Desencadenado

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Pis, pijama, dientes y a la cama

Esa frase, recitada con tonillo musical, es la que repiten los niños en el campamento al que han ido mis hijos pequeños este verano para recordar lo que deben hacer al acostarse. Cuando tienes decenas o centenares de niños, y cada uno trae sus propias costumbres, necesitas homogeneizar el comportamiento de todos para que la cosa funcione de manera más o menos automática. No hay un papá o una mamá que pregunten cada cinco minutos “¿Ya te has lavado los dientes?” o que insistan en que el crío se ponga el pijama de una vez, así que la frasecilla es un buen truco.

Los niños agradecen que se establezca de manera clara qué deben hacer en ese momento, porque aunque la tentación de distraerse cada cinco minutos es muy fuerte, al mismo tiempo les crea una situación de estrés. Mi hija pequeña me contaba que los primeros días en el campamento lo pasó peor “porque no sabía cuándo íbamos a hacer las cosas”. Después, cuando ya tenía interiorizada la rutina de desayuno, actividades, piscina, etc., ya pudo relajarse.

Pero también a los adultos desarrollar hábitos nos facilita la vida. Me he quitado la barba este verano, lo que significa que ahora tengo una tarea más que hacer por las mañanas (afeitarme). Pues bien, incorporar esta tarea en mi rutina me ha supuesto unos días de desconcierto. Por ejemplo, a veces he salido del cuarto de baño para volver a entrar inmediatamente porque no me había lavado los dientes o no me había puesto desodorante.

¿A qué viene todo esto? Pues que el desarrollo de hábitos es una de las claves de la productividad y la mejora personal. Seguro que muchos de vosotros, a la vuelta del verano, os habéis propuesto introducir alguna mejora en vuestras vidas: dormir más, hacer más ejercicio, comer menos, estudiar inglés, escribir en el blog a diario…

El problema es que esas mejoras suponen introducir cambios en nuestras vidas, y la tendencia natural es a mantener los hábitos ya creados. El cambio supone racionalizar y realizar conscientemente unos actos que, aunque no sean difíciles en sí mismos, rompen la rutina que ya tenemos establecida. Y nuestro inconsciente tiene preparadas buenísimas excusas para permitirnos a nosotros mismos dejar nuestro propósito para más tarde, o para el día siguiente, o para el año siguiente.

Por eso, lo mejor que puedes hacer si realmente quieres cambiar algo, es hacerlo de la manera más rutinaria posible: siempre a la misma hora, de la misma manera, antes y después de otros hábitos ya formados, en el mismo entorno, con las mismas herramientas y hasta con la misma ropa si es preciso. Así conseguirás convertir tu deseo de mejorar en un hábito más, tan difícil de romper como el resto de tus hábitos.

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  • http://leoborj.wordpress.com Leo Borj

    Borja, eres la bomba! Eso es exactamente lo que mi “santa esposa” pregona. La verdad que cuando los niños están conmigo se descontrolan mucho más que con ella, porque la palabrería no va con ellos. Ella les imprime una rutina maravillosa. Gracias por la canción, esta temporada ¡va a ser la mía!