En la tira de ayer, Dilbert pregunta a su jefe por la política de cambiar los vasos de café de styrofoam por vasos de papel:
Evidentemente, el ecologismo está de moda, y muchas empresas se preocupan de parecer comprometidas con el medio ambiente. El caso extremo son las empresas de energía. Si uno mira las imágenes con las que se publicitan, sin fijarse demasiado en el texto, parece que se dedican a plantar árboles o a organizar excursiones campestres. Y cuando te pones a leer, la propuesta de valor no es que el suministro sea fiable o barato, sino que proviene de fuentes sostenibles y están trabajando para que sea todavía más sostenible.
Otras modas actuales son las de ser abierto, dar igualdad de oportunidades a todos los empleados, la responsabilidad social corporativa, etc. No hay nada malo en ello si uno cree en la sostenibilidad, la igualdad o lo que sea. Pero tanta empresa concienciada al mismo tiempo suena a lo de Dilbert: no es importante que lo que hago sirva para algo, sino que parezca que somos el tipo de empresa que se preocupa de esas cosas.
Pero eso de buscar más el ‘parecer’ que el ‘ser’, se acaba notando. Y al final el efecto que se consigue es nulo o incluso negativo, porque el consumidor piensa que igual que le engañas en tu mensaje de buen rollito, le engañarás en otras cosas. Y a nadie le gusta que le engañen.
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