Este mes hemos sabido que Bill Gates y Warren Buffet han conseguido ya más de 40 firmantes para su Giving Pledge, según el cual se comprometen a donar al menos la mitad de su fortuna, en vida o cuando fallezcan. Entre los firmantes, alguno que os sonará del mundo tecnológico, como Paul Allen, Larry Ellison o Pierre Omidyar, famosos como George Lucas o Ted Turner y multimillonarios de los de toda la vida como Barron Hilton o David Rockefeller.
Algún cínico dirá que todo es un invento para mejorar su imagen, o para pagar menos impuestos, o que infinito dividido por dos sigue siendo infinito… pero el caso es que miles de millones de dólares irán a obras de caridad.
Y supongo que casi todo el mundo piensa que esto es bueno.
Yo no.
Me explico: creo en la caridad privada de quien se priva de una parte de sus recursos para dársela a otro que los necesita, más que en la falsa “solidaridad” del estado que da a quien quiere lo que nos quita a todos. En ese sentido me parece bien que Gates, Buffet y compañía hagan con su dinero lo que les parezca mejor.
Pero en el proyecto Giving Pledge hay una idea de “estamos devolviendo a la sociedad parte de lo que nos ha dado”. Bill y Melinda Gates lo afirman así, casi literalmente, en su carta de compromiso. Y aquí está el problema: en que la mayoría de los firmantes, empezando por Gates y Buffet, no han heredado sus fortunas, sino que las han conseguido por sí mismos.
¿Y eso qué significa? pues que si han conseguido ese dinero ha sido, en todos los casos que conozco de la lista, porque han sido capaces de ofrecer a la sociedad algo suficientemente valioso como para que la sociedad (en forma de personas o de empresas, que es lo que existe realmente) les pagara por ello las fortunas que tienen ahora. Por tanto Gates, en contra de lo que él mismo afirma, no tiene que devolver nada a la sociedad.
Hay otra cuestión además. El capitalismo es muy eficiente resolviendo problemas, y prácticamente todos los de la lista han creado con sus empresas algo que ha hecho vivir mejor a la inmensa mayoría de la sociedad. Al menos, de la que vive en países con una economía aproximadamente de libre mercado. Estos señores, para conseguir sus fortunas, han tenido que competir continuamente con otros emprendedores que ofrecían soluciones peores, o soluciones mejores peor llevadas al mercado, que para el caso es lo mismo.
Me parece estupendo que entre sus proyectos esté conseguir más vacunas para los niños del tercer mundo, o mejor educación para los más desfavorecidos. La pregunta es ¿por qué en lugar de donar el dinero a una ONG no piensan en la manera de hacer negocio con esto?
Ya sé que a estas alturas alguno se estará revolviendo en su asiento al leer esto “¡¡Hacer negocio con las vacunas!! ¡¡Explotar aún más a los niños pobres cobrándoles por la educación!! ¡¡¡Horror, espanto y pavor!!!”. Pues sí, eso es lo que estoy diciendo. O más bien, estoy diciendo que para que un proyecto humano sea eficiente y eficaz, tiene que competir con otros y alguien tiene que ganar dinero con él.
¿Por qué esta gente que ha demostrado que es capaz de ser eficiente y eficaz llevando a las masas sistemas operativos, noticias o comercio electrónico no cree en la misma solución para proporcionar vacunas o educación?
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