Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Quién tiene la culpa de la crisis

Comento la última encuesta, que ya va siendo hora. A la pregunta de ¿Quién tiene la culpa de la crisis?, un 45% de los votantes ha respondido que “el afán desmedido de riqueza”, muy por delante de la segunda opción “El sistema neoliberal que no controla al mercado”, que ha tenido el apoyo del 20%.

Hay que apuntar que los resultados han cambiado después de que el post sobre qué hacer si te quedas en paro fuera portada de menéame. Antes, mi opción favorita (La intervención de los gobiernos en la economía) tenía más del 13% en que se ha quedado.

Pero vamos al grano, ¿puede ser el afán de riqueza el causante de la crisis? Eso implicaría que el afán de riqueza ha crecido en los últimos años. Y necesitaría una justificación ¿somos los seres humanos más avariciosos en el siglo XXI que en el XX? ¿Eran los seres humanos más avariciosos en 1929 que veinte años antes o veinte años después? ¿Y en la crisis de 1973?

La avaricia, o el afán de riqueza, o el deseo de prosperar siempre están ahí. Pretender que no existe, o que los seres humanos deberíamos cambiar y ser mejores, tal vez esté bien como idea para tu grupo religioso/ideológico, pero tiene poco sentido práctico no contar con ello. Si dentro de X años tu religión o tu ideología consiguen cambiar a los seres humanos y hacernos a todos seres altruistas dispuestos a compartir con el que menos tiene, estupendo. Mientras tanto, lo mejor es asumir que esa avaricia lleva algunos milenios acompañándonos, y que cualquier sistema económico debe partir de que existe.

El capitalismo es bueno porque canaliza esa avaricia hacia el servicio a los demás. Como decía Adam Smith: “no es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés”. El caso es que gracias al egoísmo y al afán de riqueza del panadero, tenemos pan. Él está contento ganando su dinero, y nosotros somos estamos contentos pagándole por tener pan.

Para que le paguemos, por supuesto, debe proporcionarnos un pan que nos parezca mejor que el dinero que pagamos por él. Si no lo hace así, compraremos en otra panadería, o simplemente dejaremos de comprar pan y acompañaremos la comida con arroz o con tortas de maíz.

Y lo que vale para el pan, vale para los pisos, las hipotecas o los coches. Claro que si te equivocas al comprar una barra de pan, el error que has cometido es muy leve, y no tiene más consecuencia que una comida peor. Si te equivocas al comprar una vivienda, o al contratar una hipoteca, toda tu vida puede verse afectada durante años. De modo que debes tener más cuidado e informarte mejor al comprar una vivienda que al comprar una barra de pan. Parece de Perogrullo, pero la cosa tiene miga.

Mucha gente cree que el Estado le protege de los avariciosos banqueros y empresarios que intentarían sacarle hasta el hígado de no mediar reglas, normas y vigilancia. De este modo, “cede” la responsabilidad de informarse antes de tomar una decisión que comprometerá toda su vida.

Pero lo cierto es que sucede más bien al contrario. Los Estados han contribuido más que nadie a la crisis, y desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, muchos piensan que la crisis de las subprime se debe a que la avaricia de los bancos les llevó a prestar dinero a quien no podía devolverlo, creando luego los famosos “paquetes” que endosaban a otros bancos.

Lo cierto es que fue el gobierno de Bill Clinton quien obligó a prestar a los indigentes, bajo la amenaza de denuncias por racismo. Leed este artículo del NYT, de 1.999, en el que se anunciaba que si se producían un cambio negativo en la economía, esas medidas obligarían a un rescate de las entidades financieras por parte del gobierno. Yo tengo muy poco respeto por los economistas que son prefectamente capaces de explicar a toro pasado cualquier situación económica, pero mucho por quien es capaz de predecir algo con casi diez años de antelación.

De modo que el gobierno estadounidense sí tuvo que ver con la crisis de las subprimes, pero no por vigilar poco, sino por obligar a prestar a insolventes solo porque tenían el color de piel adecuado. Y por enviar además un mensaje envenenado: “si el gobierno me obliga a prestar a un individuo que ni siquiera tiene un trabajo decente, no ve a a dejar luego en la estacada si el susodicho no paga el crédito”. Por supuesto que el afán de riqueza hizo que los bancos americanos, además de conceder préstamos basura los “empaquetaran” y se los colocaran a otros, pero ese mismo afán de riqueza les habría hecho ser mucho más prudentes si el Estado no hubiera intervenido.

Por nuestra parte, la burbuja inmobiliaria ha tenido mucho que ver con la financiación de los Ayuntamientos. ¿Que hay mucho chorizo en la construcción? Pues claro. Más o menos la misma cantidad que concejales de urbanismo corruptos. Cuando de la decisión de un cargo público depende que tu terreno valga 5 o 100, hay una gran ventana de oportunidad para que la avaricia se dirija no a satisfacer las necesidades de tus clientes, sino a conseguir el favor del cargo público.

Hay más: el Estado tiene el monopolio del dinero, y maneja los tipos de interés. Durante muchos años, los bancos centrales han estado manteniendo unos tipos de interés tan bajos que era casi irracional no entramparse. El mensaje que se nos daba desde el Gobierno era: “gasta, gasta, que tienes dinero para lo que quieras”.

El problema de gastar a crédito es que lo haces hoy con el dinero que crees que tendrás mañana. Si en tus cálculos está que tu vivienda valdrá un 20% más cada año, y que la economía siempre va a ir a mejor (al menos en lo que respecta a tus ingresos), lo más probable es que te equivoques. Y nuevamente el Gobierno, con sus mensajes de “somos la leche, la economía va a tope, y quien diga lo contrario miente”, ha contribuido a que muchas personas tardaran demasiado en darse cuenta de que sus cálculos estaban fatalmente equivocados.

Por si sirve de consuelo, hay que tener en cuenta que también los “expertos” de los bancos se equivocaron. Demasiados créditos se concedieron con criterios irresponsables, y demasiadas inversiones se hicieron sin mirar la solvencia real de los activos en que se basaban. Nuevamente el afán de riqueza, pero en un entorno en el que las relaciones no son transparentes, sino que están envenenadas por la intervención del gobierno.

La puntilla la ponen los planes de rescate. Los de Obama, los de Zapatero y los de sus colegas. En una economía sana y libre, las empresas que han cometido errores (como los bancos) y las que nos son competitivas (como la industria del automóvil) se ven obligadas a reconocer sus pérdidas, reconvertirse si están a tiempo, y cerrar o ser vendidas si ya no lo están. El dinero (por avaricia, por afán de riqueza) fluye a empresas más competitivas y más rentables, y aunque hay un periodo en el que los implicados en las empresas fracasadas (propietarios y trabajadores) sufren, al cabo la economía se sanea y la gente encuentra nuevos trabajos.

Nuevamente, el afán de riqueza es el que hace que esas otras empresas prueben suerte, intenten atender necesidades insatisfechas de los consumidores, y ganen dinero con ello.

Pero los planes de rescate retiran el dinero de las empresas solventes y de los ciudadanos que pagan sus impuestos, y se lo entregan a las empresas insolventes. Con esto, además de apuntalar empresas que deberían reconvertirse o cerrar, envían un mensaje a los avariciosos: “no arriesgues tu dinero en empresas innovadoras. Yo, que para eso soy el Estado, te garantizo que nunca perderás si lo colocas en las empresas que yo elija”.

Y envían también un mensaje a los avariciosos directivos de los bancos y empresas insolventes pero grandes: “no importa lo mal que gestiones tu empresa, yo siempre estaré aquí para apoyarte. No importa que arriesgues irresponsablemente, o que no innoves, sabes que siempre puedes contar conmigo.”

El Estado acaba siempre comportándose como el protagonista de una comedia de enredo, que para disimular que tiene una amante debe aportar cada vez explicaciones y justificaciones más alambicadas, y cada solución a un problemilla desencadena otro mayor, hasta que la situación se hace insostenible.

El problema es que mucha gente aún no ha llegado al punto en el que descubre que el gobierno le ha estado engañando con otra mientras le juraba amor eterno.

Cantamañanas, desencantados y bloggers

No puedo resistirme a terciar en el debate que ha iniciado Andrés hablando de cantamañanas 2.0. Leed también el desencantamiento 2.0 de Brito, para tener todos los datos.

Por resumir mucho, la cuestión es ¿tiene sentido regalar algo valioso (información basada en tus conocimientos y experiencia) a cambio de nada, o incluso a cambio de recibir insultos o desprecio?

Vayamos primero con lo de los insultos o la crítica desaforada. La verdad es que no me preocupan mucho, no me las tomo como algo personal, ni me afectan ni me deprimen. Casi al revés, son muestra de que tienes un cierto número de lectores: si te visitan mil, alguno de ellos tiene que ser un imbécil. Los comentarios al post sobre mi hija me llamaron la atención por lo virulentos (ha sido la vez que más he tenido que borrar, entre otras cosas para que no salga este blog en Google cuando alguien esté buscando guarradas), pero interpreté que se debía a que muchos se sintieron atacados en lo más íntimo de su ser porque una niña pequeña fuera más responsable o madura que ellos.

Pero en general, ya digo, este tipo de comentarios no me suponen mucho problema: si veo que traspasan ciertos límites, los borro y se acabó.

Luego está lo del reconocimiento y/o pago por el valor que aportas en el blog. Yo no empecé a escribir esto pensando en ganar dinero, sino como respuesta a una situación personal: puse en marcha una empresa y sufrí mucho en el proceso. Cometí errores estúpidos, y hubiera agradecido tener información práctica que me hubiera evitado muchos problemas. Descubrí que había mucha información de este tipo en inglés, pero poco o nada en español, y me decidí a compartir lo que sé, lo que he aprendido y lo que escribe gente que sabe mucho más que yo.

Mi mayor recompensa, por tanto, no es ganar unos eurillos con AdSense. Es que alguien escriba en un comentario que algún post le ha servido de ayuda. Ese es el objetivo del blog, y si lo consigo ya tengo suficiente como para seguir adelante.

Hay otra recompensa adicional, y es que escribir el blog me ha permitido conocer a gente que realmente merece la pena. Emprendedores con ideas, brillantes, admirables. Y que gente así te diga: “leo lo que escribes y es bueno” supone para mí una motivación adicional para esforzarme y aportar más valor cada día.

Luego están los Gurús 2.0, los de la cancamusa, los singermornings. Os contaré una cosa: hace algún tiempo estuve dedicado a la promoción de la sociedad de la información en las PYMEs de Madrid. ahí descubrí que existía todo un subsector TIC para mí desconocido. Además de la seguridad, los sistemas, el desarrollo, las redes… está el subsector de los singermornings.

Gente que vive de vender humo (casi siempre a las administraciones públicas). Proyectos sin beneficio contrastable, sin resultados, con márgenes del 90%… pero que son capaces de conseguir una foto en un periódico del político de turno. Todo un mundillo de expertos que cobran más que un gurú americano, ONGs con ánimo de lucro, empresas disfrazadas de fundaciones o fundaciones disfrazadas de empresas.

Al principio uno se indigna de que una empresa decente tenga que esforzarse para ganar el pan vendiendo horas de programador o cacharros que además de tener luces que se encienden y se apagan hacen cosas con los bits, mientras otros se forran vendiendo páginas web 2.0 sin usuarios o eventos sin público. Luego se da cuenta de que es inevitable que exista el sector de los singermornings mientras haya gente que tenga mucho dinero para gastar, y dinero además que “no es de nadie”, como decía la ex-ministra.

Con los gurús 2.0 de la red sucede algo parecido. No es que me guste que gente que aporta poco consiga tanta atención mientras otros que aportan más tienen que esforzarse en ello, pero así es la vida. Protestar contra esto es como protestar contra la ley de la gravedad. No vas a cambiar nada, y solo consigues perder el tiempo y la paciencia.

Lo único que es más preocupante, y he tenido también mi ración de esto, es cuando las consecuencias salen del ámbito blog para pasar al mundo real. Alfredo de Hoces lo ha sufrido recientemente, y en esto (en muchas otras cosas no) coincido con él. Si a alguien le molesta lo que opino, que se lo tome en dos veces. Si usar mi libertad de expresión para decir lo que quiera (sin dañar a nadie) me supone un problema, bienvenido sea. A estas alturas de la vida ya no aspiro a caer bien a todo el mundo. Si se me cierra una puerta por tener determinadas ideas o no bailar el agua a determinadas personas, pues ya se me abrirán otras. So it goes.

En resumen, que yo sigo, como decía el clásico. Mientras haya un lector que crea que algo de lo que escribo le es útil, y mientras tenga el respeto de gente a la que admiro, escribir aquí seguirá mereciendo la pena. Gratis, con insultos y con todo.

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Lo que cuestan las cosas

Cuando pones en marcha una empresa con un dinerillo que tienes ahorrado y algo que te han prestado, es fundamental estirar ese dinero todo lo posible. Los ciclos de venta a veces son más largos de lo que pensabas, los clientes tardan más en pagar de lo previsto, Hacienda y la Seguridad Social quieren su parte aunque aún no hayas visto un céntimo de beneficios… y ese dinero que parecía mucho se esfuma

Además de aplicar las sabias medidas de Jaime Estévez, hay una cosa que puedes hacer fácilmente y que puede ahorrarte mucho dinero.

Se trata de, antes de comprar cualquier cosa para la empresa, analizar qué dinero necesitas facturar para conseguirla. Que es mucho más que su precio.

Por ejemplo: supongamos que quieres comprarte un MacBook Pro de 17 pulgadas. Cuesta 2.399 euros, pero realmente los vale, porque te lo mereces, va a ser tu herramienta de trabajo, no hay que ser cutre, con él vas a a ser más productivo y cualquier otra justificación que se te ocurra.

Ahora bien, antes de hacerlo, piensa en cuál es el margen bruto de tu empresa. ¿Un 30%? Entonces eso significa que debes facturar 8.000 euros para conseguir los 2.400 que necesitas para comprar el MacBook. Es decir, para tí el MacBook cuesta 8.000 euros, no 2.399. Ahora piensa cuánto vas a tardar en facturar (y cobrar) esos 8.000 euros. Si realmente sigues pensando que merece la pena, adelante.

Pero tal vez, ahora ese portátil de segunda mano que te ofrecían por 240 euros (y que a tí te supone facturar 800) resulta algo más atractivo…

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Qué hacer si te quedas en paro

Yo he pasado dos veces por la experiencia, y he salido con bien: la primera vez aprobé unas oposiciones y la segunda creé una empresa. Pero he visto de cerca lo terriblemente destructivo que puede ser encontrarse de repente en casa sin nada que hacer así que, por si a alguien le son útiles, aquí van estos consejos:

1. Sal de casa antes de las 9

Todos los días laborables, sin excepción, madruga, aséate, vístete y sal de casa. Aunque lo único que hagas sea comprar el pan, o simplemente dar un paseo, es muy importante mantener tu horario sincronizado con el de las “personas normales”. Si no lo haces, entrarás pronto en una espiral de levantarte tarde, acostarte más tarde, pasar la mañana medio dormido y legañoso y llegar a la tarde sintiendo que se te ha pasado otro día sin hacer nada.

Si sales a la calle, además, te verás a tí mismo como una persona “activa” y no como un holgazán, y es importante primero creerlo y después transmitirlo a los demás.

2. Cuida tu imagen

Lo he dicho en el punto anterior, pero lo remarco: aséate todos los días. Mantén al menos la misma imagen que cuando estabas trabajando: aféitate, maquíllate, péinate… Y no salgas a la calle con un chándal (salvo que vayas a hacer deporte) o con ropa raída. Mantener la propia imagen es requisito imprescindible para mantener la autoestima.

3. No veas la tele

La tele es tóxica. Te hace estar quieto, pasivo, y cuando te das cuenta se te ha ido la mañana zapeando entre consejos médicos para jubilados, cocineros vascos y testimonios de marujas. Nunca, bajo ningún concepto, pase lo que pase, enciendas la tele antes de las 6 de la tarde. Si puedes no encenderla en todo el día, mejor. No tener la alternativa de tirarte en el sofá a ver la tele te obligará a dedicar tu tiempo a otras cosas, que sean las que sean serán mejores que no hacer nada.

4. Habla con gente

Estar solo, dándole vueltas a la mala suerte que tienes y lo injusto que es el mundo contigo no te va a ayudar a salir de tu situación. Al revés, minará tus posibilidades de salir de ella. Por el contrario, tomar un café o comer con antiguos colegas o amigos, puede ser una buena manera de que se acuerden de tí si por casualidad se les presenta la posibilidad de buscar a alguien para un puesto de trabajo. Y si no, al menos tendrás nuevas ideas, y estarás al tanto de lo que se cuece en el mundo laboral.

Eso sí, no utilices a tus amigos para llorarles y lamentarte de tu situación. Por muy amigos que sean, acabarán hartos de tí. Ellos, aunque tengan trabajo, también tienen sus problemas, y todo el mundo prefiere hablar con alguien optimista y animado que con un cenizo que todo lo ve negro.

5. Identifica tus fortalezas y oportunidades

Dedica un tiempo a valorar exactamente qué puedes aportar a alguien que esté dispuesto a contratarte. Valora lo más objetivamente que puedas tus conocimientos y experiencia, y piensa en qué tipo de empresas y puestos podrían ser útiles. Una buena idea es contrastarlas una referencia externa, un amigo que pueda ayudarte a separar tus fantasías de la realidad, o tal vez a descubrir cualidades que tú no has valorado.

6. Amplía tu horizonte laboral

Si tu sector está en crisis, tal vez sea el momento de plantearte un cambio en tu carrera. No tiene por qué ser un cambio radical, pero sí tienes que estar dispuesto a hacer cosas que antes no habías hecho. Un ejemplo: si hasta ahora dirigías proyectos de obras, y ya no hay obras que dirigir, tus conocimientos de dirección de proyectos pueden ser útiles en otros campos.

Intenta identificar sectores en alza, puestos más demandados, y mira en cuáles podrías encajar con más facilidad.

7. Complementa tu formación

Compara lo que sabes con lo que demanda el mercado y apresúrate a rellenar los huecos. Ya que tienes tiempo dedícalo a formarte. Si los cursos que hay en el INEM son muy básicos y no encajan en tu perfil, paga otros de tu bolsillo si es preciso.

8. Vete un par de meses a Inglaterra o Irlanda

Si no tienes un nivel de inglés aceptable, como para tener una conversación profesional, es el momento de ponerte al día. El nivel de vida ahora no es mucho más caro, y es probable que puedas encontrar un trabajo, aunque sea cutre, para compensar los gastos. Quién sabe, a lo mejor incluso encuentras un trabajo que se ajuste a tus expectativas.

No es que saber inglés te abra puertas, es que no saberlo te puede cerrar muchas. Si estás dos o tres meses en un país de habla inglesa aprenderás lo suficiente como para manejarte, incluso aunque no des clases. Examinarte en el British Council para tener un título oficial, a la vuelta, cuesta alrededor de 100 euros, así que no tienes excusa para no hablar inglés de una vez.

9. Ponte a buscar trabajo desde el primer día

Aunque tengas muchos meses por delante con el dinero del “paro”, el tiempo vuela, y para cuando te des cuenta estarás angustiado pensando en cómo van cayendo las últimas hojas del calendario que marcan la fecha en que te quedarás sin nada. Empieza desde el principio a buscar trabajo.

Y buscar trabajo no es enviar curriculums idénticos sin ton ni son a cualquier empresa que se te ocurra. Eso solo vale para justificarte “es que he enviado más de tropocientos curriculums, y no he conseguido ni una entrevista…”. Ni la vas a conseguir así.

Busca en los portales de empleo, actualiza allí tu perfil, adapta y retoca tu curriculum para cada uno de los puestos a los que optas, haz un seguimiento de cada oferta… ten en cuenta que tu trabajo ahora es buscar trabajo, así que deberías dedicarle a ello al menos ocho horas diarias.

10. Usa las redes sociales profesionales

Un gran porcentaje de los trabajos se consigue a base de contactos. No se trata tanto de “enchufe”, como de confianza. LinkedIn o Xing son muy útiles para ampliar tu red de contactos profesionales, y una recomendación de un conocido común puede ser decisiva para que encuentres trabajo.

11. No prepares oposiciones

Puede parecer contradictorio, viniendo de alguien que aprobó unas oposiciones estando en paro, pero he visto a gente hundirse más en su situación por empeñarse en sacar unas oposiciones.

En tiempos de crisis las oposiciones se hacen atractivas para más gente, así que compites con más personas para conseguir un puesto y eso las hace más difíciles. Más importante: el proceso es largo, y es normal que te encuentres que has invertido un año entero para nada. En tu curriculum hay un hueco cada vez más grande así que, como el ludópata que va perdiendo en el casino, empiezas a creer que tu única oportunidad de recuperar lo invertido es seguir apostando.

Al final se te acaba la prestación, no has encontrado un trabajo en la empresa privada, no has aprobado, cada vez te enfrentas a los exámenes con más angustia (esto mina tus posibilidades de hacerlos bien), y acabas siendo “opositor” durante años.

12. Acepta cualquier trabajo

O casi cualquiera. Aunque antes tuvieras un puesto y un sueldo muy superior a los que te ofrecen ahora, es preferible aceptar casi cualquier cosa antes que seguir en paro. Aunque tengas un dinerillo ahorrado de la indemnización, y recibas una prestación todos los meses, eso se acabará antes de lo que piensas, y entonces lamentarás no haber aceptado el trabajo que ahora rechazas.

Por otro lado, es mucho más fácil conseguir un nuevo trabajo teniendo ya uno que desde el paro. Y si en tu curriculum no queda bien haber pasado a un puesto inferior, peor queda tener un hueco de meses. Al fin y al cabo, si alguien te pregunta por qué aceptaste ese trabajo, siempre puedes decir algo en la línea de “soy una persona muy trabajadora y para mí es importante ser útil y tal… además suponía una oportunidad para conocer ese sector / ampliar mi experiencia / desarrollar nuevas habilidades…”

13. Haz “chapuzas”

Tradicionalmente, la salida para muchos parados mientran encontraban otro puesto “fijo” ha sido “echar una mano al cuñado” que le pagaba unos eurillos. Esto no está limitado a fontaneros o electricistas, sino que puede hacerlo casi cualquiera: consultorías, traducciones, pequeños proyectos, clases… Además de recibir un dinero extra, te mantiene activo y te permite conocer gente que puede ser el origen de un puesto de trabajo.

La legalidad de una cosa así, es cosa de cada uno. Pero si es preciso, por la envergadura del proyecto, puedes suspender durante unas semanas la cobertura por desempleo sin perderla.

14. Piensa en el autoempleo

Si ves que haciendo esas “chapuzas” te va bien, piensa que la mejor manera de no quedarte nunca en el paro es no depender de que otro te dé trabajo. Según tus habilidades, como freelance puedes ganar mucho más trabajando menos que antes. Y sin que una crisis te deje con una mano delante y otra detrás. O incluso, si te ves con fuerzas, puedes arriesgar y crear una empresa.

15. Escribe un blog

Ahora que tienes tiempo, dedica al menos una hora al día a escribir un blog relacionado con tu sector de actividad. Es una apuesta a largo plazo, porque los primeros meses apenas te leerá nadie, pero puede ser decisivo para construir tu marca personal y que otros te vean como un experto en tu campo.

No es preciso que escribas con la precisión de Borges o la contundencia de Cela. Basta con que se te entienda, y que demuestres que sabes de lo que hablas. Si le pasas un corrector ortográfico, mejor. Mézclate en la conversación con otros bloggers, comenta en sus blogs, opina, discute, y poco a poco empezarás a ser conocido, y serás la figura de referencia para muchos que busquen a alguien con tu perfil.

Al fin y al cabo, yo sé a quién llamaría si necesitara un experto en gestión de proyectos, en procesos o en redes sociales.

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¿Pagarías más de 1.000$ por un iPod?

Dicho así, lo más seguro es que no. Puedes encontrarlo más barato sin buscar mucho.

¿Y si viene cargado ya con música? Bueno, es algo más de valor, pero tampoco mucho.

¿Y si la música que trae es la playlist de Britney Spears? ¿Si estuviera firmado por ella?

Yo no lo querría ni regalado, a no ser que pudiera borrar la firma, pero el hecho es que hay gente dispuesta a pagar más de 1.000 dólares por un iPod firmado por Britney Spears y con su música favorita (la de ella). También hay gente dispuesta a pagar más de 900$ por el iPod de Ellen Degeneres. Y veremos a ver por cuánto salen los de Bono (el de U2, no el político) o el de Bill Clinton.
Hay que decir que los beneficios van para una ONG, lo que posiblemente ayude a que unos cuantos famosos pongan su firma y su playlist.

En cualquier caso, es para pensar en ello un poco: si tienes una legión de fans que “piratean” tus canciones ¿qué porcentaje estaría dispuesto a pagar una pasta por tener un objeto único, como un iPod firmado? ¿o cuántos estarían dispuestos a pagar una cantidad razonable, por ejemplo 5 o 10 euros, a cambio de que compartieras con ellos lo que estés oyendo ese mes?

Los directivos rechazan acciones de sus compañías

Acabo de leer esta noticia:

Los directivos de EEUU rechazan las acciones de sus propias compañías

Según Reuters, las ventas de acciones por parte de los directivos son cuatro veces mayores que las compras. La recesión, la incertidumbre y tal.

Pero yo me pregunto ¿puedes confiar una empresa a alguien que no está dispuesto a invertir en ella? Creo que ese debería ser un criterio fundamental para seleccionar a los directivos que un emprendedor necesite incorporar a su empresa: si no están dispuestos a invertir (o a recibir una parte de la paga en forma de participación en la compañía), solo puede ser por dos razones:

- No creen en el proyecto, y solo estarán ahí mientras cobren su sueldo. Esto puede ser aceptable para un trabajador de base (y aun así lo dudo), pero nunca para alguien que tiene responsabilidad sobre la marcha del proyecto.

- No quieren implicarse, y no tienen aspiraciones a largo plazo en el puesto en el que están. Esto puede suceder, por ejemplo, con directivos que una estartup “pille” en un momento de crisis como el actual, y que se incorporen a la misma solo mientras encuentran “algo mejor”.

No se me ocurren más razones. En cualquier caso, yo no incorporaría a una función directiva a quien no esté dispuesto a apostar por el proyecto.

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BBVA Open Talent, otra oportunidad para emprendedores

¿Eres de los que está siempre quejándose de que no puede poner en marcha su genial idea de negocio porque no tiene la financiación necesaria? ¿Qué te parecería contar con 100.000 euros del BBVA?

Si te animas, tienes un mes para presentarlo en BBVA Open Talent, una iniciativa de BBVA para promover el espíritu emprendedor.

Lo que me gusta de la idea es que es abierta y participativa. Si presentas tu idea, no vas a depender de explicársela a inversores que no distinguen una página web de un ladrillo, o de que conozcas a fulanito o a menganito. Tu proyecto estará en la web y podrá ser votado por los visitantes de la misma. Lo más votados pasarán a la selección final.

La iniciativa, de alguna manera, es similar a la de Marc Cuban que comentábamos el otro día, en cuanto a que para participar debes exponer tu proyecto a la vista de todos. Lo cual está bien, porque aunque no ganes es probable que el feedback de los visitantes te ayude a descartar, redefinir o avanzar en tu idea.

Calidad y popularidad

Scott Adams ha escrito un post interesante sobre la calidad y la popularidad. Normalmente creemos que un producto de calidad consigue popularidad. Adams sostiene lo contrario: si consigues la popularidad, ganas el tiempo suficiente como para perfeccionar tu producto.

Adams pone el ejemplo de series como Los Simpson o su propio comic Dilbert, que al principio estaban realmente mal hechos, pero eran lo suficientemente diferentes y atractivos como para conseguir una popularidad que permitió a sus autores trabajar más en ellos y conseguir la calidad.

No estoy muy seguro de que sea aplicable siempre, pero desde luego es un punto de vista interesante.

999 ideas de negocio

Seth Godin se hacía eco ayer de la iniciativa de Marc Cuban, e incluía un enlace a una página con 999 ideas de negocio. Algunas son absurdas, otras dudosas, muchas improbables… pero hay 999 ideas.

Quiero decir que si te pones a ello, se te pueden ocurrir decenas de ideas de negocio en unas horas. Y una cosa que es tan fácil de producir, no tiene valor.

Lo que sí tiene valor es ser capaz de convertir esa idea en una máquina de hacer dinero. Por ejemplo, en el último Iniciador Jesús Alonso Gallo explicaba su proyecto de hacer una web de reservas para restaurantes. La idea no es novedosa, pero está por ver si alguien es capaz de llevarla adelante con éxito.

No es trivial: tienes que desarrollar la página (esa es la parte fácil), publicitarla, convencer a los usuarios de que es cómodo y práctico reservar a traves de la web, y sobre todo tienes que convencer a los restaurantes de que usen tu sistema de reservas en lugar de una libreta. Todo eso lleva mucho trabajo, y hay muchas oportunidades para meter la pata.

Si alguna vez ganas dinero con tu empresa, no será por haber tenido una idea genial. Será por haber trabajado bien, haber cometido pocos errores y haber sido capaz de recuperarte de ellos.

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La oportunidad de que Mark Cuban invierta en tu empresa

¿Tienes una idea de negocio pero necesitas dinero? Marc Cuban está dispuesto a invertir en tu idea. Puedes pedir tanto dinero como quieras (él tiene más de lo que puedas soñar) pero tienes que cumplir ciertas reglas.

Entre ellas, que el negocio no esté basado en la publicidad, que alcance el break-even en dos meses y sea rentable en tres, o que el primer mes que no cumplas con tus números se corte el grifo de la financiación. Leedlas. Alguno dirá, claro, con esas reglas yo también invierto. Es interesant pensar sobre ellas, pero es más interesante el requisito principal: poner el plan de negocio como un comentario en su blog (o un enlace a slideshare, o Google Docs en el que pueda verse el plan de negocio completo).

Todo el mundo puede ver lo que pones ahí. Cualquiera puede robar tu idea. ¿Por qué arriesgarse entonces? Porque tu idea no vale nada. Lo que vale es la ejecución. Ideas hay muchas, algunas buenas, otras malas y la mayoría regulares, como todo. Lo que vale es la ejecución.

De hecho, Cuban dice:

Espero que otra gente lea y comente tu idea. También espero que otra gente robará la idea y la usará en otro sitio. Esa es la idea. Llámalo “entorno de financiación open source”.

No pasa nada porque alguien robe tu idea. Si es buena, el que haya más competencia creará más mercado para ella. Lo que sí es letal para tu idea es guardarla en tu disco duro para que nadie te la robe. Las ideas son como las plantas: mueren en la oscuridad y prosperan en la luz.