Desencadenado

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Alternativas para ganar contratos con la administración pública

Un funcionario, por mucho presupuesto que maneje, no puede contratar lo que quiera ni a quien quiera. Está sujeto por la Ley de Contratos del Estado, que si tiens mucho tiempo libre puedes consultar aquí.

La administración española tiene una forma de contratar “por defecto”, que es el concurso público. Con la nueva ley se abren posibilidades alternativas, pero pasarán años antes de que los funcionarios las manejen con soltura.

El concurso público puede parecer atractivo precisamente porque es “público”, es decir, uno consulta el BOE y se lo encuentra allí publicado. Pero concursar es caro, debes dedicar mucho tiempo, y si no has trabajado previamente al cliente la probabilidad de ganarlo es muy, muy pequeña. No es cero, yo he adjudicado algunos a empresas que para mí eran desconocidas hasta ese momento, pero lo normal es que haya alguno o algunos que ya estén “colocados” de cara a ganar el concurso.

Y de todas formas, aunque se han relajado los requisitos de clasificación para poder concurrir a licitaciones públicas, la mejor opción para una PYME sigue siendo el contrato menor. Y con los nuevos límites, es aún más atractivo.

¿Qué es el contrato menor?

Como su propio nombre indica, es un contrato “pequeño”. Para la administración española, eso significa que el importe total es menor de 18.000 euros (más IVA). Al ser menor, los requisitos de fiscalización, publicidad, tramitación, etc. son menores.

Por parte de la empresa, puede darse el caso de que baste con una factura. Lo habitual es que se requiera una oferta (sin requisitos formales especiales) y la factura. Pueden exigirte además figurar en un registro de contratistas (supone rellenar un formulario con los datos de la empresa), o que justifiques que la empresa no tiene deudas con Hacienda o la Seguridad Social.

Aunque según la ley basta con un solo ofertante, lo habitual es que la administración pública solicite al menos tres ofertas. Esto en teoría favorece la competencia y evita que, incluso a estos niveles, haya precios abusivos. Pero es práctica común la pillería de usar empresas “amigas” que presentan ofertas perdedoras para garantizar que el contrato se lo lleva quien ya se ha decidido.

Es importante tener en cuenta que para un órgano de la administración, tres contratos de 6.000 euros suponen el mismo trabajo que un contrato de 18.000 euros. Y para muchos organismos, uno de sus problemas es gastar todo el dinero que tiene asignado. Conclusión: diseñas tus ofertas de manera que se acerquen lo más posible a 18.000 euros. Salvo que el cliente te diga que tiene problemas presupuestarios, tienes más posibilidades de vender que si haces ofertas de 10.000 euros.

Otro tema importante: no está permitido el “fraccionamiento del gasto”. Esto es, hacer varios contratos menores para evitar hacer un concurso público por el total. Eso significa que tienes un límite de 18.000 euros para contratar con un órgano administrativo concreto. Hay interventores que son más relajados, y pueden admitir dos o tres contratos si corresponden a servicios muy diferentes, pero no es normal. Claro que aquí también existe la trampa de utilizar a terceras empresas para que figuren como contratistas. Si en lugar de una empresa tienes tres o cuatro, puedes hacer tres o cuatro contratos menores.

Ojo: hacer este tipo de trampas depende de la rectitud del funcionario contratante. No se te ocurra proponérselas, porque puede no gustarle nada y encontrarte sin posibilidad de volver a contratar con él.

¿Y si lo que yo ofrezco vale más de 18.000 euros?

En ese caso, debes intentar que la administración convoque un concurso. Hay una excepción, que es el procedimiento negociado sin publicidad, pero habitualmente hay que justificarlo demostrando que solo los proveedores a los que se pide oferta pueden realizar el servicio. Por ejemplo, porque se trata de un mantenimiento y solo hay X proveedores certificados por el fabricante.

El problema del concurso es que nadie sabe qué resultado va a dar. Aunque tú hayas colaborado con un funcionario para diseñar un pliego de condiciones que se ajuste a tu oferta como un guante de lycra, siempre puede ocurrir algo que invalide tu oferta, o que haga ganar a un tercero. Yo he visto a una gran empresa, con mucha experiencia en concursos, quedarse fuera por equivocarse y meter la documentación administrativa en el sobre técnico y viceversa. Y no, esto no es un error subsanable.

Si tienes los requisitos de solvencia que requiere la cuantía del concurso, y toda la documentación de la empresa lista (escrituras, certificados…), puedes presentarte solo. Pero si tu empresa no cumple los requisitos de solvencia, lo mejor es presentarse con un “hermano mayor”. Es decir, con otra empresa que “dé la cara” y aporte su solvencia.

Para hacer esto se puede constituir una Unión Temporal de Empresas (no hace faltar formalizarla hasta la adjudicación), en la que las dos (o más) empresas que constituyen la UTE se reparten el total del contrato. La UTE tiene un problema: las dos empresas son responsables solidarias del contrato, por lo que si una desaparece o tiene un problema la otra debe asumir por completo las consecuencias. No vayas en UTE con nadie con quien no tengas confianza absoluta.

La otra alternativa es que una empresa grande subcontrate a la tuya. Si esta empresa tiene experiencia en presentarse a concursos, te evita la incertidumbre de que un papel mal hecho o una propuesta mal presentada te deje fuera. Un dato a tener en cuenta es que quien subcontrata tiene la obligación de exigir al subcontratado un certificado de encontrarse al corriente de pago con Hacienda y la S. Social, al menos una vez al año.

El Catálogo de Patrimonio

Hay una vía que evita el concurso y permite la adjudicación directa, y es el Catálogo de Patrimonio. Básicamente, se trata de un listado de bienes (y algunos servicios) que han pasado un proceso de selección previa y por tanto pueden comprarse con muy pocos requisitos formales.

La gracia es que si un tipo de bien (por ejemplo, los ordenadores personales) está en ese catálogo la administración tiene obligación de comprar uno de los bienes homologados, y no puede hacer un concurso para comprar el que le parezca mejor. Por tanto, si colocas uno de tus productos ahí puedes encontrarte en la idílica situación de que los clientes se dirijan a ti para pedirte ofertas (o hacer pedidos directamente), en lugar de tener que salir tú a vender.

Ahora mismo el catálogo está en proceso de cambio, para adaptarse a la nueva ley y ser más ágil en las actualizaciones (hasta ahora se hacían convocatorias cada X años, y si no entrabas te tocaba esperar hasta la siguiente).

En la práctica, esas son las alternativas. Mi recomendación, para vender por primera vez a la administración, es intentarlo con un contrato menor. Los requisitos formales son bajos y el contratista que figura es tu empresa. Cuando vayas teniendo experiencia, puedes aspirar a contratos más sustanciosos.

Aprende a contar cuentos


Como ya he comentado alguna vez. lo mejor para aprender a hablar en público es practicar siempre que tengas oportunidad. Y si no la tienes, buscarla. Una de esas oportunidades puede ser el taller de cuentacuentos que organiza evoluziona en Madrid, los días 8 y 9 de noviembre.

Yo he contado cuentos a mis hijos desde hace años (primero al mayor, luego al mediano y ahora a la pequeña), siempre improvisando. Quiero decir que empiezo el cuento con un personaje (en el caso de mi hija, suele ser una princesa) y voy improvisando la historia mientras la cuento. Debo haber contado así cientos de cuentos, todos diferentes.

Es una técnica excelente para practicar el hablar en público, porque te obliga a ir pensando por anticipado lo que va a ocurrir en la historia mientras hablas, con lo que haces una estupenda gimnasia mental.

Hacer una presentación exitosa pasa necesariamente por contar una historia, así que es una buena idea que alguien te enseñe a contar historias. Incluso si no hablas en público, pero eres comercial, necesitas saber contar historias. La forma más eficaz de convencer, unos cuantos siglos después de Homero, sigue siendo a través de cuentos, no mediante razones o datos.

Si tienes la posibilidad de dedicar dos días en Madrid a aprender a contar cuentos, los 120 euros que cuesta la inscripción serán un dinero bien invertido.

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Ahorrar en marketing es una estrategia suicida

Muy interesante el estudio que comenta César en marketísimo. Resulta que para muchas empresas, el marketing es uno de los conceptos en los que se puede ahorrar en tiempos de crisis.

Pues me temo que eso es un error. Es como si el currito que está cavando una zanja decide que está demasiado cansado para desenvolver el bocata, y que mejor dedica las energías que le quedan a seguir dándole a la pala. Si sigue así mucho tiempo acabará muy perjudicado.

El marketing es lo que da de comer a las empresas. Ahorrar en marketing y ventas, aunque parezca fácil y atractivo a corto plazo, acaba minando las fuentes de ingresos, y la empresa se ve perjudicada. Es muy preferible ahorrar en gastos corrientes (alquileres, contratos, personal…) y subcontratar todo lo que no sea esencial.

Otra cosa es que uno aproveche el momento para analizar si esos carísmos anunciones en televisión que casi nadie ve realmente merecen la pena, y no sería preferible hacer otro tipo de marketing cuyo resultados fueran más fáciles de medir y por tanto más fáciles de afinar.

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10 Claves para reducir plantilla en tiempos de crisis

Uno de los peores tragos por los que pasa un empresario es tener que despedir gente para que la empresa sobreviva. Echad un vistazo a las noticias económicas y prácticamente todos los días una gran empresa anuncia un ERE, que es una forma elegante de llamar ala reducción de plantilla.

La lógica es inapelable: si el mercado se contrae y ya no ingresamos tanto dinero, tenemos que reducir costes. Y muchas veces los costes principales están en los sueldos de los empleados.

Esto, como todo, se puede hacer mal o bien. Si yo me volviera a ver en la tesitura (y la he sufrido en los dos lados, como empresario y como despedido), haría esto:

1. Analiza la situación de la empresa

Lo primero de todo es tener claro cuáles son tus ingresos, cuáles prevés que sean en los próximos meses, y qué cantidad de coste necesitas reducir para mantenerte a flote.

Debes ser conservador, y no creer a los que afirman que el próximo año todo va a ir mejor. Si es así, estupendo. Pero haz las cuentas pensando que todo irá igual o peor en los próximos dos o tres años.

Analiza qué líneas de negocio son más productivas, cuáles dan peores resultados, cuáles te permitirán ganar cuota de mercado y posicionarte mejor para cuando la crisis termine. Se trata de trazar un “plan de crisis” con el objetivo de enfocar tu negocio a las áreas en que es más competitivo. Por supuesto, identifica cualquier coste superfluo que puedas reducir, y sobre todo presta atención a los recurrentes. Cunado ya no te quedan más conceptos de los que ahorrar, el resto debes ahorrarlo de los gastos de personal

¿Debes despedir a un 10% de la plantilla, a un 20%, a un 50%? Analiza qué personas son más prescindibles y qué coste tienen, hasta alcanzar esa cifra.

2. Reduce la producción, no la venta

Salvo que tengas algún caso de comercial que vende muy por debajo de lo que se espera, no reduzcas el personal de ventas. La producción se puede subcontratar si llega un pico de trabajo, pero vender menos no se compensa. Reduce también todo lo que puedas el personal administrativo, y subcontrata estos servicios.

Hacer una reducción del 10% no significa que todos los departamentos deban reducir un 10% su plantilla. En algunos casos, es posible que la reducción llegue al 100%, si se trata de una línea de negocio que vas a abandonar, y en otros casos puede ser que te quedes con un equipo completo.

Toma la decisión sobre dónde reducir en función del plan que has elaborado, no en función de políticas internas.

3. Hazlo de una sola vez

Quedarte a medias puede ser letal. Debes pasar por el trago del despido varias veces, y los que se quedan sienten que en cualquier momento pueden verse en la calle. Eso significa que los mejores buscarán otra cosa y se irán en cuanto puedan, y que todos, TODOS, van a dedicar una gran parte de su tiempo a buscar salidas, a lamentarse de su situación y a criticar cómo se está gestionando la empresa.

Yo he visto alguna empresa entrar en esa “espiral de la muerte” en la que va reduciendo su tamaño a cada vuelta, y es imposible salir de ella, porque las personas cada vez están menos motivadas y llega un momento que casi desean que les llegue el turno de ser despedidos para quitarse de encima el stress y la incertidumbre.

Así que procura hacer los cálculos bien, y si tienes dudas, comete el error por exceso. No pasa nada por tener que volver a contratar a gente dentro de unos meses.

4. Hazlo tú

Debes ser tú el que explique la situación a los que se van a la calle (y a los que se quedan). No le eches el muerto al responsable de recursos humanos, y menos aún a los directivos intermedios. Tú eres el que toma la decisión, el que cree que es lo mejor para que la empresa sobreviva, y el que mejor puede explicarlo a los que se van y a los que se quedan.

5. Hazlo en grupo

Organiza una reunión con toda la empresa, explica sinceramente la situación y por qué la reducción de plantilla es la única salida, y a continuación quédate solo con los que van a salir. Habla con ellos, responde a sus preguntas lo mejor que puedas, y cuando termines déjales el resto del día libre.

Puedes pensar que es más personal hablar de tú a tú con cada uno, pero eso solo consigue prolongar la agonía, para tí y para los que están esperando sin saber si les toca a ellos o no.

6. Trata bien a los despedidos

Procura ayudarles en lo posible: escribe cartas de recomendación para quien la pida, intenta hablar con otros empresarios para ver si pueden contratar a alguien, y ofréceles trabajar como autónomos si su trabajo encaja en este formato y ellos lo ven interesante.

Al fin y al cabo, es gente que ha trabajado para la empresa, y se merecen el mejor trato que puedas darles.

7. No prestes atención a las situaciones personales

Puede parecer contradictorio con el punto anterior, y puede sonar muy duro, pero no lo es. Es muy posible que alguien intente “ablandarte” contándote alguna pena sobre la situación personal en la que queda. No puedes aceptar que ese criterio sirva para decidir si alguien sale o no de la empresa. Entre otras cosas, porque aunque la situación sea real, es seguro que habrá otros con dificultades iguales o peores pero con más orgullo, y sería injusto para ellos hacer excepciones.

Si quieres ayudar a título personal a alguien, hazlo. Si quieres hacer más esfuerzo por recolocar a alguien que crees que lo necesita más, adelante. Nada te obliga a ser ecuánime en esto, porque todo lo que hagas es generosidad por tu parte. Pero no readmitas a nadie por su situación personal.

8. No les obligues a permanecer ni un minuto de más en la empresa

En España, la ley te obliga a anunciar el “despido por causas objetivas” con un mes de antelación, y a dar unas horas a la semana al empleado para que pueda buscar otro trabajo. Prácticamente en todos los casos, ese mes no será productivo y creará una pésima moral entre los compañeros que se quedan. Es mejor para todos que los que tienen que irse lo hagan cuanto antes. No consideres que pagas un mes a cambio de nada, sino que es parte de la compensación por despido. Lo que sí puedes hacer es “dar las vacaciones” que correspondan a cada uno, de manera que no tengas que pagarlas con el finiquito.

9. Explica la estrategia a los que se quedan

Habla pronto con los que se quedan, y plantéales la situación con claridad. Si tienen que hacer un esfuerzo, trabajar más, cambiar de actividad, explícaselo. Procura explicar con claridad la estrategia de la empresa, en qué áreas debe hacer focos y qué líneas de negocio debe abandonar.

Es muy importante que las personas con las que cuentas tengan los mismos objetivos que tú, que se sientan seguros en su puesto y que crean en el proyecto. Es difícil, cuando acaban de ver marchar a los que hasta ese momento eran sus compañeros y puede que sigan siendo sus amigos, pero es fundamental para que se cumpla tu plan de crisis que todo el mundo rinda al 100%.

10. Ponte a trabajar

Tú y todos. Ya ha pasado el mal trago, todos tienen claro lo que tienen que hacer, de modo que hay que pasar página, remangarse y ponerse a la faena.

Si lo has hecho bien, tu empresa saldrá adelante y todo quedará en uno de los malos momentos de la vida de un empresario. Si lo haces mal… ya no tendrás empresa de la que preocuparte.

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Cómo vender a la administración

En tiempos en que nadie gasta un céntimo de más, hay quien echa el ojo a un cliente que en otras ocasiones ni consideraría: la administración pública.

La buena noticia: se puede vender a la administración, aunque seas una PYME. La mala noticia: la probabilidad de fracasar es altísima, incluso aunque consigas vender.

Así que para ayudar a quien quiera intentarlo, voy a hacer una serie de entradas en las que desarrollaré estos puntos:

1. Tipos de contrato
Qué formas de contratar tiene la administración y cuáles de ellas te interesan más.

2. Mejor en compañía
Cómo asociarte con otros puede hacerte participar en proyectos que serían inaccesibles para una PYME. Y además puede ayudar a cobrar a tiempo.

3. Por dónde entrar
La mejor manera de ganar un concurso no es esperar a que se publique en el BOE. Hay que trabajar antes al organismo en el que quieres entrar, y debes saber cómo hacerlo.

4. Qué quiere el directivo de la Administración Pública
La lógica de la administración es muy diferente a la de las empresas, pero existe. Saber cómo piensa un directivo de la administración y qué busca en un proveedor es fundamental.

5. Cuando ya estás dentro
Bien, ya has conseguido vender. Cobrarás hagas lo que hagas, pero si lo haces bien tendrás negocio asegurado durante años.

6. ¿Aquí cuando se cobra?
No esperes cobrar a 30 días. La lógica funcionarial hace que el que paga sea distinto (y a veces distante) del que te ha contratado, así que conviene estar preparado para que un proyecto exitoso no te lleve a la quiebra por cobrar con unos meses de retraso.

Lo que no puedo asegurar es cuándo iré desarrollando estos puntos, porque es muy probable que tengan más extensión que un post normal. Así que si te interesa el tema y no te has suscrito al feed, este es un momento excelente para hacerlo.

Creative Commons License photo credit: Miguel A. González

Jeff Bezos

Hoy, en la serie “vidas ejemplares” traemos a Jeff Bezos, el fundador de Amazon. Y el motivo fundamental no es solo haber creado LA empresa de comercio electrónico, sino el haber sido capaz de asumir el riesgo y dejarlo todo por un proyecto con grandes probabilidades de fracasar.

Bezos, que desde pequeñito tuvo dotes ingenieriles, ganaba un buen sueldo en Wall Street. Con treinta años, y recién casado, decidió que lo que mejor se podía vender por Internet eran libros, y que habría un mercado ahí.

Nueva York es un sitio muy caro para vivir, así que analizó el mejor sitio para instalar su nueva empresa, decidió que era Seattle (en el otro extremo del país) y allí se mudó con su mujer. En un coche de segunda mano, con todas sus pertenencias en el maletero y él escribiendo en un portátil el plan de negocio de Amazon mientras su mujer conducía.

Amazon comenzó, como en tantos otros casos, con tres personas trabajando en el garaje de la casa que Bezos alquiló en Seattle. Cuando en 1.995 Amazon empezó a funcionar, habían programado que sonara una campanita en el servidor cada vez que se produjera una venta. Pronto tuvieron que suprimirlo, porque el ruido era cada vez más molesto.

Bezos no solo supo arriesgarlo todo para crear las mejores condiciones de partida para su empresa. También ha sabido mantener la calma en los tiempos difíciles. Primero cuando el gigante Barnes & Noble decidió entrar en el negocio de la venta de libros por Internet, y todos los analistas dieron por muerta a Amazon. Y después en la explosión de la burbuja, cuando las acciones de Amazon pasaron de 100 dolares a 6.

¿Es una opción vender todas tus pertenencias, dejar un trabajo fijo e invertir todos tus ahorros en la creación de una empresa? Probablemente solo para gente con los nervios muy templados, y una visión de futuro muy clara. Y tal vez se requiera también una situación excepcional como el nacimiento de Internet. En cualquier caso, Bezos es la prueba de que, a veces, el que apuesta gana.

Por qué tres es mejor que una

Otras entradas de "Como crear una empresa con el dinero que tienes en el bolsillo"

  1. Crear una empresa es como apostar en la ruleta
  2. Por qué tres es mejor que una

Decíamos en la anterior entrega de esta serie que, si te pones a ello, es mejor crear tres empresas que solo una. El objetivo es probar cuál de las tres puede tener mejor futuro, y descartar pronto las dos peores.

Esto hace unos pocos años era impensable. La inversión que requería poner en marcha una idea de negocio era tan alta que hacía obligatorio empezar apostando fuerte por lo que el emprendedor creía que era una gran idea. Pero Internet ha cambiado todo esto. Ahora podemos hacer un “estudio de mercado” o una “prueba de concepto” prácticamente gratis.

Se trata de crear una web en torno al concepto que quieres vender. Darla a conocer, recibir opiniones y comentarios de los usuarios, analizar el interés que suscita en otras personas, refinar y perfeccionar la idea y en un tiempo razonable determinar si hay o no potencial de negocio.

Alguien pensará que esto en realidad no es crear una empresa, pero lo cierto es que el primer paso para emprender es (o debería ser) mirar si hay agua suficiente antes de tirarte de cabeza a la piscina. Y para esto, todavía no necesitas ni CIF, ni pagar impuestos, ni contratar personal, ni alquilar oficinas, ni nada.

El esfuerzo, y el coste, de crear tres “empresas” de este tipo es menos del triple de crear una sola, por lo que podemos aprovechar además para probar tres ideas al mismo tiempo, y en unos meses determinar cuál de las tres tiene más probabilidades de éxito.

En la siguiente entrega veremos, paso a paso, cómo registrar un dominio (mejor dicho, tres) y cómo encontrar un servidor en el que alojar las webs de nuestras tres empresas.

Creative Commons License photo credit: cursedthing

Los jóvenes de hoy en día

En tikitak comentan el tema recurrente del compromiso de los empleados jóvenes. Cuentan el caso de un empresario joven, en una empresa pequeña, con empleados de alta cualificación, que pretende crear un ambiente de compromiso:

Mi amigo se quejaba de que pese a todos sus desvelos en proveer de un entorno laboral abierto, participativo, flexible, con un sueldo decente por encima del mercado, entorno retador, tecnología prometedora, remuneración (parte al menos) por objetivos, … no conseguía el compromiso de sus empleados.

Me explicaba por ejemplo que les hacía participar en la selección de nuevo personal, que les enviaba información para recabar su opinión en decisiones que tenía que tomar, … y que la respuesta era más bien pasiva. Se le veía bien decepcionado la verdad, porque él si que tiene sentimiento por la empresa.

El problema, según lo veo yo, no está en los jóvenes de hoy en día. O mejor dicho, está en un joven de hoy en día: el empresario. Que a lo mejor no es tan joven, pero sí lo suficiente como para antes de crear la empresa leer cosas sobre Google y otras empresas americanas en las que el empleado es el rey. Mientras, él veía el ambiente casposo de la empresa en la que trabajaba y se prometía a sí mismo que cuando creara su propia empresa todo iba a ser diferente.

Y cuando llega el momento se da de narices contra la realidad: España no es USA, aquí los jóvenes universitarios no han tenido que repartir pizzas para pagarse la carrera, ser emprendedor no es un mérito sino un síntoma de avaricia y afán de explotación, hay que trabajar lo menos posible porque todas las empresas te explotan…

Una política generalizada de “empowerment” del empleado, en España, sencillamente no funciona. Querer hacerte “compañero de tus empleados” es tan equivocado como querer hacerte “amigo de tus hijos”. El emprendedor está solo rodeado de sus empleados. No puede compartir con ellos las angustias de la tesorería, los problemas de las ventas, las decisiones con respecto a otros empleados.

Los empleados trabajan para ti solo porque les pagas un sueldo a final de mes. La inmensa mayoría se irán si alguien les paga un poco más y las circunstancias externas (transporte, viajes, etc.) no les son gravosas. Para ellos, tu empresa solo es el mal necesario que deben soportar para pagarse las copas del fin de semana, o la hipoteca. Solo les importa su buena o mala marcha si ven que puede afectarles a su paga.

Solo de vez en cuando aparece un diamante entre los guijarros. Alguien que se preocupa por la marcha de la empresa, que tiene ideas y las comparte, que se responsabiliza. A ese es al que hay que hay que mimarle, darle responsabilidades, promocionarle. Ese será tu socio, o creará su propia empresa.

No puedo resistirme a la tentación de poner un vídeo de Les Luthiers, en el que critican a los jóvenes de hoy en día. O tal vez critiquen a los que critican a los jóvenes de hoy en día, no sé:

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Paul Graham sobre la oportunidad de crear una empresa

Paul Graham, el fundador de Y Combinator, escribe un artículo acerca de si es buen momento para crear una empresa. Empieza así:

La situación económica es aparentemente tan terrible que algunos expertos temen que estemos en una recesión tan mala como la de mediados de los setenta.

Cuando se fundaron Microsoft y Apple.

Como esos ejemplos sugieren, una recesión puede no ser tan mal momento para crear una empresa. No digo que sea un momento especialmente bueno tampoco. La verdad es más aburrida: el estado de la economía tampoco importa demasiado.

Leedlo entero, merece la pena.

Ayuda a un emprendedor del tercer mundo

En el post anterior he dicho que la única vía para salir de la pobreza es fomentar el emprendimiento en los países pobres. ¿Estas dispuesto a ayudar, aunque solo sea un poquito, a que algunas personas consigan salir de la pobreza?

Puedes hacerlo en Kiva. Kiva te facilita el prestar dinero, desde 25$, a un emprendedor concreto que está luchando por sacar adelante su negocio en un país del tercer mundo. Es un préstamo, no una donación, así que cuando el emprendedor devuelve su dinero (6 meses – 1 año) tú recuperas tu inversión.

Lo importante es que no estás dando dinero a una organización que no sabes cómo lo va a manejar. No se trata de tranquilizar conciencias. Se trata de facilitar a emprendedores que lo tienen todo en contra que puedan conseguir el dinero que necesitan para poner en marcha un proyecto, o para hacer crecer su empresa.

He creado un equipo, Emprendedores Desencadenado.com, al que puedes unirte si te das de alta en Kiva. El dinero que prestes es tuyo, y puedes ayudar a quien quieras, pero si al hacer un préstamo eliges este equipo, de alguna manera sumaremos el esfuerzo de todos. De momento, aquí podéis ver a donde he destinado los 100 dólares que he prestado hoy.

Si alguna vez leer algo en este blog te ha ayudado, y quieres compensarme por las horas que le dedico, por favor date de alta en Kiva y el el equipo y presta algo de dinero a un emprendedor que lo necesita.