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Las historias de emprendedores como Steve Jobs, Jeff Bezos o Hewlett y Packard que crean una megaempresa desde el garage de su casa nos atraen a todos. Empezar desde casa, además de permitirnos ahorrar el dinero del alquiler de un despacho (cosa que no viene mal al principio, cuando necesitamos controlar cada céntimo) evita el traslado diario, y eso en una gran ciudad puede significar que tenemos una o dos horas más cada día que dedicar a la empresa.
Pero trabajar desde casa tiene sus inconvenientes, y muy serios. Es muy muy fácil, si uno se deja deslizar por la pendiente de la dejadez, encontrarse unos meses más tarde tirado en un sofá con un plan de negocio que no se llegó a terminar nunca, con una página web a medio hacer, con el dinero que teníamos para montar la empresa agotado, con algún contacto pendiente de llamar desde hace semanas y con decenas de horas invertidas cada mes en ver programas de televisión para marujas.
Así que, por si son de utilidad, aquí van mis consejos para conseguir ser productivo trabajando desde casa:
1. Madruga. Nunca deberías levantarte después de las 9, y sería mejor hacerlo antes de las 8. Hay gente que trabaja mejor por la tarde, o incluso por la noche, pero aunque uno se haya acostado a las dos de la mañana es mejor echar una siesta para compensar las horas de sueño perdidas que levantarse tarde.
Cambiar el horario con respecto al resto del mundo hace que no estés disponible cuando otros lo están. Pero sobre todo impide que tengas un horario estable, en el que haya unas horas de trabajo al día aseguradas.
2. Cuida tu aspecto todos los días. No es cuestión de ponerse chaqueta y corbata para trabajar en casa, pero no deberías prescindir de la ducha y el afeitado (o el peinado en el caso de las féminas) ni de vestirte con ropa diferente a la que has utilizado para dormir. El rito del aseo y el vestido ayuda a ponerse en situación de trabajar.
3. Lleva a los niños al colegio. Aunque a tu pareja le venga bien, hazlo tú. Te obliga a madrugar y a ponerte en funcionamiento desde primera hora del día. Además hablas con gente, aunque sea pequeñita y llorona, y eso cambia tu estado mental.
Si no tienes niños, sal a comprar el pan o el periódico. O vete al banco a hacer una gestión. Lo que sea, pero salir de casa pronto te obliga a vestirte y asearte, y ver gente y hablar con ella nos impide caer en la dejadez.
4. Planifica tu día. Aquí cada uno tiene su receta: hay quien empieza por las tareas rutinarias para quitárselas de enmedio, quien prefiere empezar por lo importante, quien organiza la jornada en bloques estrictos o quien simplemente tiene una idea general de lo que debe hacer por la mañana o por la tarde.
Eso es lo de menos, con tal de que sigas un sistema que funcione y de que al final del día hayas conseguir hacer el trabajo que te propusiste. Lo importante es saber antes de empezar qué quieres conseguir ese día, qué tareas tienes pendientes y organizar el trabajo de modo que lo más urgente no quede sin hacer.
Uno de los problemas de no tener un jefe que te exija es que puedes caer en la tentación de dedicarte a lo que más te gusta, y no siempre eso es lo más necesario para la empresa. Puede ser más gratificante desarrollar un nuevo producto que preparar una declaración de impuestos, pero no dar parte de tu tiempo (además de tu dinero) a Hacienda suele tener consecuencias desagradables.
5. Organiza tu lugar de trabajo. Es posible que no tengas un garaje que dedicar a tu empresa, pero siempre debes tener al menos un rincón exclusivo. Unas estanterías para los papeles, un puesto de trabajo con todo lo necesario y un ordenador, impresora y teléfono móvil dedicados sólo a la empresa. No, no sirve el ordenador de los niños, porque tendrá un virus justo el día que tengas que usarlo para algo importante. Y tampoco funciona tener un portátil que llevas de un lado a otro de la casa en función de lo que haga el resto de sus habitantes. Para concentrarse y ser productivo, no puedes perder el tiempo buscando cosas que no están a mano.
6. Exige respeto a los que conviven contigo. Separa claramente las horas de trabajo de las que estás disponible para el resto de la familia, negocia estas horas y una vez aceptadas por todos mantente firme a la hora de dedicarlas a tu empresa. El que estés en casa no significa que los niños pueden interrumpir tu trabajo para preguntarte una duda de matemáticas, ni que tu pareja puede pedirte que le ayudes a preparar la cena, o que seas el encargado de hacer los recados o atender al señor que viene a media mañana a reparar la lavadora.
Con toda la flexibilidad del mundo, puedes aprovechar que eres tu propio jefe para hacer una gestión para la familia en horario laboral, pero antes de hacerla deja siempre claro en qué momento vas a compensar esa hora perdida.
Si tienes una puerta que separa tu lugar de trabajo del resto de la casa, ciérrala y no la abras mientras estás trabajando salvo que haya un incendio o alguien herido. Si los niños se pelean, ya harán las paces. Si tu pareja necesita tu ayuda para una tarea doméstica, recuérdale el pacto y dile que lo harás más tarde, cuando acabe tu horario de trabajo.
7. Respeta tú mismo tu horario. No decidas a media mañana que vas a hacer un descasito para ver un vídeo en YouTube que te acaban de pasar, jugar una partidita al juego que te tiene enganchado o “desconectar” viendo la tele. No harías ninguna de estas cosas en la oficina, así que no las hagas en tu casa. Esos cinco minutitos de descanso se habrán convertido en dos o tres horas perdidas antes de que te hayas dado cuenta.
Si necesitas desconectar (y todos necesitamos desconectar cada cierto tiempo) aléjate de cualquier pantalla, sal a la calle a dar un paseo, haz algo de deporte o de yoga o simplemente prepárate un café y tómatelo mientras oyes un poco de música. Ponte un tiempo máximo de descanso (nunca más de media hora) y después vuelve al trabajo.
8. Haz un curso. Por lo menos una vez al mes, haz un curso que tenga alguna relación con tu empresa o tu sector o con la economía en general, o asiste a un seminario, o a una conferencia. Hoy en día hay multitud de actos, de presentaciones de empresas y de cursos gratuitos organizados por las administraciones o las cámaras de comercio.
Aunque pueda parecer una pérdida de tiempo, los cursos te obligan a vestir “el traje de faena” de vez en cuando y te permiten tener conversaciones “profesionales” con otros emprendedores o con gente de tu sector. Un baño de realidad de vez en cuando, además, puede proporcionarte información valiosísima que no está en Google, no sólo la que se imparte “oficialmente”, sino sobre todo los rumores y las tendencias que se comentan en los pasillos.
9. No pierdas los contactos profesionales. Si, como es habitual, estás poniendo en marcha la empresa después de unos años de experiencia profesional, tendrás una red de conocidos más o menos amplia. Preocúpate de mantener el contacto con ellos: llámales por teléfono, queda a comer con ellos, envíales un correo electrónico de vez en cuando…
Por un lado, puede venirte bien si la empresa fracasa y tienes que buscar otra salida laboral. Pueden ser también una fuente de información sobre el sector e incluso de oportunidades de negocio. Pero, sobre todo, provocan que cuentes cómo va tu proyecto (lo que te hace verlo con perspectiva), te ayudan a verte a tí mismo como un profesional en activo y te animan a seguir en el empeño. Cuando estás en medio de las dificultades propias del lanzamiento de la empresa, recordar cómo son las cosas en el mundo corporativo puede ser un buen acicate para buscar el éxito.





