Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

La historia de mi linfoma

Me acabo de enterar de que Emilio Márquez ha superado un linfoma. Aunque hemos coincidido en algún Iniciador, no le conozco personalmente, pero aún así me alegro mucho por él. Yo pasé por el mismo trance hace cinco años. Pensando en esto, y coincidiendo con Emilio en que estas cosas hay que contarlas, he recuperado unas cosillas que escribí entonces en otro blog, aunque no tenga nada que ver con la temática de Desencadenado. Más que nada porque si alguien está pasando por una situación parecida y le pueden ayudar.

No he cambiado prácticamente nada de lo que escribí por entonces, al tiempo que me iban haciendo las pruebas y los tratamientos. Como veréis, no perdí el buen humor en aquella época y si me permitís daros un consejo a los que os veáis en circunstancias parecidas, haced lo mismo: no perdáis nunca el buen humor. No sé si ayuda a superar la enfermedad, pero sin duda ayuda a superar sus efectos.

Ranking de pruebas médicas: 17/12/2004

1. Rastreo con Galio-67: Un par de días antes inyectan un líquido radiactivo (el Galio-67). Evidentemente, hay un pinchazo, pero hasta que te hacen la prueba puedes pensar que en cualquier momento desarrollarás tus sentidos arácnidos o cuando te enfades te volverás grande, verde y musculoso. La prueba en sí no es apta para claustrofóbicos, pero como a mí no me importa estar tumbado en una especie de nicho de hotel japonés y la prueba dura unos quince minutos me eché una cabezadita.

2. TAC de cráneo: No hace falta contraste, como en el TAC de tórax y abdomen, así que te limitas a tumbarte en la camilla y a cerrar los ojos cuando el aparato pasa por la cabeza. La máquina no desentonaría en la nave espacial de 2001: Odisea en el espacio, así que tiene más encanto que una radiografía.

3. Radiografía de tórax: No tiene ningún glamour, se la han hecho a todo el mundo, pero al menos no hay nada desagradable.

4. Electrocardiograma: Casi sería tan neutro como la radiografía, si no fuera porque a los hombres de pelo en pecho la operación de quitar los parches nos produce el mismo efecto que la depilación a la cera.

5. Estudio de función ventricular: La prueba en sí está bien, estás tumbado un ratillo en una camilla mientras una plancha se mueve (poco) por encima del pecho. Las imágenes del corazón en movimiento son curiosas, pero la prueba tiene demasiadas molestias como para estar más arriba en el ranking: antes te pinchan un par de veces para inyectarte líquidillos coloreados, no estás el tiempo suficiente como para poder echar una cabezadita y además tienes unos parches como los del electro, con el mismo efecto depilatorio.

El diseñador de la máquina debía ser un ingeniero de la antigua Unión Soviética, por lo aburrido, gris y antiguo del aparato.

6. Biopsia de piel: Es una cirugía menor, que no tendría más problemas que el pinchazo de la anestesia, si no fuera porque en mi caso preferían no cerrar la herida con puntos y en lugar de eso cauterizar. Aparte del olorcillo a carne quemada, que da cierta grima sobre todo cuando sabes que es la tuya, la anestesia local no era del todo eficaz para esto.

7. Punción de médula ósea: Consiste en sacar un poquito del contenido del hueso de la cadera (el tuétano, para entendernos). Problema: se pone anestesia local, que viene bien para hacer hueco hasta llegar al hueso, pero no actúa más allá del periostio (la membrana que cubre el hueso). Así que una vez que se han abierto camino hasta el hueso, hay que agujerearlo para sacar la médula. Como podéis imaginar, el procedimiento para hacerlo se parece más a lo que hacen en Bricomanía que a otra cosa. Pero en fin, te lo pintan tan negro antes que al final piensas que no es para tanto.

Y eso que la hematóloga que me lo hizo tuvo que repetir lo del agujerito en el hueso porque el aparato no había entrado bien a la primera y se salió a la mitad del asunto. “No me suele pasar esto nunca…”, decía.

Además, cuando ya estaba en posición (en decúbito prono), la hematóloga se marchó no sé a que y la enfermera se dio cuenta de que le faltaba no se qué del carro de curas, así que me dijo: “no te muevas” y me dejaron en la salita, tumbado boca abajo, con el culo al aire y por supuesto con la puerta abierta.

8. TAC tórax y abdomen: La peor de todas, sin duda. Cuando le dicen a uno que tiene que hacerse un TAC, piensa en su ingenuidad: “mola: una radiografía del siglo XXI”. Pues no. La cosa empieza con que desde 24 horas antes no puedes comer frutas ni verduras. Por supuesto, aunque aborrezcas cualquier comida de color verde basta que te lo prohíban para que una ensalada cualquiera se convierta en un manjar. Uno se sobrepone, y se dedica a la parrillada de productos del cerdo, pero recuerda que debe tomar una sustancia en cuyo folleto pone “acción laxante violenta”. Puedo jurar que no miente: el efecto es violento, pero violento de verdad. Con las tripas más revueltas que Llamazares después de ver una peli de Michael Moore, ya no te apetece cenar, aunque sabes que al día siguiente no puedes tomar nada hasta el mediodía, cuando te hacen la prueba.

Con el estómago vacío, llegas al hospital y te dan un par de vasitos con un líquido inmundo: “tómatelo poquito a poco, y dentro de media hora te doy otros dos”. Si al menos dieran unos cacahuetes o unas aceitunas…pero te lo tienes que tragar a palo seco, y además ya te han dicho que hay dos más esperando. El enteradillo de al lado dice: si te dan el contraste bebido al menos no te lo tienen que inyectar. Y te consuelas con eso, haces de tripas corazón y tragas aquello como puedes.

Por fin pasas a que te hagan la prueba y ¿qué te está esperando? ¡un vasito más de contraste! El colmo es cuando ya tumbado en la camilla te dicen: “remángate el brazo que te vamos a inyectar el contraste”. Así que cuando la máquina (la misma que la del TAC craneal, lo único que mola de la prueba) se pone en marcha y te dice: “no respire” tú piensas: “sí, de eso tengo ganas, de no respirar”.

Sugerencia para los fabricantes de aparatos médicos: ¿podrían por favor fijarse en el diseño de servidores, routers, switches y demás aparataje de redes y sistemas? Lo único que hacen es mover impulsos eléctricos de un cable a otro, pero PARECEN algo serio. Hay luces de colores, máquinas negras con ranuras misteriosas, cables que salen de sitios extraños para ir a otros sitios más extraños aún… Si te tienen que hacer putaditas como las que he descrito, al menos podrían hacerlo de manera elegante.

Creo que el problema es que los equipos los compran los médicos, y no los pacientes. Los ecógrafos que he visto que tienen los ginecólogos en las clínicas privadaa se parecen más a lo que a mí me gustaría: tienen lucecitas, muchos botones, y parecen complicadísimos de manejar. Supongo que es porque a las señoras que van a la clínica privada les gusta ver que les exploran con un aparato de última tecnología.

Bueno, pues a mí me gustaría que me explorasen con algo que no pareciera un resto de la sala de mandos del acorazado Potemkin.

Nota: por si a alguien le interesa, no tengo previsto morirme en los próximos meses. Eso sí, habrá una entrega contando mis experiencias con la quimioterapia.

Quimioterapia: 24/01/2005

Por fin he terminado con la quimioterapia. Sólo han sido tres sesiones, y no he tenido demasiados efectos secundarios, ya que el linfoma no estaba extendido y mi salud, aparte de esto, es decentilla.
De todas maneras, el efecto de cada sesión es como si hubiera pasado por encima de tí una estampida de búfalos, aun sin pisarte ninguno. Así que cuando hoy me han dicho que en principio ya no hay más me he quedado profundamente aliviado.

Aprovecho para dar consejos prácticos para los que se vean en la circunstancia (lo que no deseo a ninguno de mis lectores, y a casi ninguno que no lo sea).

Medicamentos para aliviar los efectos secundarios: os darán los que correspondan, pero para las náuseas tomad Zofran Zydis. Es caro, pero yo he conseguido evitar las náuseas y los vómitos por completo. Con respecto a los medicamentos naturales, he preferido no tomar nada. Donde esté un producto químico y totalmente artificial que se quiten todos los remedios biológicos y basados en plantas.

Por lo demás, el principal consejo es descansar todo lo posible después de cada dosis. Y esto incluye echarle un poco de morro a la vida y dejar que nos cuiden, irnos a la cama o quedarnos descansando mientras otro u otra recoge la cena, sin remordimientos. Ya habrá tiempo después para compensar.

En cuanto a las sesiones en sí, os diré que fundamentalmente son aburridas. La quimio se administra por vía intravenosa, lo que significa que estás sentado mientras te van metiendo la medicación por la vena. El Ritubimax tarda 3-4 horas en pasar, y la quimio 2-3.

Como yo iba sobre aviso, antes de empezar les pedí a los Reyes Magos que me adelantaran un reproductor de MP3. Elegí este de Philips (actualización: el modelo ya no existe, y yo ahora tengo un iPod. sic transit). Bueno, en realidad el modelo anterior, el HDD60, que en lugar de 2 GB tiene sólo 1,5. No tiene los 20 GB del iPod, pero es mucho más pequeño, algo más barato, y 1,5 GB dan para 8 horas de música, más que suficiente para pasar entretenido una sesión de quimio.

En lugar de escuchar las desgracias de los compañeros de fatigas, es más agradable oír a Franco Battiato, o divertirse con Los Petersellers, que es lo que he oído estos días, entre otras cosas.

No puedo resistirme a poner un enlace a Intelectual, de los Petersellers, (sí, os la podéis bajar de su página web). Seguro que reconocéis a alguien en el protagonista de la canción. Y ya puestos, mi traducción patatera de Aria di neve, de Sergio Endrigo, que canta Battiato en Fleurs:

Sobre las nubes está el firmamento
pero nuestro amor no pertenece al cielo.
Nosotros estamos aquí
entre las cosas de todos los días
y los días, los días son grises.
Aire de nieve en tu rostro, mis palabras
son palabras de amor sin razón.
Antes o después entre nuestras manos
ya nada quedará.
Es una vida imposible
esta vida contigo.
Tú no ríes, no lloras, no hablas más
y no sabes decirme porqué.
A lo largo del camino de nuestro amor
he inventado mil nuevas canciones nuevas para tus ojos.
Más de mil canciones nuevas
que tú no cantas nunca.

La otra cosa que hay que llevar es un libro. Yo he llevado estos (los que estaba leyendo cuando tocó cada una de las sesiones):

  • Cómo mojar una Galleta, de Len Fisher. Trata varios aspectos de la vida cotidiana desde un punto de vista científico. Para mi gusto, se nota demasiado que el autor es físico, pero resulta entretenido y muestra con ejemplo prácticos lo que es el método científico.
  • El ordenador emocional de J. A. Jáuregui. La hipótesis que plantea es interesante, pero en mi opinión no daba para tantas páginas.
  • El temible Blott, de Tom Sharpe. El humor ácido de Sharpe aplicado a la aristocracia rural inglesa y el más recomendable de los tres. Tiene mérito el verte en la situación de aguantar la risa para no dar el cante entre cuatro o cinco tipos a los que les están metiendo veneno por la vena.

Radioterapia: 21/03/2005

Cualquiera que haya pasado parte de su infancia y adolescencia leyendo comics de la Marvel sabe que jugar con la radiación tiene consecuencias.

Así que si a uno le dicen que le van a irradiar el cuero cabelludo, y que el proceso implica colocarse una máscara moldeada con su propio rostro, no puede evitar pensar: “bueno, ahora los rayos se desvían unos milímetros, algo falla en el sistema, y dentro de unos días el mundo verá nacer a La máscara telekinésica“.

No sé si por suerte o por desgracia, el caso es que no ha pasado nada de esto, y después de 22 sesiones de radioterapia, sigo siendo simplemente humano.

La buena noticia es que en principio he terminado con el tratamiento. A primeros de abril me espera una revisión completa, pero parece que el linfoma ha desaparecido. De hecho, a simple vista ya había desaparecido con la quimio, y esto de la radioterapia ha sido “por si acaso”.

Por si os toca a alguno (Dios no lo quiera), os diré que la radioterapia tiene efectos secundarios mucho menores que la quimio: una irritación en la piel local, y pérdida del cabello también local. El tratamiento en sí dura pocos segundos, y no notas nada. Lo peor es tener que ir al hospital todos los días, y esperar a que te toque el turno. Lo mejor, la parafernalia: el rollo de la máscara, el modelo 3D para determinar con precisión dónde se va a radiar, la orientación con guías láser de la zona a tratar, una sala dedicada con puertas más gruesas que la cámara más interna de Fort Knox…

Tu empresa, Cristiano Ronaldo y el capital riesgo

No es que sea muy aficionado al fútbol (más bien nada), pero es imposible estar en el mundo y no enterarse siquiera someramente de las vicisitudes del Real Madrid y el Barcelona. Así que quien más quien menos sabe que el Real Madrid hizo unos cuantos fichajes millonarios para esta temporada, de los cuales uno ha salido extraordinariamente bien (CR), algún otro estrepitosamente mal (Kaká) y en el resto el resultado ha sido discreto.

Lo cual se parece mucho a lo que sucede con las sociedades de capital riesgo que invierten en los estadios iniciales de una empresa: pierden hasta la camisa en algunas inversiones, en otras apenas consiguen recuperar lo invertido y en unas pocas ganan tanto como para compensar con creces lo anterior.

Lo que tienen en común ambos procesos es que el factor riesgo (o azar) es muy fuerte. Nadie sabe si a un jugador la va a dar una pubalgia o va a volverse loco por la noche madrileña. Nadie sabe si Google va a lanzar un producto que haga competencia a una empresa arrasando con cualquier posibilidad de éxito, o si los prometedores emprendedores van a resultar ser unos mantas incapaces de conseguir sus objetivos.

Así que la estrategia, en ambos casos, es diversificar el riesgo y esperar que los éxitos compensen a los fracasos, que llegarán con absoluta certeza.

Esa estrategia no está solo al alcance de los clubes de fútbol más selectos y los inversores más experimentados. Si estás en proceso de crear tu empresa, probablemente te conviene hacer algo parecido (a escala) y probar distintas alternativas, medir su eficacia, y seleccionar la que veas que puede funcionar mejor. Dedicar mucho tiempo a hacer análisis cuando los factores desconocidos son tantos y tan importantes es simplemente absurdo. No puedes predecir el futuro, ni siquiera tienes datos suficientes como para comprender de verdad el presente, así que es mejor asumir que el fracaso estará ahí y actuar en consecuencia.

La buena noticia es que crear una web o hacer una pequeña campaña en Adwords son tareas sencillas, fáciles y baratas. Con poco esfuerzo y poco dinero puedes tener una idea de lo que puede o no puede funcionar. Y puedes continuar haciendo esto en todo el desarrollo de tu empresa: prueba, mide, compara y decide qué camino seguir.

Sobre la subida del IVA


Fosterwit publicó la semana pasada un post en el que justificaba la subida del IVA. Expresa tan bien todo lo contrario a lo que yo pienso que no he podido resistirme a comentarlo.

Discrepancias aparte sobre la conveniencia o no de la subida del IVA, es indudable que se hacía necesaria una reforma fiscal dado la situación deficitaria del presupuesto del Estado. El incremento del gasto social, principalmente por las prestaciones de desempleo, ha supuesto una losa difícil de soslayar en la carga presupuestaria y antes o después había que tomar cartas en el asunto.

No. Si hay incremento del “gasto social” (que tiene delito llamar así a pagar el paro), lo que hay que pensar es que eso se produce porque hay una crisis, y hay que poner cuanto antes los medios para que deje de haberla y deje de ser necesario tanto “gasto social”. Es decir, en lugar de buscar más ingresos por la vía de exprimir más a los que todavía trabajan, reducir los gastos.

En las últimas semanas es una cuestión a la que le estoy dando vueltas, entre otras cosas, porque últimamente he estado en China donde el IVA como impuesto no existe, no se paga ni por ningún bien que se compre ni por servicio que se consuma. Y ahora, que por otras razones estoy en Australia, se dá casi la misma situación, la imposición indirecta es casi nula. Pero no nos vamos a engañar, la situación macroeconómica de China no es la España y la de Australia, un país inmenso con una población ridícula, tampoco.

Y seguro que el que haya poco o ningún impuesto al consumo no tiene nada que ver con que la situación macroeconómica de China no sea la de España. Tampoco tiene nada que ver que cuando España crecía al 10% anual no hubiera impuestos al consumo (y pocos impuestos para todo lo demás). Son simples casualidades, coincidencias.

Cuando se hizo pública la información de que los tipos del IVA se iban a modificar, como buen español fue inevitable discutir la cuestión con mis amistades, también economistas. Personalmente, la actitud del gobierno me parece la mejor de las opciones, en un período de contracción de la demanda y con unas tasas de inflación, que alcanzarían la deflación si no fuese por la manipulación de los precios públicos, desde mi punto de vista, la subida del IVA es lo más oportuno en una situación como la actual de imperiosa necesidad de incrementar la recaudación fiscal.

Será porque no soy economista, pero no alcanzo a ver cómo subir el IVA va a ayudar a otra cosa que no sea contraer más la demanda. Pero enseguida vamos con lo del incremento de la recaudación fiscal, que hay que leer el siguiente párrafo.

Si se hubiese variado la imposición directa, mediante los tipos de IRPF de las nóminas de los trabajadores, hubiera repercutido de una manera muy negativa en el consumo, ya de por sí contraído, por lo que no puede contemplarse como opción. Si se hace mediante la imposición indirecta, es decir el IVA, se controla mucho mejor los efectos adversos.

¿Mande? Vamos a ver si lo entiendo: si me quitan 50 o 100 euros de la nómina todos los meses, gastaré menos. Hasta ahí de acuerdo. Pero veamos cómo justifica Fosterwit que los efectos adversos del IVA se controlan mucho mejor.

Los empresarios tienen difícil repercutir la subida porque afectaría a su demanda, ya de por sí debilitada, por lo que exigirá absorber la subida, esta actitud es la que se han comprometido a adoptar grandes empresas como Mercadona o Zara, por poner dos ejemplos de relevancia en la economía nacional.

Obvio, todas las empresas están en una situación tan boyante que disminuir un 2% sus ingresos no tiene ninguna repercusión. Y si la tiene, que se jodan, que para eso son empresarios y no les queda más remedio que absorber la subida. En lo que no cae Fosterwit es en que el empresario sí tiene otras opciones. Una es mandarlo todo a la mierda, cerrar la empresa y buscar otra manera de ganarse la vida (o vivir de las rentas sin más líos). Otra es la economía sumergida (hablaremos luego).

Y otra, por supuesto, es incrementar el precio, y ya puestos redondeando hacia arriba. Al menos Fosterwit reconoce que en algún caso sí habrá impacto para el consumidor:

El contrapunto lo representan los oligopolios, a mi como consumidor, me encantaría que Telefónica (o cualquier otra operadora), Gas Natural, Endesa y, en resumidas cuentas, los grandes oligopolios aplicasen la misma disciplina que Mercadona, pero lamentablemente, no será así. En el caso de los pequeños empresarios la capacidad de absorción del impacto impositivo no es la misma que la de estas grandes empresas, pero es evidente que el afán de mantener su maltrecha competitividad les exigirá no repercutir la subida del IVA y asumir esos dos puntos como reducción de su margen comercial.

Como he dicho, su maltrecha competitividad les puede suponer el cierre a las pequeñas empresas que lo están pasando realmente mal. Pero es que hay todavía más alternativas a asumir los dos puntos como reducción del margen comercial. Por ejemplo, apretar a los proveedores y trasladarles a ellos el problema. O hacer una reducción de plantilla y trasladar el problema a los empleados. O cancelar algún servicio que le presta un tercero (y trasladar el problema, corregido y aumentado, a los que prestan servicios a empresas).

Y ojo, no entro en si es justo o injusto que se pretenda, como hace Fosterwit, que sean los pequeños empresarios los que paguen las consecuencias de la manía despilfarradora del Gobierno. Ni siquiera me preocupa saber lo que es justo. Simplemente digo que no va a ser así.

Si aumentara un 2% el tipo del IRPF, no quedaría más remedio que asumirlo (puedes protestar, pero ese dinero está controlado y ni la empresa ni el trabajador tienen mucho margen de maniobra para escapar de Hacienda). Sin embargo, como acabamos de ver, un empresario tiene muchas más opciones que tragarse una subida de impuestos sin masticar, y es seguro que algo hará.

En un país como España con unos índices de economía sumergida y un fraude fiscal inadmisibles, estas reformas son inevitables mal que nos pese. Si cada uno de nosotros fuésemos más solidarios y estuviésemos más comprometidos con el significado social que tiene la recaudación fiscal, y en esto los pequeños empresarios y autónomos tienen mucho que aprender, seguramente no nos veríamos con estas situaciones como la actual. Para eso también es necesario tener confianza en que la recaudación fiscal que se aplica para sufragar el gasto público, actúa como elemento de distribución de la riqueza, y en esto, la corrupción política generalizada en los distintos ámbitos no ayudan a promocionar esta idea.

Vamos a ver. Los índices de economía sumergida y fraude fiscal no son la causa del aumento de impuesto, sino su consecuencia. La economía sumergida, el fraude, los sobornos, las comisiones… son resultados inevitables de una economía socialista. Decir que esto es injusto, o insolidario, es como decir que la ley de la gravedad es insolidaria porque no nos deja volar. Puedes organizar manifestaciones si quieres, o publicar normas y decretos, que la ley de la gravedad seguirá funcionando inexorablemente.

La mayor parte de la gente es razonablemente honesta, quiere ganarse la vida sin preocupaciones y sin meterse en líos. Si estableces una fiscalidad moderada, con unas normas fáciles de entender y de cumplir, la mayoría de la gente será honrada aunque solo sea por no tener inspecciones y problemas. Pero cuando los impuestos suben tanto que ponen en riesgo tu negocio, es difícil resistir la tentación de mandar a paseo las normas y hacer lo que tengas que hacer para que tu empresa salga adelante.

Lo de la solidaridad es de chiste. No tiene nada de solidario que alguien (por mucho que sea el Gobierno) me quite el dinero, bajo amenaza de cárcel, para gastarlo como a él mejor le parezca. Que pagar impuestos sea una consecuencia inevitable de vivir en la sociedad actual, pase. Pero al menos llamemos a las cosas por su nombre: los “impuestos” se llaman así porque no son “voluntarios”, y la solidaridad requiere voluntariedad.

Y prefiero no entrar a fondo en lo de la “redistribución de la riqueza”, que para Fosterwit parece ser un objetivo en sí mismo. Lo que no entiendo es que se extrañe de que un empresario que ha arriesgado su dinero y trabaja 12 horas al día 6 días a la semana (como hacen la mayoría de los empresarios en España, que tienen microempresas en los que ellos y sus familias son la principal fuerza laboral) no quiera “redistribuir” su riqueza con los cineastas subvencionados, los del PER, los que llevan más de dos años en paro pero no pueden ir a Huelva a recoger el fresón, las decenas de miles de liberados sindicales, los politiquillos de todo pelaje que abrevan en los presupuestos de los ayuntamientos, los amigos de los políticos que consiguen contratos falsos (o con presupuestos inflados), los bancos y cajas rescatados de extranjis, las ONGs absolutamente dependientes de los dineros gubernamentales…

Lo más grave de todo el artículo es que el propio fondo del mismo está equivocado. Ni siquiera va a suceder que se aumento del 2% sirva para sanear las cuentas del Estado. Sin ser economista, me atrevo a hacer una predicción: en el primer semestre después de que entre en vigor el nuevo IVA, la recaudación por este impuesto habrá descendido respecto a los mismos meses del año anterior.

Y es que no hace falta ser economista para conocer la curva de Laffer, que es una manera elegante de explicar lo que he escrito más arriba acerca de la economía sumergida.

Leche con agua

A mi abuela Lola le tocó vivir la posguerra con tres hijos que alimentar y un marido que lo había perdido todo por ser socialista (salvó la vida de milagro). Así que para conseguir algo de dinero, aprovechó que tenía familia en el pueblo para vender la leche de sus vacas en Bilbao.

Eran tiempos en los que la leche no salía de los bricks, sino que iba de la vaca al cántaro, y ya cada uno se la hervía en casa. El caso es que mi abuela por cada cántaro de leche que traía vendía dos. Sencillamente, le echaba agua. Como digo, eran otros tiempos, y los inspectores de consumo ni estaban ni se les esperaba.

¿Era mi abuela una estafadora? Ella tenía la conciencia muy tranquila. Recuerdo cuando, con la sencillez de la gente del campo, me explicó por qué lo hacía: “todas querían leche, y no había para todas. Si le echaba agua, yo ganaba más, ellas tenían leche, y todas contentas”.

Os recuerdo que era época de hambre, de achicoria en lugar de café, de pan moreno, de lentejas con piedras. ¿Sabían las clientas de mi abuela que lo que les vendía era leche al 50%? Pues claro. Nadie que haya probado la leche de vaca ordeñada y sin tratar (no lo que sale del brick) puede confundirla con un producto desleído en agua. Pero no había dinero para comprar leche auténtica, y gracias a mi abuela ellas podían dar leche a su familia.

Cuando la cosa fue mejorando, ya no tuvo sentido seguir con el negocio. Mi abuelo consiguió un trabajo con el que alimentar a sus hijos, e incluso el pequeño pudo ir a la universidad. Y nos fuimos haciendo más ricos y más exigentes, y ahora no aceptamos que las lentejas tengan piedras, el café achicoria y la leche agua.

Ahora hay inspectores de consumo, regulaciones y multas. Ahora nadie podría vender leche con agua. Pero yo pienso si en algunos casos no será preferible poder comprar leche con agua a no poder comprar leche en absoluto. No estoy hablando de vender como comida nada claramente perjudicial para la salud como el aceite de colza, que eso es otra historia.

Lo que me pregunto es si alguien vende leche con agua, a un precio inferior al de la leche auténtica, y hay quien prefiere pagar por un producto de mala calidad, ¿tiene el estado derecho a impedírselo?

La cafetería fija

Imagínate que esta mañana, al ir a tomar un café, el camarero te hubiera hecho esta propuesta:

A partir de ahora, usted vendrá a desayunar aquí todos los días, y a final de mes me paga. Por ser cliente fijo, le haré un descuento especial. Pero tiene que elegir si toma solo café, si tomará un desayuno o si tomará el desayuno especial que incluye zumo, y esa elección debe mantenerla todo el mes. Además, debe pagar por 30 desayunos, aunque los fines de semana, o algún día entre semana no le venga bien venir por aquí. Y si prefiere cambiar de cafetería, debe avisarme con 15 días de antelación y pagarme una compensación de 45 desayunos por cada año que lleve como cliente.

¿Sería absurdo, verdad? Aunque haciendo cuentas nos salga más barato, esas restricciones nos resultarían inasumibles por incómodas e inflexibles.

Y sin embargo, eso es lo que hacemos con los empleos. Nos comprometemos, empresa y trabajador, a colaborar en un marco de relaciones hiperregulado, que no nos deja libertad para cambiar de empresa, de empleado, de horario, de puesto, de salario, de condiciones…

Esto, que tiene sentido en un contexto de grandes compañías que deben gestionar el trabajo de cientos o miles de personas cada día, es absurdo para una empresa pequeña, que tiene que responder con agilidad a un entorno cambiante. Pasar de dos a cuatro empleados es un mundo, y mucho peor todavía es pasar de cuatro a dos. Si necesitas un perfil con el que no cuentas para un proyecto concreto no sabes si podrás aprovecharlo cuando termine el proyecto. Si alguien tiene una baja (o se casa, o tiene un hijo) debes seguir pagando, además de pagar a su sustituto o asumir la merma de ingresos o la sobrecarga de trabajo para el resto de la empresa.

Por eso, antes de asumir que tienes que contratar empleados fijos para tu empresa, plantéate si hay alternativas más eficaces: subcontratar algunas funciones, contratar a autónomos, colaborar con otras empresas, etc.