Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Ten cuidado con el porno

El porno puede ser muy perjudicial para tu productividad. Y no, no me refiero sólo a esas chicas ligeras de ropa que, solas o en compañía de otros y en actitudes lúbricas, te asaltan por cualquier esquina de Internet.

El porno es una alternativa a lo que el Arcipreste de Hita llamaba haber juntamiento con hembra placentera. O con varón, según los casos. El problema es cuando no recurres a esa alternativa ante la falta de acceso al comercio carnal, sino que precisamente el porno se constituye en la alternativa preferida. Por citar a otras glorias de la literatura castellana, lo que las Supremas de Móstoles decían con “eres un enfermo del cibersexo, eres un enfermo del ordenador”.

Como no es el tema del blog, dejo el tema del cibersexo a cada uno, para centrarme en lo que sucede con otro porno que no identificamos como tal: las actividades que nos proporcionan placer, pero poco o ningún resultado.

Conocí a un ingeniero para el que el porno eran los diagramas de procesos. Quiero decir que disfrutaba, yo creo que hasta lascivamente, dibujando y conectando rectángulos y rombos, y retocando y perfeccionando sus diagramas y sus procesos, ajustando salidas y entradas, actores, entregables… A su búsqueda del procedimiento perfecto, que recogiera toda la casuística posible y hasta imposible, dedicaba incontables horas. Horas que hubieran sido más productivas en otras tareas, y eso por no hablar de los afectados por cada revisión del procedimiento, que al final ya nunca sabían qué entregable tenían que entregar a quién.

Hay informáticos que disfrutan con la seguridad, revisando y cerrando posibles agujeros hasta que nadie puede usar ningún sistema (véase Mordac, el personaje de Dilbert). Los hay que disfrutan con el diseño, y pueden pasarse horas comparando tipografías o seleccionando pantones, incapaces de delegar decisiones de este tipo a alguien cuya profesión sea de verdad el diseño. Otros se entregan a las más bajas pasiones en cuanto ven un excel rebosante de números que simulan ser un excitante presupuesto a cinco años. Hay quien se encela con el powerpoint, tocando y retocando sus presentaciones ad infinitum…

Todos tenemos tentaciones pornográficas respecto a actividades que actúan como sustitutas de las tareas esenciales para el éxito de nuestra empresa. Aprende a reconocerlas como lo que son, una pérdida de tiempo que proporciona satisfacción a corto plazo pero poco rentables en cuanto a resultados tangibles.

Creative Commons License photo credit: Frank Steele

Consejo gratis

te daré un consejo gratis.

- ¿Me costará algo?

- ¿Qué? ¡Si te acabo de decir que es gratis!

- Sí, pero mi padre dice que los consejos gratis a menudo resultan caros.

- Podríamos decir que este consejo no tiene precio -repuso la bruja, con aire desdeñoso-. ¿Me escuchas?

- Sí

- Bien. Ahora…, si confías en tí…

- ¿Sí?

- … y crees en tus sueños…

- ¿Sí?

- … y sigues a tu estrella… – continuó la señorita Lento.

- ¿Sí?

- … te acabará ganando la gente que no es tan perezosa como tú y pasa su tiempo trabajando duro y aprendiendo cosas. Adiós.

Ahí os dejo este consejo, gratis pero que no tiene precio, para el fin de semana.

Es un fragmento de la novela The WeeFreeMen, de Terry Pratchett.

Creative Commons License photo credit: alicepopkorn ( in and out )

El manifiesto del emprendedor

Releyendo el Bootstrapper’s Bible (aquí podéis descargarlo competo y gratis, en inglés, of course) de Seth Godin creo que todo emprendedor que se precie debería hacerle caso: pegarlo en el espejo de su baño y leerlo en alto cada noche antes de irse a la cama:

Soy un emprendedor. Tengo iniciativa y visión y valor, pero no mucho dinero. Tendré éxito porque mis esfuerzos y mi foco venderán a competidores más grandes y con mejor financiación. No tengo miedo. Mantengo mi foco en el crecimiento de la empresa, no en politiqueos, la carrera profersional ni otras distracciones ineficientes.

Mejoraré mis habilidades para convertirme en la clave de cada departamento de mi empresa, pero seré consciente de que contratar expertos puede ser el secreto de mi éxito. Seré un ferviente e inteligente usuario de tecnología, para conservar mis dos activos más preciados: tiempo y dinero.

Mi arma secreta es saber cómo eliminar la burocracia. Mi tamaño me hace más rápido y más ágil de lo que puede ser cualquier empresa.

Soy un rayo láser. Las oportunidades intentarán nublar mi foco, pero no dudaré de mi objetivo y mi plan; hasta que lo cambie. Y sé que los planes están hechos para ser cambiados.

Estoy en esto por el largo plazo. Construir un negocio que durará me diferencia del oportunista, y es una inversión en mi marca y mi futuro. El éxito es sobrevivir, y cada día que pasa hace más fácil alcanzar mis objetivos.

Me comprometo a saber más sobre mi campo que cualquier otro. Leeré y aprenderé y enseñaré. Mi mayor activo es el valor que puedo aportar a mis clientes mediante mi esfuerzo.

Soy consciente de que tratar a la gente bien cuando esté subiendo lo hará más fácil cuando baje. Seré escrupulosamente honesto y abierto en mis tratos, y no usaré mi posición como emprendedor intrépido para conseguir ventajas injustas. Mi reputación me seguirá adonde vaya, e invertiré en ella a diario y la portegeré fieramente.

Soy el desvalido. Soy consciente de que otros me apoyan para que tenga éxito, y aceptaré agradecido su ayuda cuando me la ofrezcan. También entiendo el poder de los favores, y los ofreceré y concederé cada vez que pueda.

Tengo menos que perder que la mayoría; un hecho que puedo convertir en una importante ventaja competitiva.

Soy un vendedor. Antes o después, mis ingresos dependerán de las ventas, y esas ventas solo puedo hacerlas yo, no un emisario, no un representante. Venderé ayudando a otros a conseguir lo que quieren, identificando necesidades y cubriéndolas.

Soy un guerrillero. Seré persistente, consistente, y estaré dispuesto a invertir en el marketing de mí mismo y mi negocio.

Mediré lo que hago, y no mentiré sobre ello a mí mismo o a mi pareja. Estableceré objetivos financieros estrictos y evaluaré honestamente mi rendimiento. Estableceré límites sobre el tiempo y el dinero y no excederé ninguno.

Sobre todo, recordaré que el viaje es la recompensa. Aprenderé y creceré y disfrutaré todos y cada uno de los días.

Kutiman reinventa la música

Si todavía no habéis oído hablar de Kutiman, lo haréis pronto. Kutiman es un genio, que ha inventado una nueva forma de hacer música. El tío ha cogido más de 300 fragmentos de vídeos musicales de YouTube, los ha mezclado y ha creado 7 “canciones”. Lo pongo entre comillas porque el aspecto visual es inseparable del auditivo.

El resultado es sencillamente espectacular, y a poco que os guste la música deberías visitar la web en la que ha lanzado el trabajo.

Os pongo aquí un vídeo con una de las piezas, para abrir boca:

Kutiman no solo ha revolucionado la forma de hacer música, sino el negocio de la música. Todo el trabajo lo ha hecho desde su dormitorio, con un ordenador como único instrumento. Y ha pasado de tener 0 oyentes a más de un millón en solo una semana. El lanzamiento, en lugar de contar con periodistas consistió en unos cuantos amigos que enviaron un total de 20 correos electrónicos. Twitter hizo el resto.

¿Para qué necesita Kutiman a una discográfica? ¿Cómo se puede ganar dinero con lo que ha hecho Kutiman? ¿Cómo puedes impedir que alguien como Kutiman remezcle tu trabajo? ¿O tal vez la pregunta sea cómo puedes conseguir que Kutiman remezcle tu trabajo?

Los principios de gestión de Scott Adams


Tal vez alguno no sepa que Scott Adams, además de dibujar los comics de Dilbert, tiene un restaurante. En el útimo post de su blog explica que no le va del todo mal, a pesar de la crisis, y que él en realidad en el restaurante hace poco más que ir a comer de vez en cuando y ver las cuentas cada día.

Feroz crítico de directivos incomptetentes, cuando puso en marcha su negocio intentó establecer unos principios de gestión que merece la pena considerar:

  1. Diviértete. Relájate.
  2. Intenta algo nuevo. A menudo. Quédate con lo que funcione.
  3. No hay castigo por una idea nueva que fracasa. Lo que importa es intentarlo.
  4. Los empleados son más importantes que los clientes.
  5. Deja de pedir la aprobación de Scott. Simplemente hazlo.
  6. Los directivos pueden ver las cuentas.
  7. Si eres un gilipollas con los compañeros te vas a la calle.
  8. Haz cualquier cosa que parezca sensata y justa para hacer felices a los clientes.
  9. Observa atentamente a la competencia y copia sus mejores ideas.

¿Qué tal? ¿Basta con estos principios o lo mejor que ha hecho Adams por su negocio es apartarse de la dirección?

La resistencia viscosa

Entre los individuos que se resisten al cambio en una gran organización, o quieren sabotear un proyecto, la técnica que mejores resultados suele dar es la resistencia viscosa. Consiste en no oponerse frontalmente a nada pero generar tal viscosidad alrededor de los que intentan llevar adelante el proyecto que éstos acaban agotados del esfuerzo, como si tuvieran que nadar en una piscina de mermelada.

Es una técnica inteligente, porque nadie puede acusar de sabotear, e incluso puede haber apariencia de colaboración, de tal manera que alguien ingenuo puede tardar mucho en darse cuenta de que un supuesto colaborador en realidad lleva tiempo trabajando en contra del proyecto.

No porque ninguno de mis lectores la vaya a aplicar, sino para que podáis detectarla si os la aplican, os detallo algunas técnicas:

Implicar en el proyecto a unidades no interesadas en él. Se hace bajo la apariencia de “colaboración” o “apertura” o alegando que esas unidades tienen información relevante. El hecho de que no tengan interés, provoca que sea prácticamente imposible encontrar huecos para reuniones, que la persona asignada no tenga relevancia y por tanto su papel se limite a decir “transmitiré a mi jefe todo esto”, que no realicen las tareas que se les asignen…

Apelar a la normativa. ¿Ley de protección de datos? ¿riesgos laborales? ¿ISO 9001? ¿ITIL? Cualquier excusa es buena para plantear que la iniciativa hay que estudiarla con más cuidado, analizar sus implicaciones más profundas, valorar qué problemas puede encontrar la organización antes de lanzarse a la aventura…

Llevar el tema al departamento jurídico. ¿Hay un abogado en la organización? Es un aliado natural para bloquear cualquier iniciativa. Si se le implica en ella, él solito se encargará de agotar la paciencia de cualquiera que pretenda mover un dedo.

Parálisis por análisis. Ante cualquier propuesta, buscar al menos dos o tres alternativas. Que todas ellas pueden ser más o menos razonables, pero cada decisión implica análisis, pruebas, recabar más información, reuniones, consenso… retrasos.

Posponer las tareas. Esperar hasta el último momento para entregar algo, y luego poner una excusa por la cual no se ha podido cumplir el calendario previsto. Si hay alguna tarea que no tiene fecha límite, posponerla indefinidamente.

Generar tareas secundarias que se encargan a terceros. Cuanta más gente implicada, más probable es que alguien falle. Si el saboteador es hábil y consigue involucrar a holgazanes de reconocido prestigio, puede permitirse el lujo, además, de cumplir con sus tareas y quejarse de lo poco que colabora el resto.

Iniciativas espontáneas. Consiste en aportar ideas que “enriquecen” el proyecto. No hay que hacer al principio, porque entonces pierden la gracias. Se trata de que vayan apareciendo de vez en cuando, para distraer al personal del objetivo esencial. El líder del proyecto a lo mejor acaba reconociéndolas como lo que son, pero alguien habilidoso puede enganchar a otros el tiempo suficiente como para distraerlos durante un tiempo con cada iniciativa.

Guerra de competencias. Es una de las armas más potentes, por eso la dejo para el final. No hay nada que pueda bloquear una iniciativa como una guerra de competencias entre dos o más jefes. En función del lado en el que esté, el jefe implicado adoptará la postura de “quién se ha creído que es este para meterse en mi huerto” o bien la de “ese neandertal incapaz de evolucionar no me va a parar a mí esta iniciativa”. En cualquier caso, una vez desatada las fuerzas se dirigen contra el enemigo, y no para impulsar el proyecto.

Y vosotros ¿habéis sufrido la resistencia viscosa? ¿conocéis otras técnicas?

Creative Commons License photo credit: lepiaf.geo

Twitter y otras cosillas

Después de pensar que eso de Twitter es una tontada como un piano, solo apto para impúdicos exhibicionistas, por fin hace casi un mes me dí de alta. Más que nada porque nadie me pillara el usuario borjaprieto (hay unos cuantos tocayos por ahí).

El caso es que últimamente me llegan unas cuantas visitas desde twitter, porque hay gente que enlaza algún post. Así que he instalado un plugin que twitea automáticamente cada vez que publico un post. Más que nada por probar a ver qué pasa.

Otra cosa que he hecho, aprovechando que estaba de reformas, es cambiar el blogroll, que al final es costoso de manejar y mantener actualizado, por algo más dinámico: una lista de “recomendados”, que está formada por mis compartidos de Google Reader. Hasta ahora no compartía mis lecturas, pero creo que puede ser una buena manera de apuntar a cosas que me interesan y que creo que pueden interesar a otros .