Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Qué hacer después de la presentación


¿Creías que habías terminado al volver a sentarte después de terminar de hablar? Pues casi, pero todavía no. Todavía te falta cerrar el evento. Para ello:

- Lleva abundantes tarjetas de visita y un bolígrafo para apuntar nombres, emails o teléfonos de los que no lleven. Probablemente conocerás a muchas personas en el evento, así que es importante tener un registro posterior.

- Saluda y felicita a los otros ponentes.

- Algunas personas se acercarán a comentarte lo que les ha parecido tu presentación. Aprovecha para hablar con ellos y que te expliquen qué les ha gustado más.

- Si alguien te ha pedido información, coge su tarjeta y anota lo que quiere.

- Responde a los correos y envía la información que te han solicitado. Muchas veces no requiere apenas esfuerzo, sino simplemente apuntar un par de enlaces o adjuntar un documento que hayas utilizado para la presentación.

Y ya está. Si pasas por la experiencia, verás que no ha sido tan difícil, y que has conseguido muchas cosas:

- Varios clientes potenciales y/o contactos.

- Tanto el proceso de elaborar la presentación como los comentarios de los asistentes te han hecho aprender más sobre el tema del que has hablado.

- Has empezado a desarrollar tus habilidades como comunicador.

- Has superado un reto personal, y ahora eres capaz de hacer algo nuevo, o mejor.

¿Ha merecido la pena? Pues prepárate para la siguiente oportunidad de hablar en público, porque será todavía mejor.

Presentaciones. Durante la ponencia


Antes de empezar, comprueba que todo funciona.Cuando llega por fin el momento de ponerse frente al auditorio, a muchas personas les entra pánico. Ese miedo es el que a muchos les lleva a rechazar la oportunidad de hablar en público. En realidad, el miedo aparece solo porque se trata de una situación extraña, a la que no estamos acostumbrados.

Así que la solución es evidente: para evitar el miedo a hablar en público, lo que hay que hacer es hablar en público. Una y otra vez, hasta que sea para ti una situación habitual. Claro que si la experiencia es desagradable, repetirla puede hacer que genere todavía más rechazo, así que lo mejor es practicar en entornos “amigables”, donde no exista el factor de “fracaso”.

Hay muchas oportunidades así. Por ejemplo, puedes participar en Iniciador, donde tienes la oportunidad de soltar un “minidiscurso” de uno o dos minutos. En Estados Unidos hay unos grupos llamados Toastmasters, en los que se reúne gente para practicar sus habilidades oratorias. Incluso puedes apuntarte a un grupo de teatro aficionado. Cualquier cosa que te permita acostumbrarte a hablar delante de más de diez personas.

En cualquier caso, al principio los nervios serán inevitables. Hay algunas técnicas que pueden relajarte y que puedes practicar incluso cuando estás a un minuto de empezar:

  • Respirar hondo muy despacio de tres a cinco veces.
  • Mover los dedos de los pies.
  • Cerrar los ojos (sin hacer fuerza en los párpados).

Antes de empezar, comprueba que todo funciona. Especialmente, si tienes que hacer una demo, poner un video o cualquier cosa que requiera que funcione el sonido, la conexión a Internet o similares. Saber que todo está bajo control te ayudará a relajarte.

Aprovecha el tiempo antes de empezar, pero cundo ya estás en el escenario, para ver al público. Busca dos o tres personas que conozcas o que te caigan bien. Idelamente, que estén ubicadas en distintos puntos de la sala.

Si es posible, levántate. No te refugies detrás de una mesa o de un atril, porque eso crea una barrera entre tú y el público. Usa un ratón especial como este de Logitech, para poder moverte libremente, sin tener que acercarte al ordenador a dar una tecla cada vez que quieres avanzar. Además, si tu problema es que no sabes qué hacer con las manos, ya tienes algo que manipular.

Si te impone el público, céntrate en las dos o tres personas que has visto antes, o en cualquiera que te siga con más atención y con actitud más relajada. Y sí, siempre hay alguien así, que te ríe los chistes y que asiente cuando dices algo importante. Lo que no debes hacer nunca es huir del público y fijar tu vista en el fondo de la sala, por encima de sus cabezas, o peor aún, en el ordenador con el que estás haciendo la presentación.

Procura “hablar” con el público. Salpica tu intervención con preguntas, haz referencias a sus circunstancias si son comunes y las conoces, y en general procura hablar como si lo hicieras delante de unos amigos o compañeros de trabajo, y no delante de decenas de desconocidos.

Las transparencias te ayudarán a “soltarte”, si las has elaborado siguiendo los consejos del post anterior. Si no puedes usarlas para leer el contenido te verás obligado a improvisar tus propias palabras, y tu presentación será mucho más ágil.

Nunca excedas el tiempo que tienes prefijado. Uno de los temores de los conferenciantes primerizos es no llenar el tiempo, pero normalmente suele suceder lo contrario. Poca gente termina antes de tiempo, así que casi todas las jornadas van acumulando retrasos. Si por alguna extraña razón tu presentación efectivamente es más corta de lo previsto en cinco o diez minutos, a nadie le va a importar.

Es más, si el tema es interesante y tu presentación es buena, los más interesados procurarán hacerte preguntas para saber más. Si por el contrario tu presentación es aburrida, al menos se agradecerá que sea corta. No hay nada más insoportable que un pelmazo que lleva media hora aburriéndote y que a las súplicas del moderador responde “sí, ya termino, solo una cosita más…”.

Desarrollando el producto perfecto


Cuando el emprendedor primerizo e ilusionado se lanza a definir el producto que va a poner en el mercado, normalmente tiene claro lo que quiere: “lo mejor de lo mejor”. Calidad de la buena, nada de fabricado en China. Algo que “le van a quitar de las manos”.

El problema, claro, es que como dice el refrán “lo mejor es enemigo de lo bueno”. Y hacer el producto perfecto, además de caro, muchas veces es imposible. Entre otras cosas, porque supone dedicar mucho tiempo y esfuerzo a limar aristas, a hacer retoques, a cambiar una pequeña cosita que resulta que tiene impacto en otras “pequeñas cositas…” Y al final después de meses uno se encuentra con que el producto no se ha terminado, pero el dinero sí.

Leed este mensaje de la lista de desarrolladores de Django. Por fin van a lanzar la versión 1.0, y su planteamiento puede ser muy útil para tomar ejemplo.

  1. Han puesto una fecha límite para el lanzamiento. Sin ese límite, los días se convierten en semanas, las semanas en meses, y al final el tiempo ha pasado y nunca has alcanzado tu objetivo.
  2. Como la fecha límite marca un tope para las cosas que puedes hacer, han priorizado la funcionalidad que tendrá el producto según 3 criterios:
  • Cosas que deben estar obligatoriamente en la versión 1, y que pueden retrasar el lanzamiento si no están listas.
  • Cosas que sería bueno que estuvieran, pero si no da tiempo se quedarán para más adelante.
  • Cosas que ya saben que quedarán fuera, aunque sea una pena. Ya habrá una versión 1.1, o 2.0.

Como veis, el software libre no solo es útil en si mismo, sino que además el proceso abierto y público de desarrollo nos permite descubrir prácticas que podemos incorporar en nuestras empresas.

¿Queréis otro ejemplo? Cuando Apple lanzó la primera versión del iPhone, se criticó que no tuviera GPS y que no fuera 3G. Ahora estas funciones están ahí, y por la mitad de precio que antes. Pero lanzando una primera versión que ya era rompedora, aunque todavía no hubieran conseguido embutirle también el 3G y el GPS, Apple consiguió varias cosas. Primero, vender una cantidad disparatada de teléfonos, que no es poco. Pero además, posicionarse como el líder en teléfonos “pijos”, mirando por encima del hombro a competidores establecidos como Nokia o HTC. Y todavía más: aprender lo suficiente del negocio y de la tecnología como para sacar un dispositivo mejor, más barato y que les reportará muchos más beneficios.

Así que ya sabes: si tienes una idea ponte una fecha, valora con realismo qué puedes hacer para tener un producto “terminado” ese día, y deja la perfección para más adelante.

Como crear presentaciones para funcionarios


He subido a Slideshare un “curso rápido de presentaciones para funcionarios“.

A lo mejor me he excedido un poco, pero es que la semana pasada sufrí cuatro horas de presentaciones en unas jornadas de administración electrónica.

La mejor (sin valorar la mía, que también era mejorable) fue la de un abogado que no usó ni una sola transparencia. Eso sí, sabía un huevo de lo que hablaba, y lo hacía bien.

En fin, por si acaso le sirve a alguien como guía de lo que no hay que hacer, aquí tenéis el “curso”:

Quemar las naves


¿Qué es mejor para el éxito de la empresa? ¿Que el emprendedor se lo juegue todo en el empeño o que tenga la tranquilidad de saber que tiene una salida en caso de que el proyecto fracase?

Se cuenta que Hernán Cortés, en su conquista del Imperio Azteca, quemó sus naves para evitar a sus soldados la tentación de regresar en ellas a Cuba. Así no les quedó más alternativa que vencer a los aztecas o morir.

Yo aprobé unas oposiciones de grupo A (20 plazas para más de 700 aspirantes) porque estaba en un momento laboral en el que aprobar esas oposiciones podía cambiar mi vida. O sea, que estaba en paro, y ya casado, con un hijo y pagando una casa.

Varias personas cercanas a mi lo intentaron, y todas fracasaron. Todas tenían en ese momento un buen trabajo, y aprobar las oposiciones era para ellos simplemente la oportunidad de tener un trabajo más cómodo.

¿Influyó en mi resultado el que las oposiciones fueran en aquel momento la mejor opción laboral? Probablemente sí. Opositar es un proceso largo (en mi caso seis meses), y hay que aprobar todos los exámenes. Uno de mis preparadores lo comparaba a una carrera de fondo. Si no estás concentrado durante toda la carrera, pierdes. Por eso, encontrar la motivación para sostener el esfuerzo durante meses es fundamental para el éxito.

Según esto, un emprendedor que hipoteca su casa y pone todos sus ahorros para financiar la empresa y que no tiene otros ingresos debería tener más posibilidades de éxito. Estará más motivado para trabajar con todas sus fuerzas, porque se verá en la calle y sin trabajo si fracasa.

Pero también es importante el equilibrio y la paz interior. La urgencia por ganar dinero puede llevarte a tomar decisiones precipitadas, a aceptar clientes problemáticos, a perder el foco y dedicar la empresa a cualquier cosa que de dinero rápido, y no a lo que de verdad puede hacerla crecer.

Y vosotros, ¿qué pensáis? ¿es equiparable el caso de Cortés a la creación de una empresa? ¿en qué proyecto invertiríais: en el de un emprendedor que se lo juega todo en la empresa o en el de quien cuenta con recursos y alternativas?