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Educar en el uso del dinero

Tengo tres hijos de 17, 12 y 8 años, y uno de los temas que no terminamos de tener bien resuelto en su educación es el del dinero. Creo que es una de las carencias formativas que más daño nos hacen en la vida adulta, porque una mala decisión económica puede perjudicarte durante muchos años.

Y educar a los hijos en el uso del dinero no consiste en explicarles la regla del interés compuesto. Se trata de que igual que aprenden a decir gracias, a comer con la boca cerrada o a negociar cuando tienen un conflicto, aprendan la economía esencial para no tener problemas económicos en su vida adulta.

Hasta hora, mis hijos tenían una asignación semanal, variable en función de la edad. En teoría había una serie de tareas asignadas que debían realizar para conseguir esa paga, pero lo cierto es que no siempre cumplían. Más grave: en ocasiones, cuando tenían algún gasto extraordinario, su madre o yo completábamos la asignación.

Dicho de otro modo: les estábamos enseñando a comportarse como funcionarios o asalariados de una gran empresa. Su sueldo era en la práctica independiente de su aportación a las tareas de la familia, aumentaba con la antigüedad, y en caso de necesidad los padres acudíamos a socorrerles, como si fuéramos el Estado otorgando subvenciones.

Lo cierto es que esta manera de proporcionar dinero de bolsillo es la que utilizaron mis padres conmigo y, al menos por lo que he visto en la gente que me rodea, la más común en España. Y tal vez tenga mucho que ver con el hecho de que luego de mayores todos queramos ser funcionarios o trabajar en un puesto cómodo en una gran empresa.

Así que desde esta semana hemos cambiado el sistema. Hemos hecho una lista de “trabajos”, y hemos asignado un precio a cada trabajo: poner la mesa son 10 céntimos, recoger el lavaplatos 40, bajar a comprar el pan 50, etc. El que quiere ganar dinero, se apunta al trabajo que le resulta más rentable / atractivo y a final de semana sumamos lo “ganado” y se lo damos a cada uno. Los precios están puestos de tal manera que la suma de lo que pueden ganar, si hacen todos los trabajos posibles, casi duplica lo que cobraban antes “fijo”.
Es decir, hemos pasado del modelo “asalariado” al modelo “freelance”: tanto haces, tanto cobras, y si no trabajas no tienes ingresos.

Ya os iré contando como va el experimento, pero de momento ya están pasando cosas interesantes: el mayor se reserva las tareas más rentables (la mejor pagada, y que además solo puede hacer él, es encargarse de sus hermanos cuando nosotros salimos por la noche) y desprecia el resto; el mediano se apunta a un bombardeo, y anuncia a voz en grito sus ingresos acumulados cada vez que hace una nueva tarea; la pequeña se limita a hacer lo que le apetece, sin mirar mucho la rentabilidad.

ACTUALIZACIÓN: Los resultados de la primera semana, y algunas aclaraciones, aquí.

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  • Pepe

    Actualización al post 37… si antes lo digo…

    El pequeño de 7 me ha pedido ya algo a cambio por copiar 100 CDs.

    Además hoy hemos tenido una conversación en la que yo le decía que tenía que hacerse él cargo de sus cosas recriminándole “o es que tú haces mi trabajo”, a lo que me devolvió que a veces sí hacia mi trabajo, por ejemlpo copiar los 100 CDs… Joder… dónde está el manual de los muñecos estos…

  • http://datosaleatorios.blogspot.com Alcyone Abaira

    Creo que la idea es buena, pero no esta nbien aplicada. Debería haber dos tipos de tareas: las obligatorias, que se hacen entre todos, y los “extras” que se puedan pagar. Si no, estarás enseñando a tus hijos que en la familia todo se compra y se vende, nadie hace nada a cambio de nada…. no es la filosofía con la que yo querría que mis hijos crecieran.