Hackeando la educación universitaria


El problema

Escribí hace tiempo que hoy un título universitario no te garantiza nada. Es una consecuencia inevitable de la “universidad para todos”: cuando todo el mundo puede ser titulado, ser titulado no te diferencia del resto, y por lo tanto no te asegura un puesto de trabajo y mucho menos de directivo, como podía hacerlo hace 50 años.

Las estadísticas del tipo “los universitarios ganan x% más que los que tienen estudios primarios” son ridículas, porque la correlación no implica causalidad. Ahí se mezclan categorías profesionales diferentes en las que el título sí habilita la diferencia (un médico gana más que un celador) con situaciones socioeconómicas previas (el niño que será jefe en la empresa de papá estudia siempre una carrera, pero no será jefe por universitario sino por hijo; el hijo de un fresador tiene menos probabilidades de estudiar y muchas menos de llegar a un puesto directivo). Y se puede triunfar sin carrera, si queréis un ejemplo podéis aprender con este vídeo de José Cerdán en Iniciador.

Ya sé que hay quien hace una carrera “para aprender”, “por la cultura”, pero este post no va de esto. Si te gusta la literatura búlgara del siglo XII puedes estudiar Filología, pero ya sabes que eso es una afición que muy difícilmente te conseguirá un empleo en ese campo.

Hay otro problema más profundo, que explica muy bien Seth Godin en su manifiesto “Cerebros Lavados”: en realidad la educación universitaria está pensada para crear empleados que encajen como engranajes en grandes empresas, siendo piezas previsibles de una maquinaria previsible que funciona con rígidos procesos determinados desde arriba. Ahora el mundo ha cambiado, las fábricas están en China, no hay nada previsible y tu formación para encajar en el mundo del siglo XX cada vez tiene menos valor en el siglo XXI.

La cuestión entonces es ¿invierto 4 años de mi vida en algo que no me garantiza un futuro mejor? Bien, un título universitario, si no es suficiente, sí es necesario para acceder a determinados puestos. No solo es requisito para opositar a los cuerpos superiores de la administración, sino que en muchas empresas el título universitario puede ser un condicionante para entrar y para tus posibilidades de promoción. Además, la cultura está bien, y probablemente aprenderás cosas interesantes en la Universidad. Incluso tienes la oportunidad de conocer gente interesante también.

Solo es cuestión de plantearte tu etapa universitaria de la manera que sea más provechosa para ti, y no hacer las cosas como todo el mundo espera que las hagas.

Objetivo

Lo primero que debes tener claro al empezar la universidad es cuáles son tus objetivos. Si se trata de entretenerte y retrasar el paro cuatro años, o de cumplir con las expectativas de tus padres, empezamos mal. Tu objetivo más bien debe ser mejorar tu empleabilidad: debes acabar la carrera con más posibilidades de ser contratado y con mejores perspectivas de sueldo que cuando empezaste.

Conseguir ese objetivo tiene requisitos, sea cual sea la carrera elegida:

  • Terminar en cuatro años, ni uno más. Que ya son muchos, y todo el tiempo de más que dediques es tiempo de tu vida que pierdes. Pierdes también dinero: si dejas de ganar 15.000 euros en un año, eso es lo que te está costando ese año de más que dedicas a la universidad. Y pierdes empleabilidad: salvo excepciones justificadas, las empresas prefieren contratar a alguien que ha acabado su carrera en el tiempo previsto.
  • Establecer relaciones con gente interesante. No solo con tus compañeros de carrera, sino con profesores, con alumnos de otras carreras, incluso de otros países. No olvides que una de maneras más comunes de encontrar un empleo es mediante tu red de contactos, así que cuanto más amplia sea, mejor.
  • Diferenciarte del resto de alumnos. Si ya hemos dicho que un título universitario no te garantiza un puesto porque no te hace diferente, debes conseguir ser diferente por otras vías.

Hacks

  1. Elige una carrera fácil.

    Salvo que tengas una vocación muy clara para una profesión a la que solo puedes acceder con un título concreto, para la mayoría de los puestos de trabajo un título concreto es muy poco relevante.

    Lo del prestigio de una universidad concreta o de una carrera es muy relativo, suele ser una cosa de insiders, que rara vez trasciende fuera del ámbito universitario. Lo que te clasifica es si tienes un título o no lo tienes, no si tienes el título en Economía Empresarial por la Universidad de Cuenca o el de Empresariado Económico por la Universidad de Ciudad Real.

    Además, los directivos que te seleccionan probablemente ni siquiera conocen los títulos de Grado que han surgido como setas abonadas por Bolonia, así que no te creas eso de “esta es una carrera muy prestigiosa, la nota de entrada es un 8.2, nuestros graduados van a tener ofertas de empleo a porrillo”.

  2. Elige una carrera con nota de entrada de 5.

    En general está ligado a ser una carrera fácil, pero no siempre. ¿Por qué te conviene que la nota de entrada sea baja? Porque probablemente muchos de tus compañeros serán torpes y malos estudiantes, que han entrado en esa carrera porque no les ha quedado otra opción. Lo que significa que tú puedes destacar con poco esfuerzo.

    Si te matriculas en una carrera que exige un 9 para entrar, estarás rodeado de empollones que subirán la nota de aprobado, y te pasarás cuatro años dejándote la piel para ser simplemente mediocre. Con lo cual, no podrás dedicar tiempo a lo que realmente puede diferenciarte y serás un mileurista más.

  3. No te esfuerces por sacar buenas notas

    Lo que tienes que hacer es aprobar todo en su momento, cualquier nota por encima del aprobado es un desperdicio de esfuerzo que nadie va a valorar fuera de la Universidad. Tal vez una nota media de matrícula pueda ser impresionante, y tal vez te consiga un primer trabajo. Pero si no eres un genio que puede conseguir esa nota con poco esfuerzo, te va a ser más rentable dedicarte a otras actividades más productivas.

  4. No vayas a clase más que lo estrictamente necesario

    El formato de clase magistral que sigue imperando en la universidad es un desperdicio de tiempo en la mayoría de los casos. Procura en los primeros días de clase descubrir qué profesores enseñan de verdad (que serán los menos) y qué profesores se limitan a verter información en forma oral que puedes conseguir fácilmente pidiendo los apuntes a un compañero aplicado, de los que se sientan siempre en primera fila.

    Ahora con la adaptación a Bolonia hay quien controla más la asistencia, pero siempre que puedas, escapa del aula. Y si es preciso asistir llévate el portátil o un libro, siéntate detrás y dedícate a algo útil.

  5. Aprende a presentar tus trabajos con limpieza

    La estética es fundamental tanto en los exámenes como en los trabajos que te encarguen. Un documento legible, sin tachones, estéticamente agradable consigue mejor nota que otro con el mismo contenido pero que aparente estar hecho por un orangután que ha tomado demasiado RedBull. Los profesores son humanos, tienen que corregir muchos trabajos, y es normal que se dejen influir por la apariencia externa de los mismos.

    Si es preciso, practica tu caligrafía, y aprende un poco de tipografía y de diseño para presentar documentos electrónicos que ganen puntos antes de empezar a ser corregidos.

  6. Practica técnicas para optimizar tu tiempo

    Independientemente de lo que estudies, tendrás que leer mucho y memorizar mucho. Hay técnicas para ser más eficiente en ambas cosas, que pueden ahorrarte muchas horas de “trabajo”. Y son técnicas que te servirán toda la vida, también en tu futuro profesional. Aprende alguna de ellas y aplícala.

    Optimiza también tu tiempo de estudio. No deberías estar horas delante de los libros (o del ordenador). Plantea tus objetivos antes de empezar a estudiar, márcate un tiempo para conseguirlos. Evita las distracciones en ese tiempo, si es preciso estudia fuera de tu casa o donde te sea más fácil concentrarte.

  7. Ve al día

    Si vas a clase, presta atención y procura aprender todo lo posible en ese momento. Eso y un pequeño repaso diario te evitará tener que hacer un sobreesfuerzo cuando lleguen los exámenes. Si no vas a clase y consigues los apuntes por otra vía, procura leerlos y entenderlos cada día. Aunque sea pesado, al final dedicas menos tiempo a estudiar que encerrándote dos o tres semanas en época de exámenes.

  8. Date a conocer

    Procura que los profesores te conozcan: participa en clase, plantéales dudas interesantes, pídeles ayuda o asesoramiento sobre algún aspecto concreto de la asignatura… Recuerda que son humanos, y que si a la hora de corregir les suena tu nombre será más fácil que vean tu trabajo con buena predisposición.

  9. Trabaja de voluntario en un proyecto internacional

    Si estabas pensando que todo el tiempo que ganas estudiando una carrera fácil, dedicándole el mínimo esfuerzo y saltándote clases era para hacer botellón, te equivocas. De lo que se trata es de aprovechar el tiempo recuperado para hacerte único. Y una de las maneras es participar en un proyecto internacional.

    Un ejemplo fácil para los informáticos/telecos: implícate en un proyecto de software libre. Lo ideal es uno de tamaño medio, que sea relativamente conocido pero que no esté tan masificado que no tengas una oportunidad de que tus colaboraciones sean aceptadas.

    En cualquier otro ámbito, seguro que encuentras una ONG, un medio de comunicación (muchos admiten colaboraciones gratuitas) o un sitio web en los que puedes hacer algo provechoso, para otros y para ti. Es importante que el proyecto sea internacional, porque el objetivo de esto es doble: proporcionarte una experiencia que pueda ser valorable para un futuro empleador y mejorar tu inglés.

  10. Aprende un tercer idioma.

    Otra de las cosas a las que debes dedicar tu tiempo es a aprender un tercer idioma. El inglés es necesario pero no suficiente, porque casi todos tus compañeros de clase manejan un inglés decente. Así que olvídate de clases formales de inglés, que seguro que ya has aprendido más gramática que la que estudió Sahkespeare en su día. A partir de lo que te han enseñado en el colegio, el inglés se aprende relacionándote con extranjeros, viendo series y películas en inglés y leyendo en este idioma.

    Tienes que destacar por saber otro idioma. En orden de dificultad creciente: alemán, japonés, chino mandarín. Tienes cuatro años para aprenderlo, tiempo suficiente para ir a alguna academia que te ayude a empezar y buscarte la manera de practicar sin que te cueste mucho dinero.

  11. Escribe un blog sobre tu futuro ámbito profesional

    Puedes combinarlo con Facebook, Twitter y lo que quieras, pero un blog sigue siendo una excelente plataforma para compartir conocimiento. Digo compartir, porque no se trata de que sueltes sermones en los que demuestres tu sabiduría, sino que a partir del blog generes contactos con gente que se mueva en tu sector: posibles colaboradores, posibles clientes, posibles empleadores…

    Al principio puede darte vergüenza escribir de algo sobre lo que todavía tienes tanto por aprender, pero no tener ni idea de lo que escribes nunca ha sido obstáculo para un blogger (no lo es para un periodista profesional, cómo lo va a ser para un tipo que escribe en pijama desde su habitación). Bromas aparte, se trata de ir aprendiendo según escribes, de los comentarios de los lectores, de lo que investigas para escribir, de lo que lees a otros, etc.

    Es fundamental para conseguir credibilidad ser constante. No es preciso escribir todos los días, pero no puedes tener el blog muerto durante meses. Por otro lado, puedes aprovechar trabajos que hagas para la Universidad para reciclarlos como entradas en el blog, y viceversa, así que no debería serte muy difícil escribir un par de cosas interesantes a la semana.

  12. Aprovecha el verano para trabajar en el extranjero

    Aunque suspendas en junio, ahora no hay exámenes de septiembre, así que nada te impide coger la maleta cada verano y pasarte dos meses fuera. Si encuentras trabajo de lo tuyo estupendo, pero si hace falta dedícate a servir hamburguesas. Es una excelente manera de practicar inglés sin que te cueste dinero, de conocer gente, de tener experiencia que será útil para diferenciarte de la multitud que se pasa el verano colocado en Ibiza o de botellón en el parque de al lado de su casa.

    Y no vale como excusa que debes descansar del esfuerzo del curso. Si con 20 años estás cansado lo que debes hacer es ir al médico, no vegetar en posición horizontal.

  13. Practica un deporte todas las semanas

    Yo soy partidario del golf, en parte porque la inversión que haces ahora en aprender te servirá cuando estés jubilado (cosa que no es probable si te dedicas al skate), en parte porque refuerza capacidades como la concentración y la autosuperación, y en parte porque puede ayudar en tu proyección profesional. pero cualquier deporte vale, si te ayuda a vivir de manera sana. Con 20 años, el cuerpo aguanta casi todo lo que le echen, pero algunas cosas acaban pasando factura. Hacer deporte con frecuencia te ayuda a mantenerte sano.

  14. Evita tener pareja estable

    Sí, ya sé, el amor es irresistible y todo eso, pero una pareja estable supone una gran demanda de tiempo, y dificultará que puedas hacer otras cosas que recomiendo aquí como irte dos meses en verano al extranjero. Tienes todo el tiempo del mundo para sentar la cabeza cuando hayas terminado la universidad.

  15. Vive una vida interesante

    Este punto de alguna manera resume los anteriores. Estudiar una carrera supone que tienes mucho tiempo libre. Por mucho que tengas que estudiar (que si has seguido los consejos anteriores, no será problema). Tienes más tiempo del que tendrás en el futuro cuando estés atado a una mesa de lunes a viernes, y tengas que dedicarte además al mantenimiento de una casa y una familia. Aprovecha esa oportunidad para vivir y tener experiencias.

    Viajar, conocer gente, trabajar, colaborar con asociaciones, implicarte en causas en las que creas abrirá tu mente, te hará salir de tu pequeño mundo y descubrir que hay gente que vive y piensa de forma diferente. Te abrirá nuevos horizontes y te hará descubrir oportunidades que otros ni siquiera sospechan que puedan existir. Te hará más valioso y menos manipulable por la primera empresa que te ofrezca un contrato.

    Tu título universitario, por sí mismo, solo te conseguirá trabajos de becario, porque te convierte en idéntico a otros miles de graduados que pueden trabajar de becarios. El título demuestra que estás amaestrado, que sabes hacer lo que se te ordena. Y ese es el tipo de trabajo que conseguirás, si no puedes ofrecer otra cosa.

    Depende de ti que además del título tengas mucho más que ofrecer, que seas diferente y se te considere como algo más que una pieza del engranaje. Que eres de los que tienen iniciativas, de los que crean, de los que aportan valor.

    En definitiva, que seas una de las personas que se necesitan en el siglo XXI, y no uno de los autómatas que había que crear en el siglo XX.

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 Publicado el 15/12/2010