La ley Sinde será molesta, pero no desastrosa. Tal vez cierren algunas webs, las de los más torpes. Tal vez durante un tiempo sea algo más difícil encontrar contenidos, como pasó cuando cerraron Napster. Pero pronto webmasters y usuarios encontrarán la manera de saltarse las vallas que están intentando ponerle al campo. De entrada, Remo nos explica cómo puede un webmaster dejar de estar bajo la jurisdicción española, aunque con un cierto sobrecoste (asumible para quien haya conseguido hacer de su web un negocio).
Pero la ley Sinde, con ser mala, es solo una más de las chinitas que sufren los que intentan emprender un negocio en Internet en España. La LOPD obliga a registrar un fichero de usuarios y a dedicar recursos a satisfacer las demandas de acceso y rectificación de los usuarios (en el Reino Unido, por ejemplo, puedes cobrar los gastos de gestión que supone atender estas peticiones). La LSSI obliga a publicar nombre y apellidos, NIF y domicilio del responsable de la página, aunque se trate de un proyecto personal que se ha creado como hobby y apenas da dinero para pagar el alojamiento. Cosa que incumple la inmensa mayoría sin consecuencias, pero que en cualquier momento puede venirle bien a alguien si el webmaster toca las narices a quien no debe.
Si ganamos dinero, aunque sean unos eurillos con AdSense, hay que retratarse en la Agencia Tributaria, y si esos eurillos se cuentan por cientos al mes, tendremos que darnos de alta como autónomos y pagar doblemente a la Seguridad Social, aunque la empresa que nos paga el sueldo esté entregándole ya un tercio de nuestro sueldo bruto y no vayamos a recibir ninguna prestación adicional. Y más vale que a los impuestos sumemos el coste de un asesor fiscal, porque si metes la pata al hacer tus declaraciones Hacienda no perdona.
Afortunadamente, estos son los últimos zarpazos de un tigre moribundo. La globalización no solo consiste en que a las fábricas les salen pies y se van a Asia.
Cualquiera puede, desde su ordenador, crear una empresa en Estados Unidos o en el Reino Unido por menos de 500€ (según y cómo lo hagas, por bastante menos). Una empresa del Reino Unido, por esas cosas de la Unión Europea, puede operar en España sin ningún requerimiento adicional. Los requisitos para trabajar en Internet de una empresa inglesa son mucho más laxos (su LOPD no te obliga a un registro y como he dicho puedes cobrar las gestiones que te pidan los usuarios), no tienes que pagar impuestos hasta facturar cifras significativas (más de 75.000€, si no recuerdo mal) y puedes hacer una declaración de IVA simplificada que no te obliga a guardar facturas y facturitas y a contabilizarlas cada trimestre. Una empresa fundada en Delaware no paga impuestos (los pagan los accionistas, como por cualquier otro ingreso) y el coste de cumplir con las leyes locales puede ser de menos de 100€ al año, no los más de 100€ al mes que cuesta un asesor aquí. Por supuesto, en un caso y en otro, nada de declaraciones trimestrales, pago a notarios cada vez que quieres cambiar cualquier cosa y otras molestias similares que te hacen perder el tiempo (y a veces el sueño) en lugar de dedicarte a hacer crecer tu negocio.
Mientras nuestro gobierno se empeña en imponer sus criterios de paridad y otorgar “derechos” laborales (como las bajas por paternidad) que pagan los empresarios, mientras nuestros jueces sentencian que un empleado que insulta o agrede a su superior no merece ser despedido, mientras patronal y sindicatos discuten si las indemnizaciones por despido son altas o bajas, puedes contratar tu servicio de atención al cliente en Argentina, a tus desarrolladores en Rumanía, a tu diseñador gráfico en Australia y fabricar tus productos en China. Por supuesto, pagando a todos por lo que trabajan y sólo por lo que trabajan. Gente que habla inglés, o español, y cuyo nivel de profesionalidad no tiene nada que envidiar al de aquí (más bien al revés). Con lo cual cualquiera con dos dedos de frente contratará en España solo al personal estrictamente imprescindible, que probablemente será uno o ninguno.
Antes, cuando no existía Internet, los vuelos estaban solo al alcance de los ricos y el mundo era mucho más grande, podías elegir entre olvidar tus proyectos o pasar por el aro. Ahora tienes alternativa, puedes seguir viviendo en un pueblo de Teruel y vender en todo el mundo facturando millones de euros. Ahora tu empresa no está atada físicamente al lugar en el que vives. Puedes tener socios, y clientes, en cualquier parte del mundo. Los politiquillos cortos de vista que se empeñan en poner puertas al campo, lo único que van a conseguir es hacerte mirar más allá, animarte a buscar soluciones y seguir adelante. Y esto vale para la ley Sinde, para las subidas de impuestos o para las normas feministas de paridad. Cuando la presión excede lo tolerable, el emprendedor buscará alternativas.
Y ahora las hay.
[ACTUALIZACIÓN] Por si alguien tiene interés, el gobierno británico tiene una web con información completísima y fácil de entender para cualquiera que se plantee abrir una empresa allí: http://www.businesslink.gov.uk/bdotg/action/layer?topicId=1073858805





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