Esta entrada de Raúl Hernández sobre los créditos preconcedidos me ha recordado un hecho que para mí es muy sorprendente: la segunda entidad en que más confían los pequeños empresarios es en su banco o caja de ahorros. Por detrás de su asesor fiscal, y por delante de instituciones públicas y de otras empresas.

Supongo que tiene que ver con el hecho de que al banco le confías tu dinero. Pero como bien dice Raúl, el banco tiene intereses directos en tu forma de manejar el dinero, que no tienen por qué coincidir con los tuyos. Y, por supuesto, nunca está de tu parte, aunque el director de tu oficina te sonría y te salude como a un amigo del alma cada vez que le contratas algo. Ahora, en tiempos de crisis, cuando las empresas más necesitan tener un pulmón financiero que les permita sobrevivir, es cuando muchas oficinas están cerrando líneas de crédito que tenían concedidas.
Nunca le pidas consejo al director de tu banco. Trátale como lo que es, un comercial más. Pídele ofertas, condiciones, ventajas… y compara unos productos con otros. No tengas ningún remordimiento en “engañarle” con otra entidad que te ofrezca un punto menos de interés en un crédito o un punto más en una rentabilidad. Él tampoco lo tendrá cuando te deniegue un crédito porque no das el “perfil de riesgo” adecuado.
Es más, desde el principio deberías trabajar al menos con dos entidades bancarias diferentes. Puede ser laborioso andar moviendo dinero de una a otra, pero siempre es preferible tener al menos dos alternativas para comparar productos, y en algunos casos te pueden tratar un poco mejor por ser cliente de la entidad y haber demostrado una historia de solvencia.
photo credit: swanksalot
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