Atornillar el mando a distancia
Esta semana santa he estado de minivacaciones en Inglaterra, en una casa rural que parecía la granja de Babe, el cerdito valiente: ovejitas con corderitos recién nacidos, cabritas y hasta llamas. Llegamos con muchas horas de retraso y la señora que nos alquilaba el cottage, amabilísima, nos había dejado huevos de sus gallinas, leche y galletas y llevó a mi mujer al supermercado en su propio coche, para que no tuviéramos que mover el que habíamos alquilado.

Comentamos la decoración de la casa, típicamente inglesa, con estampados por todas partes pero sobre todo con muchos objetos frágiles, de porcelana o cerámica. Y con muchos objetos para hacerte más agradable la estancia: películas en DVD, libros, juguetes para niños… Es decir, cosas que se pueden romper, o estropear, o robar. Pero que los dueños dejan allí confiando en sus huéspedes.
Por el contrario, seguro que muchos habéis estado en una habitación de hotel en la que el mando a distancia de la televisión está atornillado a la mesa y todo parece dar a entender que eres un delincuente en potencia cuyo único objetivo es perjudicar a los dueños del hotel.
¿Donde estarías más a gusto? ¿Qué entorno es más probable que cuides como si fuera tu casa? ¿A qué alojamiento volverías?
Ahora piensa en qué haces tú con tus clientes ¿les atornillas el mando para que no te roben o les dejas los DVDs?
También te interesará leer esto:


Deja una respuesta