Desencadenado

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¿Quién es el débil?


Uno los lugares comunes que más me molestan es el de que los trabajadores son los más débiles y hay que protegerlos de la despiadada avaricia de los empresarios.

La realidad es mucho más compleja, y hay muchas situaciones en las que el débil no es el trabajador sino el empresario:

Empresa pequeña, trabajador fijo

En este caso, el fuerte suele ser el trabajador. Si lleva trabajando varios años y acumula el derecho a una indemnización millonaria, puede permitirse el lujo de dejar de trabajar, o al menos bajar mucho su productividad. Si el empresario intenta despedirle, puede no tener liquidez suficiente como para hacer frente a la indemnización. Ir a juicio intentando defender un despido procedente es una lotería, y si sale mal puede tener que cerrar la empresa.

Empresa pequeña, trabajador no cualificado

Cuando el trabajador no tiene experiencia, ni conocimientos relevantes, pero tiene necesidad de encontrar y mantener un trabajo, entonces sí es la parte débil en relación al empresario. Y es el único caso en el que puede ser víctima de abusos, como contrataciones ilegales, pago en dinero negro, etc.

Empresa grande, trabajador nuevo

Aquí da igual que el trabajador sea fijo o temporal, él es el débil. Si no cumple con lo que se espera de él o la empresa tiene problemas y hay que despedir a alguien, una empresa grande no tiene problemas en pagar la indemnización correspondiente a un trabajador con una antigüedad de uno o dos años.

Empresa grande, trabajador antiguo

Salvo que ocurra una catástrofe y la empresa tenga que hacer un ERE o directamente cerrar, el trabajador vuelve a tener todas las de ganar. Yo he visto con estos ojitos a personas que llevaban años sin trabajar, simplemente esperando que alguna vez se hartaran de ellos y les despidieran con el bolsillo forrado con una jugosa indemnización.

Y eso por no hablar de liberados sindicales u otros casos extremos… como podéis ver, eso del trabajador débil y explotado por el malvado capitalista tal vez tenía sentido en el siglo XIX. En nuestra sociedad, el trabajador es simplemente un recurso más. Cuando el recurso abunda y cambiar de proveedor es trivial (trabajadores sin cualificar) puede conseguirse por poco dinero. Pero en cualquier otro caso, hay que pagarlo tan caro como lo demande el mercado.

El problema es que las regulaciones laborales, que en teoría van encaminadas a proteger a los trabajadores débiles, favorecen en realidad a los trabajadores “fuertes”.

A los débiles no les protegen, porque el empresario poco escrupuloso se puede saltar todas las normas, y ellos tienen que “tragar”. A los jóvenes tampoco, porque no suelen cobrar grandes indemnizaciones por despido. Como digo, a quien protegen en realidad es a los trabajadores instalados, a los fuertes. Los que se atrincheran en su puesto fijo y en su indemnización millonaria.

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  • currante de toda la vida

    no tienes ni puta idea. no has acertado ninguna. dedicate a otra cosa!!!