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Al principio, cuando empiezas y todo son gastos, casi ni se te ocurre pensar en tu sueldo como emprendedor. Pero si aparecen socios que aportan capital, si formalizas una sociedad y te das de alta como autónomo, tienes que afrontar la cuestión de tu sueldo.
Lo primero que debes tener en cuenta es que aunque hay posibilidades de capitalizar la prestación por desempleo (o sea, cobrar el dinero pendiente para crear tu empresa), tienen condiciones muy restrictivas.
Lo más factible es cobrar hasta el 20% de lo que queda pendiente para hacer inversiones en tu empresa (que tienes que justificar), y el resto compensarlo con las cuotas de la seguridad social. Es decir, que durante un tiempo, hasta que agotes lo que te queda por recibir de paro, no pagas las cuotas de seguridad social de autónomos. No ingresas, pero al menos no te cuesta dinero estar dado de alta.
Con lo cual, si tienes alguna inversión que hacer (por ejemplo, un ordenador o incluso una aplicación de gestión, o la reforma de un local, cualquier cosa de la que puedas conseguir factura y que sea una inversión para tu empresa), puedes aprovechar esa posibilidad.
Si no, lo mejor es esperar y seguir cobrando el paro mientras vas desarrollando tu empresa. Ojo, si formalizas la sociedad y tú eres el administrador, debes darte de alta como autónomo y por tanto dejar de recibir la prestación por desempleo. Puedes distraerte un mes, porque de lo contrario será el llanto y el crujir de dientes.
Lo que puedes hacer, si ves que tu empresa va a tardar en generar ingresos y que necesitas el paro para sobrevivir es que sea otra persona quien se de de alta como administrador de tu empresa. Tiene que cumplir dos requisitos: que puedas tener absoluta confianza en ella (al fin y al cabo, podrá firmar en nombre de la empresa) y si es posible que ya esté dada de alta como autónoma, y por tanto no tenga gastos adicionales por este concepto.
Así puedes ir tirando un tiempo, hasta que por fin seas tú quien se disponga a llevar las riendas de una empresa ya legalmente constituida, con todas las de la ley. Ahora el problema es ¿qué sueldo me pongo?
Para valorarlo, debemos partir de tres hechos:
Primer hecho: no vas a tener dinero para todo. Eso implica decidir dónde ahorrar y dónde gastar. Y tu prioridad debería ser aquello que te permite conseguir cuanto antes clientes que paguen.
Segundo hecho: Hacienda quiere parte de cada euro que pasa por tus manos. Si se trata de relaciones laborales, la S. Social también quiere su parte. Cada céntimo que se llevan ellos es un céntimo que no destinas a tu objetivo.
Tercer Hecho: si no haces bien las cuentas, te engañas a ti mismo. Si no tienes en cuenta tu sueldo puedes creer que tu empresa va bien cuando en realidad es una ruina.
Teniendo en cuenta esto, ¿cuál es la mejor estrategia para un emprendedor que comienza con recursos escasos?
1. Procura minimizar lo que se lleva el Estado.
Si te pones un sueldo, la S. Social se lleva un 38% (parte empresarial y parte del trabajador). Y Hacienda un porcentaje que depende de la cantidad, pero que para un sueldo de dirección (el que deberías cobrar) supera el 12%. Es decir, más de la mitad del dinero desaparece. Si eres administrador de la empresa cotizas como autónomo, con lo que la parte de la S. Social no es un porcentaje sino un coste fijo. Pero la situación es la misma.
Conclusión: no te pongas sueldo “oficial”, o si lo haces ponte el menor sueldo posible. Si no te queda más remedio que cotizar como autónomo, hazlo y paga lo que sea menester. Pero no cometas el error de regalar además tu dinero a Hacienda. A cambio, ponte un sueldo “virtual”, que corresponda al dinero que deberías ingresar cada mes si la empresa ya estuviera funcionando a velocidad de crucero.
2. Vive de tus ahorros
En lugar de meter dinero en la empresa para sacarlo a final de mes en forma de nómina, utiliza una cuenta de ahorro y saca de ella a final de mes lo que ibas a cobrar. Así, en lugar de pagar a Hacienda y la SS, le sacas unos eurillos de intereses a tus ahorros. Es fundamental que conozcas tus gastos personales, para evitar un optimismo excesivo que haga que el dinero previsto no sea suficiente.
3. Contabiliza el dinero que dejas de cobrar
Tanto si tienes socios como si no, no dejes de registrar el dinero que deberías haber cobrado de la empresa. Puedes aflorarlo contablemente como préstamo de socio, puedes considerarlo aportación de capital que te da derecho a más participaciones, o puedes simplemente cobrarlo más adelante, cuando la empresa pueda ya pagarte el sueldo (con o sin intereses, que esa es otra cuestión).
Si tienes socios, es muy importante que estas cuentas estén claras y sean aceptadas por todos para evitar problemas posteriores. Tú puedes creer que un señor empresario se merece un sueldo de 10.000 euros al mes, y tus socios estar pensando que por dirigir una empresita como la tuya, con 1.000 al mes vas que te matas. Intenta comparar con lo que sea la práctica habitual en el sector para pequeñas empresas, con lo que ganabas antes o podrías ganar en un trabajo “estable”, y con cualquier otra referencia más o menos objetiva.
4. Ponte límites
En esta estrategia, sobre todo si tienes responsabilidades familiares, es fundamental conocer de antemano hasta cuándo puedes vivir sin cobrar o cobrando por debajo de tu sueldo objetivo. Así no hay malos entendidos ni con tus socios ni (lo que es más importante) con tu familia. Si se aproxima la fecha límite y la empresa todavía no es capaz de pagarte lo suficiente como para cubrir tus gastos, es el momento de replantear o su refinanciación o su cierre.






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