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Si uno lee cualquier libro para emprendedores, la idea fundamental parece ser que hay que hacer un Plan de Negocio antes de arrancar. El emprendedor en ciernes, encantado de saber que tiene una tarea concreta que será fundamental para el éxito de la empresa, se lanza entusiasmado a elaborar el Plan de Negocio Perfecto.
Analiza el mercado, la competencia, explica que su producto marcará un hito histórico y hace proyecciones financieras a cinco años: el primero voy a vender 1.000 unidades y ganaré 100.000 euros, el quinto venderé 5.000.000 de unidades y facturaré cien millones de euros… Después de una semana o dos, tiene un documento de 100 páginas que demuestra lo sólido que es su negocio y conseguirá que los inversores se peguen por conseguir financiarlo.
La triste realidad es que más provechoso que leer ese libro titulado “Cómo crear tu empresa” sería leer esta tira de Dilbert:
Uno de los problemas de la extinta Unión Soviética era la ilusión de creer que desde el Estado se podían elaborar planes quinquenales para dirigir la economía de un país. No se puede. Hay demasiadas variables de partida, y además las condiciones cambian continuamente.
En una empresa sucede lo mismo. Hacer un plan de negocio a cinco años y pretender seguirlo es tan absurdo como pretender jugar un partido de fútbol en el que sales al campo sin saber a qué equipo te enfrentas, y además las reglas del juego van cambiando a cada minuto. De repente puedes jugar con la mano, luego no existe el fuera de juego, a continuación los jugadores contrarios son quince, pero cinco minutos más tarde son ocho y hay dos porteros… Si quieres tener alguna oportunidad de ganar, necesitas cambiar tu táctica continuamente.
No digo que no haya que tener un Plan de Negocio. Pero más vale considerarlo como esos mapas que tenían los exploradores decimonónicos que se aventuraban en África: algunas referencias seguras en la costa (lo más conocido), algunos puntos más o menos ubicados en el interior, y casi todo lo demás en blanco. El que tiene éxito es el que es capaz de ir completando el mapa con lo que va encontrando en el camino.
Por tanto, tu Plan de Negocio no debería tener más de dos o tres páginas, al menos a estas alturas del partido. Ya lo irás completando cuando vayas teniendo más información. Esas páginas deben contener:
1. Qué problema resuelve tu empresa.
2. Si vas a vender productos, servicios, o ambos.
3. A qué mercado va dirigido (cuanto más concreto, mejor).
4. Cómo planeas llegar a tus clientes (publicidad, contactos, Internet)
5. Cómo piensas diferenciarte de la competencia.
6. Quién está en el proyecto (socios, asesores, inversores), qué aporta y cómo se compensa su aportación.
7. Tu estructura de costes e ingresos. Costes fijos, coste de producir cada unidad (sea una hora de trabajo o sea una unidad de producto), precio de venta de cada unidad, cantidad que necesitas vender en un mes para no perder dinero.
8. Un esbozo de planificación financiera, mes a mes, para el primer año. No es porque vaya a cumplirse, sino para tener el tiempo que tardarás en tener ingresos en el banco (que puede ser muy distinto al que tardas en hacer una venta) y por tanto el dinero que necesitas tener para lanzar la empresa.
Y ya está. Esto no debería ocuparte más de un par de días, a lo sumo. Todo el resto del tiempo que dediques a tu plan, no estás trabajando para tu empresa. Esta información ya es suficiente como para hacerte una idea de lo que te espera, de los problemas que tienes que resolver, de los recursos que tienes que conseguir para que todo salga bien.
A partir de aquí, debes actualizaro según tu proyecto de empresa vaya madurando. Si lo haces así, será un documento vivo, que será útil en cada paso del camino. Pero si ahora dedicas horas y horas a recrearte en lo que podría ser (o más bien en lo que te gustaría que fuera), no las estás dedicando a actuar, a hacer que eso que sueñas se convierta en realidad.
La única excepción es si desde el principio tienes claro que necesitas que un inversor ponga dinero. Entonces sí necesitas un plan de empresa “enseñable”. Pero el proceso de conseguir financiación requiere mucho más que saber hacer un Plan de Empresa convincente. Probablemente necesitarás ayuda para conseguir que un inversor te escuche, por mucho plan que tengas, y tendrás que tener algo más que unas cuantas ideas brillantes en un papel incluso para conseguir esa aydua. Así que aunque vayas a buscar financiación, tampoco es este el momento de perder el tiempo elaborando un Plan de Negocio.
Ya sabes: un par de días, un Plan de Negocio elemental, y a otra cosa más productiva.
photo credit: Gret@Lorenz






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