Desencadenado

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10 reglas para manejar el dinero

Tim Berry ha publicado en Entrepreneur.com un artículo con 10 reglas esenciales para manejar el flujo de caja.

Lo traduzco, porque creo que merece la pena:

Los beneficios no son dinero; son contabilidad. Y la contabilidad es mucho más creativa de lo que crees. No puedes pagar las facturas con los beneficios. Incluso los beneficios pueden hacer que te duermas. Si tú pagas tus facturas y tus clientes no, te encontrarás en el infierno de los negocios.

El flujo de caja no es intuitivo. No intentes hacerlo de cabeza. Hacer una venta no significa necesariamente que tengas el dinero. Incurrir en el gasto no significa necesariamente que hayas pagado ya por él. El inventario normalmente se compra y se paga y después se almacena hasta que se convierte en coste de ventas.

El crecimiento chupa dinero. Es paradójico. El mejor de los tiempos puede estar escondiendo el peor de los tiempos. Uno de los años más duros que tuvo mi empresa fue cuando doblamos las ventas y casi quebramos. Estábamos construyendo cosas con dos meses de adelanto y consiguiendo el dinero de las ventas seis meses tarde. Añade el crecimiento a eso y puede ser como un caballo de Troya, escondiendo un problema dentro de una solución. Sí, claro que quieres crecer; todos queremos que nuestro negocio crezca. Pero ten cuidado porque el crecimiento cuesta dinero. Es una cuestión de fondo de maniobra. Cuanto más rápido creces, más financiación necesitas.

Las ventas a empresas chupan tu dinero. La visión simple es que ventas significan dinero, pero cuando eres una empresa vendiendo a otra empresa, rara vez es tan simple. Tú entregas los bienes o servicios junto a una factura, y ellos pagan la factura más tarde. Normalmente meses más tarde. Y las empresas son buenos clientes, así que no puedes exigirles el pago porque no volverán a comprarte. Así que esperas. Cuando vendes algo a un distribuidor que lo vende a un minorista, consigues el dinero cuatro o cinco meses más tarde si tienes suerte.

El inventario chupa dinero. Tienes que comprar tu producto o fabricarlo antes de que puedas venderlo. Incluso si pones el producto en tus estanterías y esperas a venderlo, tus suministradores esperan que les pagues. Una regla simple: cada euro que tienes en el inventario es un euro que no tienes en dinero.

El capital circulante es tu mejor herramienta de supervivencia. Técnicamente, el capital circulante es un término de contabilidad que se aplica a lo que queda cuando restas las obligaciones actuales a los bienes actuales. En la práctica, es el dinero en el banco que usas para pagar tus costes de operación y gastos y comprar inventario mientras esperas que te paguen tus clientes.

“A cobrar” es una palabrota (ver la regla 4). El dinero que tus clientes te deben se llama “cuentas a cobrar”. Un atajo para la planificación financiera: cada euro en “cuentas a cobrar” es un euro menos en dinero.

Los bancos odian las sorpresas. Planifica. No tienes puntos extra por tu espontaneidad cuando tratas con bancos. Si ves que se acerca un acelerón en tu crecimiento, una nueva oportunidad o un problema con el pago de clientes, cuanto antes vayas al banco armado con tablas, gráficos y un plan realista, mejor te irá.

Vigila estas tres métricas vitales: “días de cobro” es una medida de cuánto tardarás en cobrar. “Rotación de inventario” es una medida de cuánto tiempo se sienta tu inventario sobre tu fondo de maniobra y estrangula tu flujo de caja. “Días de pago” es cuánto esperas para pagar a tus proveedores. Monitoriza siempre estos tres signos vitales del flujo de caja. Proyéctalos a doce meses y compara tu plan con lo que de verdad sucede.

Si eres la excepción más que la regla, bien por ti. Si todos tus clientes te pagan inmediatamente cuando compran, y no compras cosas antes de venderlas, relájate. Pero si vendes a empresas, ten en mente que no suelen pagar inmediatamente.

Necesito vuestra ayuda

Es muy probable que mi libro De parado a empresario se publique en papel, a la manera tradicional. Hay una editorial interesada en hacerlo, y a mí me parece estupendo.

La cuestión es que quiero añadirle valor, para que quien pague por tener la versión en papel obtenga algo más que lo que puede tener gratis en un PDF. Sí, ya sé que el formato papel ya es un valor en sí mismo, pero aún así. Además de corregir y completar algunas cosillas, me encantaría recibir vuestras sugerencias. Intentad completar la frase “compraría el libro en papel si…”, y pedid lo que se os ocurra.

No puedo prometer haceros caso en todo, pero se hará lo que se pueda.

El inevitable fracaso de los planes de estímulo

Atentos a este gráfico, sacado del blog de Greg Mankiw:

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Las dos líneas azules son las proyecciones que hizo el gobierno americano de las cifras de paro para justificar la necesidad de intervenir en la economía, el famoso plan de estímulo. Los puntos rojos representan los datos reales.

Como podéis ver, la realidad es mucho peor que la previsión para el escenario “sin plan de estímulo”. El gobierno de Obama se ha gastado 311.000 millones de dólares en el plan de estímulo (las partidas están aquí), y ha obtenido como resultado unas cifras peores que las que el mismo gobierno había predicho para el caso de que no se hiciera nada. Lo cual solo puede responder a dos causas, no necesariamente excluyentes: o la situación de partida era mucho peor que lo que el gobierno había estimado o el plan de estímulo ha hecho más daño que bien a la economía.

En cualquiera de los dos casos, bien porque el gobierno sea incapaz de hacer un diagnóstico correcto o bien porque sea incapaz de prescribir el tratamiento correcto, está claro que los planes de estímulo son un error. Ante la crisis, y cuando los votantes piden que “el Gobierno haga algo”, lo más fácil es gastarse un montón de millones en “hacer algo” y apuntarse cualquier resultado positivo, como hizo aquí el Gobierno con el Plan E y la mejoría temporal del paro.

Pero un plan de estímulo solo puede hacer que la economía vaya a peor. Consiste en quitar recursos a empresas y ciudadanos productivos, que han demostrado que tienen buen criterio para invertir y multiplicar esos recursos, y entregárselos a empresas menos eficientes, que ni siquiera son capaces de defenderse por sí mismas en el mercado. ¿De verdad alguien piensa que esto puede ser una buena idea para reactivar la economía?

Mis problemas con Ya.com

Desde el sábado he estado sin ADSL, después de unos días en que la conexión era inestable. Lo reporté el domingo, y después de hacer las comprobaciones de rigor, en la segunda o tercera llamada me dijeron que me enviarían un router nuevo. Yo no sospechaba del router, sino de mi central, pero no hubo manera de convencer al operador, que no salía del “mi compañero ha determinado que es el router”. El martes por la tarde llamo, y me dicen que el router tardará tres días, que serán cuatro o cinco, porque en realidad esperan tres días antes de enviarlos, y luego ya depende de cuando llegue. Ya perdida toda esperanza de tener la conexión arreglada en un tiempo razonable, les pedí que comprobaran la central antes de enviarme el router.

Ayer por la noche tenía un acceso intermitente, y hoy parece que todo va bien, aunque nadie de ya.com me ha llamado para informarme de nada.

Estoy pensando en cambiarme a Vodafone, que incluye con el ADSL un módem 3G que puedes usar si falla el ADSL, y tiene un precio razonable. ¿Alguien tiene alguna experiencia con esto o puede orientarme?

Le estaría eternamente agradecido.

Equivocarse en el precio

No vi el programa “El Aprendiz” que se estrenó la semana pasada, pero por lo que me han comentado el primer candidato descartado lo fue por haberse equivocado al poner un precio. Tanto se equivocó que estableció el precio de venta por debajo del coste.

Este error puede parecer absurdo, aunque yo lo he visto en empresas reales. Cierto que vendían servicios y productos más complejos que unas aceitunas y con márgenes muy estrechos, pero establecer mal un precio es más frecuente de lo que uno puede pensar. Una vez me contaron el caso de una señora mayor, viuda, que puso una papelería y asignaba los precios a los artículos con el único criterio de “lo que le parecía a ella que debían costar las cosas”. Así que algunos artículos los ponía a la venta con un margen del 300% y otros muy por debajo de su coste. Cerró al poco tiempo, claro.

Poner el precio sin tener en cuenta el coste es un error grave, pero también es peligroso hacerlo teniendo en cuenta sólo el coste. El precio es uno de los elementos de marketing más importantes. Y es que el precio es clave a la hora de convencer a un cliente potencial, entre otras cosas, porque es uno de los pocos elementos objetivos que tenemos para comparar con la competencia.

Cualquiera de nosotros compra decenas de cosas al cabo del mes, y no puede ser experto en todas. Más bien sucede al contrario: casi todas las decisiones de compra las tomamos con información parcial. Primero, porque no tenemos tiempo para analizar todos y cada uno de los ingredientes de un producto, todas las características de un servicio y compararlo con absolutamente todas las alternativas. Después, porque nos falta formación para entender la diferencia entre las características técnicas de dos productos. ¿Este tejido es mejor que este otro? ¿Una web hecha con Flash es mejor que una que cumpla con XHTML estricto?

De modo que nos basamos en impresiones subjetivas: el envoltorio, el comercio, el vendedor, los anuncios que hemos visto… Pero además de esas sensaciones y percepciones irracionales, agradecemos alguna información que satisfaga al lado izquierdo de nuestro cerebro. Y para esto el precio es una información excelente. El problema es interpretarlo correctamente.

Por ejemplo, tendemos a pensar que un precio barato es sinónimo de mala calidad, y un precio alto de lo contrario. De modo que, al contrario de lo que creen muchos emprendedores, a veces la estrategia correcta no es empezar con un precio muy bajo para conseguir robar clientes a la competencia. El cliente suma el desconocimiento de nuestra marca con un precio barato y le da como resultado desconfianza. Por el contrario, un precio alto, si conseguimos asociarle una idea de exclusividad o personalización (y a esto sí puede aspirar una empresa pequeña), es percibido como señal de calidad.

Por todas estas razones, es importante pensar en el precio desde el mismo momento en que empezamos a diseñar un producto o servicio, y utilizarlo como un instrumento más para ganar clientes.

225 dólares prestados en Kiva

Acabo de prestar otros 25 dólares a un emprededor del tercer mundo. A una emprendedora, para ser precisos, la chica de la foto que es de Samoa, hace ropa para niños y necesita un pequeño préstamo para comprar más telas.

Con esto ya llevo 225 dólares, en un total de 9 préstamos. En realidad, solo puse 100 en su momento, pero como Kiva no va de donar, sino de prestar, según un emprendedor te va devolviendo dinero y lo vuelves a tener en tu cuenta puedes prestárselo a otros. O recuperarlo, si es que por cualquier motivo lo necesitas.

De entre los nueve emprendedores solo hay uno que de momento se ha retrasado en un par de pagos. El resto ha sido puntual como un reloj.

En conjunto, el equipo Desencadenado ya ha prestado 2.900 dólares. Somos 25, y hemos hecho entre todos 93 préstamos.

¿Por qué no te unes y ayudas, de verdad, a alguien a salir de la pobreza creando bienestar para él, para su familia y para su comunidad? 25 dólares, el mínimo para prestar, no son nada para ti, y los recuperas al cabo de un tiempo con el mejor interés: saber que estás contribuyendo a hacer un mundo mejor.

Inmigrantes emprendedores

Hay un debate interesante en el mundillo de Silicon Valley acerca de una propuesta de permisos de residencia para emprendedores. Lo han llamado StartupVisa, y están intentando que los congresistas aprueben una reforma de los visado de entrada a EE.UU. para que los emprendedores tengan más fácil instalarse allí.

Lo que yo me pregunto es si lo que se necesita es un permiso para emprendedores o eliminar las restricciones para todos los inmigrantes. ¿Que sería una locura, millones de personas emigrarían a Estados Unidos?

En realidad, ya hay once millones de inmigrantes ilegales. No sé si a muchos otros les frena el problema del permiso legal. Pero al menos serían todos “legales”, y todos pagarían impuestos, podrían trabajar legalmente y, lo más importante, crear sus empresas legalmente.

Y es que el porcentaje de emprendedores es mayor entre los inmigrantes. Por una razón evidente: es gente que ya ha asumido un riesgo, que es capaz de abandonarlo todo en busca de una vida mejor. Asumir el riesgo de crear una empresa es peccata minuta. En un momento en el que necesitamos que la economía crezca, limitar la entrada al país a personas que pueden crear riqueza es sencillamente absurdo.

Alguien dirá: es que se nos llenaría todo de negros vendiendo CDs piratas o chinos vendiendo mercancía falsa. Pues sí. Pero nadie sabe si uno de esos negros o chinos va a convertirse en otro Li Tie. Y, ya que existe gente como Li Tie, capaz de crear esa enorme cantidad de riqueza, es mejor tenerlos aquí que dejar que creen sus empresas en otro país.