Certero el comentario de Raúl al meme de “los excesivos beneficios empresariales”. Yo iría aún más lejos que él: no es solo que las empresas con grandes beneficios aporten mucho dinero en Impuesto de Sociedades, o creen mucha riqueza a su alrededor. Es que si tienen muchos beneficios, es porque han aportado mucho valor a unos clientes que les han dado su dinero a cambio.
Yo, a estas alturas de la vida, no creo en la solidaridad. Creo en el egoísmo. Y creo en la avaricia, ese vicio que según algunos está en la raíz de nuestra crisis actual. El egoísmo y el afán por tener más mueve a la gente a aportar valor a los demás.
Lo dijo Adam Smith, hace algo más de 200 años:
No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés.
El caso es que cuando unos cuantos buscan ser ricos vendiendo cerveza, o carne o pan, yo consigo cenar bien por poco dinero. Ellos se dedican a su negocio, sin pensar en mi hambre, y me cobran por satisfacer una necesidad elemental como es la comida.
Todos los empresarios hacen lo mismo, salvo los que buscan medrar en oligopolios regulados por el Estado. Yo no tengo respeto por las televisiones, ni por los bancos, pero sí por los constructores de viviendas, esos malditos especuladores que se han hecho de oro con la necesidad elemental de vivienda de la gente.
Todos los que se quejan de haber comprado casas a precios estratosféricos, lo han hecho voluntariamente, sin que nadie les coaccionara. ¿Que se equivocaron? Pues mala suerte, a apechugar con las consecuencias y a aprender. Los que no lo hicieron, ahora tienen la oportunidad de comprar un 30% más barato, si se deciden. Lo que no es justo es que los prudentes saquen las castañas del fuego a quienes tomaron una decisión equivocada.
¿Tuvieron beneficios excesivos los constructores? No, porque atendían a un mercado que estaba dispuesto a pagar los precios que ofrecían. Pero tampoco pueden quejarse ahora si ya no existe ese mercado, y tienen que vender mucho más barato o cerrar la empresa.
En todo esto de los beneficios exagerados de las empresas hay mucho de envidia. Es como el cuento del hombre a quien Alá le deja pedir un deseo, advirtiendo que su vecino obtendrá el doble de lo que pida, y el hombre pide quedarse tuerto.
Pues eso, que muchos prefieren quedarse tuertos con tal de que su vecino quede ciego. Quedarse en paro, con tal de que ninguna empresa tenga beneficios excesivos.





