Seguro contra el despido
Me cuenta una amiga que en su empresa han despedido a todos menos a dos. Trabaja en un estudio de arquitectura, y están pasando por una época muy mala. Simplemente, no hay proyectos, así que toca apretarse el cinturón e intentar sobrevivir hasta que vuelvan tiempos mejores.
Mi amiga, por suerte para ella, es una de las dos personas que se queda.
O mejor, dicho, no por suerte, sino porque mi amiga es dueña de la empresa junto con su socio (el otro que se queda, evidentemente). Así que en época de vacas flacas, la que mantiene el puesto de trabajo es ella.
Sus empleados, claro, pueden cobrar el paro y buscar otros trabajos. Pero no han decidido ni hasta dónde podían aguantar, ni cuándo les venía bien quedarse en la calle, ni siquiera las mejores condiciones.
¿Es arriesgado ser empresario? Mucho. Pero ser el que decide puede ser también el mejor de los seguros.
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