Tomo el título de este post de un twit de @josempelaez, que me parece muy interesante, además de tocarme personalmente.
Os pongo en antecedentes. Desde hace unas semanas escribo para mi antigua empresa un post semanal sobre tecnología, principalmente orientada a pequeñas empresas. Uno de esos post fue 15 aplicaciones imprescindibles para una empresa recién creada. El post gustó a algunos, que lo difundieron por Twitter y otros medios.
Ayer, Manuel Gross publica en su blog una entrada con el mismo título, el mismo contenido textual, sin las imágenes correspondientes a cada aplicación y con una ilustración de la que se incluye la referencia al autor de la misma. Algo parecido hacen en el blog Soluciones web, (donde cambian ligeramente el titulo) y probablemente en otros sitios.
Todo este blog está publicado con licencia Creative Commons reconocimiento compartir igual. Lo que básicamente quiere decir que cualquiera puede:
- Republicar cualquier contenido escrito por mí en este blog.
- Modificarlo como considere conveniente.
- Ganar dinero con ello, si encuentra la manera de hacerlo.
Con las únicas condiciones de respetar la atribución de la autoría, de hacerlo mediante un enlace a este sitio, y de compartir el resultado de su modificación con la misma licencia.
Por tanto, tengo que decir que Manuel Gross no ha hecho nada incorrecto. De hecho hace un rato Manuel ha tuiteado que el autor es Alanta (que de hecho es la web donde está publicado, aunque lo haya escrito yo), de modo que queda claro que nunca pretendió apropiarse del texto. El problema, para @josempelaez, aparece cuando en Twitter muchos hacen RT del post de Manuel Gross y no del original.
En cierta medida, es lógico, porque Manuel tiene casi 1.000 followers y yo apenas paso de 200. ¿Quiere esto decir que para sus retuiteadores el autor del post es Manuel Gross?
Sinceramente, no lo sé. Pero aún así, yo no tengo ningún problema con ello. Sé la licencia que doy a mi contenido, soy coherente con ella y creo que a pesar de lo que pueda parecer, me beneficia incluso en el caso de que decenas o centenares de personas crean que el autor de uno de mis escritos es quien lo ha redistribuido.
Aunque sea un poco largo, voy a explicar por qué.
1. Manuel Gross no me ha quitado nada
Al revés, aunque la atribución la hayan captado solo los más atentos de sus lectores, con que solo 1 de ellos haya llegado a mi texto, ya me ha aportado algo. Ni siquiera si se hubiera limitado a copiar y pegar el texto, sin respetar la licencia, me habría quitado nada, puesto que los que han llegado al texto solo gracias a él y no lo conocen como mío, simplemente hubieran seguido sin conocerlo.
De hecho, si lo pienso bien, tal vez incluso sea yo el que esté en deuda con Manuel. Al fin y al cabo, él se ha tomado el tiempo de escribir un twit y ha ocupado la atención de sus seguidores para difundir algo que he escrito, cuando podía haberlo hecho con cualquiera de los millones de textos interesantes que hay por ahí.
2. Lo que quiero para mis textos son lectores
Es posible que me acuséis de que digo esto porque tengo otra fuente de ingresos, pero mi objetivo cuando escribo algo es llegar al mayor número de lectores posible. No soy capaz de entender a los que se dicen “artistas” y luego intentan limitar el alcance de sus obras. Si tienes algo que decir, y hay público dispuesto a oírlo, ¿tanto me deben importar mi ego (y mi bolsillo) que si ambos no se ven reconfortados ya no debo permitir que mi obra se difunda?
Además, mis textos no son arte abstracto. Mi prosa es un arma cargada de futuro, o al menos a eso aspiro. Lo que yo quiero es cambiar el mundo, conseguir que mi lector progrese, que tenga una vida mejor. Valoro mucho más un comentario que diga “eso que has escrito me ha ayudado” que un click en un anuncio. Si un texto se mueve por la red y a través de no se sabe bien qué medios llega a alguien a quien le es útil, yo habré logrado mi objetivo, aunque el beneficiado no sepa quien lo escribió.
A largo plazo, mi apuesta es crear, no reproducir
Cuando descubrí el mundo de los blogs, allá por 2004, aprendí que había dos categorías de bloggers: los l¡nkers y los thinkers. Los ejemplos canónicos en aquel momento eran Glenn Reynolds y Steve Den Beste. A mí me interesó más ser thinker que linker, pero además no sé si hago bien lo de pensar, pero sé que no soy capaz de linkar. Sí, para mí es más fácil escribir un texto largo como este, que 20 posts con un enlace y una o dos frases en cada uno. Por eso sé que los enlazadores (lo que Seth Godin llama sneezers y Malcolm Gladwell connectors), hacen una función valiosísima para la difusión de las ideas.
Cuando alguien difunde una idea mía, aunque no me atribuya la autoría de la misma, me está ayudando. Porque la siguiente vez que una persona encuentre la misma idea, estará más preparado para recibirla. Y alguna vez seré yo quien le llegue con mi idea.
Yo, como digo, no soy capaz de hacer esto. Por no hacer, ni siquiera hago una buena propaganda de mí mismo ni de lo que escribo. Así que agradezco que alguien se tome la molestia de difundir lo que yo hago, ¡y sin cobrarme nada! Porque cada enlace, cada twit, cada comentario me ayuda a llegar a más gente.