El post de Jaime Estévez en el que contaba el efecto que había tenido su año de emprendedor en su relación de pareja, me ha animado a compartir algunas reflexiones sobre la compatibilidad de emprender y mantener a la vez una relación afectiva.
De entrada conviene recordar que ningún momento es el ideal para emprender. Si eres joven te falta experiencia, si tienes experiencia te sobran cargas, si hay crisis nadie compra, si no hay crisis todo es caro… Con respecto a la pareja sucede lo mismo, no se trata de analizar si es mejor emprender soltero y sin compromiso o con mujer, hijos y hasta una suegra. Cada uno tiene la circunstacia que tiene, y con eso hay que contar desde el principio.
El problema es que el emprendedor es, casi por definición, cabezota y visionario. Quiero decir que un emprendedor ve una oportunidad de negocio donde otros solo ven riesgo y está dispuesto a dejarse la piel en el pellejo, como decían Gomaespuma, para conseguir hacer realidad esa visión. Pero quien está al lado sólo ve a un terco empeñado en llamar gigantes a lo que evidentemente son solo molinos de viento. Con lo que los sacrificios que el primero asume naturalmente la pareja los sufre sin entenderlos.
Eso va haciendo mella, y más cuando los resultados tardan en aparecer. Uno puede aceptar cosas como “no tengo mucho tiempo para disfrutar de mi pareja, pero al menos está ganando una pasta que hará que dentro de un año nos vayamos un mes de vacaciones al Caribe”, pero es más difícil aceptar que además de no ver a tu pareja tengas que aceptar que despilfarre los ahorros en una empresa que no parece ir a ningún lado.
Creedme: sé de lo que hablo. Hoy es mi decimonoveno aniversario de boda, y seguramente la mayor amenaza que hemos tenido durante todos estos años ha sido mi aventura de emprender. Mi mujer tiene aversión al riesgo y prefería un marido funcionario con un sueldo simplemente decentillo a un emprendedor que no supiera cuánto dinero ingresaría el mes siguiente. Una persona de confianza le dijo que fuera prudente, porque podía encontrarse con un ex-marido funcionario, y yo tuve que reconocer que llegó un momento en que no podía seguir con la empresa y a la vez atender a mi familia. Entre que ella tuvo paciencia y yo dejé la empresa al cabo de un tiempo, conseguimos salvar la relación.
Para resolver el dilema creo que es esencial ordenar tu escala de valores cuanto antes: ¿es más importante para ti la empresa o la pareja? Si es la empresa, lo único que puedes hacer es dedicar todo tu esfuerzo a ella y esperar que las turbulencias en la relación de pareja no lleguen a provocar el naufragio, pero estar dispuesto a afrontar las consecuencias si llega el caso.
Si decides que tu pareja es más importante, entonces necesitas poner límites al dinero y al tiempo que vas a invertir en la empresa. Negocia cuanto antes qué tiempo vas a dedicar a estar juntos, a cuidar de la casa, de los niños, y qué recursos vas a invertir en el negocio. Si mantienes estos compromisos puede que llegue un momento en el que tengas que abandonar tu proyecto, pero habrás salvado tu pareja.
Y ya de paso, un consejo: si estás casado en gananciales, como la mayoría de los españoles, puede ser buena idea hacer una separación de bienes al empezar a emprender. Más que nada, por prevenir.
photo credit: TheAlieness GiselaGiardino²³
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4 respuestas por ahora ↓
1 Senior Manager 08/07/2009 - 9:22 am
La vida en pareja es difícil, sobre todo en asuntos económicos, y es por eso que un acto emprendedor puede traer “dilemas” de pareja.
Yo pienso que es posible integrar a las parejas en los proyectos, aunque sé que con algunos/as es más difícil el proceso de convencimiento que con otros/as.
De todas formas, el consejo final que emites (separación de bienes) aunque pareciera ser un poco drástico, siempre evita problemas, sobre todo en estos tiempos así que lo apoyo.
SM
2 Sergio 08/07/2009 - 12:49 pm
A las mujeres les aterra la inseguridad, por eso hay pocas mujeres emprendedoras. Son ellas las que peor lo pasan cuando su pareja es quien emprende. Si las cosas van bien, no hay problemas, pero si las cosas van mal, se hace insoportable.
Creo que uno debe valorar cada cosa a su medida, a la pareja lo que es de la pareja, y al negocio lo que es del negocio.
Mi novia estará conmigo por mi mismo y mis circunstancias. Pero si algún día se cansa de mis circunstancias, o de mi, no podré evitarlo. Pero jamás dejaría mi negocio solo por temas de pareja o familiares.
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