En lugar de esperar al 1 de Enero para los buenos propósitos, he decidido ponerme a dieta este fin de semana. Original que es uno.
Cuando hablo de ponerme a dieta no me refiero solo a comer menos dulces y grasas y hacer algo de ejercicio (que también). Sobre todo voy a hacer dieta de información.
Hace tiempo que prácticamente dejé de ver televisión, con resultados excelentes para mi tiempo libre. Cuando quiero ver algo, lo grabo o me lo bajo de la red. Simplemente, estaba harto de que los programas que debían empezar a las 10 empezaran a las 10:20, y más harto de que se interrumpieran a cada rato y tuviera que perder el tiempo viendo publicidad que no me interesa. La dieta de televisión es muy aconsejable para cualquiera que haya dicho recientemente “es que no tengo tiempo”.
Lo que voy a hacer ahora es limitar mi consumo de información a través de Internet. La información en Internet es como el vino: un poquito es muy saludable, pero consumida en exceso te nubla la vista, te vuelve torpe y te impide reaccionar.
Algo así me estaba pasando: leer muchos blogs, muchas noticias, muchas webs llega un momento que en lugar de aportar, estorba. La información se convierte en un fin en si mismo, no en una herramienta para alcanzar un objetivo.
¿Y qué voy a hacer con el tiempo libre? Primero, pensar, que nunca está de más. Luego, abordar proyectos que voy retrasando porque nunca encuentro el momento adecuado para ponerme con ellos. Y dedicar más tiempo al mundo offline.
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