¿Por qué es perjudicial que exista un salario mínimo interprofesional, por debajo del cual no se puede contratar a nadie?
Pongamos un ejemplo:
Juan tiene un restaurante, le va bien y lo tiene lleno los viernes y sábados por la noche. Calcula que con un camarero más podría atender a tres mesas más cada noche, que le proporcionarían un beneficio de 300 euros adicionales al mes. Así que hace sus cuentas y piensa: “si pago 25 euros cada noche de trabajo, por 8 noches al mes, pago 200 euros, que con la Seguridad Social se me ponen en 266. Voy a ver si puedo contratar a alguien por ese dinero”.
Por otro lado, María es estudiante universitaria. Quiere ganar algún dinerillo para pagarse los libros y ayudar algo a sus padres, pero no quiere dedicar mucho tiempo. El trabajo de camarera en el restaurante de Juan le parece aceptable (aunque preferiría cobrar más, claro).
Juan y María podrían ponerse de acuerdo, y los dos saldrían beneficiados. Pero llega el gobierno, y dice que el salario mínimo diario en 2008 es de 28,42 euros si se trabajan menos de 120 días para la misma empresa. Juan hace sus cuentas, y con seguros sociales eso se le pone en 302,39 euros al mes. Más de lo que espera ganar con el trabajo de María. Así que Juan se queda con el personal que tiene, deja de ganar el dinero que esperaba y María deja de ingresar ese dinerillo que tan bien le podría venir.
¿Es un explotador Juan por querer pagar tan poco? No, simplemente no tiene margen para pagar más. También tendría que renunciar a ese ingreso extra si no encontrara a nadie dispuesto a trabajar por 25 euros la noche, por ejemplo. El empresario busca un recurso por un precio máximo. Si no lo encuentra, será que ahí no hay negocio, y se conformará con lo que tiene o buscará otras alternativas.
¿Estaría explotada María cobrando 25 euros por noche? No, porque nadie le obliga a aceptar ese trabajo. Si prueba y descubre que el sueldo no le compensa su esfuerzo, puede dejarlo y buscar otra alternativa.
El problema es que el SMI distorsiona la relación entre Juan y María, impidiendo que ambos obtengan un beneficio.
En general, el argumento para defender el SMI es que si no se establece un mínimo los empresarios fijarán sueldos ínfimos, y los trabajadores sin alternativa tendrán que aceptarlos.
El primer error es creer que el sueldo lo fijan unilateralmente los empresarios. Como hemos visto en el ejemplo, para que se produzca un contrato las dos partes tienen que considerar que salen beneficiadas. Si el trabajador cree que su tiempo vale más que el dinero que le ofrecen por él, no aceptará la oferta. El empresario, si tiene margen, tendrá que pagar más para conseguir empleados, y si no tiene margen tendrá que buscar otro negocio. Igual que le sucede cuando sube el precio de la electricidad, por ejemplo. Y es que el trabajador no es más que otro proveedor de la empresa. Unos proveen materias primas, otros suministros, y los trabajadores proveen tiempo (y habilidades).
Por otro lado, no solo el trabajador tiene la última palabra a la hora de aceptar un salario. Los empresarios (al menos los que yo conozco) no se reúnen en clubs atendidos por mayordomos a comer faisán, fumar puros y consultar la prensa económica con su monóculo, mientras acuerdan bajar aún más los salarios de los obreros. Los empresarios compiten entre sí por los mejores trabajadores. Si un empresario pretende aumentar su margen de beneficio reduciendo los sueldos, encontrará pronto que la competencia (que paga mejor) le roba a sus trabajadores, y él se queda con los más torpes, los que producen menos y generan menos ingresos.
Por último: si empresario y trabajador quieren llegar a un acuerdo, y la ley no se lo permite, existe la solución de contratar al margen de la ley. Solución mala para todos: el trabajador queda absolutamente desprotegido, precisamente como consecuencia de una medida que iba a proteger sus ingresos; la empresa se arriesga a sufrir las consecuencias de una inspección de trabajo; y el Gobierno pierde la oportunidad de cobrar sus impuestos.
Para muchas personas como estudiantes que buscan un empleo a tiempo parcial, inmigrantes sin conocimientos o jóvenes no cualificados en busca de su primer empleo, el SMI significa que o bien no pueden conseguir trabajo, o bien se les hacen contratos “en negro”.
Termino con una cita de Paul Samuelson, profesor del MIT, premio nobel de economía y no precisamente liberal (en 2003 firmó contra la reducción de impuestos de Bush) y que en 1970 decía:
¿Qué bien le hace a un joven negro saber que un empleador debe pagarle $2 por hora si la circunstancia de que se le debe pagar esa suma es lo que le impide conseguir un trabajo?
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