El cargo cult es una religión que profileró hace 50 años en las islas del Pacífico. Durante la II Guerra Mundial, los americanos establecieron bases logísticas en esas islas para abastecer al ejército que luchaba contra los japoneses. Los indígenas vieron que de pronto llegaban del cielo unos seres poderosos que traían todo tipo de alimentos y objetos útiles. Pero un día se acabó la guerra y desaparecieron los aviones con sus cargas. ¿Qué hicieron los isleños para recuperar los bienes perdidos?
Construir pistas de aterrizaje, aviones y hangares de caña. Esperaban que recuperando las cosas que había cuando llegaban los paquetes, estos volvieran por arte de magia.
Absurdo ¿verdad? ¿una superstición propia de seres primitivos?
En realidad, es lo que hacen muchos emprendedores. Han visto que una empresa tiene una sede, y secretarias, y un teléfono fijo, y un logotipo, y tarjetas de visita y una estructura legal, y creen que construyendo todo eso tendrán una empresa.
Como ejemplo esclarecedor, ved el capítulo 20 de la cuarta temporada de Como conocí a vuestra madre. En ella Ted hace exactamente esto, con el resultado previsible: cero clientes.
Porque en realidad la sede, las tarjetas, el logotipo y todo lo demás no es necesario para crear una empresa. Son elementos que pueden ser necesarios (y no siempre) pero no son suficientes.
Lo único que necesitas para crear una empresa es ser capaz de hacer algo por lo que un cliente esté dispuesto a pagar el precio que pides. Todo lo demás está supeditado a conseguir ese cliente y a producir eso que el cliente quiere. Por eso, antes de hacer cualquier gasto, antes de crear cualquier estructura, piensa si es necesaria o estás cayendo en la superstición del cargo cult.





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