El lunes se anunció una iniciativa conjunta del Ministerio de Cultura, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento para promocionar el teatro. Se trata de una web, madridestrena.com, en la que se informa de los estrenos teatrales.
Por lo que he podido ver, la cosa ya ha costado 25.000 euros. A eso hay que sumarle el evento de presentación, que una cosa de estas entre micrófonos, traseras, canapés y vinito no suele salir por menos de 2.000. Y los 25.000 euros han sido para crear la web, que ahora hay que mantenerla, así que nuestras administraciones se gastarán otros miles de euros más en seguir adelante con la iniciativa.
Obviemos que “la web” es un blog en WordPress con unos cuantos plugins, y supongamos que configurar el asunto, meter el contenido inicial y crear un tema cuesta 25.000 euros. Al menos se los ha llevado un freelance, y no una empresa de consultoría al uso.
El problema grave es el de fondo: ¿qué necesidad tiene el Estado de hacer la competencia a Lanetro o la Guía del Ocio? ¿No se supone que esto del Estado es para llegar allí donde la iniciativa privada no llega? Pues ahora resulta que hay al menos un par de empresas que intentan ganar dinero ofreciendo esta información, y el Estado se considera legitimado para competir con ellas. Utilizando para ello el dinero que previamente les ha quitado en forma de impuestos.
Probablemente el 90% de los usuarios seguirá consultando las webs de las empresas privadas para buscar información sobre teatro, pero eso no quita para que el asunto tenga muy poca gracia. Hace unos años, en España había dos empresas que desarrollaban (y vendían) sus propias distribuciones de Linux: Esware e HispaFuentes. Pero a la Comunidad de Extremadura se le ocurrió que podía desarrollar su propia distribución y regalarla, luego le siguieron otras… y hoy Esware ha cerrado e HispaFuentes sobrevivió gracias a que consiguió cambiar su modelo de negocio para convertirse en prestador de servicios.
Por si no es suficientemente difícil ser emprendedor en un país como el nuestro, con tanta regulación y tanta traba, encima llega el Estado y se convierte en tu peor competidor: uno que tiene recursos infinitos, ofrece lo mismo a coste cero y no tiene ninguna presión para obtener beneficios.
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