Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Salir del paro creando una empresa, el libro

He recopilado los posts de la serie “Salir del paro creando una empresa” y los he convertido en un libro. Los detalles, incluido cómo conseguirlo, aquí.

La licencia es creative commons atribución-compartir igual, así que podéis descargarlo y repartirlo por ahí como consideréis mejor. Podéis retocarlo, mejorarlo y hacer obras derivadas (traducciones, adaptaciones, audiolibros, películas, series de televisión…). Incluso podéis venderlo, si es que alguien os lo compra. Las condiciones son que respetéis la autoría (y enlacéis a este blog) y, si hacéis una obra derivada, que la licencia sea la misma.

Toda ayuda para difundirlo será bienvenida…

¿Queremos ser o parecer?

En la tira de ayer, Dilbert pregunta a su jefe por la política de cambiar los vasos de café de styrofoam por vasos de papel:

Dilbert.com

Evidentemente, el ecologismo está de moda, y muchas empresas se preocupan de parecer comprometidas con el medio ambiente. El caso extremo son las empresas de energía. Si uno mira las imágenes con las que se publicitan, sin fijarse demasiado en el texto, parece que se dedican a plantar árboles o a organizar excursiones campestres. Y cuando te pones a leer, la propuesta de valor no es que el suministro sea fiable o barato, sino que proviene de fuentes sostenibles y están trabajando para que sea todavía más sostenible.

Otras modas actuales son las de ser abierto, dar igualdad de oportunidades a todos los empleados, la responsabilidad social corporativa, etc. No hay nada malo en ello si uno cree en la sostenibilidad, la igualdad o lo que sea. Pero tanta empresa concienciada al mismo tiempo suena a lo de Dilbert: no es importante que lo que hago sirva para algo, sino que parezca que somos el tipo de empresa que se preocupa de esas cosas.

Pero eso de buscar más el ‘parecer’ que el ‘ser’, se acaba notando. Y al final el efecto que se consigue es nulo o incluso negativo, porque el consumidor piensa que igual que le engañas en tu mensaje de buen rollito, le engañarás en otras cosas. Y a nadie le gusta que le engañen.

Cuando tu empresa se ataca a sí misma

¿Cómo saber si una empresa se ha hecho demasiado grande?

Un señal inequívoca es cuando se demanda a sí misma, y contrata a abogados diferentes para demandarse y defenderse. No es broma. Es lo que ha hecho Wells Fargo.

El banco tiene dos hipotecas en un bloque de apartamentos en Sarasota, Florida, que pertenecen todos al mismo dueño. En un caso de ejecución hipotecaria respecto a la primera de las hipotecas, ha demandado a los tenedores de las hipotecas del resto de apartamentos, lo que incluye al propio banco. Así que para defenderse de si mismo, ha contratado a una firma de abogados diferente, que por supuesto ya ha escrito para defender a Wells Fargo (el demandado) de Wells Fargo (el demandante).

Sin llegar a estos extremos, es frecuente que en empresas grandes la coordinación deje mucho que desear. Departamentos que compiten entre sí e incluso entran en guerras de precios, mensajes incoherentes al mercado, personas o equipos enteros que actúan contra el bien de la compañía…

Pero incluso en las empresas pequeñas podemos estar “disparándonos en nuestro propio pie” sin ser conscientes de ello. Después de reírte de Wells Fargo, piensa: ¿seguro que en todo lo que hace mi empresa no hay nada que no vaya contra los intereses de la misma?

Creative Commons License photo credit: Steve Punter

Llegando a Ítaca


Cuando a empecé a escribir esta serie, cité de pasada el conocido poema de Kavafis Viaje a Ítaca. No fue casualidad. Kavafis utiliza la historia de Ulises como metáfora de la vida, pero crear una empresa también es un viaje lleno de aventuras, lleno de experiencias.
A lo largo de los anteriores posts, hemos advertido del peligro de los temibles cíclopes y las irresistibles sirenas, del colérico Poseidón que levanta olas que amenazan a nuestro frágil barco. Pero también hemos descubierto la felicidad de arribar a una playa nueva, de ser libre para elegir cada día el rumbo que vas a tomar, de comerciar con los fenicios y aprender de los sabios egipcios.
Si hemos sorteado los peligros y hemos conseguido convertir una situación de paro en una empresa rentable, que aporta valor a sus clientes y que crea trabajo para nosotros e incluso para otros, ha llegado el momento de saber qué hacer con ella.
¿Queremos limitar su crecimiento y quedarnos satisfechos con una empresa que nos permite vivir con libertad? ¿Queremos que crezca y que podamos decir a nuestros hijos eso de “algún día todo esto será tuyo”? ¿Nos quedaremos en nuestra ciudad o abriremos delegaciones en Londres y Los Ángeles? ¿Queremos vendérsela a Google o a Telefónica por unos cuantos millones?
No es absurdo preguntarse esto. Es muy posible que al principio toda nuestra ambición fuera generar los ingresos suficientes como para mantenernos a nosotros mismos decentemente. Pero si la empresa va bien, tendremos que tomar decisiones muy concretas en función de como queremos que esté dentro de cinco o diez años: trabajar más o menos tiempo, contratar directivos, reinvertir los beneficios, rechazar oportunidades, buscar financiación…
Sea lo que sea lo que decidas, estará bien. No hay una respuesta correcta a la pregunta de qué hacer con tu empresa. Si tienes el gusanillo del emprendedor te aburrirá gestionar una empresa madura y preferirás venderla y crear otra nueva. Si te apasiona lo que haces procurarás seguir en lo mismo toda la vida.
Crear una empresa con éxito te permite tomar estas y otras muchas decisiones. Y sobre todo, te permite ser dueño de tu vida. No volver a depender nunca más de que la empresa para la que trabajas pase una mala racha, o de tener problemas con el jefe. No volver a hacer un día y otro día y otro día algo que no te apetece hacer.
Steve Jobs, en su famosos discurso en Stanford, decía esto:

[...]durante los últimos 33 años, me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: “Si hoy fuera en último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo.
Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a tomar las grandes elecciones de mi vida. Porque casi todo – todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso – todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solamente aquello que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay ninguna razón para no seguir a tu corazón.

Dicho queda. El premio por arriesgarse a emprender es la libertad, el conocimiento, la experiencia. Mirarte al espejo por la mañana y sentir que si fuera el último día de tu vida harías lo mismo que vas a hacer.
Termino con el poema de Kavafis. Léelo, piensa en ello, prepara el barco, contrata a la tripulación y parte cuanto antes.

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

La traducción es de Pedro Bádenas de la Peña

Creative Commons License photo credit: Amir K.

Formulario de contacto


Viendo que hay gente que intenta decirme cosas y le resulta difícil, he añadido un formulario de contacto al blog.
Cosa que probablemente debía haber hecho hace mucho tiempo…

¿Se puede emprender y tener pareja?

El post de Jaime Estévez en el que contaba el efecto que había tenido su año de emprendedor en su relación de pareja, me ha animado a compartir algunas reflexiones sobre la compatibilidad de emprender y mantener a la vez una relación afectiva.

De entrada conviene recordar que ningún momento es el ideal para emprender. Si eres joven te falta experiencia, si tienes experiencia te sobran cargas, si hay crisis nadie compra, si no hay crisis todo es caro… Con respecto a la pareja sucede lo mismo, no se trata de analizar si es mejor emprender soltero y sin compromiso o con mujer, hijos y hasta una suegra. Cada uno tiene la circunstacia que tiene, y con eso hay que contar desde el principio.

El problema es que el emprendedor es, casi por definición, cabezota y visionario. Quiero decir que un emprendedor ve una oportunidad de negocio donde otros solo ven riesgo y está dispuesto a dejarse la piel en el pellejo, como decían Gomaespuma, para conseguir hacer realidad esa visión. Pero quien está al lado sólo ve a un terco empeñado en llamar gigantes a lo que evidentemente son solo molinos de viento. Con lo que los sacrificios que el primero asume naturalmente la pareja los sufre sin entenderlos.

Eso va haciendo mella, y más cuando los resultados tardan en aparecer. Uno puede aceptar cosas como “no tengo mucho tiempo para disfrutar de mi pareja, pero al menos está ganando una pasta que hará que dentro de un año nos vayamos un mes de vacaciones al Caribe”, pero es más difícil aceptar que además de no ver a tu pareja tengas que aceptar que despilfarre los ahorros en una empresa que no parece ir a ningún lado.

Creedme: sé de lo que hablo. Hoy es mi decimonoveno aniversario de boda, y seguramente la mayor amenaza que hemos tenido durante todos estos años ha sido mi aventura de emprender. Mi mujer tiene aversión al riesgo y prefería un marido funcionario con un sueldo simplemente decentillo a un emprendedor que no supiera cuánto dinero ingresaría el mes siguiente. Una persona de confianza le dijo que fuera prudente, porque podía encontrarse con un ex-marido funcionario, y yo tuve que reconocer que llegó un momento en que no podía seguir con la empresa y a la vez atender a mi familia. Entre que ella tuvo paciencia y yo dejé la empresa al cabo de un tiempo, conseguimos salvar la relación.

Para resolver el dilema creo que es esencial ordenar tu escala de valores cuanto antes: ¿es más importante para ti la empresa o la pareja? Si es la empresa, lo único que puedes hacer es dedicar todo tu esfuerzo a ella y esperar que las turbulencias en la relación de pareja no lleguen a provocar el naufragio, pero estar dispuesto a afrontar las consecuencias si llega el caso.

Si decides que tu pareja es más importante, entonces necesitas poner límites al dinero y al tiempo que vas a invertir en la empresa. Negocia cuanto antes qué tiempo vas a dedicar a estar juntos, a cuidar de la casa, de los niños, y qué recursos vas a invertir en el negocio. Si mantienes estos compromisos puede que llegue un momento en el que tengas que abandonar tu proyecto, pero habrás salvado tu pareja.

Y ya de paso, un consejo: si estás casado en gananciales, como la mayoría de los españoles, puede ser buena idea hacer una separación de bienes al empezar a emprender. Más que nada, por prevenir.

Creative Commons License photo credit: TheAlieness GiselaGiardino²³

Burnout

Burnout puede traducirse por “estar quemado”. Según la wikipedia vemos es un término psicológico para la experiencia de agotamiento a largo plazo y disminución del interés.

Según Herbert Freudenberger y Gail North, las fases (no necesariamente consecutivas) son:

  • Una compulsión para probarse a uno mismo
  • Trabajar más
  • Descuidar las propias necesidades
  • Desplazamiento de los conflictos (la persona no es consciente de la causa original del problema)
  • Revisión de los valores (los amigos o las aficiones se abandonan)
  • Negación de los problemas emergentes (el cinismo y la agresión se hacen aparentes)
  • Retirada (reducción de los contactos sociales al mínimo, aislarse; puede suceder el abuso del alcohol u otras sustancias)
  • Los cambios en el comportamiento se hacen obvios para otros
  • Vacío interior
  • Depresión
  • Síndrome de burnout

Si analizamos los primeros pasos, vemos que el burnout puede ser una pendiente por la que se deslice sin darse cuenta el emprendedor con problemas. Si la reacción ante una situación complicada es trabajar más, sin escuchar a los que nos rodean, empeñándonos en resolver nosotros mismos todos los problemas, es muy probable que acabemos agotados, con una situación personal complicada y con la empresa hundida.

Decía Cela que “el que resiste, gana”. En la empresa, también. Pero para resistir a largo plazo, necesitas tener algunos hábitos que te ayuden a evitar el peligro del burnout:

Vida sana

Haz algún deporte, mejor si es al aire libre. Si hace mucho que no practicas nada, una buena opción es el golf: no necesitas estar en muy buena forma, te ayuda a practicar la concentración y puedes jugar con otras personas de condiciones físicas muy diferentes. Pero cualquier cosa sirve: salir a correr, montar en bici, practicar un deporte de equipo con amigos, etc.

Debes comer y dormir también regularmente. Es cierto que si eres muy joven el cuerpo aguanta mucho más, pero una temporada de pizzas y cuatro horas de sueño acaban con la salud y la resistencia de cualquiera. Estar en forma te ayuda a pensar con más claridad y a ser más eficiente en el trabajo.

Descanso

De acuerdo en que cuando pones en marcha tu empresa está todo por hacer y las tareas se multiplican por doquier. Pero tienes que recordar que la empresa es una carrera a largo plazo, no un sprint. Si gastas todas tus energías al principio, no podrás llegar a la meta.

Necesitas tener actividades que te permitan relajarte y descansar. A ser posible cosas como leer, oír música, salir con amigos, ir al cine. Cosas que ocupen tu mente lo suficiente como para dejar en un rincón los problemas de la empresa.

Relaciones personales

No descuides a los amigos, y menos a la familia. Acuerda desde el principio cual va a ser tu “fin de semana”: puede que necesites trabajar los sábados y descansar solo el domingo, o a lo mejor decides que trabajarás sábados y domingos por la mañana pero descansarás por las tardes. Lo que sea, respétalo. No hay nada tan urgente que no pueda esperar unas horas.

Recuerda que eres mortal

Evita creer que lo puedes todo y que simplemente con más esfuerzo y más trabajo conseguirás mejores resultados.
No lo puedes todo. No eres un superhombre (o una supermujer) y es posible que no seas capaz de sacar tu empresa adelante solo con tus propios medios.

Pide ayuda

Busca el consejo de gente con más experiencia, contrata a un asesor, habla con otras personas que han pasado por experiencias similares, etc. No creas que tú tienes todas las respuestas. Muchas veces alguien con menos implicación emocional y más perspectiva puede ver soluciones que tú eres incapaz de percibir aunque las tengas delante de las narices.

Renuncia

Si estás delante de un muro, no te empeñes en seguir adelante. Por mucho que te pese, es posible que te hayas equivocado con la empresa. Hacer como si no lo vieras solo consigue agravar los problemas.

Si realmente la empresa es insalvable, habla con tu asesor fiscal/laboral y procura cerrarla con el menor daño posible para ti y para otros (socios, empleados, proveedores, clientes…). Reflexiona y piensa en todo lo que has aprendido y cómo puedes aprovecharlo tanto si decides volver a tener un sueldo como si vas a intentar otra aventura empresarial.

¿Otra aventura? ¿Después de haber fracasado?

Pues sí. A veces el fracaso en un emprendimiento es la mejor garantía de éxito para el siguiente proyecto. Y el miedo a un nuevo fracaso puede paralizarte y hacerte perder la oportunidad de tu vida. Mira si no el caso de Ronald Wayne, el tercer socio de Jobs y Wozniak en Apple. Wayne llegó a tener un 10% de Apple, pero lo devolvió a cambio de 800 dólares. Seis años después, esa participación valía más de 1.500 millones de dólares.

Wayne rechazó el 10% de la empresa porque le abrumaba la responsabilidad que implicaba. Jobs estaba tomando decisiones arriesgadas para fabricar los primeros Apple, y temía verse afectado por las deudas. Wayne había creado anteriormente una empresa que no tuvo éxito, y las deudas que asumió estuvieron perjudicándole durante años, así que no quería verse otra vez en la misma situación. Claramente, Wayne aprendió la lección equivocada de su fracaso anterior.

Por eso, lo mejor si has llegado a un callejón sin salida es abandonar, aprender la lección y actuar mejor la próxima vez. De lo contrario acabarás quemado, con problemas en tu vida personal, con peor situación económica y con menos fuerzas para responder a otros desafíos.

Creative Commons License photo credit: badjonni