Un lector, JCasinos, escribió la semana pasada un interesante comentario en una entrada de hace un par de años sobre la educación económica, en el que entre otras cosas me animaba a escribir sobre esto:

Te lanzo el guante, y dispara con un post en referencia a un sistema educativo donde prima la falta de creatividad, el bueno es el que se calla en clase, se comporta y hace pocas preguntas, la mejor nota se la lleva el que vomita lo que está en el libro (y no el que tiene un pensamiento crítico, pues hace tambalear el status quo), y el niño de 5 años con mala caligrafía se siente fracasado al suspender en una asignatura que en el siglo XXI es un arte, no una herramienta de trabajo.

El tema me importa, y mucho, teniendo como tengo tres hijos estudiantes, así que recojo el guante y disparo.

La educación actual responde a necesidades de hace 100 años

¿Por qué hasta hace poco más de 100 años la inmensa mayoría de las personas no sabían leer ni escribir? No, no es porque ni los socialistas, ni los reformistas conservadores, ni ningún otro bienintencionado hubieran conseguido todavía torcer el brazo a los poderosos y explotadores. Se trataba, simplemente, de que la inmensa mayoría no necesitaba saber leer ni escribir para nada.

Prácticamente todo el mundo trabajaba en tareas agrícolas, para las que no se requería más cualificación que observar lo que hacía la gente a tu alrededor. Era más interesante para cualquier familia que un crío diera de comer a las gallinas o fuera a buscar agua al río que dejarle en un aula aprendiendo a juntar letras.

Pero hace 100 años, con la extensión de la industrialización y la creciente complejidad de las relaciones económicas, surgió la necesidad de contar con un ejército de contables, de administrativos, de secretarias. Así que se hizo preciso extender la educación básica, hasta esel momento solo al alcance de unos pocos, a la inmensa mayoría.

Incluso para los obreros menos especializados, la educación básica cumplía un propósito: enseñar a unos niños, por naturaleza alocados y propensos a corretear por ahí, a permanecer horas y horas en un espacio cerrado, realizando tareas repetitivas y carentes de sentido. El miedo al profesor preparaba para el miedo al capataz.

Obviamente, la educación permitía, además, descubrir a los más brillantes, que en épocas anteriores hubieran permanecido uncidos al arado, y aprovecharlos para puestos de mérito. Todos ganaban, así que los padres, deseosos de un futuro mejor para sus hijos, les empujaban a asistir a la escuela.

Y pronto el Estado descubrió que, ya que los padres entregaban a sus retoños durante varias horas al día, año tras año, podía aprovechar para adoctrinar a sus futuros ciudadanos. Cuando se puede, de forma descarada en asignaturas como Formación del Espíritu Nacional o Educación para la Ciudadanía. Cuando no se puede, en la orientación de los libros de texto obligatorios. Y como el Estado, las órdenes religiosas o los grupos ideológicos de cualquier tipo.

De modo que el sistema educativo que tenemos ahora busca producir autómatas disciplinados, entrenados en memorizar y repetir, dispuestos a actuar sin reflexionar y capaces de pasar horas sentados frente a una mesa haciendo lo que se les dice.

Y hasta ahora mismo, eso estaba bien, porque siendo uno de esos autómatas el sistema te encontraba un hueco y te garantizaba una vida cómoda.

A estas alturas, supongo que una gran parte de los lectores estará ya escandalizada y preguntándose ¿Y el derecho a la educación? ¿y dónde queda eso de “Un pueblo que no sabe leer y escribir es un pueblo facil de dominar”?

Lo del pueblo que no sabe leer es pura propaganda. Los alemanes en los años 30 eran uno de los pueblos más cultos de Europa, y fueron bien fáciles de dominar. Por no hablar de los que sufrieron las dictaduras comunistas en Europa, o la sufren todavía en Cuba. Si Franco amplió la obligatoriedad de la escolarización de los 9 hasta los 12 primero y luego hasta los 14 años, no fue precisamente para conseguir un pueblo más difícil de dominar. No, la educación no es requisito para la libertad, sino la garantía para el Estado de contar con un número suficiente de súbditos obedientes.

En cuanto al derecho a la educación, no pretendo entrar en ese debate. Prefiero aprovecharlo para reflexionar si esto que tenemos ahora es realmente educación.

El problema de la educación hoy

Nada ha cambiado desde hace cien años en las escuelas. Ahora tal vez el niño se dirija al profesor como “oye tú” en lugar de decir “con su permiso, Don Anselmo”, y se aprende el uso de los métodos anticonceptivos en lugar de cantar “Con Flores a María”, pero insisto, nada sustancial ha cambiado.

Se sigue encargando el mismo tipo de trabajos que cuando no existía la Wikipedia. Se sigue insistiendo en memorizar cuando tenemos cualquier dato a un click. Se hacen operaciones de cálculo, una y otra vez, castigando los errores, cuando todos los niños a su alcance una calculadora. Se enseñan unas ciencias estáticas, que no sirven ni para describir el mundo ni mucho menos para interpretarlo. No se enseña a redactar ni a usar el idioma, sino que se obliga a realizar un análisis sintáctico tan inútil que cambia sus conceptos fundamentales cada pocos años.

El problema es que esto ahora ya no sirve. Ya no hay suficientes puestos de trabajo para autómatas disciplinados. Ahora los ejércitos de contables que requería cualquier gran empresa han sido sustituidos por ordenadores. Ahora ya no se trata de hacer bien tu trabajo, sino de inventar tu trabajo cada día, porque todo cambia tan rápido que no te pueden estar dando instrucciones a cada momento. Ahora no se trata de hacer tareas repetitivas encerrado en un cubículo, se trata de salir, relacionarte, crear, hacer. Y la educación no solo no te prepara para ello, sino todo lo contrario.

A un niño de 5 años se le machaca para que aprenda a escribir con buena letra, pero sale del colegio sin tener ni idea de tipografía o composición de documentos. Y en el futuro tendrá que producir documentos con ordenador todos los días, pero rara vez alguien leerá lo que escriba a mano. Y nadie le habrá explicado que aunque puedes poner cinco tipos de letra distintos en una página, no debes hacerlo. Ni porqué esa letra que te parece tan chula no puedes usarla para un documento que pretende ser serio. Ni cómo puedes conseguir que un mamotreto de 200 páginas sea legible.

Otro ejemplo. Mi hijo de 12 años ha decidido de repente que quiere ser arquitecto. Así que el sábado cogió la regla, la escuadra y el cartabón y se puso a hacer perspectivas de edificios. Porque es lo que le han enseñado en dibujo técnico. Cuando le mostré SketchUp alucinó, pero me dijo “los verdaderos arquitectos no usan esto”. Tuve que explicarle que no, que lo que no usan los verdaderos arquitectos es un lápiz y una escuadra.

Otro tema que tampoco se enseña es economía. Según la orientación que escoja, uno puede salir del colegio cargadito de sobresalientes y sin tener ni idea de lo que es un coste de oportunidad. Y sin saber lo que es un coste de oportunidad, uno no tiene la mínima base para tomar una decisión económica sensata. Mirad este examen de economía de una niña de 8 años (de Estados Unidos, obviamente):
http://freakonomics.blogs.nytimes.com/2010/01/20/a-third-grade-economics-quiz/

Traduzco la parte donde explica con un ejemplo qué es un coste de oportunidad, para que veáis cómo es un concepto que puede entender perfectamente una niña pequeña:

Había una fiesta de cumpleaños de mi nuevo amigo. Y una película con mi antiguo amigo. Elegí la fiesta porque podemos conseguir otra película pero solo hay una fiesta de cumpleaños en un año. Así que mi coste de oportunidad es la película.

Podría seguir con decenas de ejemplos, pero creo que es suficiente para dejar claro que la educación actual, aunque formalmente cumple con los requisitos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no sirve en absoluto para preparar a los niños a enfrentarse al mundo que se encontrarán cuando sean adultos.

¿Qué hacemos?

Si fuera más joven y más ingenuo, diría ¡Exijamos la gobierno que cambie el sistema educativo!

A mi edad sé que eso no va a suceder. Primero, porque el Estado es el primer interesado en que la educación siga igual. Si entiendes lo que es un coste de oportunidad, entiendes que el Estado no tiene recursos infinitos y cuando subvenciona el coche eléctrico está dejando de gastar el dinero en otras cosas más importantes o urgentes. Si entiendes un gráfico o una estadística, no puedes tragarte la propaganda sobre la fabulosa política económica del Gobierno. Si no te educan para obedecer y aceptar las normas, eres un problema.

Además, los implicados en la educación tampoco tienen interés en que algo cambie. ¿Qué explicación hay para que a estas alturas del siglo XXI se enseñe a los niños dibujo técnico sin usar un ordenador? Que los libros de texto ya están escritos, los profesores formados y no hay aulas con ordenadores para todos. Sencillamente.

Los pedagogos viven en su propio mundo, creyentes de una seudociencia con menos logros reales que la homepatía, incapaces de reconocer el fracaso rotundo de unas teorías que han sido incapaces de “moldear al hombre nuevo”. O al hombre nuevo y la mujer nueva, como es de rigor.

Ni siquiera la inmensa mayoría de los padres están dispuestos a un cambio de modelo educativo, que suponga por ejemplo que los niños pasen menos horas concentrados. ¿Qué iban a hacer con ellos mientras trabajan?

De modo que lo único que se puede hacer es procurar que tus hijos pasen lo mejor posible el trago del colegio, y prepararles para lo que de verdad les deparará el futuro. Que el que quiere ser arquitecto empiece desde ya a jugar con SketchUp, que el que quiere ser periodista empiece a escribir en un blog. Que aprendan economía, que sean capaces de manejar su dinero. Que aprendan a razonar, a ser críticos, a interpretar la realidad. Que desarrollen habilidades que no les enseñan en el colegio, como hablar en público o redactar correctamente. Que viajen, conozcan personas de otros países y puedan comunicarse en otros idiomas, aunque no tengan ni idea de gramática.

Si lo consigues, nunca tendrán que pasar por el trago de “buscar trabajo”, de “empezar como becarios y luego ya veremos”, de quedarse en el paro.

Todo esto es perfectamente posible, independientemente de tus recursos. La ventaja de que nuestros hijos vivan ahora es que en el propio problema (el cambio revolucionario producido por las tecnologías de la información y las comunicaciones) está la solución. Supone un esfuerzo, abandonar la idea de que en el colegio, o en la universidad, les van a preparar para el futuro, pero se puede hacer.

Todo el conocimiento y todas las oportunidades están a un click.