Imagina que cuando empiezas a trabajar para una empresa preguntas por las vacaciones y te dicen que puedes coger todas las que quieras, cuando quieras. No 22 días laborables, ni un mes fijo, ni “al menos cinco días seguidos”, ni “solo entre junio y agosto”. Cuatro, cinco, seis semanas… lo que quieras. Y cuando quieras, no solo en verano.
¿Imposible? Pues es la política de Netflix. Mientras que en Estados Unidos lo habitual es tomarse 10 días de vacaciones al año, en Netflix hay quien se toma tres, cuatro y hasta cinco semanas seguidas. Y la empresa ni siquiera registra quién se ha ausentado ni por cuánto tiempo.
Para Reed Hastings, Director General, los límites a las vacaciones y los requerimientos de tiempo presencial son “una reliquia de la era industrial”. En Netflix, obviamente, tampoco hay horarios de entrada o salida.
Dice Hastings: “Lo peor para un directivo es que venga y me diga: ‘Vamos a darle a Susie un gran aumento de sueldo porque siempre está en la oficina’. ¿Y qué me importa? Quiero directivos que vengan y me digan: ‘Vamos a darle un gran aumento a Susie porque consigue hacer un montón’, no porque esté encadenada a su mesa.”
En Netflix eso que en España está tan extendido de quedarse por la tarde hasta las 7 o las 8, no porque haya trabajo, sino porque demuestra “compromiso con la empresa” está hasta mal visto. Si John se va a las cinco y obtiene los mismos resultados que Paul que se queda hasta las ocho, el profesional más valorado es John.
¿Puede aplicarse este tipo de política en cualquier empresa?
Probablemente no. De hecho, la propia Netflix no la aplica para los empleados que contrata por horas en el centro de soporte (obviamente, hay que gestionar turnos y la presencia físico es un requisito). Pero no cabe duda que, donde sea posible, será mejor para todos, tanto para la empresa que tiene los mismos o mejores resultados como para los empleados que tienen mejores condiciones de trabajo.





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