Ayer publicaba Jorge Galindo su experiencia con unos comerciales que pretendían venderle el ADSL de Jazztel. Yo he tenido alguna visita (creo recordar que más de tres) de comerciales de empresas eléctricas, que pretendían utilizar también la treta de “enséñeme una factura porque podemos ofrecerle un descuento”.
Como se lee en los comentarios, las personas mayores, que están acostumbradas a un mundo en el que “la compañía telefónica” o la compañía de electricidad eran una y única, caen en la trampa y acaban contatando un servicio con otra compañía sin saberlo. En realidad, estas “ventas” no las hacen las propias compañías, sino unas empresas comercializadoras, pero está claro que la responsabilidad es de quien las subcontrata.
Más allá de si es rentable utilizar estas prácticas, porque realmente no sé si la entrada de nuevos clientes compensa la mala imagen de los que se sienten estafados, me interesa el aspecto ético del asunto. Quiero decir, suponiendo que la técnica funcionara, ¿es lícito hacer esto? ¿vale cualquier cosa con tal de vender? ¿la libertad de mercado no implica que si consigues que alguien compre tú haces bien en vender? ¿no hay marcas que te prometen hacerte más atractivo o tener más éxito si usas sus productos, a sabiendas de que el reclamo es cuando menos difícil de comprobar?
Mi respuesta es que no, no se debe hacer este tipo de cosas, aunque tengan éxito a corto plazo. Yo creo que para estar realmente satisfecho contigo mismo y con tu negocio, debes creer que estás aportando valor a tus clientes. En algún caso no será así, y habrá discrepancias entre las expectativas generadas y lo que tu empresa ha proporcionado, pero debería ser algo excepcional.
Si para vender necesitas engañar, ocultar la identidad de tu empresa, mentir sobre las condiciones o las tarifas… ¿no sería mejor buscar otro negocio en el que puedas decir abiertamente lo que haces y cómo lo haces?




