esto tiene más miga, porque se podría analizar si ese contrato social es un contrato válido, pero esto es otro tema.
Ahora lo que quería proponer es otra idea. Algún comentarista proponía (supongo que irónicamente) pasar al esclavismo. No me parece disparatado, de hecho a quien no la haya visto le recomiendo ver Stico, una película en la que el protagonista (Fernando Fernán Gómez) es un catedrático de derecho que se ofrece como esclavo a un ex-alumno que ha triunfado.
Pero yo prefiero el feudalismo al esclavismo. Y al “Estado del Bienestar” que tenemos ahora. Sí, preferiría ser un siervo feudal que un ciudadano en la España actual.
De entrada, el contrato entre el siervo y el señor era mucho más simple: tú pagas un 10% de impuestos y a cambio cultivas los campos de tu señor y tienes su protección (militar y policial). En todo lo demás, básicamente te deja que vivas tu vida. No te garantiza ingresos, pero tampoco te los limita.
Ahora trabajas en la propiedad de otros (los dueños de tu empresa) para aumentar su riqueza, y a cambio te entregan una cantidad fija cada mes. Pero hay otro señor (el Estado) al que tienes que pagar casi un 50% del dinero que recibes. A cambio, además de protección, te da servicios como sanidad, educación, pensiones…
El problema es que con esos extras van otros que no están tan claros que nos beneficien: subvenciones para los señores dueños de la empresa, festejos populares con artistas invitados casualmente afectos al régimen, actividades de interés cultural que interesan a muy pocos, aportaciones a asociaciones con evidente ánimo de lucro…
Peor aún: como el que paga manda, y el Estado paga nuestra sanidad o nuestra educación, es inevitable que limite nuestra libertad. Así, ya nadie puede elegir qué curriculum educativo es el mejor para su hijo: unos funcionarios del ministerio han decidido cuántos años hay que estudiar, qué asignaturas cada año e incluso qué temas en cada asignatura. Y hay infinidad de leyes cuyo fin es protegernos de nosotros mismos, y que solo se explican porque el Estado es quien se hace cargo si hay problemas. Por ejemplo, la obligación de usar el cinturón de seguridad.
Antes de que alguien diga “sí, pero en la Edad Media te morías de hambre si había una sequía, no había sanidad, los niños no estaban escolarizados…” por favor tened en cuenta el nivel de desarrollo y riqueza relativo en la España de hace 1.000 años y en la actual. Si con el desarrollo actual tuviéramos un sistema feudal, tendríamos garantizada la seguridad, y podríamos dedicar ese 40% de nuestros ingresos que ahora nos quita el Estado a pagar cada uno la sanidad, la educación o la pensión que quisiera.
Y las fiestas de los pueblos no tendrían actuaciones de Victor Manuel y Ana Belén o Miguel Bosé. Todo ventajas.




