Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

¿Dónde encuentro a mis clientes?

El principal problema de cualquier empresa es vender. Es decir, encontrar clientes. Si vendes, todo lo demás se puede solucionar: tendrás problemas con el personal, problemas de tesorería, dificultades con proyectos o con proveedores… mientras tengas clientes que te paguen, todos esos problemas tienen solución.

El problema, para muchas empresas pequeñas, es dónde encontrar a los clientes. Un comercio, al menos, tiene un escaparate y por delante de él pasa más o menos gente. Pero si tu empresa está encerrada en una oficina ¿quién la va a encontrar?

La respuesta tradicional es el marketing y la publicidad. Haces anuncios, imprimes folletos, compras bases de datos de empresas a visitar… todo esto puede estar bien, pero tiene el problema de que es como cazar con escopeta de perdigones. Desperdicias mucho plomo para conseguir pocas piezas.

A cualquier empresa que empieza no le sobra el dinero, y en los tiempos que corren menos. Por eso es interesante buscar alternativas que sean más eficientes: que consigan mejores resultados con menos coste.

¿Hay alguna forma de encontrar a esos clientes sin gastar mucho dinero? Y, ya puestos, ¿sin gastar nada de dinero?

Pues sí. Los clientes que necesitas están más cerca de lo que puedes creer.

El secreto está en tus clientes actuales. Vender por primera vez es muy difícil, porque alguien debe confiar en tu empresa lo suficiente como para entregarte su dinero. Una vez que alguien te ha comprado algo, es más fácil volver a venderle: cada nueva compra le reafirma en su decisión de confiar en ti.

Volver a vender al mismo cliente requiere, claro está, que la primera vez tenga una experiencia positiva. Debes ser extraordinariamente escrupuloso en asegurar que esa primera relación resulta para tu cliente aún mejor de lo que podría esperar, de manera que vuelva a confiar en ti.

Muchos negocios utilizan con éxito la estrategia de cerrar una primera venta de bajo coste, fácil para el cliente, aunque no produzca un beneficio que compense el esfuerzo. Saben que después de esa primera venta el “cliente potencial” pasa a ser “una cuenta de la empresa”, y tendrán oportunidad de venderle más cosas y de más volumen.

Pero lo más importante es que tus clientes actuales no son solo una fuente de nuevos negocios en si mismos, sino que pueden ser el mejor mecanismo para generar nuevos clientes. Una referencia de un conocido es mucho más valorada por la inmensa mayoría de los clientes potenciales que la mejor publicidad.

Por eso, es importante que pidas a tus clientes actuales que hablen de tu empresa a quienes crean que pueden beneficiarse también de lo que ofreces. Incluso puedes pedirles que te indiquen ellos mismos el nombre de otros tres o cuatro clientes potenciales a los que les sería útil conocer lo que puedes hacer por ellos. Llamar a esos clientes diciendo “me ha dado tu nombre Fulanito…” hace mucho más probable que consigas una primera reunión.

A veces, tememos que este tipo de peticiones sean malinterpretadas por nuestros clientes actuales y tengan consecuencias negativas. Lo habitual, sin embargo, es que si tus clientes actuales están satisfechos de la relación con tu empresa no tengan problemas en recomendarte, o en permitirte que uses su nombre para acceder a sus conocidos.

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Todo necio confunde valor y precio

Qué cierto es el dicho. Y el peor tipo de necio es el que, confundiendo valor y precio, se lanza a crear una empresa: cuando llega el momento de decidir lo que va a cobrar por sus productos o servicios, inevitablemente se equivoca.

Para determinar el precio, lo primero que debes tener claro es el valor que ofreces a tus clientes. Y esto vale tanto para productos como para servicios. Partir de lo que nos cuesta a nosotros producir ese bien o ese servicio nos lleva a cometer errores como fijar precios muy por debajo de lo que el mercado está dispuesto a pagar o precios elevados que el mercado no está dispuesto a asumir.

César Pérez Carballada explica muy bien por qué es importante partir del valor percibido por el usuario para determinar el precio, incluso antes de crear el producto.

Y John Jantsch explica por qué pensar en términos de horas facturables es una receta para el desastre, si lo que ofreces son servicios:

“No te voy a pagar 5.000$ por eso, solo te ha llevado tres horas hacerlo”. El tema es que puede haberte llevado solo tres horas producir este resultado, pero te ha llevado 10 años de tu vida ser tan bueno como para hacerlo. No pienses en horas, no vendas horas, no devalúes tu experiencia y conocimiento y capacidad para lograr enormes resultados para tus clientes vendiéndote barato.

Y es que, al final, la esencia del libre mercado es esa: tu cliente valora lo que le ofreces más de lo que a ti te cuesta producirlo. Te paga por ello, y los dos salís ganando. Si a ti te cuesta 10, y lo vendes por 1.000, será porque para tu cliente eso que le ofreces vale más de 1.000.

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Dos películas de Paul Newman


Hoy en lugar de un libro y una película os recomiendo dos películas de Paul Newman, una especie de pequeño homenaje a este gran actor.

En La leyenda del indomable Paul Newman es un preso que no se resigna a perder su dignidad. Memorable la escena en la que come 50 huevos duros.

En El Golpe, Paul Newman y Robert Redford planean estafar a un gangster que ha asesinado al socio de Newman.

Hoy es un buen día para ver cualquiera de las dos. Y si quieres alguna justificación para perder hora y pico del tiempo que deberías dedicar a hacer crecer tu empresa, piensa que puede ser un ejercicio de formación: la leyenda del indomable muestra el espíritu de lucha y superación que debe tener cualquier emprendedor, y la segunda la importancia de una buena ejecución.

Siete cosas que puede hacer tu empresa para salir de la crisis

Marchando una de optimismo para acabar la semana:

Dice Seth Godin que si no estuviera ya llevando su propia empresa, hoy es el día en el que crearía una. Su tesis es que este es un momento en el que muchos aprovechan para justificarse y no hacer nada, pero una crisis supone nuevas oportunidades: menos competencia, más talento disponible y una sensación de urgencia que es la que hace que el cambio suceda.

¿Estás dispuesto a sacar adelante tu empresa?

Entonces, haz una de las siete cosas que pueden hacer las empresas para salir de la crisis:

1. Asóciate con otras empresas

Crear asociaciones estratégicas es una manera estupenda de generar nuevas oportunidades. El truco es hacerlo de manera que las dos empresas ganen y que sea sencillo para ambas. La regla número uno: asóciate solo con empresas a las que puedas dirigir a tus mejores clientes.

1. Reactiva a los clientes del pasado

A veces no nos preocupamos de comunicarnos con nuestros clientes, a menos que nos hagan un pedido. Para cuando han decidido que otro valora más su negocio, ya es tarde.

3. Sal de detrás del ordenador

Construir relaciones personales siempre está de moda. Es tentador sentarse y bloguear o participar en redes sociales, y no está mal, pero a veces necesitas salir y dar algunos apretones de manos. Asiste a conferencias de tu sector, o a las de una industria en la que te interese vender, o visita a tus clientes para pedirles referencias.

4. Habla en eventos, celebra seminarios

El marketing es esencialmente un juego de construir confianza. Y pocas cosas construyen confianza más eficazmente que ponerse delante de un grupo de clientes potenciales y compartir tu conocimiento y experiencia.

5. Arregla tu seguimiento

Automatizando todos tus seguimientos, estableciendo toques de marketing rutinarios y enviando de vez en cuando una nota de agradecimiento escrita a mano puedes ser la primera opción cuando se toman decisiones de compra o referencia. Cuanto más largo sea el ciclo de venta en tu sector mejor tiene que ser tu seguimiento.

6. Reorganiza tus productos y servicios con ofertas por actuar

Encuentra maneras simples de relanzarte a ti mismo, tu gente, tus productos, tus servicios, tu envoltorio, de darte un nuevo comienzo en tu mercado. Hazles una oferta que no puedan rechazar, algo tan llamativo que tengan que volver a oírte.

7. Arregla los fallos de marketing

Con cada manera, forma o figura con la que tu empresa contacta con tus clientes está realizando una función de marketing, buena o mala. Busca todos los puntos de contacto con tus clientes y conviértelos en oportunidades de creación de marca.

Sin duda son buenos consejos las que da John Jantsch en Duct Tape Marketing, pero como él mismo dice, esto no solo vale para tiempos de crisis. Lo que sucede es que a veces viene bien que nos recuerden estas cosas.

Oferta irresistible de Garage30


Llevo tiempo (desde el primer Iniciador, aunque no tuvimos ocasión de charlar) siguiendo la iniciativa de Raúl Andrés, y cada vez me gusta más.

En su primera fase, los precios no terminaban de convencerme: estaban demasiado próximos a un centro de negocios tradicional. Y en ese nivel de precios, cualquier emprendedor tenía que hacer sus cuentas antes de lanzarse a contratar el servicio.

El coworking mola, sin duda, pero existe la opción de empezar en el dormitorio de uno de los emprendedores, como Sergei y Larry, “coworkear” solo con el compañero y no pagar más alquiler, muebles, agua o Internet que lo que pagabas antes. No es que sea muy atractiva la idea de dormir rodeado de servidores, pero cuando no tienes un duro haces lo que sea.

El caso es que ahora Garage30 ha lanzado una oferta que me parece absolutamente recomendable para cualquier emprendedor que trabaje desde casa, y más aún si lo hace solo: dos días a la semana de Garage30 por solo 49 euros / mes.

No es mucho dinero ni siquiera para quien esté empezando, pero sí es mucho lo que puedes ganar. De entrada, salir dos veces a la semana de casa te hace ser más productivo. Evita el síndrome del trabajador en pijama, con horarios desfasados, leyendo blogs o viendo vídeos en YouTube en lugar de trabajar. Si un par de veces a la semana te sincronizas con el resto del mundo, es más difícil que tus hábitos de trabajo degeneren.

Y tienes las ventajas del coworking: contar lo que estás haciendo a otros, tener opiniones desinteresadas de otra gente que entiende lo que haces, conocer personas que pueden ayudarte en un momento dado…

Así que si estás en fase de trabajador solitario recluido en su cueva (y vives en Madrid), hazte un favor a ti mismo y contrata la oferta de Garage30.

La otra idea que puede salirles muy bien es el alquiler de espacios excedentes en empresas. Es una idea de esas que prosperan en tiempos de crisis: si tu empresa ha reducido personal y la oficina se te ha quedado grande, y otra empresa también ha reducido personal y busca un local más pequeño, os conviene a las dos compartir el espacio.

Este tipo de acuerdos es habitual en despachos de abogados o estudios de arquitectura, pero (que yo sepa) no hay una oferta organizada de “subalquiler de oficinas”. Aparecen a veces en los portales inmobiliarios, en la sección de empresas, pero confundidos con el alquiler tradicional.

Sin duda hay un nicho de negocio muy interesante. Y Garage30 tiene un mensaje capaz de transformar algo que puede sonar cutre (una empresa que no es capaz ni de pagar un alquiler por sí misma) en algo atractivo, moderno y fresco.

No quiero que seas mi cliente

Se queja Raúl de un servicio web que exige a sus clientes potenciales “un navegador moderno y cumplidor con los estándares” e impide el acceso a quien navegue con una antigualla.

Independientemente del caso concreto, del que no conozco más que lo que ha contado Raúl, quiero hacer una observación sobre una frase de su post:

Pero poner un cartel de “no eres bienvenido” a los usuarios no es una buena estrategia de venta…

A veces sí lo es. Insisto en que no se si este es el caso, pero decir “no eres bienvenido” a la inmensa mayoría de los clientes es una estrategia que les funciona muy bien a muchas empresas. ¿Ejemplos?

Beyond the wall

La cadena de tiendas de regalos Musgo es (o era, hace tiempo que no piso una) conocida por la bordería de sus dependientas, que antes de dignarse a atenderte te miraban displicentes con aires de duquesa, para después decirte con un gruñido que no tenían lo que buscabas y dedicarse a otra clienta más pija y más guay. ¿Por qué la dirección mantiene a unas dependientas más pijas que los hijos de Isable Preysler y que maltratan a la mayoría de los clientes potenciales? Pues porque los clientes de verdad, los que se gastan una pasta, quieren saber que ellos sí son bien tratados, que esa tienda está a su nivel, que no están comprando en Ikea, o en una tienda de barrio donde compra la chusma.

Las discotecas de moda fabrican colas de gente a su puerta. En parte, por mantener una proporción de “gente guapa” en el interior, que es parte del atractivo del local. Pero también porque una cola produce sensación de escasez, y aumenta el deseo de conseguir acceder al sancta sanctorum, al lugar reservado a los elegidos.

Todos los centros educativos privados (desde guarderías a universidades o escuelas de negocios) entrevistan a padres y alumnos, y rechazan sin contemplaciones a decenas o centenares de alumnos que no cumplen los criterios de admisión (dinero, recomendaciones, familia, educación, nivel social…). Aunque puedan pagar el importe de los estudios, y por tanto ser clientes rentables.

Otras empresas son más sutiles: no dicen expresamente “tú no puedes entrar”, pero mantienen una política de precios que excluye a la mayoría de los clientes. Determinados lugares de vacaciones son caros no solo porque los servicios de lujo cuesten dinero, sino porque elevando los precios se aseguran un determinado nivel de cliente, al que le gusta verse rodeado de otros que sean de la misma condición.

Es decir, rechazar al 90% de los clientes potenciales, incluso de malos modos, es una vía excelente para conseguir que el 10% restante contrate tus servicios y pague por ellos cantidades absurdamente altas. Solo porque has conseguido convertirles en diferentes a la masa de los rechazados.

Cuando tu empresa fracasa

Uno crea una empresa pletórico de ilusión, pensando que lo que vende va a ser la bomba. Conseguirá miles o millones de clientes, desbancará a Microsoft, El Corte Inglés o el Santander…
Vale, a lo mejor no todos los emprendedores aspiran a tanto. Pero todos creen que su empresa tendrá éxito. Si no, no emprenderían.

Pero el hecho es que la mayoría de las empresas no llegan a cumplir los cinco años. Y de las que sobreviven, muchas apenas dan los suficiente para que los empresarios sobrevivan, pero jamás les hacen ricos.

Sergio escribe hoy un post imprescindible para cualquiera que esté en proceso de crear una empresa: Enlaces sobre ser empezador y sobrevivir a ello. Además de su comentario, enlaza a varios posts muy interesantes, con “confesiones” de emprendedores que han fracasado.

Casualmente, hoy Tim Ferries cita esta frase de Niels Bohr:

Un experto es una persona que ha cometido todos los errores que pueden cometerse en un campo muy estrecho.

Así que ya sabes: no serás un auténtico emprendedor hasta que te hayas caído y hayas sido capaz de levantarte y ponerte en marcha de nuevo.

Duarte rehace una presentación de Guy Kawasaki


Impresionante. Guy Kawasaki, que es un presentador excepcional, habla con la gente de Nanci Duarte, y en un ratillo le transforman su presentación “Art of Innovation”.

Ved primero la presentación de Kawasaki, y luego lo que han hecho con ella. Para el que no lo sepa, Nanci Duarte es, entre otras cosas, la responsable de la presentación sobre cambio climático de Al Gore.

¿Merece la pena pagar para que alguien te diseñe una presentación así? La verdad es que si vas a usarla a menudo, como hacen Kawasaki o Gore, o si vas a usarla en un evento importante, sí merece la pena gastar dinero en tener una presentación extraordinaria, que refuerce tu mensaje. Por ejemplo: si eres una gran empresa que se gasta una pasta en una junta de accionistas ¿no podrías gastar algo más en que el mensaje que quieres transmitirles les llegue nítido y reforzado?

Más complicado es el caso para una empresa pequeña. Está claro que no puedes permitirte contratar a Duarte pero ¿merece la pena que alguien te diseñe una plantilla de PowerPoint? ¿Hay empresas o profesionales que lo hagan correctamente (no pido algo excepcional como lo de Kawasaki) a un precio asequible para una PYME?

Una película y un libro


Hoy, una película relativamente desconocida: Yesterday, de Radoslaw Piwowarski. Una película polaca, de antes de la caída del telón de acero. Cuenta la historia de cuatro chicos que, en la Polonia comunista de los años 60, quieren ser como los Beatles. Habla de rebeldes e integrados, de sueños imposibles, de amores improbables… Si la encontráis en algún sitio, merece la pena.

En cuanto al libro, he elegido Freakonomics, de Levitt y Dubner. Es algo así como economía para no economistas, aplicada a cosas sorprendentes: el Ku-Klux-Klan, traficantes de drogas, abortos y delincuencia, luchadores de sumo… Algunas de las tesis son discutibles, pero sin duda te hace pensar en que hay explicaciones racionales para casi todos los comportamientos humanos. Si aún no lo habéis leído, no se a que estáis esperando.

Crear una empresa es como apostar en la ruleta

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  1. Crear una empresa es como apostar en la ruleta
  2. Por qué tres es mejor que una

Crear una empresa es apostar. Apostar porque un producto tendrá éxito, porque el momento para lanzar una idea es el oportuno, porque el emprendedor conseguirá los recursos necesarios para poner el negocio en velocidad de crucero…

Como en el casino, algunos aciertan y la bola se para en el color por el que apostaron. Muchos otros fracasan porque sus predicciones resultan equivocadas: no hay mercado para su propuesta, no consiguen los recursos necesarios, la rentabilidad no es la esperada…

Pero a diferencia de la ruleta, en la que en principio todos los números y los colores tienen la misma probabilidad, en el juego de emprender hay muchas más variables, que hacen que el éxito de cada aventura empresarial no tenga la misma probabilidad.

Están la capacidad y experiencia del equipo emprendedor, el sector en el que pretende competir, el entorno económico, la capacidad de financiación… Algunas de estas variables, a priori, las podemos controlar. Podemos elegir un sector en auge, podemos completar el equipo con los talentos que completan al emprendedor, podemos buscar financiación, etc.

Pero incluso así estamos apostando: el sector en auge puede desplomarse de repente, el talento fichado resultar un zoquete con MBA, el socio financiero convertirse en una garrapata que no te deja moverte, y así todo.

Empezar prácticamente sin dinero, como proponemos en esta serie de posts, limita las posibilidades de elección, pero también minimiza el riesgo. Al fin y al cabo, solo puedes perder unos pocos euros.

Y tiempo, eso sí. El que no tiene dinero tiene que dedicar tiempo.

No crees una empresa. Crea tres

Conclusión de lo anterior: con el dinero que tienes en el bolsillo, en lugar de crear una empresa, empieza por crear tres. Esto puede parecer contraintuitivo, pero tiene su lógica: tener una idea es gratis, y probarla en Internet cuesta muy poco. En esas circunstancias, la mejor apuesta es hacer varias apuestas a la vez, analizar cómo se desarrollan y descartar un poco más adelante las dos peores.

La clave, claro está, está en “probarla en Internet”. Como veremos, hay muchas herramientas para hacer esto de manera eficiente. Hace 10 años, probar una idea requería estudios de mercado, desarrollo de prototipos, publicidad, inversiones… En los próximos posts explicaremos cómo puede hacerse esto de manera eficaz, usando herramientas muy baratas o gratuitas.

De momento, tienes tarea: piensa en qué tres empresas te gustaría crear.

Para elegir, no pienses en el modelo de negocio. Simplemente piensa en tres cosas que te gusten y de las que sepas mucho o estés dispuesto a aprender mucho. Vas a echarles muchas horas, así que es mejor que sea algo que te divierta, o mejor aún, que te apasione. No te preocupes por cómo ganarás dinero con ello. Si a tí te apasiona, a otros también lo hará. Y seguro que al menos alguno de los aficionados estará dispuesto a pagar dinero por algo relacionado con su pasión.