Retomo la serie de “vidas ejemplares” de emprendedores con un español: Ferran Adrià. Y es que hay muchas cosas que cualquier emprendedor debe aprender de Adrià.
Lo más importante es que ha sabido reinventar el modelo de negocio de un cocinero. Antes, un cocinero de prestigio abría un restaurante de lujo, en el que cobraba una buena cantidad por comensal. Pero el total de ingresos estaba limitado por la capacidad del local.
Adrià cambió esto, y utiliza su restaurante El Bulli como reclamo para conseguir otras fuentes de ingresos. El Bulli gestiona de manera eficacísima la escasez, de manera que solo unos pocos afortunados pueden comer allí. Y no solo por el precio, más de 200 euros por persona (vinos aparte), sino por el proceso de reserva que requiere llamar con meses de antelación.
Esa escasez produce un efecto de valoración positiva, que él traduce en libros, conferencias, asesorías a otros negocios de hostelería e incluso otros locales más “populares” (Hacienda Benazuza).
Es decir, Adrià ha sabido hacer lo contrario de lo que propone Chris Anderson: en lugar de utilizar lo gratis para vender los escaso, utilizar lo escaso para vender lo abundante.




