Scott Adams defiende esto en su último post:
Imagina un mundo en el que los directivos reconocieran y recompensaran siempre a su gente más capaz. Sería difícil para un empleado racional dejar un buen trabajo por una posibilidad de un 10% de crear algo mejor. Pero dejar a un jefe que es el hermanito tonto de Satanás es relativamente fácil. Y si la economía en general no ofrece oportunidades en otras empresas (gracias en parte a los malos jefes) ya ves por qué la gente tiende a crear sus propias compañías.
Está claro que si coges a un tipo brillante y le haces trabajar a las órdenes de un lerdo, le cortas la carrera profesional, le pagas la formación que quiera y le dejas tiempo libre y acceso a Internet, lo único que va a impedirle crear su propia empresa es que encuentre un trabajo fijo en otra compañía.
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