¿Tienes que hablar delante de un público? Estupendo, enhorabuena y aprovecha la oportunidad. Sal, explica tu mensaje con claridad y convierte a los asistentes en creyentes. Hablar en público es fantástico: en lugar de ir convenciendo uno a uno a tus interlocutores, tienes la oportunidad de hacerlo de golpe con decenas de personas. Media hora de esfuerzo, y el efecto es el mismo que si hubieras hecho 20, 50 o 100 visitas. Cuando termine el evento, prepara tus tarjetas de visita, tu agenda y empieza a anotar citas.

Claro que también puedes estropearlo todo. Que la única conclusión de tu público es que eres un pelmazo inaguantable, y que en solo media hora te hayas cerrado 20, 50 o 100 puertas. Que su mayor deseo mientras hablas no sea saber más acerca de lo que estás contando, sino que termines de una vez.

Alguno pensará “claro, ya me gustaría a mí ser Steve Jobs y que mis charlas fueran un espectáculo en sí mismas. Pero me llamo Juan López y no tengo una supermegapantalla ni dotes de comunicador ni iPhones que enseñar.”

Bueno, como todo, a hablar en público se aprende. Habrá quien nazca con habilidades, pero para el común de los mortales hablar en público es como andar en bicicleta. Al principio es desagradable, da miedo y vas con las rodillas y los codos llenos de arañazos. Pero cuando le pillas el truco, empiezas a pedalear sin pensar en las caídas y te relajas, acabas por disfrutar mucho de la experiencia.

La buena noticia es que hay cosas que puedes hacer para acortar el aprendizaje y conseguir hacer mejores presentaciones en menos tiempo. Sería muy largo ponerlas todas aquí, de modo que haré una serie de posts con lo más importante. Os adelanto los temas:

  1. Antes de empezar. Cómo preparar tu charla.
  2. La trampa del PowerPoint
  3. Cómo conseguir que tus transparencias te ayuden
  4. Llegó el día D
  5. Durante la presentación
  6. Después de la charla.