SICAV, demagogia, regulaciones y capital riesgo


Dado que el gobierno no está dispuesto a gastar menos (más bien todo lo contrario), es obvio que necesita aumentar los ingresos. De modo que era previsible una subida de impuestos. Ahora bien, como a nadie le gusta pagar más impuestos, ha comenzado la propaganda demagógica: se van a subir “a los ricos”.

Enseguida aparecen otras ideas demagógicas: los ricos no pagan impuestos porque tiene SICAV. ¡Subamos los impuestos a las SICAV!

Para desgracia de todos, que los ricos no pagan impuestos es una ley tan inexorable como la de la gravedad. Para eso son ricos y pueden permitirse pagar legiones de abogados y asesores fiscales que se aseguren de encontrar la manera de minimizar la parte de sus beneficios que se lleva el estado. Si es preciso, se llevan el dinero a otros países donde los traten mejor. Y siempre habrá países que los traten mejor. Si esto lo hace hasta el solidario Bono, ¿qué no harán los malvados capitalistas que fuman puros y llevan chistera? No sé si es injusto o no, pero es la realidad, y no sirve de nada empeñarse en negarla.

De modo que no, por mucho que nos empeñemos, el coste de las medidas sociales del gobierno no lo van a pagar los ricos, sino los que tienen una nómina controlada por Hacienda y ninguna capacidad de hacer filigranas fiscales. Como siempre.

Más demagogia: ¡Debe existir más regulación para evitar otra crisis como ésta! Pues no hace falta regulación para evitar una crisis como ésta, porque gato escaldado del agua fría huye. Ya estamos todos escarmentados. La siguiente crisis vendrá por otras vías, que se habrán escapado al regulador, como todas las anteriores. Creer que el gobierno puede evitar las crisis mediante la regulación de los mercados es un espejismo, como se demuestra una y otra vez. Los gobiernos siempre van a la zaga de la realidad.

Lo que sí harán las regulaciones, y las subidas de impuestos, es dificultar la salida de la crisis. Lo que necesitamos, aparte de esperar a que nos salve la divina providencia en forma de consumo alemán y francés, es invertir en empresas que creen riqueza. Que necesiten emplear trabajadores y que compren a otras empresas productos y servicios.

En Estados Unidos, llevados por el empeño vano de evitar nuevas crisis financieras, están intentando regular el capital riesgo. Lo que significará menos capacidad de maniobra y por tanto menos capacidad para financiar empresas incipientes, de alto riesgo por su propia naturaleza.

En España, sin haber llegado a tener una infraestructura de inversión en emprendimientos y con unas regulaciones que hacen que crear y financiar una empresa sea una proeza, ya estamos dispuestos a gravar más las rentas del capital y a poner en la picota a “los ricos”. Esos que podrían invertir en empresas españolas, pero que se llevarán su capital a países donde sea mejor recibido si aquí se les hace todo más difícil.

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 Publicado el 01/09/2009