Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Selecciona la mejor idea antes de lanzarte

Los algoritmos genéticos son técnicas de inteligencia artificial que permiten encontrar soluciones a problemas complejos en los que no tenemos todos los datos de partida. Se basan en simular el procedimiento por el que la selección natural ha producido las distintas especies de seres vivos: crear una “población” de soluciones distintas, eliminar las peores, modificar y combinar entre sí las buenas y volver a empezar el ciclo aplicando la selección a estas soluciones modificadas.

Si tienes el tiempo suficiente, un método para eliminar soluciones malas y otro método para recombinar las buenas, puedes conseguir un tigre a partir de un poquito de grasa, agua y unos cuantos azúcares, aminoácidos y ácidos nucleicos.

Ahora diréis ¿y qué tiene eso que ver conmigo y con mi empresa? Pues resulta que así funciona también el mercado. Muchas empresas se crean continuamente. Algunas prosperan, otras mueren al poco de nacer y otras más desaparecen después de unos años de éxito porque no son capaces de adaptarse a unas condiciones externas que han cambiado.

Pero tú también puedes aprovechar ese método para conseguir una empresa rentable. Solo que en lugar de esperar a ver si tu empresa fracasa cuando ya has invertido un montón de tiempo y dinero, puedes aprovecharlo para probar ideas en las que inviertas muy poco.

Veamos un caso práctico. Autodesk, la empresa creadora de Autocad, surgió a comienzos de los 80 a partir de una observación: los ordenadores personales iban a tener éxito, iban a venderse miles de ellos, y los compradores necesitarían software. Así que decidieron crear cuatro o cinco programas que pensaban que podían funcionar: una base de datos, un procesador de textos… y, efectivamente, un programa de CAD.

Empezaron a ir a ferias y a hablar con clientes potenciales cuando apenas tenían código escrito y solo podían enseñar unos folletos. Ahí vieron que el CAD podía ser un producto demandado, y se centraron en él. Unos años después cada dólar que habían invertido se había convertido en 1.000.

Lo interesante es que al principio su idea iba más por el “escritorio automatizado”, de ahí el nombre de Autodesk. Si se hubieran obcecado en desarrollar su solución de base de datos y no salir al mercado hasta que estuviera totalmente terminada, en el mejor de los casos les recordaría tanta gente como a Ashton Tate. (Que levanten la mano los que sin ir a Google sepan qué fabricaban).

De modo que la primera lección que debemos sacar es que hay que tantear al mercado antes incluso de tener un producto. Y tantear al mercado no significa preguntar a nuestros conocidos. La mayoría, por temor a decepcionarte, te van a decir que tu idea es buena.

Scott Adams, el creador de Dilbert, escribió en su blog acerca de cuándo debes aceptar que tu idea no tendrá éxito y es el momento de abandonar. Se supone que sabe de lo que habla, porque según su propia cuenta ha fracasado en 30 aventuras empresariales y sólo ha tenido éxito en 3.

Su idea puede parecer sorprendente a primera vista: si a todo el que le enseñas un producto le gusta, el producto no tendrá éxito. Adams explica que la razón es que si le “gusta” a todo el mundo, no le “apasiona” a nadie. Para tener éxito, debes conseguir que alguien se apasione por tu producto, aunque sólo sea un 10% del público y el 90% restante lo aborrezca.

El motivo es que si a toda esa gente que te dice que tu idea “está bien” le pides que se rasque el bolsillo y pague por ella, la respuesta probablemente sea otra. Es muy difícil convencer a alguien de que pague por algo que se limita a “estar bien”. Es mucho más fácil que alguien pague por algo que realmente le entusiasma.

¿Y cómo consigo tantear al mercado?

El método tradicional para probar si una empresa podía funcionar era hacer estudios de mercado. Mostrar el producto a grupos de usuarios seleccionados según sus características, hacer encuestas, probar variantes de un prototipo en localidades pequeñas, ese tipo de cosas. Eran caros, pero más caro era montar una fábrica para hacer un producto que nadie quisiera.

Ahora Internet ha cambiado todo eso.

Crear una página web o escribir un libro electrónico son casi gratis. Sólo requieren tiempo. Pero pueden ser excelentes tubos de ensayo para probar nuestras ideas de negocio. Incluso aunque tu idea tenga que ver con vender productos y no servicios, también puedes utilizar este método.

Se trata de crear una página web sencilla en la que ofrezcas un documento electrónico con información relacionada con lo que en realidad quieres vender. Supongamos que se trata de alimentos ecológicos para mascotas. Escribes un documento electrónico de 25-50 páginas con información relevante sobre el tema (si realmente piensas crear una empresa, más te vale que seas capaz de escribir al menos eso sobre el producto o servicio que vas a vender). Explicas por qué las mascotas crecen más sanas con alimentos ecológicos, dónde se pueden comprar, qué tipo de dietas son más adecuadas para las distintas razas, etc. Me estoy inventado todo, pero espero que os sirva para haceros una idea. Al final se trata de tener un documento verdaderamente útil, que alguien interesado en el tema esté dispuesto a comprar.

Una vez creado, lo vendes en esa página sencilla por 15 o 20 euros. En realidad no importa tanto la cantidad, se trata de comprobar si alguien está dispuesto a pagar por esta información (porque entonces es probable que esté también dispuesto a pagar por el producto o servicio relacionado). Si no quieres complicarte la vida montando una tienda electrónica y tu mercado es de lengua española, puedes subirlo a Bubok y que ellos se ocupen de todo lo relacionado con la venta. En la página simplemente pones el enlace al libro en Bubok, y ya está.

Ahora el problema es que si no lo publicitas no puedes saber si realmente alguien está interesado. Pero puedes crear una campaña en Google AdWords (es gratis darse de alta, tú controlas cuánto vas a gastar cada día como máximo, cuando empieza y termina la campaña e incluso si lo necesitas puedes seleccionar geográficamente a quién se van a mostrar tus anuncios. Así, una campaña te puede costar entre 100 y 500 euros. Que a algunos puede parecerles mucho dinero, pero realmente es una ganga comparado con lo que cuesta un estudio de mercado “tradicional”. Y quién sabe, si se vende bien a lo mejor amortizas la inversión en publicidad o incluso descubres una fuente de ingresos recurrentes.

Si usas Google Analytics o un servicio similar puedes saber qué porcentaje de los que hacen click en el anuncio pasan en la página el tiempo suficiente como para leerla, y cuántos de ellos acceden al enlace en el que se compra el documento (que no son los mismos que terminan la transacción y pagan). Así puedes empezar a tener estimaciones acerca de qué porcentaje de clientes potenciales interesados en tu oferta están dispuestos a dejarse dinero en ella, y al menos tienes un dato real en el que basar tus presupuestos de marketing.

Y si poca gente sigue el enlace de AdWords, y menos todavía paga por tu información, ya sabes que tienes una idea difícil de vender. No quiere decir que sea imposible montar un negocio sobre ella, pero sabes que te va a costar convencer a tus clientes potenciales. Tú sabrás si sigues empeñado en sacarla adelante o es mejor darle algunas vueltas, pensar en otro enfoque o sencillamente descartarla y pensar en otra cosa.

Lo que es más difícil en esta estrategia, en realidad, es aceptar que tu idea es mala y que debes pasar a otra, o cambiar aspectos esenciales para volver a lanzarla. Demasiadas veces el emprendedor se encariña con su idea y no acepta que deba morir para dejar paso a otras ideas con más futuro.

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Financiación para tu nueva empresa

Uno de los factores limitantes para desarrollar tu idea es el dinero.

Si estás en situación de paro, seguro que no te sobra ni un céntimo, con lo que invertir en una empresa que de momento solo es una idea puede parecerte una locura. Con lo que te resistes, esperas a estar más seguro, a tenerlo todo más claro, pero cada día que pasa sigues gastando, y cada vez hay menos dinero disponible…

Pero si ya has decidido ponerte en marcha, el dinero no debe ser un impedimento. Tienes dos alternativas: adaptar tu modelo de negocio (o el ritmo de crecimiento de la empresa) al dinero de que dispones, o conseguir más dinero.

Arrancar sin inversión

Muchos negocios no requieren grandes inversiones para empezar. Algunos, ni siquiera inversiones pequeñas. Si ya tienes un ordenador, un móvil y acceso a Internet, puedes hacer cosas como traducir, diseñar, programar, escribir… Vale, a lo mejor tienes que hacerlo en el PC familiar, usar la conexión a Internet de la biblioteca, trabajar desde el sofá porque en casa no tienes sitio para una mesa y una silla en condiciones, lo que sea. Pero puedes empezar a ganar dinero sin apenas gastar e ir mejorando poco a poco, según vayas teniendo ingresos.

Hay otros modelos que tampoco requieren mucha inversión. Para montar algo de comercio electrónico, por ejemplo, no necesitas tener almacenes, ni muchos menos una fábrica en la que producir lo que vendes. Puedes comprarlo en pequeños lotes, y revenderlo individualmente. Hay servicios como CafePress con los que puedes crear tu propia tienda online para vender camisetas por solo 5 dólares al mes.

Incluso puedes empezar como Jesús de Polanco o Amancio Ortega, vendiendo de puerta en puerta. Para vender no necesitas mucha infraestructura, a veces ni siquiera un stock. Con un catálogo o un muestrario te puede bastar para empezar.

En otros muchos casos, puedes adaptar el desarrollo de tu negocio al ritmo de ingresos. Puedes empezar, por ejemplo, sin tener una oficina, aunque sepas que si todo va bien en unos meses necesitarás una. Puedes intentar que los proveedores te admitan pagos a 90 días. Aunque eso tenga costes financieros, para ti puede ser mucho más importante no tener que afrontar esos gastos hasta que no hayas recibido los ingresos que tener un 5% menos de margen, por decir algo.

En cualquier caso, aunque creas que cuentas con dinero para aguantar los primeros meses sin problemas, al principio cada céntimo que puedas ahorrar cuenta. Estas son ideas que pueden venir bien a cualquier emprendedor:

  • No formalices la empresa hasta que no tengas que hacer tu primera factura importante. La constitución de una empresa, incluso el alta como autónomo, supone un desembolso y unos pagos continuos. Procura retrasar ese momento para que se aproxime lo más posible al momento de empezar los cobros.
  • Empieza en un centro de negocios, con una oficina virtual. Seguro que en tu ciudad hay alguno. Por entre 100 y 200 euros, tienes un servicio de secretarias que cogen tu teléfono con profesionalidad, salas de reuniones por si algún cliente quiere reunirse contigo en tus oficinas y una dirección postal que no se confunde con la particular. Una oficina, por cutre que sea, es mucho más cara, y eso sin hablar de la secretaria / telefonista.
  • Si tu modelo es el autoempleo y te dedicas a los servicios, ni siquiera necesitas una oficina. Si no quieres que tus clientes tengan los datos de tu domicilio, puedes contratar un apartado de correos. Lo normal es que seas tú el que se desplace a ver a tus clientes a sus oficinas, y como alternativa siempre puedes invitarles a comer o a tomar un café: te sale más barato que pagar una oficina, y les tienes en un ambiente distendido. Si realmente necesitas una sala de reuniones, o incluso un aula para impartir un curso, puedes contratarla por el tiempo que precises en un centro de negocios.
  • Compra todo lo que puedas de segunda mano. No necesitas muebles nuevos, ni el último ordenador. En eBay puedes encontrar todo lo que necesitas por la mitad del precio que tendría si lo compraras nuevo.
  • Compra a plazos. Si realmente necesitas algo nuevo, puedes comprarlo a plazos. En muchos comercios no tienen problemas para aplazar cualquier pago hasta un año, con intereses relativamente bajos. Si tienes claro que tendrás ingresos en ese año, puede interesarte no hacer todo el desembolso al principio.
  • Usa Internet para el marketing. No solo para que te encuentre quien busque en Google lo que tu empresa ofrece, sino para evitarte gastos en imprimir folletos o material publicitario. Poner la información en tu página no cuesta dinero, y si creas un PDF puedes enviárselo a un cliente potencial por correo electrónico. Los folletos impresos, además, se quedan obsoletos pero tu página puede ir cambiando cuando lo haga tu oferta.
  • No compres software. Analiza primero si hay alguna alternativa libre o gratuita. OpenOffice es una buena alternativa al office de Microsoft, GIMP o incluso Picasa pueden sustituir en la mayoría de los casos a PhotoShop, etc. En Softonic tienes una enorme colección de software de todo tipo, y puedes descargar versiones de prueba o aplicaciones totalmente gratuitas, incluso para tareas como contabilidad o facturación.
  • Consigue siempre ofertas de al menos tres proveedores para cualquier cosa que vayas a contratar, desde la telefonía móvil a la asesoría fiscal. Analiza las diferencias en precios y prestaciones, y si es posible negociar usa los mejores puntos de cada oferta para conseguir mejorar las propuestas de sus competidores. Este es el momento de aprovechar la crisis a tu favor, porque muchos proveedores estarán dispuestos a hacer descuentos significativos o mejorar sus prestaciones para conseguir un cliente nuevo.

Hay muchas otras cosas que puedes hacer, pero con esto ya puedes ir viendo la idea: gastar lo menos posible, lo más tarde posible.

Conseguir financiación

Si realmente tienes claro que la creación de tu empresa pasa por invertir más dinero que el que tienes, entonces necesitas que alguien lo ponga. Lo mejor es que seas tú mismo, aunque sea tentador pensar que otro puede correr con los gastos.

Cuando otro pone dinero en tu empresa, lo puede hacer de dos maneras: invirtiéndolo o prestándolo. Si lo invierte, corre el riesgo de perderlo. No tienes obligación de devolverlo si la cosa sale mal, lo que es un alivio. Pero si todo va bien, se llevará una parte de los beneficios. Si todo va muy bien, se llevará un montón de dinero que podría haber sido tuyo si no le hubieras dado entrada en un momento de debilidad.

Si te lo presta, esperará recuperarlo. Puedes olvidarte de que alguien preste una cantidad relevante a una empresa naciente, de modo que de una forma u otra tienes la obligación personal de devolverlo. Si tu proyecto ha salido mal, has perdido lo que pusiste tú y además te queda la obligación de devolver a otros lo que te prestaron, no quedas en muy buena situación.

No hay ninguna opción buena (sin problemas) para la financiación, pero estas estrategias te pueden funcionar:

  • Procura conseguir por ti mismo todo lo que puedas. Si tienes vivienda en propiedad, es posible rehipotecarla para conseguir financiación adicional. La ventaja es que pagarás un tipo de interés más ventajoso que si pides un crédito al consumo.
  • Cuando negocies con el banco la apertura de la cuenta de la empresa, pide desde el principio una línea de crédito. Sin línea de crédito, no abras la cuenta. Aunque no te den mucho dinero, te permite tener un colchón para hacer frente a los pagos trimestrales a Hacienda, por ejemplo, o a las nóminas. Visita varios bancos, a ver qué te ofrece cada uno, y usa las distintas ofertas para conseguir mejores condiciones de los otros.
    Con la línea de crédito pagas solo el interés del dinero que tienes dispuesto, no del total, con lo que eso supone tener un margen de maniobra sin coste hasta que realmente lo necesites. Si la pides al principio, y sobre todo si la pones como condición para abrir la cuenta, es más fácil que te la concedan. Como esperes a necesitarla, será imposible. Los bancos solo prestan a quien creen que les devolverá el dinero, y ese alguien no puede ser quien tiene una cuenta en descubierto.
  • Si te van a financiar los F&F (familia y amigos), procura dejarles bien clara la diferencia entre invertir y prestar: el que invierte, arriesga; el que presta, recupera su dinero. Si invierten, explícales una y otra vez que pueden perder su dinero, y cuando ya lo tengan claro, explícaselo otra vez. De lo contrario, te verás en la obligación moral (si la cosa acaba mal) de devolverles el dinero, pero tendrás que entregarles parte de los beneficios si va bien. Mal negocio para ti, porque ellos acaban ganando sin arriesgar.
    Si te prestan dinero, tienes que devolvérselo antes o después. Procura dejar claro que será así, y si tienes dificultades para hacerlo explícales qué estás haciendo para pagarles y cuando lo harás.
    Si tienes cualquier duda acerca de si van a entender estas cosas, rechaza su oferta. No tiene sentido arriesgarte a perder una amistad o tener un enfrentamiento en la familia por cinco o diez mil euros.
  • Olvídate de que un banco preste dinero a tu empresa. Lo primero que te van a pedir son garantías personales, y te pondrán muchas más pegas si pides 20.000 euros para un proyecto empresarial que para comprarte un coche. Así que lo que puedes hacer, si realmente necesitas esos 20.000 euros, es pedir el dinero para un coche, y luego dedicarlo a tu empresa. No es que sea muy ortodoxo, pero mientras lo devuelvas no tendrás problemas. Y si tienes alguna duda acerca de si podrás devolverlo, no se te ocurra pedirlo.
    Por supuesto, no puedes hacerlo mientras estés parado, pero sí cuando ya te hayas dado de alta como autónomo, aunque es posible que tengas que pedirlo con tu pareja, si es que tiene un sueldo estable.
  • Los inversores externos, business angels o capital-riesgo o como los quieras llamar, son como las meigas: haberlos, hailos. Pero acceder a ellos no es fácil, así que lo mejor, si tienes claro que esa es la mejor opción, es ponerte en manos de alguien que tenga experiencia en este tipo de tratos. En eventos como Iniciador o First Tuesday puedes encontrar inversores o gente que ha conseguido financiación por esta vía.
    Requiere tiempo, dedicación, solo es viable para determinado tipo de empresa o de plan de negocio, no siempre los inversores que consigues son los adecuados… pero si lo consigues y te funciona puedes tener como resultado algo como Google.
  • Por último, tal vez se te haya ocurrido pensar en ayudas públicas para emprendedores. Olvídate. En casi todos los casos el esfuerzo que se requiere no compensa. Aunque te la concedan, el dinero llega tarde y mal, y hubieras ganado mucho más dedicando ese esfuerzo a vender más.
    De todas maneras, puedes preguntar en la cámara de comercio local, por si hay algo que pueda ser asequible. Y hay empresas que te asesoran y te ayudan para preparar las solicitudes, de modo que si tienes claro que quieres optar a una ayuda concreta puede venirte bien para que no te la rechacen por un papel mal presentado.
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Pasando revista

Una de las cosas que hacen los militares para asegurarse de que están preparados para entrar en combate es pasar revista. Ahora es algo ceremonial, que se hace en desfiles y similares, pero el sentido original es comprobar que los soldados están preparados, que las unidades están organizadas, que tienen su material en perfecto estado, etc.

Ha llegado el momento de hacer esto con nuestro proyecto de empresa. Nuestra empresa tiene ya todo lo básico, y mañana pasaremos a ir dando pasos concretos en su desarrollo.

Vale, hasta ahora nuestra empresa no está constituida formalmente. No tiene una sede, ni un empleado, ni una mísera web. Por no tener, no tiene ni nombre. Pero estas cosas son secundarias, aunque pueda parecer lo contrario. Perder el tiempo buscando un nombre o diseñando un logo es un grave error en esta fase, porque no te acerca ni un centímetro a tu objetivo. Si no puedes resistir las ganas de ponerle nombre, invéntate algo como “Proyecto Alfa” o algo así. Lo primero que se te ocurra, en menos de cinco minutos. Después tú, o un profesional si es preciso, ya lo cambiaréis por un nombre que tenga sentido comercial.

Volviendo a la revista, veamos lo que tenemos:

Hemos identificado una carencia en un mercado, y creemos tener una solución.

Sabemos si esa solución tiene forma de producto o servicio.

Sabemos quiénes nos van a acompañar en la creación de la empresa.

Sabemos si nuestro objetivo es encontrar trabajo para nosotros mismos o crear una estructura en la que seamos solo una pieza más (aunque sea la más importante).

Tenemos una idea general de cómo nos aproximaremos al cliente, aunque está basada solo en qué conducta tiene ese tipo cliente o de quién se fía.

Tenemos una idea básica del precio que podría tener nuestra solución, de los costes que nos supone y del beneficio que obtenemos por cada unidad vendida. Y también sabemos cuándo podemos empezar a contar con el producto de esas ventas. Todo esto cambiará cuando vayamos concretando cosas, pero es un punto de partida.

Con lo cual, como podéis ver, tenemos ya lo esencial. Ahora se trata de ir concretando. Emprender no es más que conseguir los recursos necesarios para lograr nuestro objetivo. Una forma jurídica, un logo, una sede, empleados… no son fines en sí mismos, son medios para lograr el objetivo.

A partir de ahora, en las siguientes entradas, iremos viendo cómo ir dando pasos para avanzar en el desarrollo de la empresa. Serán más prácticas que las anteriores, porque yo no puedo aconsejar, así en general, cómo saber si tu idea es sensata, si tus socios son los adecuados, si en tu caso es mejor autoemplearse o crear una empresa, si tus cifras son correctas, etc. pero sí puedo ayudarte a tomar decisiones correctas en cuestiones tan concretas como la sede de la empresa o las herramientas tecnológicas que necesitas.

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El plan de negocio

Si uno lee cualquier libro para emprendedores, la idea fundamental parece ser que hay que hacer un Plan de Negocio antes de arrancar. El emprendedor en ciernes, encantado de saber que tiene una tarea concreta que será fundamental para el éxito de la empresa, se lanza entusiasmado a elaborar el Plan de Negocio Perfecto.

Analiza el mercado, la competencia, explica que su producto marcará un hito histórico y hace proyecciones financieras a cinco años: el primero voy a vender 1.000 unidades y ganaré 100.000 euros, el quinto venderé 5.000.000 de unidades y facturaré cien millones de euros… Después de una semana o dos, tiene un documento de 100 páginas que demuestra lo sólido que es su negocio y conseguirá que los inversores se peguen por conseguir financiarlo.

La triste realidad es que más provechoso que leer ese libro titulado “Cómo crear tu empresa” sería leer esta tira de Dilbert:

Dilbert.com

Uno de los problemas de la extinta Unión Soviética era la ilusión de creer que desde el Estado se podían elaborar planes quinquenales para dirigir la economía de un país. No se puede. Hay demasiadas variables de partida, y además las condiciones cambian continuamente.

En una empresa sucede lo mismo. Hacer un plan de negocio a cinco años y pretender seguirlo es tan absurdo como pretender jugar un partido de fútbol en el que sales al campo sin saber a qué equipo te enfrentas, y además las reglas del juego van cambiando a cada minuto. De repente puedes jugar con la mano, luego no existe el fuera de juego, a continuación los jugadores contrarios son quince, pero cinco minutos más tarde son ocho y hay dos porteros… Si quieres tener alguna oportunidad de ganar, necesitas cambiar tu táctica continuamente.

No digo que no haya que tener un Plan de Negocio. Pero más vale considerarlo como esos mapas que tenían los exploradores decimonónicos que se aventuraban en África: algunas referencias seguras en la costa (lo más conocido), algunos puntos más o menos ubicados en el interior, y casi todo lo demás en blanco. El que tiene éxito es el que es capaz de ir completando el mapa con lo que va encontrando en el camino.

Por tanto, tu Plan de Negocio no debería tener más de dos o tres páginas, al menos a estas alturas del partido. Ya lo irás completando cuando vayas teniendo más información. Esas páginas deben contener:

1. Qué problema resuelve tu empresa.

2. Si vas a vender productos, servicios, o ambos.

3. A qué mercado va dirigido (cuanto más concreto, mejor).

4. Cómo planeas llegar a tus clientes (publicidad, contactos, Internet)

5. Cómo piensas diferenciarte de la competencia.

6. Quién está en el proyecto (socios, asesores, inversores), qué aporta y cómo se compensa su aportación.

7. Tu estructura de costes e ingresos. Costes fijos, coste de producir cada unidad (sea una hora de trabajo o sea una unidad de producto), precio de venta de cada unidad, cantidad que necesitas vender en un mes para no perder dinero.

8. Un esbozo de planificación financiera, mes a mes, para el primer año. No es porque vaya a cumplirse, sino para tener el tiempo que tardarás en tener ingresos en el banco (que puede ser muy distinto al que tardas en hacer una venta) y por tanto el dinero que necesitas tener para lanzar la empresa.

Y ya está. Esto no debería ocuparte más de un par de días, a lo sumo. Todo el resto del tiempo que dediques a tu plan, no estás trabajando para tu empresa. Esta información ya es suficiente como para hacerte una idea de lo que te espera, de los problemas que tienes que resolver, de los recursos que tienes que conseguir para que todo salga bien.

A partir de aquí, debes actualizaro según tu proyecto de empresa vaya madurando. Si lo haces así, será un documento vivo, que será útil en cada paso del camino. Pero si ahora dedicas horas y horas a recrearte en lo que podría ser (o más bien en lo que te gustaría que fuera), no las estás dedicando a actuar, a hacer que eso que sueñas se convierta en realidad.

La única excepción es si desde el principio tienes claro que necesitas que un inversor ponga dinero. Entonces sí necesitas un plan de empresa “enseñable”. Pero el proceso de conseguir financiación requiere mucho más que saber hacer un Plan de Empresa convincente. Probablemente necesitarás ayuda para conseguir que un inversor te escuche, por mucho plan que tengas, y tendrás que tener algo más que unas cuantas ideas brillantes en un papel incluso para conseguir esa aydua. Así que aunque vayas a buscar financiación, tampoco es este el momento de perder el tiempo elaborando un Plan de Negocio.

Ya sabes: un par de días, un Plan de Negocio elemental, y a otra cosa más productiva.

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Productos o servicios

Otra de las decisiones que debes tomar es si tu empresa se dedicará a vender productos o servicios.

En principio, parece que vender servicios es más fácil: no necesitas apenas inversión, tú tienes una experiencia y unos conocimientos por los que alguien te ha pagado dinero cada mes, el riesgo parece pequeño…

Como decía ayer, si lo que quieres es trabajar como freelance, vendiendo tus habilidades, no hay más problema que tus propias limitaciones. Mucha gente lo hace, y algunos consiguen vivir muy bien. El problema es cuando quieres, o necesitas, contratar a otras personas que presten los servicios. Es decir, cuando quieres crear una empresa de servicios.

Yo en Alanta sufrí de todo con los técnicos: hubo quien casi se pega con un cliente, quien siempre llegaba tarde (o no llegaba) a las reuniones con clientes, uno que desapareció a los dos días de estar contratado porque era soldado profesional y le llamaron para que se incorporara a no se qué destino, el que de repente dejaba de trabajar, el que solo veía problemas en cada proyecto… y en general hay que estar persiguiendo a la gente simplemente para que haga lo que tiene que hacer.

A lo que se suma, al menos en España, una legislación laboral que impone tales cargas que rompen el espinazo de cualquier empresa pequeña que tenga como modelo de negocio la venta de horas de personal especializado. Eso de cogerse bajas por enfermedad o por maternidad está muy bien cuando eres empleado. Pero si tienes que pagar a alguien que no está generando ingresos, más te vale tener una empresa lo suficientemente sólida como para que aguante. Y no, esas bajas no las paga “la seguridad social”. Hay algún descuento cuando el tema se prolonga semanas o meses, pero la parte del león la sigue pagando el empresario.

Está el problema de los despidos. Si algún trabajador no cumple con lo que se espera de él, o simplemente tienes que prescindir de alguien porque los ingresos no dan para soportar la plantilla actual, tienes que pagar 45 días por año trabajado. Es muy, muy difícil demostrar una conducta merecedora de despido en un trabajador, así que en casi todos los casos el empresario acaba pagando el máximo. Lo cual, en una empresa pequeña, puede suponer que un despido se come todos los beneficios del año. Si son varios despidos los necesarios, como está sucediendo ahora, la empresa puede verse obligada a cerrar.

Hay además otro problema insalvable: las horas facturables no se acumulan. Si vendes tornillos y tienes stock en el almacén, lo que no vendes un mes puedes venderlo el siguiente. Pero si lo que tienes son técnicos ociosos, lo que no factures este mes ya no lo facturarás el siguiente. Por eso es endiabladamente difícil gestionar empresas de “consultoría”, y por eso muchas tienen que cerrar en momentos de crisis.

Es posible que haya que distinguir dos tipos de empresas de servicio: aquellas en los que se pueden estandarizar los procesos, en las que se consigue que personas con poca formación y coste bajo sean productivas en poco tiempo, y aquellas otras en los que se requiere tener profesionales con experiencia, con responsabilidad y con iniciativa, que exigen sueldos muy altos y cuyas horas por tanto hay que facturar muy caras para que sean rentables.

Pero para que funcione una empresa de servicios estandarizados se requiere una masa crítica. Necesitas muchos clientes y muchos trabajadores, de tal manera que ese pequeño beneficio que obtienes con cada cliente, al multiplicarse por el número de clientes, genere un beneficio suficiente. Y eso supone infraestructura, gastos de publicidad, etc. Con lo cual, la ventaja de no necesitar financiación para crear una empresa de servicios se desvanece.

Además hay mucho más público para un restaurante tipo VIPS, en el que los camareros cambian cada pocas semanas (y que son relativamente económicos) que para restaurantes de lujo en el que un camarero sabe servir correctamente un arroz con bogavantes. Por tanto, si de verdad quieres emprender un negocio que se base en vender horas de técnico especializado, asegúrate antes de que tienes clientes y de que están dispuestos a pagar por el servicio de lujo.

En cuanto a los productos, en los últimos años se está haciendo cada vez más fácil crear una empresa de productos con muy poco capital. Hace unas décadas era necesario construir una fábrica, comprar materias primas, contratar obreros… ahora puedes simplemente encargar lo que quieras vque te fabriquen en China o en cualquier país del sudeste asiático. Puedes crear una tienda online por muy poco dinero, o recurrir a eBay para vender sin pagar a intermediarios. La globalización es tu aliada.

Otra alternativa es vender productos electrónicos. No necesitas inventario, se pueden vender en Internet, una vez descontado el tiempo que te lleva crearlos el margen es muy elevado… Un diseñador puede crear, por ejemplo, temas para personalizar WordPress y así obtener ingresos recurrentes. Un fotógrafo vender sus imágenes en dreamstime o iStockphoto. Hablaremos más en profundidad de este tipo de empresa, o de cómo utilizar los productos electrónicos para complementar los ingresos por servicios.

Por último, existe la posibilidad de tener una empresa mixta, al menos durante algún tiempo.

Algunas empresas comienzan siendo de servicios y acaban generando productos. Es muy frecuente, por ejemplo, en empresas de desarrollo de software, que empiezan creando una aplicación para el fontanero de la esquina y después la comercializan como “FontaPlus 3.1″.

En otros casos está claro que el objetivo es desarrollar y vender un producto, pero los servicios son la vía para conseguir ingresos con los que sobrevivir hasta que se consigue tener un producto terminado que colocar en el mercado.

Lo difícil, en estos casos en los que se mezclan productos y servicios, es tener la cabeza fría y mantener la estrategia, evitando que los resultados a corto plazo impidan conseguir los verdaderos objetivos de la empresa.

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Autoempleo o empresa

Una vez un amigo me pidió consejo para “poner en marcha una empresa”. Trabaja en una multinacional en la que hay problemas y reestructuraciones y barruntaba que en una de esas pueda perder su puesto, por lo que estaba empezando a buscar vías alternativas para generar ingresos.

Tras hablar un rato con él, resultó que en realidad lo que buscaba no era crear una empresa, sino autoemplearse. Lo cual está muy bien, pero no es lo mismo.

Para autoemplearse, en realidad, se necesita poco más que estar conectado. Es decir, que haya un número de personas que sabe lo que haces y te contrata para hacerlo. En la mayoría de los casos, con un PC, una ADSL, una impresora y un móvil, ya tienes todo lo que necesitas. Si eres bueno y tienes buenos contactos, podrás tener el 100% de tu tiempo ocupado y cobrar tarifas altas por hora de trabajo. Es el modelo de lo que antes se conocía como “profesionales liberales”: médicos, abogados, arquitectos…

Este modelo tiene tres problemas:

1. Hay un límite a lo que puedes facturar, que está marcado por las horas que eres capaz de trabajar cada día. Si eres bueno puedes cobrar más por hora, pero ese precio no puede crecer hasta el infinito porque hay un punto en el que tus clientes se van a la competencia.

2. Si no trabajas no ingresas. Si te vas de vacaciones, si te pones enfermo… tienes que vivir de las rentas, o tener previsto un seguro.

3. Es mucho más difícil conseguir financiación. Un inversor no puede apoyar el autoempleo, no solo porque tenga un tope de ingresos, sino porque el riesgo es muy alto. ¿Qué pasa si el emprendedor se cansa de serlo? ¿si le toca la lotería, se hace monje cartujo o se enamora locamente y se va a vivir la vida loca a Ibiza? No es que conseguir financiación para otro tipo de proyecto sea fácil, pero en este es imposible.

Como digo, mucha gente ha ganado mucho dinero con este modelo. Pero los que de verdad se hacen ricos son los que crean una empresa. En una empresa, la capacidad de producción se amplía, y ya no depende de una sola persona (o de tres o cuatro). Tienes otros gastos, la gestión es más complicada, pero ya no hay límites a tu crecimiento.

No es extraño que donde hace cien años triunfaban las consultas del dr. Pérez o el despacho del abogado López ahora veamos Adeslas, Sanitas o megadespachos tipo Garrigues. Al final, la lógica de los números es inapelable.

Existe la posibilidad de que en lugar de un autoempleado, sean dos o tres colegas los que monten la “empresa”. Esto minimiza los riesgos de enfermedades, vacaciones, etc. Pero el problema es que tres colegas con la misma profesión tienen las mismas carencias que uno solo: sigue existiendo un tope de horas a facturar, ninguno de ellos sabe conseguir nuevos clientes, a nadie le apetece llevar la contabilidad, cada nuevo proyecto hay que repartirlo entre tres… Puede ser un poco más viable, pero es básicamente el mismo modelo.

Por supuesto que sigue habiendo hueco para alguien que quiera dedicar unas horas a su profesión. Si tu objetivo es obtener ingresos adicionales, o diversificarlos para no depender solo de un sueldo, o simplemente no tener jefes y poder gestionar tu propio tiempo, adelante. Si sabes escribir, programar, diseñar, enseñar o cualquier otra cosa por la que alguien esté dispuesto a darte dinero, ponte a ello.
Pero si lo que quieres es crear una empresa, olvídate de buscarte trabajo a tí mismo. Tu misión no es programar ni diseñar ni escribir, sino conectar a alguien que necesita esos servicios con quien se los pueda proporcionar.

“¡¿Cómo?! “, se preguntará alguien, “¿o sea que soy diseñador, monto una empresa de diseño y no puedo diseñar?”. No exactamente. Al principio, tú puedes ser uno de esos “prestadores de servicios”.  Pero el objetivo es que, cuanto antes, la empresa genere trabajo para dos diseñadores, y luego para cuatro, y para ocho… Por supuesto que si eres un experto en tu campo supervisarás lo que hacen tus empleados, y probablemente dedicarás un tiempo a los proyectos o clientes más importantes. Pero sin olvidar que tu misión en la empresa no es diseñar, sino conseguir que otros diseñen.

Según las circunstancias y los intereses de cada uno, tan válido es un modelo como otro. Lo importante es no confundirse y tener claros los objetivos, porque eso es lo que determinará hacia donde debes orientar tus esfuerzos.

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La idea de negocio

Muchos emprendedores primerizos piensan que necesitan una idea de negocio original para triunfar. Nada más lejos de la realidad.

¿Quieres una idea de negocio? En esta página tienes nada menos que 999 ideas de negocio. Algunas son absurdas, otras dudosas, muchas improbables… pero hay 999 ideas.

Quiero decir que si te pones a ello, se te pueden ocurrir decenas de ideas de negocio en unas horas. Y una cosa que es tan fácil de producir, no tiene valor.

Lo que sí tiene valor es ser capaz de convertir esa idea en una máquina de hacer dinero. En otras palabras, la ejecución. Empresas como Apple, Google o Microsoft rara vez hacen cosas realmente revolucionarias. En lo que son excelentes es en ejecutar sus ideas mejor que sus competidores.

Cómo descubrir una idea de negocio

Un procedimiento para decidir a qué se va a dedicar tu empresa puede ser elegir una de las 999 ideas que proponen en la página anterior. Otro puede ser copiar a alguna empresa a la que admires. Puedes simplemente ofrecer tus servicios basándote en tu experiencia y conocimientos. Todo esto puede funcionar o no, pero deja demasiado al azar.

Lo primero es pensar a quién vas a vender y cómo vas a llegar a ellos. Todo lo demás viene después y es consecuencia de la respuesta a esta pregunta. Matizo: lógicamente, uno tendrá una cierta idea del mercado en el que quiere entrar: servicios informáticos, equipamiento industrial, servicios de diseño gráfico, lo que sea. Pero eso en sí mismo apenas es nada. Es un error (que muchos hemos cometido) crear la empresa alrededor de un producto.

Tú puedes pensar que hay un mercado potencial en los sistemas de domótica, por ejemplo. O en las energías alternativas. Y puedes tener conocimientos técnicos como para desarrollar un producto. Pero si lo desarrollas sin más criterio que “si esto estuviera disponible sería un bombazo” lo más probable es que te comas el producto con patatas.

Porque una vez que tienes un prototipo más o menos funcional la siguiente pregunta es “¿cómo vendo esto?”. Y entonces aparecen los problemas. Resulta que los clientes potenciales se niegan a ver las “evidentes” ventajas del producto. Resulta que el precio es inadecuado (por caro o por barato, que lo segundo también pasa). Resulta que nadie visita tu página web, y no tienes previsto un presupuesto de publicidad. Resulta que en tu plantilla hay cuatro ingenieros y un administrativo, pero no te queda dinero para contratar a un comercial.

Esto es muy típico de las empresas fundadas por informáticos. Se juntan dos o tres colegas con una cierta experiencia en el mercado, y deciden que ellos pueden dar servicios de implantación de redes informáticas o de desarrollo de software. Tienen incluso un par de clientes que les conocen y les contratan algún servicio aún antes de empezar, porque son unos técnicos excelentes y responsables. Pero al cabo de unos meses descubren que no han hecho clientes nuevos (si descontamos al familiar que les encargó una cosita para su empresa y que les ha dado más dolores de cabeza que beneficios) y que no son capaces de generar ingresos suficientes como para mantenerse.

¿Cómo deberías entonces plantear tu negocio?

1. Localiza un sector del mercado bien definido. No tengas miedo de que sea pequeño. Es más probable que te equivoques por pretender llegar a un nicho de mercado demasiado grande para tus posibilidades.

2. Identifica una necesidad común y frecuente en ese nicho.

3. Averigua cuánto estaría dispuesto a pagar un cliente potencial por resolver esa necesidad. Si eres capaz de traducir el problema a coste económico para tu cliente, miel sobre hojuelas, porque sabiendo lo que le cuesta el problema ya sabes dónde está el tope. Si esto es imposible, al menos deberías saber si hay un porcentaje de ese mercado dispuesto a pagar algo por resolverlo o prefieren vivir con su problema a rascarse el bolsillo (cosa harto frecuente).

4. Piensa cómo podrías comunicar a un cliente potencial que puedes resolver esa necesidad. Para ello localiza los medios de comunicación que utiliza, cómo compra a otros proveedores, quién toma las decisiones de compra, de quién se fía…

5. Desarrolla un producto o servicio que cubra esa necesidad con un coste para ti al menos un 40% inferior al precio máximo que has determinado. Ten en cuenta también los costes de estructura (gastos fijos) para analizar si lo que quieres vender será rentable. Si no eres capaz de crear algo que resuelva sus problemas y a la vez te haga ganar dinero, vuelve al punto 1.

6. Desarrolla una estrategia para llevar tu producto al mercado. Piensa en comunicación, publicidad, comercialización… Añade estos costes a los que habías determinado en el punto anterior, para verificar que el proyecto sigue siendo rentable. Muy importante: averigua la duración del ciclo de venta. Necesitas saber cuánto tiempo pasará de media desde que le das a conocer tu producto a un cliente potencial hasta que te paga la factura. (Ojo, a pesar de lo que diga la ley hay quien sigue pagando a 90 días o más).

7. Ahora sí piensa cómo lo vas a hacer: con quién vas a contar, a quién vas a subcontratar, cuanto tiempo te va a llevar el desarrollo… Vuelve a analizar los costes, y si la cosa no cuadra ya sabes, vuelve al punto 1.

8. Haz una previsión de ingresos y gastos por meses para el primer año y por trimestres para los dos siguientes. Ahora que sabes en qué te estás metiendo, y todo el dinero que necesitas, piensa en como obtendrás la financiación.

9. Si ves que podrás conseguir el dinero, ahora sí es el momento de pensar en logos, nombres de empresa, tarjetas de visita y esas cosas. Un consejo: procura que todo esto sea algo fácil de entender por los clientes a los que te vas a dirigir.

10. Vende. Lo antes posible. En cuanto tengas algo medianamente presentable. No esperes a tener el producto perfecto, no esperes a que un diseñador te haga una versión “deluxe” de la identidad corporativa. Escucha a esos primeros clientes, y refina tu producto o servicio en función de lo que ellos digan. ¿Que un cliente molesto con un producto inmaduro es un problema? Pues sí, pero es un problema manejable: puedes darle actualizaciones gratuitas, descuentos en otros productos, regalos por su paciencia o puedes incluso devolverle el dinero si es preciso. Mucho peor que el cliente insatisfecho es el cliente inexistente.

En sucesivas entradas iremos desarrollando todos estos puntos con más profundidad.

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Solo o en compañía de otros

Una de las primeras cuestiones que tienes que resolver es si la tuya es una aventura solitaria o te asociarás a otros para emprenderla.

No hay una respuesta válida para todas las personas, ni para todas las situaciones. Tener socios presenta ventajas y problemas.

Ventajas

La fundamental es evitar la soledad del emprendedor. Hay momentos duros, en los que parece que nada sale bien, que lo poco que has conseguido construir se te está deshaciendo como un castillo de arena. Momentos en los que tienes la tentación de tirar la toalla.

Tener un socio puede ayudarte a ver las cosas con un poco más de perspectiva y seguir adelante.

Los socios pueden, además, complementar tus habilidades o conocimientos. Si tú eres un excelente técnico pero no tienes ni idea de vender, un socio que lleve la parte comercial puede aportar mucho. Podrías contratar a un comercial, pero el socio (casi por definición) estará dispuesto a trabajar por mucho menos dinero al principio, que para eso recibirá beneficios cuando la empresa pueda darlos. Entregar una parte de tu empresa puede ser la única manera de conseguir gente de talento, especialmente al principio, cuando tienes muy poco que ofrecer.

Por último, pueden aportar dinero. Trabajen o no en la empresa, puede haber socios que simplemente estén interesados en aportar capital, con el objeto de obtener beneficios cuando la empresa pueda soportarlos. Ese capital te ayuda a ponerla en marcha con más comodidad, lógicamente.

Y problemas

Es muy importante que cada socio tenga claro su papel y lo que se espera de él. Pongamos un ejemplo: dos amigas deciden abrir una tienda de ropa para niños. Una de ellas necesita que salga bien y que genere suficientes ingresos para mantener a su familia, pero para la otra, que no tiene problemas económicos, es poco más que una manera de estar entretenida. Es obvio que pronto la primera echará en cara a la segunda que no pone suficiente empeño ni dedica el tiempo suficiente al negocio, y la segunda se sentirá agobiada por la presión.

También es frecuente que cambien las circunstancias personales de alguno de los socios y que quiera abandonar la empresa. O que uno tenga menos capacidad para esperar beneficios que otros.

Otro problema es que el emprendedor tiene menos capacidad para tomar decisiones. Si un familiar ha puesto dinero en la empresa, no es tan fácil cerrarla cuando ves que las cosas van mal. O puedes verte obligado a incorporar como trabajador al hijo zascandil de uno de los socios, aunque no valga ni para barrer el suelo.

Pero el problema principal de incorporar socios es que cedes parte de la empresa. Si tienes éxito, todo va bien y consigues que tu empresa valga unos cuantos millones de euros, habrás entregado parte de ese dinero a tus socios. Asegúrate de que merece la pena.
Bill Gates lo hizo con los primeros empleados de Microsoft, a los que convirtió en multimillonarios. Pero el consiguió ser el hombre más rico del mundo, así que repartir esas participaciones de la empresa fue una buena decisión.

En tu caso, simplemente asegúrate de que lo que tus socios aportan merece la parte de la empresa que les vas a entregar a cambio.

Que todo quede por escrito

Para evitar todos estos problemas, lo mejor es dejar escrito desde el principio, incluso cuando no se haya formalizado ante notario la sociedad, cuál es la participación de cada socio y qué aportará a cambio.

Es fundamental dejar también por escrito qué sucederá si alguno de los socios deja la empresa. ¿Se quedará con su porcentaje? ¿debe devolverlo? ¿todo o solo una parte?

Si todas estas cosas quedan claras al principio, será más fácil llegar a un entendimiento cuando surjan los problemas.

Ligero de equipaje

¿Listo para zarpar? ¿Preparado para empezar al gran aventura de crear tu propia empresa y salir del paro para siempre? Lo primero que necesitas es, como decía Machado, salir ligero de equipaje, casi desnudo.

Veamos qué significa esto.

Ahorra

El dinero que tienes, poco o mucho, va a ser escaso para poner en marcha la empresa. Esto es un principio universal, como la ley de la gravedad. De modo que más te vale eliminar desde ya cualquier gasto superfluo.

Si tienes familia, habla con ellos, explícales la situación y deja bien claro que durante un tiempo, al menos unos meses, vais a vivir frugalmente, con austeridad. Se acabó pedir pizzas por teléfono, salir a cenar, ir al cine. Si es necesario irse de vacaciones, hazlo a la casa de tus parientes en el pueblo.

No se trata de no divertirse, se trata de hacerlo gastando poco o nada. Busca maneras de divertirte que sean gratis como ir al parque o a la playa (si tienes una cerca), hazte socio de una biblioteca en lugar de comprar libros, haz deporte (que no requiera pagar por pertenecer a un club o un gimnasio), queda con tus amigos en casa en lugar de salir por ahí, desempolva los juegos de mesa…

Si tienes hijos, estarán encantados de que sus padres dediquen tiempo a ir al parque con ellos, o que pasen una tarde jugando al Monopoly. Serás el mejor padre (o madre) del mundo aunque su regalo de cumpleaños no sea tan espléndido como otros años.

Con respecto a tus amigos, lo mejor es explicarles la situación con sinceridad. Que vas a crear una empresa y que necesitas todos los recursos que tienes para que tenga éxito, así que durante un tiempo no vas a poder salir a cenar o a tomar copas por ahí. En lugar de eso, invítales a tu casa. Si son realmente tus amigos, no solo no les importará sino que estarán dispuestos a echarte una mano en lo que puedan.

Revisa todos los pagos que haces periódicamente, y procura eliminar todos los que no sean imprescindibles. Por supuesto, fuera la televisión de pago. Fuera las suscripciones a revistas o periódicos, fuera los pagos a clubes o asociaciones… Si todavía compras un periódico de papel, deja de hacerlo ya.

Con respecto a Internet, salvo que en tu planteamiento de empresa Internet sea imprescindible (por ejemplo, si vas a montar una empresa de diseño web), también es recomendable eliminar este gasto.

Comprueba que en la biblioteca más cercana tengan acceso gratuito (muchas lo ofrecen) y conéctate ahí. En casi todos los municipios hay centros públicos de acceso a Internet en los que puedes conectarte gratuitamente. Así además de ahorrar, como tienes un tiempo limitado de conexión, evitas perder horas navegando por sitios que nada tienen que ver con tu proyecto.

Si hay alguien que os ayuda con la limpieza de la casa, piensa bien cómo reducir ese gasto. No asumas que como ahora estás en paro y tienes tiempo puedes hacerlo tú. Desde hoy no estás en paro, sino creando una empresa, y eso requiere todo tu esfuerzo y dedicación. Si llegas a un acuerdo con tu pareja y veis posible renunciar a la ayuda, adelante. Pero no aceptes cargar con las tareas domésticas porque eres tú quien se ha quedado en paro.

Valora la posibilidad de reunificar pagos de préstamos y créditos. Esto es todo un mundo, y yo no soy el más cualificado para orientarte, pero si llevas unos cuantos años pagando la hipoteca es posible que puedas ahorrarte un buen dinero cada mes eliminando otros préstamos e incluyéndolos en el de la hipoteca. Es importante hacerlo antes de que tengas problemas y hayas dejado de pagar alguno, y es un proceso que puede llevar tiempo, así que si vas a hacerlo empieza ya.

Libérate de otras cargas

Dado que el dinero es escaso, y es difícil conseguir más, tienes que optimizar tu otro recurso: el tiempo.
Si tienes compromisos periódicos que te quitan tiempo, cancélalos como has hecho con los compromisos que te quitan dinero. No se trata de que dejes de visitar a tu anciana madre gravemente enferma, pero a lo mejor puedes prescindir de la partida semanal de pádel.

Cancela los cursos a los que estés apuntados tan pronto como puedas. No necesitas ahora más clases de golf, o de literatura armenia. La única excepción son los cursos de inglés, si es que realmente los necesitas.

Deja de ver televisión. Si puede ser, por completo. Y si no puedes evitar ver tu serie favorita, grábala para saltarte la publicidad. Una hora de televisión queda reducida a 40 minutos, que además empiezan y acaban cuando a tí te interesa, y no cuando deciden los erráticos responsables de programación. En cualquier caso nunca, pase lo que pase, veas la televisión antes de las 9 de la noche.

Olvídate de las noticias. No pasa nada porque durante un tiempo no seas la persona más informada del mundo. Esa media hora al día (al menos) que dedicas a estar enterado no te aporta nada para conseguir el éxito en tu empresa, y ese es ahora tu único objetivo. Abandona foros, chats, y cualquier actividad en Internet que no esté directamente relacionada con tu empresa.

Limita también tu consumo de libros de autoayuda, de negocios, incluso libros de tu sector. Y limita el consumo de blogs y otras páginas web. Ponte un tiempo límite si es preciso. Una sobreabundancia de información no te ayuda a tomar mejores decisiones. Leer demasiado y buscar demasiada información solo es una excusa para evitarte actuar.

Procura tener un ocio activo: lee (libros de ficción, o de historia, o de cualquier cosa que enriquezca tu mente pero no tenga que ver directamente con el trabajo), haz deporte, toca un instrumento. Aprender a tocar un instrumento musical es extraordinariamente relajante (tal vez no lo sea para tus vecinos, pero es un mal menor) y no necesitas ser un gran virtuoso para disfrutar.

Todas estas cosas no requieren dinero y son más eficaces para relajarte y descansar que la televisión o Internet.

Hablaremos más adelante de cómo ser más productivo cuando trabajas desde casa, y cuando no tienes jefes que te impongan ritmos y tareas. Ahora se trata de quitar de en medio todo lo te puede impedir rendir al máximo cuando estés trabajando en poner en marcha tu empresa.

Como puedes ver, esto no se trata de sentirte ocupado mientras esperas que te llegue el trabajo deseado. Si realmente quieres tener éxito creando tu empresa, debes tomártelo en serio desde el principio, y asumir que durante un tiempo vas a tener que renunciar a muchas cosas. Si no estás dispuesto a afrontar el reto, más te vale dejarlo ahora mismo.

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¿Tengo lo que hay que tener?

Supongamos que estás medio convencido de que, en las actuales circustancias, puede tener sertido arriesgar para crear una empresa y así salir del paro. Otros lo han conseguido. Pero la pregunta es ¿eso de emprender es para mí? ¿puedo conseguirlo? ¿tengo lo que hay que tener? Más aún: ¿qué es lo que hay que tener?

Acción

Si tuviera que decir una sola cosa que puede hacer que triunfes, sería acción. No importan tanto tus características, si eres guapa o feo, listo o tonta, culta o analfabeto, si tienes años de experiencia o eres un pajarillo recién salido del cascarón. Puedes encontrar empresarios de éxito con cualquiera de esas características. Lo que les caracteriza a todos es que han hecho cosas. Algunas salen bien, otras salen mal. Pero lo que nunca puede ir bien es lo que no llegas a hacer.

Brian Clark, el autor de Copyblogger, escribió acerca de un concierto que dieron en junio de 1976 un grupo por entonces desconocido que se hacían llamar Sex Pistols. Solo consiguieron atraer a 42 personas, pero entre ese reducido público estaban los siguientes:

Tony Wilson, que creó el influyente sello Factory Records y el club The Haçienda (donde nació la cultura rave), el legendario productor Martin Hannett, y el periodista musical del NME Paul Morley. También entre los asistentes estaban los que más adelante serían miembros de bandas como los Buzzcocks, Mark E. Smith de The Fall, Mick Hucknall (el cantante de Simply Red), Morrissey de The Smiths, y los fundadores de Joy Division que tras la muerte de su cantante pasaron a ser New Order.

¿Había algo en ese público para que tantos de ellos se hicieran famosos en el mundo de la música? Probablemente, lo que sucedió es que delante de ellos estaban tocando los Sex Pistols. Que no tenían ni idea de tocar, de cantar ni de componer, pero lo hacían igualmente.

Para los más jóvenes, recordad que en esos años quien triunfaba en el rock eran las grandes bandas de “rock sinfónico”, los del “rock progresivo” y los del “hard rock”. Gente como Pink Floyd, Genesis, Led Zeppelin, Deep Purple, Yes… Tipos que podían tirarse 10 o 15 minutos haciendo un solo de batería o de guitarra para demostrar su virtuosismo. Grupos que hacían música compleja que pocos chavales podían intentar imitar.

Y en ese contexto aparecen los Sex Pistols y demuestran que para hacer música lo único que necesitas son ganas. Y de ahí la explosión del punk, y de la new wave, y toda la música de finales de los 70 y principios de los 80 que en España tuvo su eco en la “movida”.

El público de ese concierto no era especial. Simplemente, descubrieron que ellos también podían “hacer”, “actuar”. Y lo hicieron.

Tendemos a endiosar a los ganadores. Pensamos que Steve Jobs, J. K. Rowling o Amancio Ortega están tocados por el hado del triunfo. Que nosotros somos pobres mortales con multitud de defectos. Pero la única diferencia entre los que tienen éxito y los que llevan vidas mediocres es que los primeros actúan. Trabajan. Lo intentan. Si tropiezan, se levantan y siguen intentándolo.

Haz como ellos. Piensa que tú también puedes. Levántate del sillón y actúa. Ya tienes ventaja sobre la inmensa mayoría que se limita a esperar que su suerte cambie por algún mecanismo mágico.

Ambición

Tiene mala prensa esta palabra. Y sin embargo la ambición es imprescindible si quieres triunfar. Aunque tal vez haya que aclarar que ambición no tiene que significar lo mismo para todas las personas. Según el Diccionario de la Real Academia ambición es “Deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama”. Para tí el significado debe ser “deseo ardiente de conseguir tus objetivos”.

Para algunos riqueza puede significar un Ferrari, mansiones atendidas por ejércitos de sirvientes, semanas de vacaciones en playas paradisíacas… pero tal vez para tí riqueza es simplemente no volver a preocuparte del dinero, tener un coche y una casa decentes y tener tiempo libre para tu familia y tus amigos. O tener una casita en la montaña en la que pasar largas temporadas. O jugar al golf todos los días durante un par de horas.

El caso es que ese deseo ardiente de conseguir tu sueño es importante para sobrellevar los malos momentos, que llegarán, y en los que la tentación de arrojar la toalla puede ser muy fuerte. Decía Cela que “en España, el que resiste, gana”. En la empresa también: usa la ambición para resistir. Y ganar.

Otras habilidades

Ahora te estarás preguntando, “vale, tengo que actuar y tengo que tener ambición. Pero ¿no hay nada especial que deba saber o alguna cualidad que deba tener para conseguir el éxito?”

Pues sí hay unas cuantas habilidades que, sin ser imprescindibles, pueden venirte muy bien. Si no partes con ellas, no te preocupes. Simplemente, dedica un tiempo cada día, o al menos cada semana, a conseguirlas.

1. Hablar en público

Si quieres tener éxito en casi cualquier cosa que emprendas, tendrás que ser capaz de comunicar tu visión a socios, empleados, inversores o clientes. Eso es algo que no puedes delegar. Si te aterra la idea de enfrentarte a un auditorio, o si eres incapaz de hablar sin aburrir a las ovejas, no podrás contagiarles el entusiasmo que tú sientes por tu empresa.

2. Contabilidad

Tú no vas a llevar las cuentas de tu empresa, pero tampoco puedes confiar por entero algo tan importante a una gestoría. Aplicar según qué criterios contables puede marcar la diferencia entre tener una empresa con un balance saneado o una situación de quiebra, así que te interesa seguir de cerca lo que hace tu asesoría, conocer las alternativas y establecer tú los criterios.

3. Marketing

Igual que en el caso anterior, no se trata de que diseñes tú la publicidad de tu producto. Pero el marketing en sentido amplio (esto es, analizar qué necesita el mercado, como vas a responder a esa necesidad y cómo vas a comunicar que tienes la respuesta) es inseparable de todo el proceso de creación de tu empresa. Necesitas conocer al menos los conceptos más básicos de cómo funcionan los mercados, de cómo segmentarlos, de cuál es el proceso de adopción de un producto y de qué vías tienes para comunicar con tus clientes potenciales.

4. Relaciones personales

Alguien pensará que saber tratar bien a las personas es algo innato. Hay quien nace con la habilidad de “caer bien” y sabe qué decir a cada persona en cada momento, y hay quien es por naturaleza huraño o tímido. Sin embargo, también se puede aprender a tratar a las personas, y hasta los más antipáticos pueden mejorar. Y salvo que tu modelo de negocio sea muy parecido al de los profesionales de la venta por eBay, tendrás que tratar con otras personas.

5. Protocolo

Podríamos llamarlo “educación”, o “buenas maneras”. Aunque parezca un concepto anticuado, sigue siendo (y será) imprescindible seguir unas normas de cortesía y buen trato, aunque esas normas se apliquen ahora al uso del correo electrónico y no a las cartas manuscritas. Demostrar que eres un zafio patán es la mejor manera de que nadie confíe en tu capacidad para manejar algo tan delicado como una empresa.

6. Tendencias

Esta es la más difícil. No se trata de llevar el último gadget, o el último corte de pelo, o de abrir un blog porque está de moda. Se trata de estar enterado de lo que se cuece en tu ámbito de negocio e incluso fuera de él. Se trata de saber no solo qué comportamiento tienen tus clientes, sino cómo está cambiando este comportamiento (y siempre está cambiando). Se trata de saber qué pasa en otros sectores, porque mañana puede afectar al tuyo. Se trata de identificar oportunidades antes que tu competencia, porque tú tienes más datos de cómo se mueve el mercado.

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