Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Una ayudita, por favor

Te voy a pedir un pequeño favor. Si has leído mi libro De parado a empresario, te agradecería que visitaras su enlace en la web de la Casa del Libro y que dejaras tu opinión sobre él. No te pido que lo pongas por las nubes, ni siquiera que lo pongas bien. Solo que dejes tu opinión sincera.

En la web de la casa del libro tienes una opción para recomendarlo a un amigo y conseguir un pequeño descuento en tu próxima compra (y llevarte una pequeña comisión en su primera compra). Si crees que a algún conocido le puede venir bien, ya sabes.

Y si prefieres, también puedes comprarlo en otros sitios. En la red, que yo sepa, en:

http://www.libros.universia.es/libro-DE-PARADO-A-EMPRESARIO-GUIA-PARA-SALIR-DEL-PARO-CREANDO-TU-PROPIA-EMPRESA-PRIETO-URSUA-Borja/9788493766009/260495

http://www.agapea.com/libros/De-parado-a-empresario-guia-para-salir-del-paro-creando-tu-propia-empresa-isbn-8493766003-i.htm

http://www.libreriaproteo.com/libro-546853-DE-PARADO-A-EMPRESARIO-GUIA-PARA-SALIR-DEL-PARO-CREANDO-TU-PROPIA-EMPRESA.html

http://www.diegomarin.com/ficha_libro.cfm?id_articulo=540496&id_materia=10698&filainicio=1&seccion=MT

http://www.diazdesantos.es/libros/prieto-ursua-borja-de-parado-a-empresarioguia-para-salir-del-paro-creando-tu-propia-empresa-L0002295600003.html

Si tienes una librería, vendes el libro y no estás en la lista, házmelo saber y te incluiré en ella, aunque no tengas venta por web.

El pensamiento positivo

Uno de las mayores estafas intelectuales de los últimos años es la idea de que “si crees en algo con todas tus fuerzas puedes conseguirlo”. Una idea que puede estar bien para motivar a los niños que ven las películas de Disney, pero que descubres que es falsa en cuanto tienes 14 años o un poco de sentido común. No basta con creer en algo para que se convierta en realidad.

Y sin embargo, sí es cierto que en tus creencias está parte de la clave para triunfar. Por ejemplo, quien cree en la suerte es muy probable que dedique cierta cantidad de recursos a juegos de azar. Y la inmensa mayoría solo consigue con ello ser un poco más pobre.

Hay quien cree que los empresarios son ricos, explotadores, y que forman una casta en la que no se puede entrar. Si crees en esto, lo lógico es trabajar lo menos posible (porque ya te explotan ellos con sueldos bajos) y no intentar cambiarse de empresa (todos los empresarios son explotadores por igual) ni intentar autoemplearte o crear una empresa (solo los ricos pueden hacerlo).

Por el contrario, si crees que tu futuro depende solo de ti y que los empresarios son egoístas (como tú mismo) pero no irracionales, procurarás trabajar lo mejor posible para que te valoren. Aprovecharás todas la oportunidades que te da la empresa para aprender, aunque eso te suponga más responsabilidad, más esfuerzo o más incomodidad. Te irás a otra empresa en cuanto creas que no te compensan por tu verdadero valor. Y estarás atento a descubrir oportunidades para emprender, porque sabes que tú también puedes hacerlo.

¿Cual es el resultado de cada una de estas formas de actuar?

Con la primera tienes trabajos precarios, mal pagados, que alternas con periodos de paro. Por contra, no te agobias mucho, no tienes responsabilidades, no haces horas extraordinarias, no pasas noches en vela pensando cómo conseguirás pagar las nóminas…

Con la segunda consigues mejores trabajos, progresas, consigues mejores puestos al moverte a otra empresa y, si te decides y te arriesgas, ganas mucho creando tu propia empresa. Por otro lado, es posible que se aprovechen de ti en algún caso, que aportes mucho más de lo que te pagan, que te pegues un batacazo en tu primera empresa, o en la segunda, o en la tercera…

A la larga, los que eligen la segunda forma de pensar acaban triunfando. Son directivos o empresarios, pueden permitirse un buen nivel de vida, y son los que contratan al resto. Claro que si vienen de familia rica lo consiguen antes y esforzándose menos. Pero la mayor fortuna de este país, Amancio Ortega, es prueba de que incluso en España cualquiera puede hacerlo, aunque no tenga estudios ni financiación.

Los primeros, para no confrontarse con ellos mismos, prefieren pensar en los explotadores, las injusticias, los aprovechados, los beneficios escandalosos, el BMW que tiene cualquier empresario… así pueden seguir viviendo, autojustificados, sin obligarse a cambiar.

Lo que ganas y lo que vales

En uno de los últimos posts de Rodolfo Carpintier se plantea el tema del outsourcing y el bodyshopping y si es justo que tu empresa facture grandes cantidades mientras a ti te paga un sueldo miserable.

Vamos a hacer unos números, por aclarar. Supongamos que tienes un sueldo normalito, de 20.000 €. Un poco más que mileurista, pero nada para tirar cohetes. Recordemos que de ese sueldo a ti te llegan 16.600, el resto se lo llevan Hacienda y la Seguridad Social.

Para tu empresa, tú no cuestas 20.000€, sino bastante más. Tiene que pagar la cuota patronal de la seguridad social, lo que supone algo más de un 30% de tu sueldo bruto, es decir, 6.700 €. Y probablemente tiene que provisionar la indemnización por despido, un 12%: otros 2.400. Además, hay gastos de estructura asociados en los que la empresa incurre solo por tenerte allí: parte proporcional de edificio, limpieza, equipamiento, gestión… Esto varía mucho en función de cada empresa, pero una cantidad razonable es un 20% de tu sueldo bruto. Lo que quiere decir, sumando todos los conceptos, que si la empresa te paga 20.000€ brutos, en realidad le cuestas 33.100 €.

Ahora la pregunta es ¿qué valor le generas a tu empresa a cambio de esos 33.100 €? Si no sabes responder a esto, piénsalo bien, porque tienes un problema.Y si la respuesta es menos de esos 33.100 ya puedes espabilar, porque en cuanto alguien haga números irás a la calle.

Si estás en ventas o en producción es relativamente sencillo averiguar qué valor le proporcionas a tu empresa. Calculas lo que facturan por ti al año, o el margen que producen tus ventas, le restas tu coste, y eso es lo que la empresa gana por tenerte contratado. Si estás en backoffice el cálculo es más complicado, pero tal vez puedas calcular cuánto dinero se ahorra la empresa contigo: tal vez consigas ajustar los márgenes de los proveedores (y ampliar los de tu empresa), o haces un trabajo que de externalizarlo costaría mucho más.

Si haces estas cuentas probablemente descubrirás que, efectivamente, vales mucho más de lo que ganas. Que tu empresa factura 50.000 o 100.000€ a cambio de esos 31.000€ que les cuestas, con lo cual hay un beneficio para ella de 20.000 o 70.000 o más euros. ¿Quién se los lleva? El comercial que ha hecho la venta, el jefe de tu departamento, el resto de directivos, y al final los accionistas de la empresa, que si todo va bien se llevarán entre un 10% y un 30% del valor bruto que generas.

Ahora viene la pregunta: ¿es justo este reparto? ¿Es justo que tu trabajo suponga unos ingresos de 100.000€ al año y a ti te lleguen 16.600? Yo creo que más que justo, es inevitable.

Es inevitable que Hacienda y la Seguridad Social se lleven una parte, porque tu sueldo está controlado hasta el último céntimo, y tu empresa está obligada a recaudar para ellos.

Es inevitable que tu empresa, además de cubrir tus costes, aspire a pagar parte de sus gastos de funcionamiento, incluyendo sueldos de directivos, personal administrativo, etc. Si no lo hiciera tendría simplemente que cerrar.

Y es inevitable que los accionistas se lleven una parte del dinero, porque para eso arriesgaron ellos el suyo cuando no estaba claro que la empresa fuera a ganar ni un céntimo.

Así que si trabajas como empleado debes hacerte a la idea de que la mayor parte del valor que genera tu trabajo se lo van a repartir otros.

Claro que también puedes intentar cambiar las cosas. Puedes salir de la empresa y ser independiente. Así eres tú el que tiene el poder de capturar la mayor parte del valor que generas. Al fin y al cabo, ya sabes que hay un mercado que está dispuesto a pagar por tus servicios.

Si eres capaz de facturar 50.000€ al año y te haces autónomo, tendrás que pagar una cuota a la Seguridad Social de 3.000€ al año, y tendrás que hacer de recaudador de IVA para Hacienda. Tendrás que poner tú las herramientas de trabajo, pero podrás deducirte el IVA que pagas por ellas. Tendrás otros gastos: coche, gasolina, ordenador, ADSL, teléfono, etc. Tendrás que pagar además a un asesor fiscal para evitar líos con Hacienda. Supongamos (y ya es mucho suponer) que dedicas 1.000 € al mes a este tipo de costes asociados a tu actividad. Con esto y la Seguridad Social, aún te quedan 35.000€ netos al año.

¿Por qué prefieres seguir cobrando menos de la mitad de lo que podrías cobrar? Ah, sí. Que para facturar esos 50.000 € tendrías que salir por ahí a vender tus servicios, y eso no lo sabes hacer. Bien, siempre puedes contratar a alguien para que lo haga por ti. Eso supone un coste adicional, muy variable en función de si solo te das de alta en un portal de freelance o debes contratar servicios de marketing, pero aun así sigues ganando más dinero que en tu puesto actual. ¿Algún otro motivo?

Está claro: tu sueldo actual es seguro, cobras todos los meses, y trabajando por tu cuenta no se sabe cuánto ni cuándo vas a cobrar. Que para arriesgarte a no poder pagar la hipoteca, mejor te quedas como estás e intentas cambiar a otro puesto mejor cuando tengas una oportunidad.

De acuerdo. Es lo que piensa la mayoría de la gente. Pero no te quejes entonces de que tu empresa te paga poco y factura mucho. Eso solo sucede porque sus dueños tomaron un día la decisión contraria a la que has tomado tú. Ellos asumieron el riesgo, y como premio se llevan la mayor parte del valor. Tú has elegido la seguridad, y tienes a cambio la mayor parte del trabajo.

¿Y si los empleos no vuelven?

Me hacen gracia los economistas que aseguran que “España debe crecer al 3% para crear empleo”. Solo se basan para eso en que antes, creciendo al 3% (o al 2,7% o a la cifra que cada uno estime) se creaba empleo. Como si el mundo no estuviera cambiando desde 2007. Después de tres años de crisis (y lo que nos queda) ¿alguien puede afirmar con certeza que si volvemos a crecer al 3% se volverán a crear empleos?

Yo creo que no. Creo que muchos empleos no van a volver. Y no me baso en un razonamiento inductivo como el de los economistas futurólogos, sino en la experiencia de los pequeños empresarios a los que conozco.

Los despidos necesarios para conseguir que sus empresas sobrevivan les han obligado a soportar unos costes extraordinarios en el peor momento. Alguno ha tenido que endeudarse personalmente para poder pagar las indemnizaciones. Como han podido, despidiendo a veces al 80% de la plantilla, han conseguido reducir los costes y mal que bien salir adelante. Haciendo ellos trabajos que antes encargaban a otros, reduciendo gastos, buscando nuevas fuentes de ingresos…

Ahora situémonos dentro de un par de años. Pongámonos en la piel de uno de esos pequeños empresarios que ha sobrevivido a la travesía del desierto. Seamos optimistas y pensemos que salimos de la crisis, empezamos a crecer y sus productos o servicios vuelven a ser demandados. ¿Alguien cree que volverá a contratar empleados fijos? ¿O habrá salido tan escaldado de su experiencia que preferirá cualquier otra opción?

Por lo que hablo con la gente, la idea de muchos es no volver a tener empleados fijos. Si contratan temporalmente, si subcontratan a otras empresas, si hacen contratos con autónomos u optan por cualquier otra opción dependerá de cada uno y de su negocio. Pero lo que tengo claro es que los que han visto su empresa en peligro por tener empleados fijos, se lo pensarán mucho antes de contratar alegremente.

Si a esto le sumamos la realidad del cambio constante, que te obliga a tener recursos que cambien ágilmente según la demanda. Si le sumamos que la tecnología hace posible (aunque todavía no fácil) trabajar con una secretaria argentina, un programador búlgaro y un diseñador mexicano. Si le sumamos que para que una empresa prospere va a tener que ser global en sus operaciones, lo que puede significar atender a clientes en América y buscar proveedores en Asia. Si le sumamos que la tendencia en España es que el gobierno cada vez sea más asfixiante en sus regulaciones… el resultado es que se me ocurren muy pocos motivos para hacer un contrato fijo a un lugareño, solo porque puede presentarse en la oficina cada día.

Por eso, si tú eres uno de los que ha perdido el empleo en los últimos tiempos y estás esperando a que vuelva, piensa bien si esperar es lo único que puedes hacer. Piensa si no es mejor prepararte para un mundo en el que el trabajo fijo va a ser cada vez más raro. Si no es mejor ser empleable que ser empleado.

De la Educación

Un lector, JCasinos, escribió la semana pasada un interesante comentario en una entrada de hace un par de años sobre la educación económica, en el que entre otras cosas me animaba a escribir sobre esto:

Te lanzo el guante, y dispara con un post en referencia a un sistema educativo donde prima la falta de creatividad, el bueno es el que se calla en clase, se comporta y hace pocas preguntas, la mejor nota se la lleva el que vomita lo que está en el libro (y no el que tiene un pensamiento crítico, pues hace tambalear el status quo), y el niño de 5 años con mala caligrafía se siente fracasado al suspender en una asignatura que en el siglo XXI es un arte, no una herramienta de trabajo.

El tema me importa, y mucho, teniendo como tengo tres hijos estudiantes, así que recojo el guante y disparo.

La educación actual responde a necesidades de hace 100 años

¿Por qué hasta hace poco más de 100 años la inmensa mayoría de las personas no sabían leer ni escribir? No, no es porque ni los socialistas, ni los reformistas conservadores, ni ningún otro bienintencionado hubieran conseguido todavía torcer el brazo a los poderosos y explotadores. Se trataba, simplemente, de que la inmensa mayoría no necesitaba saber leer ni escribir para nada.

Prácticamente todo el mundo trabajaba en tareas agrícolas, para las que no se requería más cualificación que observar lo que hacía la gente a tu alrededor. Era más interesante para cualquier familia que un crío diera de comer a las gallinas o fuera a buscar agua al río que dejarle en un aula aprendiendo a juntar letras.

Pero hace 100 años, con la extensión de la industrialización y la creciente complejidad de las relaciones económicas, surgió la necesidad de contar con un ejército de contables, de administrativos, de secretarias. Así que se hizo preciso extender la educación básica, hasta esel momento solo al alcance de unos pocos, a la inmensa mayoría.

Incluso para los obreros menos especializados, la educación básica cumplía un propósito: enseñar a unos niños, por naturaleza alocados y propensos a corretear por ahí, a permanecer horas y horas en un espacio cerrado, realizando tareas repetitivas y carentes de sentido. El miedo al profesor preparaba para el miedo al capataz.

Obviamente, la educación permitía, además, descubrir a los más brillantes, que en épocas anteriores hubieran permanecido uncidos al arado, y aprovecharlos para puestos de mérito. Todos ganaban, así que los padres, deseosos de un futuro mejor para sus hijos, les empujaban a asistir a la escuela.

Y pronto el Estado descubrió que, ya que los padres entregaban a sus retoños durante varias horas al día, año tras año, podía aprovechar para adoctrinar a sus futuros ciudadanos. Cuando se puede, de forma descarada en asignaturas como Formación del Espíritu Nacional o Educación para la Ciudadanía. Cuando no se puede, en la orientación de los libros de texto obligatorios. Y como el Estado, las órdenes religiosas o los grupos ideológicos de cualquier tipo.

De modo que el sistema educativo que tenemos ahora busca producir autómatas disciplinados, entrenados en memorizar y repetir, dispuestos a actuar sin reflexionar y capaces de pasar horas sentados frente a una mesa haciendo lo que se les dice.

Y hasta ahora mismo, eso estaba bien, porque siendo uno de esos autómatas el sistema te encontraba un hueco y te garantizaba una vida cómoda.

A estas alturas, supongo que una gran parte de los lectores estará ya escandalizada y preguntándose ¿Y el derecho a la educación? ¿y dónde queda eso de “Un pueblo que no sabe leer y escribir es un pueblo facil de dominar”?

Lo del pueblo que no sabe leer es pura propaganda. Los alemanes en los años 30 eran uno de los pueblos más cultos de Europa, y fueron bien fáciles de dominar. Por no hablar de los que sufrieron las dictaduras comunistas en Europa, o la sufren todavía en Cuba. Si Franco amplió la obligatoriedad de la escolarización de los 9 hasta los 12 primero y luego hasta los 14 años, no fue precisamente para conseguir un pueblo más difícil de dominar. No, la educación no es requisito para la libertad, sino la garantía para el Estado de contar con un número suficiente de súbditos obedientes.

En cuanto al derecho a la educación, no pretendo entrar en ese debate. Prefiero aprovecharlo para reflexionar si esto que tenemos ahora es realmente educación.

El problema de la educación hoy

Nada ha cambiado desde hace cien años en las escuelas. Ahora tal vez el niño se dirija al profesor como “oye tú” en lugar de decir “con su permiso, Don Anselmo”, y se aprende el uso de los métodos anticonceptivos en lugar de cantar “Con Flores a María”, pero insisto, nada sustancial ha cambiado.

Se sigue encargando el mismo tipo de trabajos que cuando no existía la Wikipedia. Se sigue insistiendo en memorizar cuando tenemos cualquier dato a un click. Se hacen operaciones de cálculo, una y otra vez, castigando los errores, cuando todos los niños a su alcance una calculadora. Se enseñan unas ciencias estáticas, que no sirven ni para describir el mundo ni mucho menos para interpretarlo. No se enseña a redactar ni a usar el idioma, sino que se obliga a realizar un análisis sintáctico tan inútil que cambia sus conceptos fundamentales cada pocos años.

El problema es que esto ahora ya no sirve. Ya no hay suficientes puestos de trabajo para autómatas disciplinados. Ahora los ejércitos de contables que requería cualquier gran empresa han sido sustituidos por ordenadores. Ahora ya no se trata de hacer bien tu trabajo, sino de inventar tu trabajo cada día, porque todo cambia tan rápido que no te pueden estar dando instrucciones a cada momento. Ahora no se trata de hacer tareas repetitivas encerrado en un cubículo, se trata de salir, relacionarte, crear, hacer. Y la educación no solo no te prepara para ello, sino todo lo contrario.

A un niño de 5 años se le machaca para que aprenda a escribir con buena letra, pero sale del colegio sin tener ni idea de tipografía o composición de documentos. Y en el futuro tendrá que producir documentos con ordenador todos los días, pero rara vez alguien leerá lo que escriba a mano. Y nadie le habrá explicado que aunque puedes poner cinco tipos de letra distintos en una página, no debes hacerlo. Ni porqué esa letra que te parece tan chula no puedes usarla para un documento que pretende ser serio. Ni cómo puedes conseguir que un mamotreto de 200 páginas sea legible.

Otro ejemplo. Mi hijo de 12 años ha decidido de repente que quiere ser arquitecto. Así que el sábado cogió la regla, la escuadra y el cartabón y se puso a hacer perspectivas de edificios. Porque es lo que le han enseñado en dibujo técnico. Cuando le mostré SketchUp alucinó, pero me dijo “los verdaderos arquitectos no usan esto”. Tuve que explicarle que no, que lo que no usan los verdaderos arquitectos es un lápiz y una escuadra.

Otro tema que tampoco se enseña es economía. Según la orientación que escoja, uno puede salir del colegio cargadito de sobresalientes y sin tener ni idea de lo que es un coste de oportunidad. Y sin saber lo que es un coste de oportunidad, uno no tiene la mínima base para tomar una decisión económica sensata. Mirad este examen de economía de una niña de 8 años (de Estados Unidos, obviamente):
http://freakonomics.blogs.nytimes.com/2010/01/20/a-third-grade-economics-quiz/

Traduzco la parte donde explica con un ejemplo qué es un coste de oportunidad, para que veáis cómo es un concepto que puede entender perfectamente una niña pequeña:

Había una fiesta de cumpleaños de mi nuevo amigo. Y una película con mi antiguo amigo. Elegí la fiesta porque podemos conseguir otra película pero solo hay una fiesta de cumpleaños en un año. Así que mi coste de oportunidad es la película.

Podría seguir con decenas de ejemplos, pero creo que es suficiente para dejar claro que la educación actual, aunque formalmente cumple con los requisitos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no sirve en absoluto para preparar a los niños a enfrentarse al mundo que se encontrarán cuando sean adultos.

¿Qué hacemos?

Si fuera más joven y más ingenuo, diría ¡Exijamos la gobierno que cambie el sistema educativo!

A mi edad sé que eso no va a suceder. Primero, porque el Estado es el primer interesado en que la educación siga igual. Si entiendes lo que es un coste de oportunidad, entiendes que el Estado no tiene recursos infinitos y cuando subvenciona el coche eléctrico está dejando de gastar el dinero en otras cosas más importantes o urgentes. Si entiendes un gráfico o una estadística, no puedes tragarte la propaganda sobre la fabulosa política económica del Gobierno. Si no te educan para obedecer y aceptar las normas, eres un problema.

Además, los implicados en la educación tampoco tienen interés en que algo cambie. ¿Qué explicación hay para que a estas alturas del siglo XXI se enseñe a los niños dibujo técnico sin usar un ordenador? Que los libros de texto ya están escritos, los profesores formados y no hay aulas con ordenadores para todos. Sencillamente.

Los pedagogos viven en su propio mundo, creyentes de una seudociencia con menos logros reales que la homepatía, incapaces de reconocer el fracaso rotundo de unas teorías que han sido incapaces de “moldear al hombre nuevo”. O al hombre nuevo y la mujer nueva, como es de rigor.

Ni siquiera la inmensa mayoría de los padres están dispuestos a un cambio de modelo educativo, que suponga por ejemplo que los niños pasen menos horas concentrados. ¿Qué iban a hacer con ellos mientras trabajan?

De modo que lo único que se puede hacer es procurar que tus hijos pasen lo mejor posible el trago del colegio, y prepararles para lo que de verdad les deparará el futuro. Que el que quiere ser arquitecto empiece desde ya a jugar con SketchUp, que el que quiere ser periodista empiece a escribir en un blog. Que aprendan economía, que sean capaces de manejar su dinero. Que aprendan a razonar, a ser críticos, a interpretar la realidad. Que desarrollen habilidades que no les enseñan en el colegio, como hablar en público o redactar correctamente. Que viajen, conozcan personas de otros países y puedan comunicarse en otros idiomas, aunque no tengan ni idea de gramática.

Si lo consigues, nunca tendrán que pasar por el trago de “buscar trabajo”, de “empezar como becarios y luego ya veremos”, de quedarse en el paro.

Todo esto es perfectamente posible, independientemente de tus recursos. La ventaja de que nuestros hijos vivan ahora es que en el propio problema (el cambio revolucionario producido por las tecnologías de la información y las comunicaciones) está la solución. Supone un esfuerzo, abandonar la idea de que en el colegio, o en la universidad, les van a preparar para el futuro, pero se puede hacer.

Todo el conocimiento y todas las oportunidades están a un click.

Los números que determinan el éxito

Os voy a revelar el secreto: hay 10 números que determinan el éxito. Si los tienes en cuenta, podrás triunfar en lo que te propongas. Si los desconoces, tienes muchas más posibilidades de fracasar.

No, no se trata del conocimiento oculto de los sabios egipcios, ni de la tradición milenaria de la sabiduría china, ni ningún otro esoterismo. Es pura realidad. Ahora, te advierto: conocer los números que determinan el éxito no significa que no haya que esforzarse para conseguirlo.

140.000

Son las empresas que han cerrado hasta ahora por la crisis. Aunque sea triste para los implicados, es una buena noticia para ti que estás empezando con la tuya. El cierre de empresas es para el libre mercado como la extinción de una especie para la naturaleza: la manera de dejar espacio y liberar recursos para otros más eficientes. Así que el que cierren decenas de miles de empresas no significa que la tuya no vaya a ir bien. Hay menos cientes, pero también los costes son menores, hay menos competencia y tú partes con menos lastre que otros por lo que te es más fácil adaptarte a las condiciones del entorno.

Pero la cifra también es una llamada de atención: es como el fantasma de las navidades futuras del cuento de Dickens. El cierre puede ser tu futuro si no tienes cuidado en cada paso que de tu empresa.

30.000

Según el informe GEM 2009 del IE, 30.000 € fue la inversión media para poner en marcha una empresa en España en 2.009. Muchas veces, cuando se habla de los motivos para no emprender se cita la falta de capital. Pero si realmente tienes una idea, crees en ella y estás dispuesto a ponerla en marcha ¿pueden frenarte esos 30.000 €?

30.000 € los puedes conseguir renegociando la hipoteca de tu casa. Es lo que puede recibir como compensación por el despido alguien que haya pasado 4 o 5 años en una empresa con un sueldo medio decente. Es una cantidad que algún familiar con una situación económica desahogada, sin necesidad de ser rico, puede prestarte.

El precio medio de un vehículo en España en 2009 fue de algo más de 22.000 €. ¿Por qué crees que puedes comprar un coche y no puedes crear una empresa, si te cuesta prácticamente el mismo dinero?

Y por supuesto, puedes crear tu empresa con mucho menos dinero. Incluso con menos de 100 €.

10.000

Son las horas que necesitas para ser excelente en tu campo. Lo siento, pero ya he dicho al principio que conocer los número no significa evitarte el esfuerzo.

Puedes discutir si necesitas 10.000 o 5.000 o 20.000 horas, pero el hecho es que para ser un maestro tienes que dedicar varias horas al día, casi todos los días, durante años. ¿Puedes triunfar sin ser excelente, solo por suerte o por tus contactos? Obviamente sí. Pero la suerte no la controlas, y no siempre tenemos los contactos adecuados, así que la apuesta segura, aunque lenta, es dedicar esfuerzo.

La buena noticia es que cualquiera puede esforzarse. El éxito no está determinado por el talento natural, o por una inteligencia extraordinaria. Con tener un mínimo de esto, es el tiempo que dedicas a tu talento el que marca la diferencia. Y esto es así para los deportistas, los artistas, los informáticos o para cualquier otra profesión.

1.000

1.000 fans auténticos es todo lo que necesitas para vivir de tu arte, tal y como lo explica Kevin Kelly. Un fan auténtico es el que compra todo lo que produces. El que va a tus conciertos, compra tus camisetas, te pide que le firmes sus copias, tiene una alerta de Google con tu nombre…

Con tiempo y dedicación, cuidando a tus seguidores, puedes convertir a 1.000 de ellos en fans auténticos. No necesitas a una discográfica, a una editorial, a una cadena de televisión o un periódico para vivir de lo que escribes, lo que cantas, lo que diseñas. Puede que no te hagas rico con esos 1.000 fans, pero puedes ganarte la vida bastante bien. Y es una apuesta más segura que aspirar al estrellato, al que por definición solo pueden llegar unos pocos.

150

Es el número de Dunbar, que equivale al número de personas con las que uno puede tener relaciones sociales estables. ¿Qué significa esto? Por ejemplo, que para mantener la cohesión en un grupo mayor, necesitas una superestructura de reglas y normas que se hace más compleja cuanto más grande es el grupo. Conclusión: si quieres que tu empresa sea innovadora y eficiente, no puedes tener más de 150 empleados.

Esto significa también que tus miles de amigos en Facebook son más falsos que una moneda de 4 euros ¿Hacía falta decirlo? Y es también la explicación de que hayas perdido el contacto con esos amigos de la facultad, y que no vuelvas a quedar con ellos a pesar de que te haya hecho ilusión reencontrarlos en Facebook. Simplemente, necesitarías prescindir de algunas de tus 150 relaciones actuales.

Otra conclusión, derivada de la observación de que tendemos a parecernos a aquellos con los que nos relacionamos, es que si quieres tener éxito necesitas incluir en esas 150 personas al menos a unas cuantas que compartan los valores que tú quieres tener.

140

Son los caracteres que puedes escribir en un mensaje de Twitter. Usar Twitter es gratis, como la mayoría de redes sociales. Vamos hacia un mundo en el que la publicidad ya no puede ser intrusiva para ser efectiva. Ahora se trata de establecer relaciones con tus clientes potenciales, hasta generar la confianza suficiente como para que algunos de ellos se gasten el dinero en comprar lo que ofreces. Esas relaciones, además, te permitirán conocerles, saber qué esperan de ti, qué les gusta y qué puedes mejorar de tu oferta.

Por eso, usar Twitter, Facebook, LinkedIn, un blog, incluso Youtube o Flickr es parte esencial del marketing en el siglo XXI.

80/20

La regla de Pareto, una observación empírica que se cumple en muchos ámbitos diferentes. Por ejemplo, es frecuente que el 80% de la facturación de tu empresa provenga del 20% de los clientes. Si es así, no puedes tratar a ese 20% igual que al 80% que solo te proporciona el 20% de tus ingresos.

Otra observación: el 80% de los resultados se consigue con el 20% del esfuerzo. A veces el afán de perfección nos lleva a dedicar una cantidad de recursos desproporcionada para conseguir el 20% restante. Si lo que tienes es suficientemente bueno, lánzalo ya al mercado y no dediques el cuatro veces más esfuerzo a mejorarlo solo un 25%.

6

Son los grados máximos que te separan de cualquier persona del mundo. Es decir, si conoces a alguien estás a un grado de esa persona, a dos grados de sus conocidos, a tres grados de los conocidos de sus conocidos, etc. Solo seis grados te separan de cualquier persona, por remota que te parezca.

Además de ser una curiosidad matemática y social, tiene implicaciones. Muchas veces, a nuestros clientes, nuestros empleados o nuestros socios los encontramos en nuestra red social. Y hemos visto antes que las relaciones sociales que podemos manejar no son más de 150. Pero ampliar nuestra red a los contactos de segundo o tercer grado nos permite llegar, teóricamente, a cualquier persona.

LinkedIn, por ejemplo, nos permite hacer un uso muy eficaz de nuestra red social, incluyendo los contactos de segundo o tercer grado, para cosas como contactar con una persona de una empresa o encontrar a un profesional experto en algo que necesitamos.

De modo que saber esto, y explotarlo adecuadamente, nos abre muchas puertas que ni siquiera hubiéramos imaginado.

4

Es el número de elementos que podemos tener en la memoria de trabajo, esto es, la memoria a corto plazo con la que operamos. Solo usando trucos como agrupar objetos (o números, palabras, conceptos, etc.) podemos ser capaces de tareas más complejas.

¿Por qué es importante conocer esto? Porque si la inmensa mayoría de las personas solo pueden retener 4 cosas a la vez (y algunas solo 3), si queremos que usen nuestros productos debemos simplificarlos al máximo.
Los interfaces complejos provocan rechazo en la mayoría de los usuarios.

Hay una excepción: los interfaces que provocan a sus usuarios la sensación de ser expertos, de tener el control. Pero si tus usuarios no son analistas financieros, pilotos de avión o administradores de sistemas UNIX, lo más sensato es facilitarles el uso de tu producto todo lo posible.

0

El precio que realmente es diferente: 0€. Gratis. Free as in free beer. Sí, gratis es un modelo de negocio. O mejor dicho, es parte de un modelo de negocio. Si no tienes marca, ni prestigio, ni clientes, estás empezando con tu empresa y tienes todo por demostrar, la mejor estrategia es ofrecer algo gratis para, al menos, conseguir que tus clientes potenciales se enteren de que existes.

Qué es lo que ofrecer por 0€ y cómo conviertes a los usuarios gorrones en clientes de pago depende de cada empresa. Hay quien ofrece muestras gratuitas, periodos de prueba sin coste, versiones limitadas, productos diferentes… lo importante es tener un modelo de negocio basado en un gancho gratuito que permita atraer a los clientes que están dispuestos a pagar.

El valor de tu trabajo depende de ti

Os contaré una historia, que a mi me ha hecho reflexionar. Probablemente a muchos os sonará el nombre de Robert Capa, famoso entre otras cosas por la fotografía de un miliciano cayendo muerto en la Guerra Civil.

Capa era en realidad el seudónimo de una pareja de fotógrafos, formada por el húngaro Ernest Andrei Friedmann y la alemana Gerda Taro. A mediados de los años 30 ambos intentaban vivir de su trabajo en París, pero sus trabajos eran a menudo rechazados y siempre poco valorados. Así que se les ocurrió inventarse a un fotógrafo estadounidense, al que llamaron Robert Capa, y duplicaron el precio que pedían por sus imágenes. La operación tuvo éxito, y los mismos que antes rechazaban los trabajos de Friedman y Taro compraban los de Capa por mucho más dinero.

¿Qué quiere decir esto? Que el precio de nuestros servicios depende en gran medida de la percepción que el cliente tenga de nosotros. Por eso muchas veces la humildad y los precios bajos son una receta segura para el fracaso. Aunque estés empezando, debes hacerte valer y establecer unos precios que a ti te permitan vivir con dignidad y al cliente asegurarse de que lo que está contratando tiene calidad.

Para conseguirlo, como Friedman y Taro, tienes que aportar a tu oferta algo que la distinga, y que refuerce la percepción de calidad. Si no puedes hacerte pasar por yanki, piensa qué puedes hacer para que tu cliente potencial perciba todo el valor de lo que le estás ofreciendo.