Mi última columna en Libertad Digital trata sobre la crisis de Factual. A pesar del problema de Factual, y el previo de Soitu, y muchos otros en Estados Unidos, creo que todavía no ha llegado la verdadera revolución que supone Internet en los medios de comunicación. Lo de los contenidos gratis y la dificultad de los muros de pago es solo la punta del iceberg.
Hasta ahora, los medios tradicionales se han pasado a la red y han surgido otros nuevos, pero poco han cambiado respecto a lo que hacían hace quince años. Vale, la mayoría ya no usan “ediciones”, sino que la actualización es continua (Curiosamente, Factual es una de las excepciones que mantienen eso de “la edición del 28/1/2010″). Pero por lo demás prácticamente se aplican los mismos conceptos para todo.
Por ejemplo, respecto al tema de los despidos tuiteados de Factual, lo que me asombra es que hubiera tanta gente. Aunque fueran jovenzuelos cobrando una miseria. Es un poco lo que pasó con Mobuzz o Soitu, son gastos que tienes que cubrir cada mes pase lo que pase. Esos 24 sueldos, si son mileuristas, suponen un coste de 45.000 € al mes. Como el precio de la suscripción era de 50€/año, eso supone que debían tener más de 10.000 suscriptores solo para cubrir el coste de estos sueldos. Suma los costes de los directivos, gastos de infraestructura, servicios, gastos operativos, y la cifra se multiplica por dos o por tres con facilidad. Así que Factual necesitaba tener más de 25.000 suscriptores solo para no perder dinero.
Y no es más sencillo ganar esa cantidad de dinero con la publicidad. Cuando se pagan céntimos por cada mil impresiones de un anuncio, e incluso por cada click, tienes que tener una cantidad de páginas vistas brutal para conseguirlo.
Los despedidos se quejan de que los “cuatro gatos” que han quedado no pueden hacer verdadero periodismo, y se limitarán a copiar y pegar noticias de agencia. Se supone que un periódico requiere una redacción bien dotada, porque elabora sus propios contenidos. Pero lo cierto es que la inmensa mayoría de los contenidos de cualquier medio (si quitamos la opinión) consiste en una reelaboración de noticias de agencia. Haced la prueba en Google News con una noticia de importancia media o baja y veréis la cantidad de medios que ni siquiera se molestan en reescribir lo que les llega de EFE o Europa Press.
En tiempos en los que había que elegir entre todos los diarios uno de ellos, esto tenía sentido. Al fin y al cabo, informarte consistía en abrir el diario e ir leyendo las noticias publicadas en cada sección. Pero ¿realmente tiene sentido hoy en día que todos los medios reproduzcan la misma noticia de forma casi idéntica? Tal vez todavía mucha gente, por inercia, siga visitando las webs de El País o El Mundo y echando un vistazo a su portada, entrando en las secciones que le resultan más interesantes y leyendo en profundidad un puñado de noticias.
Pero para muchos, y cada vez más, la forma de llegar a las noticias es a través de intermediarios como Google News, Digg, Menéame, blogs, Twitter… y en ese contexto ya no tiene sentido copiar la noticia de agencia para rellenar o para no dejarse fuera nada.
Otro concepto que cambiará es el de corresponsal. En el siglo pasado había corresponsales permanentes en puntos estratégicos, encargados de enterarse de lo que se cocía por allí. Su función fundamental era resumir lo que decía la prensa del lugar, y como mucho alguna vez hacer una entrevista o elaborar un reportaje del tipo “allí visto desde aquí” o “aquí visto desde allí”. Pero ahora solo el idioma te impide estar tan bien enterado de lo que pasa en cualquier parte del mundo como el corresponsal desplazado en el lugar.
Por otro lado, se va a desdibujar la frontera entre productor y consumidor de noticias. Un blogger no es un periodista, y un tuitero no es una agencia de noticias, pero ambos cumplen parte de la función que antes hacían estos en exclusiva.
Por ejemplo, yo para seguir la información de Estados Unidos, en lugar de ir a la web del Washington Post o el NYT leo a Instapundit. Es más ágil, más completo y más fiable que cualquier medio. Tiene un claro sesgo ideológico, por supuesto, pero eso es común en todos los medios. Seguir a unas cuantas personas en twitter me permite estar enterado de lo que pasa en el mundillo de los emprendedores en España (o en Estados Unidos), noticias que muy rara vez tienen cabida en un medio general. No necesito un corresponsal en Venezuela si puedo seguir a @JoseManuelR. Y así todo.
Por todo esto, creo que el modelo de periodismo tradicional, y que Factual intentó reproducir, con redacciones bien dotadas, que pretenden escribir de todo lo que pasa en todo el mundo, con corresponsales y con decenas de piezas escritas cada día tiene los días (o los años) contados.
Quedarán algunos medios potentes que puedan hacer esto, probablemente. Pero la mayoría tendrá que seguir otras estrategias. Pueden especializarse, ocuparse de un nicho de “noticias” concreto y ser referencia en él (lo que ahora son los medios temáticos, pero probablemente extremando aún más la especialización: no un medio económico, sino un medio de bolsa o negocios o inmobiliario). Pueden hacer una apuesta ideológica definida, que arrastre a seguidores fieles que compartan esa ideología (estilo Huffington Post, Libertad Digital o Público). Pueden dedicarse de verdad a la investigación, y publicar muy pocas cosas pero muy originales. Pueden hacerse hiperlocales, y no publicar los resultados de los partidos de primera y entrevistas con Rajoy, sino la clasificación de la categoría de alevines y entrevistas con los concejales que mantienen una polémica sobre el alcantarillado. Pueden dedicarse al análisis, y ofrecer información exclusiva que sea valiosa para sus lectores.
Y harán muchas otras cosas que a mí no se me ocurren, pero que sin duda otros mucho más sagaces que yo descubrirán. De ello depende su supervivencia.
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